TRADUCCIÓN Y PERCEPCIÓN INTERCULTURAL



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Autora: Heidrun Witte
Editor: Comares
Año: 2008
Idioma: Castellano
ISBN: 978-84-9836-410-1
Número de páginas: 179
Por Irene García García

INTRODUCCIÓN

Heidrun Witte realiza en esta obra una síntesis entre la Teoría Funcionalista General de la Traslación (TFG) y los Estudios de Comunicación Intercultural (ECI), dando lugar a la teoría de la traslación como mediación intercultural.



PRIMERA PARTE: LA TEORÍA FUNCIONALISTA GENERAL DE LA TRASLACIÓN (TFG)

1.1. Puntos de partida
En esta primera parte del libro la autora expone los puntos de partida de la Teoría Funcionalista General de la Traslación, que se refiere tanto a la traducción como a la interpretación. Estas son acciones interculturales que posibilitan la comunicación entre las distintas comunidades lingüísticas. Con esta teoría se pretende crear una base teórica común.
1.2. Contextualización teórica
En este apartado la autora analiza los cambios originados tras la introducción de la TFG. En los años 70 destaca la ubicación de la Traductología dentro de la Lingüística contrastiva, buscando su rigor y formalidad mediante un estricto sistema de reglas.
Más tarde se propuso una equivalencia «máxima», aunque después se llegó a la conclusión de que no es posible una recepción idéntica del TO y TM por tener trasfondos culturales distintos. Finalmente se dijo que es equívoco suponer una correspondencia simétrica entre el TO y el TM.
1.3. Enfoques generales y específicos
Las teorías funcionales no son un conjunto homogéneo, sino que existen dos enfoques diferentes: los que buscan un modelo general de la traslación y los que busca una aproximación específica a ella, centrándose en determinadas lenguas o áreas de trabajo.
La Teoría del Skopos, introducida por Vermeer, pertenece al primer enfoque. Según ella toda traducción está sujeta a un fin último, skopos, que debe cumplir el texto en la lengua meta; para ello se analizan una serie de factores que determinan a la traslación, como son la recepción, el cliente, el traductor, el productor del TO... Uniendo esta teoría con la de la Acción Traslativa de Holz‑Mänttäri se da lugar a la TFG.
1.4. Postulados básicos y críticas
La TFG busca una base teórica para explicar los fenómenos para el proceso traslativo en general, así pues, sus enfoques de orientación lingüística solo explican una parte de este proceso. En los siguientes apartados, la autora se ocupa de los principales postulados y la polémica de la TFG.
1.4.1. La orientación prospectiva
La orientación prospectiva es el rasgo principal de la TFG, es decir, que se rige por su finalidad culturalmente específica. La cultura dominante es la meta, ya que el traslatum se produce específicamente para la recepción en una cultura meta. Es el traductor como experto el que debe decidir la situación de llegada.
La TFG no exige un método de traducción determinado, pero sí critica la traducción literal. También exige al traductor la capacidad de anticipar la situación de recepción,
1.4.2. El concepto de «lealtad»
El concepto de «lealtad» ha sido muy bien acogido por los traductores, ya que reúne el enfoque funcionalista y el más tradicional. Nord propone varias definiciones de lealtad: la transparencia de las acciones traslativas o el respeto de las intenciones de autor, cliente o lectores. Concibió este concepto como una reivindicación más que una exigencia.
1.4.3. El perfil experto del traductor
La descripción del perfil de traductor es uno de los principales puntos de la TFG, enfrentándose a la concepción tradicionalista de un traductor sumiso, humilde e imperceptible. La TFG resalta la responsabilidad del traductor, la autoridad y el poder de decisión.
1.4.4. La perspectiva relativista
La Teoría del Skopos y la Teoría de la Acción Traslativa subrayan el carácter relativo de la comunicación, que se desarrolla en determinadas circunstancias situacionales únicas dependiendo del uso de la lengua, del receptor, etc.
1.4.5. El enfoque cultural
Según la TFG, la cultura es un factor muy importante para la traducción, al contrario de lo que se explica en teorías más tradicionalistas. El traductor ayuda a superar «barreras culturales» que impiden la comunicación, pero que no se consideran un obstáculo, ya que a veces pueden ser salvadas sin necesidad de una traducción.

SEGUNDA PARTE: LA COMUNICACIÓN INTERCULTURAL

2.1. Cultura y socialización
La autora encuentra en la definición de Vermeer la definición perfecta de cultura: «Definimos cultura como el conjunto de normas y convenciones conductuales de una sociedad y de los resultados de las formas de conducta sujetas a las normas y convenciones». La competencia cultural se adquiere mediante la socialización, y aunque un individuo puede socializarse en varias culturas, siempre estará más vinculado a su cultura primaria, siendo este también el caso del traductor.
2.2. Los Estudios de Comunicación Intercultural (ECI)
El interés principal de la Comunicación Intercultural es conocer las diferencias entre las culturas, pero posteriormente se ha dirigido más hacia la relación entre ellas. Expone que se enfrentan a los mismos problemas, pero obtienen distintas soluciones para ellos (denominadas value orientations). En el siguiente apartado se procede a una categorización de estas.
2.2.1. Las «dimensiones culturales» de Hofstede
Geert Hofstede propone un análisis sistemático de las diferencias culturales. En primer lugar expone que los seres humanos adquieren «programas mentales» durante la socialización en su cultura nacional, y su comportamiento está determinado por estas.
Una dimensión cultural es «la orientación hacia unos valores culturales o la tendencia hacia un comportamiento cultural determinado». Existen cuatro diferentes:
- Distancia jerárquica, que describe el grado de aceptación de desigualdades y de la distribución desigual del poder en una cultura.
- Control de la incertidumbre, que diferencia las culturas según el grado en que toleran o intentan evitar situaciones desconocidas.
- Individualismo/colectivismo, que indica la prioridad que se da a la persona como individuo frente a la lealtad al grupo.
- Masculinidad/feminidad, que establece que en las sociedades con un alto valor de masculinidad cuentan sobre todo el estatus y los bienes materiales, la competitividad y los logros, mientras que en sociedades con un alto nivel de feminidad valoran más la relaciones sociales y la cooperación.
No obstante estas dimensiones culturales puede que no reflejen la actualidad, ya que la cultura está en constante evolución, pero pueden constituir un punto de partida para el análisis cultural.
2.2.2. Otras dimensiones culturales
Además de las dimensiones de Hofstede, otro autor, Beneke, distingue las siguientes:
- La orientación en el tiempo. Las culturas monocrónicas siguen un orden cronólogico en la realización de las tareas, valorando la puntualidad (EEUU, Suiza, Alemania…), mientras que las culturas de orientación policrónica pueden ocuparse de varios asuntos a la vez, valorando más las relaciones interpersonales (España, Francia, Japón…).
- Estilo de acción (doing or being). Las culturas con un alto grado de «actividad» valoran más en logro personal, la dinámica y la rapidez de decisión (EEUU), mientras que las culturas del «ser» valoran más la armonía, la tradición y vivir en el presente (Latinoamérica, Oriente próximo…).
- Estilo comunicativo. Implícito vs. explícito (high context vs. low context). Las culturas explícitas tienen un estilo comunicativo más directo (EEUU, Alemania, Suiza…), mientras que las implícitas se orientan a lo dicho «entre líneas», a la situación comunicativa, etc. (Francia, España, Japón…).
- Orientación en el espacio. Un problema intercultural común es el respeto del espacio privado, que varía dependiendo de la cultura entre los 30 y los 150 cm de distancia entre dos individuos.
- Formalidad y ritualización. Las culturas informales son más abiertas a los cambios y tienen una estructura jerárquica más plana (EEUU, Australia…), pero las culturas formales dan gran valor a los rituales sociales y a los títulos académicos y profesionales (Latinoamérica, culturas árabes y asiáticas).
- Universalismo - particularismo. Las culturas universalistas aplican generalizadamente las reglas vigentes (EEUU, Alemania, Gran Bretaña…), mientras que en las particularistas los comportamientos y decisiones son más flexibles, adaptándose a la situación (Francia).
- Neutral vs. afectivo. Las culturas afectivas muestran sus emociones, mostrando más contacto físico (EEUU, países mediterráneos…), mientras que las neutrales aprecian el autocontrol, considerando como comportamiento inadecuado la muestra de emociones (Holanda y Suecia).
- Específico vs. difuso (specific - diffuse). En una cultura específica la mayoría de las facetas de una persona son accesibles, pero se distingue entre relaciones de los distintos ámbitos de la vida (EEUU), mientras que en la cultura difusa los ámbitos públicos son menos, pero las relaciones cercanas se extienden a casi todos los ámbitos (Alemania).
- Logro vs. atribución (achievement vs. ascription). Una cultura con orientación al logro determina el estatus por los méritos personales (EEUU, Suecia, Alemania…), mientras que en las orientadas hacia la atribución predomina el estatus social por edad, sexo, clase social, educación, etc. (Francia, Japón…).
2.2.3. La relevancia de la sensibilización para las diferencias culturales
En la comunicación entre culturas son más importantes las diferencias de comportamiento que las lingüísticas, ya que producen más malentendidos. Aunque también estas diferencias culturales producen efectos positivos (sinérgicos) como la modificación de los modos de conducta o el desarrollo de nuevas formas de interacción.
2.3. La percepción mutua entre culturas
Según los Estudios Interculturales en el contacto intercultural los participantes actúan y se perciben mutuamente siguiendo los patrones de orientación de su propia cultura, relativizando el concepto de «especificidad cultural».
2.3.1. La «especificidad cultural»: resultado de la comparación intercultural
Los nuevos conocimientos se adquieren sobre la base de lo ya conocido, comparando lo nuevo con lo ya sabido. Por lo que cada vez que nos introducimos en una nueva cultura ejercemos una comparación entre esta y la nuestra, pero no percibimos todo al momento, sino que las categorías de percepción se van formando a lo largo de nuestra socialización. Esta percepción intercultural no está determinada únicamente por factores culturales, también por características individuales.
2.3.2. Hipótesis inadecuadas de los actantes en el contacto intercultural
Lo «distinto» es el resultado de la percepción comparando la nueva cultura con la propia, y esto depende del concepto de «diferente» que se tenga en la comunidad cultural. A pesar de esto puede que una persona no esté de acuerdo con algún valor o comportamiento de su propia cultura e intenta buscar soluciones mejores en una cultura ajena.
La imagen de una cierta cultura se crea a lo largo del tiempo y depende de la autoimagen de la cultura receptora, de la memoria colectiva, de las relaciones de la cultura observada con terceras culturas, etc.
En algunas ocasiones se producen malentendidos en la comunicación intercultural por atribuir a las palabras de un individuo de otra cultura el valor de su propio sistema cultural. Así se produce un cambio de valor cultural, que es una barrera de la comunicación. El traductor debe estar capacitado para detectar y solucionar las atribuciones equivocadas.

TERCERA PARTE: LA TRASLACIÓN COMO MEDIACIÓN INTERCULTURAL

Los crecientes contactos internacionales que se dan en el mundo se ven acompañados por el desconocimiento intercultural. Es por esto por lo que el traductor desempeña un papel esencial para establecer la comunicación.
3.1. La influencia de la traducción en la percepción intercultural
Gracias a la aplicación de las conclusiones de los Estudios de Comunicación Intercultural a la traslación, se ha confirmado que las diferencias en los valores y comportamientos de las distintas culturas son relevantes para la traducción. Pero el traductor, como cualquier individuo, se ve influenciado por su propia cultura, por lo que modificará los valores culturales, modificando a su vez el traslatum.
3.1.1. Traducir palabras
La traducción literal, es decir, la traducción que imita las formas lingüísticas, hace que se produzca un cambio de valor cultural, eliminando el resultado pretendido. Uno de los elementos lingüísticos que más dificulta la traducción es la metáfora, ya que no existen las mismas para las diferentes lenguas.
3.1.2. La ilusión de «conservar lo ajeno»
El traductor intenta conservar las formas del texto original en la traducción, lo que lleva a un efecto exotizante para la recepción meta, que da lugar a un resultado no pretendido por el autor. Es por ello por lo que el traductor no debe dejarse llevar por la cultura de origen, sino que debe adaptarse a la cultura meta, sin alejarse demasiado de la intención de autor.
3.2. La competencia cultural experta del traductor
Como ya se ha avanzado anteriormente, una de las competencias del traductor es anticipar, prevenir y contrarrestar los malentendidos en una comunicación intercultural. En primer lugar, se debe partir de un concepto experto de comunicación, en el que se distinguen tres niveles: el objeto (qué se hace o dice), el meta (por qué se hace o dice) y el de interacción. En la comunicación cotidiana somos conscientes de los dos primeros niveles, pero el último, que consiste en formarse una imagen de su interlocutor, transmitiendo la suya propia a la vez, lo percibimos de forma inconsciente.
3.2.1. Conceptos legos vs. conceptos expertos
La acción traslativa tiene que partir de conceptos profesionales, pero también se deben tener en cuenta la percepción y la actuación de sus interlocutores. El traductor, como ya hemos visto, debe tener una buena competencia cultural, que en algunos casos el resto de individuos no adquieren, y al no traducir las palabras literales, estos creen que no se ha realizado una buena traducción, pero lo que ha hecho el traductor es interpretar las palabras del emisor y convertirlas a la nueva cultura, ejerciendo un buen ejemplo de traducción.
3.2.2. La competencia-en-culturas y la competencia-entre-culturas
Otras de las competencias en las que el traductor experto debe desenvolverse es en la competencia-en-culturas y la competencia-entre-culturas. La primera abarca los condicionamientos de la percepción y los patrones de comportamiento, actitudes, valores, etc. La segunda se trata de tener en cuenta la autoimágenes, heteroimágenes y las autoimágenes reflexivas en el contacto intercultural.
3.2.3. Aspectos didácticos
El estudio realizado en esta obra es un esbozo orientado a una metodología didáctica de la competencia cultural del traductor, desarrollando su conciencia global de la problemática de la traducción.

CUARTA PARTE: CONCLUSIONES

Como ya hemos apuntado anteriormente, en esta obra se realiza una síntesis entre la TFG y los ECI, centrándose en la competencia cultural traslativa del experto traductor. En esta no solo se recogen los modos de conducta y los valores culturales de la actualidad en las diferentes comunidades, sino también el conocimiento de la relación entre las respectivas culturas. En las teorías más antiguas, la cultura no era tenida como una competencia necesaria del traductor, pero en la TFG se expone que esta es un requisito esencial para el experto de la traducción.