LOS TRADUCTORES DE ESPAÑA EN MARRUECOS [1859-1939]


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Autor/a/es: Mourad Zarrouk
Editorial: Edicions Bellaterra Colección Alborán
Año: 2009
País: España
Idioma/s: Español
Nº de páginas: 269
ISBN: 978-84-7290-456-9


Por Miguel Carazo Sainz

Introducción


Los hechos más destacados de nuestra historia no siempre han ocurrido en primer plano, ni han sido los protagonistas más destacados los que los han llevado a cabo, sino que han sido efectuados por personajes más secundarios, entre los cuales se incluye la figura del traductor. Este libro reconstruye la historia de los intérpretes de España en Marruecos desde la Guerra de Tetuán hasta la Guerra Civil española, episodio desconocido de las relaciones entre estos dos países y la política colonial de España en el norte de África, así como un capítulo de la historia de la traducción.
La política lingüística de España en Marruecos, si es que la hubo, provocó que la figura del traductor, al que el autor se refiere continuamente como truchimán, adquiriera una importancia no solo en el ámbito lingüístico sino también en aspectos de la administración colonial, diplomacia e incluso espionaje. Se trataba de una figura que aparte de dominar la lengua del pueblo colonizado, conocía su cultura y costumbres, lo cual justificaba que diplomáticos y políticos dejaran en sus manos casi todo el trabajo y limitarse a darle instrucciones.
El arabismo español era muy limitado, ya que estaba orientado a las investigaciones sobre Al-Ándalus, tendencia excluyente que impidió un mayor desarrollo de la [[#|plantilla]] de traductores conocedores del árabe. El arabista Julián Ribera propuso a finales del siglo XIX un plan para la creación de funcionarios capacitados para ejercer en Marruecos, pero éste proyecto, como muchos otros, no salió adelante y los traductores de árabe en Marruecos tuvieron que formarse por su cuenta y de distintas formas. A lo largo del período abarcado por el libro, el traductor va adquiriendo más poder e importancia dando lugar a situaciones y experiencias peculiares.
Mientras que los primeros capítulos cubren desde la guerra de Tetuán hasta el establecimiento del Protectorado en 1912, centrados en la figura del célebre Aníbal Rinaldy, los siguientes se centran en la situación del cuerpo de intérpretes en una época de cambios políticos, en los que la acción del truchimán es delimitada durante la dictadura de Primo de Rivera y posteriormente restablecida durante la II República; y analiza las relaciones entre España y Marruecos durante éste período, destacando figuras como el célebre traductor Clemente Cerdeira o el ya mencionado Aníbal Rinaldy.
Se trata pues de una etapa desconocida e importante en la historia de la traducción y en las relaciones entre España y Marruecos, que el autor ha conseguido poner a nuestro alcance gracias a su gran conocimiento sobre la traducción y a su investigación.



Primera parte: Los traductores de España en Marruecos durante la época precolonial (1859-1912)
1. Los problemas de la mediación lingüística: de la guerra de Tetuán a la misión del intérprete Aníbal Rinaldy en Fez (1859-1880)

Ésta etapa, que precede al establecimiento del Protectorado, se caracteriza por luchas diplomáticas y alianzas, por la labor de los marroquíes por salvar su Imperio y los colonizadores que querían conquistarlo. Los traductores españoles inician su andadura en el lugar con la figura de Aníbal Rinaldy, a partir de la guerra de Tetuán, el cual eclipsó a otros traductores de gran talento.
La guerra de Tetuán, comenzada en 1859 y finalizada al año siguiente, fue desencadenada por las incursiones de guerrillas marroquíes en Ceuta y Melilla y a destacamentos españoles en la zona. Leopoldo O’Donell, presidente del congreso, fue el comandante de un conflicto armado al que sucedió uno lingüístico, en el que surge la figura de un joven de lenguas de origen maltés, Aníbal Rinaldy.
Rinaldy era el encargado de transmitir a los marroquíes las duras exigencias de O’Donell, y a éste las alegaciones marroquíes. Fue una misión difícil y complicada, en la que el traductor reflejaba en sus traducciones el carácter fuerte de O’Donell y la habilidad diplomática marroquí.
España carecía de una plantilla competente de traductores conocedores del árabe, hecho que creaba problemas en ausencia de Rinaldy, y durante toda la lectura se hacen referencias a proyectos de educación de arabistas que nunca salieron a la luz, lo cual dificultaba mucho las operaciones diplomáticas, ya que a menudo los españoles no confiaban en los autóctonos y menos aún en los judíos.
Las dificultades surgen hasta para el traductor más brillante, como le sucedió a Rinaldy en Fez. Fue enviado para negociar con la corte del Imperio temas delicados, como el de los ataques de tribus rifeñas a los emplazamientos españoles en Marruecos. Allí, infravaloró a sus rivales, los cuales eternizaban las negociaciones hábilmente fingiendo rivalidad entre ellos, no entender o haber olvidado los asuntos que el intérprete les presentaba. Rinaldy perdía la paciencia y ante las exigencias de sus superiores explicaba que ésa gente (los consejeros del Sultán) era tonta y no comprendía sus exigencias. Cuando por fin consiguió relativos avances, puso fin a la misión y se trasladó a Tánger. El traductor adquirió una gran experiencia y cierto reconocimiento a su habilidad.

2. De la crisis de Rinaldy a la iniciativa de Merry del Val (1880-1912)

Tras la misión de Rinaldy en Fez tuvo lugar una conferencia en Madrid en la cual Francia, con el apoyo de Italia y Alemania, obtuvo un triunfo frente España e Inglaterra que supuso el inicio del declive del Imperio de Marruecos.
Rinaldy, que ya había demostrado sobradamente su competencia en el ámbito de la diplomacia y la traducción, quería convertirse en cónsul general. Era una aspiración legítima, ya que esto se daba en países como Francia o EE.UU. y el truchimán podía enfrentarse a los problemas que el cargo requería sin mucha ayuda al dominar perfectamente el árabe. Sin embargo, el Gobierno no quiso concederle el cargo a pesar de su insistencia, ya que envió varias cartas incluso refiriéndose a ejemplos como Emilio Rey o Pedro Orfilas, traductores que pasaron a la carrera diplomática. Sin embargo consiguió escasos apoyos y ningún resultado, claro ejemplo de la poca valoración y reconocimiento que tenían los traductores.
Uno de los superiores de Rinaldy, José Diosdado, sabía que era prácticamente imposible sustituir a un traductor de su talla y tuvo la idea de crear una carrera de intérpretes exclusiva para Marruecos, una utopía dada la época y los escasos medios que los mandatarios concederían a una idea que no les interesaba. El sustituto de Diosdado, Rafael Figuera, se enfrentó a la misión franciscana en Marruecos, quienes no dudaron en atacar con su influencia sobre el pueblo a Figuera y Rinaldy, quién resultó aún más perjudicado. En 1890, tuvo lugar la última misión de Rinaldy en Marraquech, frente a viejos conocidos, el sultán y sus consejeros. Ésta vez no cayó en las artimañas de sus rivales y tuvo éxito. Se jubiló un tiempo después, dejando a la plantilla de traductores en Marruecos aún más mermada, con traductores de 3ª como Rodolfo Vidal o Manuel Saavedra entre los más destacados.
En éste contexto aparece un nuevo personaje: Alfonso Merry del Val, ministro plenipotenciario en Marruecos. Éste diplomático conocía la ventaja con la que contaba Francia para entrar en Marruecos, traductores argelinos afrancesados, y propuso ideas como pedir los servicios de traductores orientales, ya que los sirios eran cristianos o enviar a jóvenes de lenguas a Siria para perfeccionar el árabe. Tras lo sucedido en Cuba en el 98 la administración española hizo caso a Merry del Val y se iniciaron varios proyectos antes de la instauración del Protectorado. Sin embargo, la situación seguía siendo precaria, ya que había muy pocos traductores que dominaran el árabe clásico o aspectos determinados de la cultura marroquí, y por eso, el ministro se dirigió a sus superiores en un tono alarmista para hacerles reflexionar. Sus objetivos eran: enviar a jóvenes de lenguas a Beirut y reclutar jóvenes sirios para incorporarlos al cuerpo de intérpretes. Merry del Val contribuyó a la incorporación de dos grandes intérpretes al cuerpo: Clemente Cerdeira y Emilio Álvarez Sanz y Tubau, que adquirirán gran importancia durante el Protectorado. Por último, del Val tenía en mente un objetivo a largo plazo, similar a la actuación francesa en Argelia, de la que Franco terminó beneficiándose.

Segunda parte: Los traductores de España en Marruecos durante el protectorado (1912-1939)
Capítulo 1: Estatuto de los traductores de España en Marruecos durante el protectorado (1912-1939)

Al comienzo del capítulo, el autor realiza una descripción de la administración del Protectorado establecido en 1912 en Marruecos, por Francia principalmente, que se reserva la zona más próspera del país, mientras que España se queda zonas paupérrimas del norte y el sur. En este momento, se empieza a formar una heterogénea plantilla de traductores. Heterogénea tanto por su calidad como por el lugar de formación. Los más destacados fueron Reginaldo Ruiz Orsatti, tangerino de nacimiento y recomendado por Rinaldy, y el célebre Clemente Cerdeira, nacido en Girona y formado en Fez, completando el grupo Emilio Álvarez Sanz y Tubau y Francisco Limiñana. El autor hace una reseña acerca de los exámenes de ingreso y ascenso en el cuerpo de intérpretes de la época, con un programa que incluía árabe vulgar y bereber, francés, religión y derecho musulmanes, historia y geografía de Marruecos, etc. Sin embargo, aparte de los ya citados intérpretes, muy pocos más de aquellos que viajaron a Oriente a formarse adquirieron los conocimientos necesarios para ejercer la profesión. El propio Cerdeira admitía que había que imponer condiciones más severas para entrar a la carrera, en otras palabras, pedía que se controlaran los conocimientos mínimos de los aspirantes a la carrera.
Durante la dictadura de Primo de Rivera, se prohibió a los intérpretes acceder a la carrera consular, y se formó un único cuerpo de intérpretes de árabe que quedó bajo el mando de la dirección del Protectorado, y no del ministerio exterior, lo que suscitó las quejas en el gremio. Con la llegada de la República, se restableció el pase de ciertos intérpretes a la carrera consular. Sin embargo, no todos fueron tratados por igual. Cerdeira y Reginaldo Ruiz sí que eran reconocidos y respetados, pero un gran número de funcionarios de categorías inferiores seguía en situación crítica. Se puede decir que durante toda la etapa republicana los traductores se dedicaron casi exclusivamente a intentar mejorar sus condiciones. Durante esta época se empieza a utilizar el término traductor, pues éstos habían sido conocidos siempre como intérpretes, dado que entonces no se distinguía entre unos u otros. Para concluir el capítulo, el autor analiza la aspiración de los intérpretes a la carrera consular. Queda claro que los truchimanes estaban sobradamente capacitados para cumplir con la labor diplomática, pero la administración española prefería nombrar cónsules novatos o incompetentes que dificultaban la relación con Marruecos. Los cónsules se daban cuenta del peligro que les podían suponer los intérpretes y tuvo lugar una especie de guerra arbitrada por los cambios políticos en la que los traductores salieron perdiendo, ya que sólo unos pocos fueron reconocidos para entrar en la carrera consular.

Capítulo 2: El papel político de los traductores de España en Marruecos: Raisuni y sus truchimanes

Raisuni fue en sus comienzos un bandido de las montañas del Norte de Marruecos, que tenía grandes ambiciones y que estaba en contra del gobierno de Marruecos, en evidente decadencia. En 1911, se alió con los españoles permitiendo el desembarco en Larache, para defenderse de los franceses, que estaban ganando terreno. Aquí entra en la historia Juan Zugasti, cónsul-intérprete encargado de las negociaciones con Raisuni. Uno de los puntos más característicos de las negociaciones es que Zugasti siempre iba acompañado por otro intérprete, Cerdeira o Ruiz Orsatti, ya que aunque el cónsul tenía conocimientos de árabe, éstos no eran siempre suficientes para negociar con Raisuni, cuyo discurso pocas veces era claro, de ahí la necesidad de ir acompañado por un traductor de primera. Cerdeira fue el que mantuvo una relación más estrecha con Raisuni y llegó a ser considerado por los medios españoles como traidor y amigo de los marroquíes. Raisuni necesitaba el apoyo de los españoles para gobernar y enfrentarse a Francia, y la tarea de Cerdeira fue la de negociar con él continuamente, ya que tras la muerte de Zugasti en 1923 se convirtió en el único capaz de realizar la labor. Los cambios políticos constantes dificultaron la negociación, que Primo de Rivera terminó por cortar. Cerdeira, una vez más intenta aspirar a la carrera consular viendo la que se avecinaba, pero el intérprete fue denigrado de nuevo por los militares.

Capítulo 3: Los traductores como instrumento de dominio político: el control del colonizado.

A finales de los años veinte y principios de los treinta, surge en Marruecos un movimiento anticolonialista y nacionalista que se enfrenta a la administración del Protectorado fracasando militarmente, pero que mediante la palabra empieza a cobrar fuerza.
En éste contexto Cerdeira vuelve a ejercer un papel fundamental, ya no sólo como intérprete o mediador sino también de informador, casi de espía, ya que tenía una gran capacidad para encontrar detalles importantes (en lo referente a la censura) y conocía bien tanto la cultura marroquí como el incipiente nacionalismo.
Eran él y otros intérpretes quienes se encargaban de la censura de este nacionalismo, lo cual comportaba serias dificultades. Los autores de los textos reivindicativos empleaban a menudo un lenguaje que camuflaba los objetivos de la censura realmente bien. Hablar de dignidad, por ejemplo, podía suponer hablar de la humillación infligida por el colonizador, y ahí es donde había que tener cuidado si no se quería que la cosa se les fuera de las manos.
Sin embargo, el apoyo del Protectorado francés a los nacionalistas marroquíes, sobre todo por parte de los intelectuales, permitía que se editaran periódicos como el censurado “Al Hayat” bajo el nombre de “El Mogreb” en París.
Las reivindicaciones literarias se producían en cualquier formato, ya fueran periódicos, libros, pasquines e incluso cartas.
De éstas últimas eran interceptadas muchas entre nacionalistas e incluso entre altos cargos del independentismo marroquí como el jerife Abdelkrim. Los traductores como Orsatti o Cerdeira eran los encargados de traducirlas a los diplomáticos españoles del Protectorado. Éstas técnicas permitieron a la administración española frustrar los alzamientos militares contra el Protectorado. Los intérpretes tenían una gran importancia en éste contexto, dado que la mayor parte de la administración española en Marruecos no sabía hablar árabe, lo que calificaba a estos funcionarios prácticamente de incompetentes para el puesto. De ahí otro motivo para la aversión por parte de los diplomáticos hacia los intérpretes.
Los intérpretes también tenían su función militar, ya que en el campo de las batallas entre colonizadores e insurgentes eran los encargados de negociar las condiciones y una hábil actuación por parte del traductor podía incluso ahorrar derramamiento de sangre.
A pesar de que el ambiente parece tranquilizarse, comienzan a surgir rumores sobre un posible levantamiento español en Marruecos que podría desencadenar una guerra civil en España y de la cual el país marroquí podría beneficiarse.


Epílogo: La élite de los traductores: el desenlace (1936-1939)

En este último capítulo, el autor nos da una conclusión de la carrera como intérpretes de los principales protagonistas anteriores, que aunque no fue necesariamente durante la Guerra Civil, ésta si supone un cambio radical en lo que se refiere a las misiones encargadas a los intérpretes del árabe.
Reginaldo Ruiz Orsatti se encontraba en Madrid al estallar la Guerra Civil y en 1937 fue destinado a Sevilla a la Inspección de Asuntos Marroquíes, cargo del que renunció en julio del año siguiente, y se trasladó a Madrid donde continuó colaborando con los investigadores del arabismo universitario en la Escuela de Madrid. Murió en 1945.
Emilio Álvarez Sanz y Tubau optó por apoyar al bando nacional durante la guerra y el testimonio de un escritor libanés, Amín Al-Rihani, del que Sanz y Tubau fue intérprete, refleja que la relación del intérprete con Franco era bastante cordial. Ejerció como secretario de la embajada en Tánger desde 1940 hasta su muerte cinco años después.
Francisco Limiñana fue de los poquísimos intérpretes que llegaron a ser embajadores. Fue el encargado por Franco de organizar el viaje de los peregrinos marroquíes de la zona española a La Meca, lo cual suponía una recompensa al apoyo marroquí recibido por los franquistas. Además en las postrimerías de la guerra fue enviado a Argelia siguiendo la pista de familias republicanas refugiadas. Ocupó varios puestos consulares en Argelia y Túnez, y actuó como embajador en Arabia Saudí y más tarde como cónsul en Uruguay hasta su jubilación en 1964. Falleció en 1977 en Alicante.
Clemente Cerdeira manifestó su apoyo al bando republicano desde el comienzo mismo de la guerra. Para ello, trató de sublevar en el norte de Marruecos a las tribus y cabilas montañesas. Este acto le costó ser tildado de traidor a la patria. Estuvo inmiscuido incluso en un asunto de tráfico de armas en la ciudad de Ouazzan. No consiguió llevar a buen término su misión, pero consiguió irritar a Franco, el cual remitió varias quejas al cónsul italiano en Tánger acerca de las actuaciones de Cerdeira.
Así, Cerdeira participa como un protagonista más en un episodio clave de nuestra historia contemporánea, y aunque no fue el único que trató de anular el alzamiento franquista, sí era el único que sabía cómo hacerlo al estilo de Raisuni, con el cual como ya hemos visto tuvo una estrecha relación. Cerdeira fue destinado por la República como cónsul primero en Salónica y más tarde en Newcastle, cometiendo la administración el grave error de apartar al más célebre intérprete de árabe español de la época del propio mundo árabe. Murió en 1941 en Niza, cuando pensaba zarpar hacia Casablanca.

Conclusión


Como ya hemos visto, los intérpretes españoles en Marruecos ejercieron un papel clave desde la Guerra de Tetuán hasta la Guerra Civil española, no sólo como intermediarios lingüísticos.
La época pre colonial se caracteriza por una serie de altibajos en el rendimiento de los traductores españoles, destacando por encima del resto Aníbal Rinaldy. Éste comenzó su tarea con O’Donell durante la guerra, y tuvo importantes misiones, destacando la de Fez tratando de acercar posturas entre España, Marruecos y Gran Bretaña.
Tras la jubilación de Rinaldy, la plantilla de traductores se quedo algo huérfana hasta que aparecieron unos jóvenes Ruiz Orsatti y Cerdeira, que lideraron la élite de los traductores españoles en Marruecos. Cerdeira destacó por su misión con Raisuni, que le aportó más desprecio popular que prestigio profesional. Durante la ya citada época en la que surge el movimiento nacionalista marroquí, los intérpretes adquieren un papel más importante aún al ser los encargados de analizar, detectar y censurar las amenazas nacionalistas llegando muchos a trabajar como espías. Vista la importancia de la dominación por parte de los funcionarios del idioma hablado en Marruecos, sorprende que a tan pocos se les concediera la oportunidad de ejercer la carrera diplomática, ya que al encargarla a alguien que conocía el árabe se facilitaban mucho más las operaciones.
En el epílogo, se nos revela la aportación de los principales traductores españoles durante la Guerra Civil. Esta época supone el cénit del ejercicio del poder por parte de los traductores, ya que durante esta etapa algunos son finalmente designados cónsules y algunos como Cerdeira participan muy activamente en el conflicto tratando de defender sus intereses.