El futuro de la traducción

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Autora: María del Carmen África Vidal Claramonte


Editor: Institución Alfonso el Magnánimo (Valencia)


Año: 1998


ISBN: 8478222383

ISBN-13: 9788478222384



Por Carlos de Prado



Introducción:



Aunque el ser humano ha traducido desde siempre, con la globalización la traducción comenzó a tener importancia. Además la adaptación de la traducción ha ido evolucionando a la para junto con los cambios producidos a lo largo del siglo XX. Las teorías traductológicas han pasado de las definiciones que dieron Catford y Toury, a los estudios interculturales de Lefevere, seguido de las teorías postcoloniales y por ultimo las teorías feministas de la traducción. Hoy en día, la traducción se entiende como un acto de comunicación intercultural, un acontecimiento que pretende fusionar fronteras.


En el principio fue el verbo, en el fin el lenguaje:




El lenguaje es el instrumento de trabajo del traductor, ya que el ser del hombre se encuentra en el lenguaje: así, lenguaje y significado tienen un papel primordial en la vida humana, tanto para el pensamiento como para la acción, y son precisamente lenguaje y significado los dos conceptos básicos a los que el traductor se enfrenta.


En la segunda mitad del siglo XX ha habido una preocupación por el lenguaje en diversos campos: desde la filosofía, pasando por la semántica o la literatura, hasta la antropología, psicología o la historia. Así en la filosofía del siglo XX, se dio el fenómeno del “giro lingüístico”, es decir, la “creciente tendencia a tratar los problemas filosóficos a partir del examen de la forma en que estos están encarnados en el lenguaje natural”. De esta forma surge la filosofía del lenguaje, gracias a filósofos de la tala de Saussure o Chomsky, y entonces el resto de campos del saber se dio cuenta de a importancia del lenguaje, y de hasta que punto el análisis de la lengua y de otros sistemas de signos es fundamental para entender muchos problemas, desde problemas sobre metafísica hasta problemas éticos.


La lingüística actual ya ha llegado al texto como objetivo de estudio, y se presenta como un punto de partida rico y sugerente. Es cierto que la traducción y la lingüística han tenido siempre una relación de amor-odio, pero no pude desecharse ningún enfoque a la hora de analizar el lenguaje del siglo XX. Aunque actualmente, por desgracia para todos, el lenguaje ha dejado de ser inocente y tras de el la mayoría de las veces hay poco, además de que tiene una naturalidad hiperrealista, que nos hace sentir extasiados ante “la fuerza de significado insignificante, la fuerza del significado insensato”. Pero según Wittgenstein, nos damos cuenta de que lenguaje determina nuestra visión de la realidad, porque vemos y creamos el mundo a través del lenguaje. Como el lenguaje varía y se enriquece con el paso del tiempo, las traducciones también cambian, es decir debido a las características siempre cambiantes del lenguaje, no habrá dos traducciones iguales, de forma que la traducción evoluciona junto al hombre y el tiempo.


Se propone entonces una manera post-estructuralista de entender el lenguaje, enseñándonos que el lenguaje es el mejor espejo a la falta de valores de la postmodernidad. Parafraseando a Wittgenstein podríamos decir que el significado de una palabra depende del juego en el que aparece, así que la labor del traductor tendrá que ser múltiple y abierta, porque así ninguna interpretación será única e irrevocable, y permitirá una gran variedad de interpretaciones.



El mapa no es el territorio:



Desde que James Holmes publicase su articulo “the name and nature of translation studies” la traducción ha evolucionado mucho, pero esta obra destaca por adelantarse a su tiempo, ya que planteo muchos de los dilemas que hoy en día persisten en la traducción.


El primer dilema es sobre la cuestión del nombre que debe recibir la disciplina de la traducción, y Holmes considera que la traducción no es ciencia, y que la mejor denominación es la de “translation studies”. Aun así hoy en día aun no esta claro como denominarla.


Otro problema adelantado por Holmes es la falta de comunicación entre traductores, hecho que dificulta la transferencia de teorías traductológicas a lo largo del mundo. No obstante desde que Holmes se pronuncio, las barreras políticas han ido cayendo.
Holmes también acertó al plantear cual tenia que ser el campo de trabajo de la traducción: tenía que abarcar toda aquella actividad investigadora que se centrara en los fenómenos de traducción, así colmes estableció una distinción entre:


  • Descriptive Translation Studies (DTS): Se encargaran de describir los fenómenos de traducir y de las traducciones.
  • Translation Theory (TTh): Se encargara de establecer los principios generales mediante los cuales se pueden explicar los fenómenos de la traducción.
  • Aplied Translation Studies (ATS): tienen que ver con la enseñanza de la traducción y con las herramientas que pueden ayudar al traductor.


El objetivo de Holmes era construir una teoría general de la traducción capaz de explicar y traducir cualquier fenómeno del campo de la traducción.



De la equivalencia a la norma:



Una de las aportaciones más importantes de Holmes fue considerar la traducción como una disciplina independiente, ya que anteriormente se la consideraba como una actividad secundaria que servia para el aprendizaje de lenguas extranjeras.
Pronto se vio que la definición de traducción clásica era inviable, ya que la total simetría entre dos sistemas lingüísticos es imposible. Así el concepto de equivalencia se fue haciendo cada ve z mas relativo, pero ¿hasta donde puede llegar ese relativismo?
La respuesta fue pronunciada por Toury en 1980, con la publicación de su obra “in search of a theory of translation”. Ahora cambia el concepto de equivalencia, ya que no se trata de una única interpretación, sino que hay varias interpretaciones que deben tener en cuenta el contexto histórico en el que se sitúa la traducción.
Para Even-Zohar, también es muy importante la influencia del texto original en la traducción y viceversa, por lo que el texto traducido es parte integrante de de la cultura receptora, y no simplemente la reproducción del otro texto.
Siguiendo a este ultimo autor, Toury afirma que la traducción es un acto teológico, en el que las traducciones no tienen una identidad fija, sino que dependen de factores contextuales y de las decisiones tomadas a lo largo del proceso de traducción. Es decir las normas no son estables, pero según Toury en cualquier sociedad hay 3 tipos de normas:
  • Norma inicial: determina si el traductor se guía más por las normas imperantes de su cultura origen o por las de la cultura término.
  • Normas preliminares: dan información sobre cual ha de ser la estrategia traductora que se debe aplicar en un polisistema determinado.
  • Normas operativas: rigen las decisiones tomadas durante el proceso de traducción.


La sociedad dictamina el contenido de las normas, es decir, lo que es correcto o no, pero cuanto mas compleja sea la sociedad, mayor será la coexistencia de normas diversas que a menudo entran en conflicto. Pero siempre hay unas normas que prevalecen sobre otras, lo que nos obliga a ir comerciando con todas las normas para alcanzar un objetivo complejo.


El hecho de que le concepto de norma se base en la traducción, entendida como un acto de interacción social, hace que esta aproximación a la traducciones sitúe dentro del llamado “cultural turn into translation studies” , que entiende que la única unidad de traducción posible no es ni la palabra ni el texto, sino la cultura. Es una nueva forma de ver las cosas, que empieza a colocar al traductor en el lugar que se merece.


La cultura como unidad de traducción:




Durante los años setenta se empieza a formar una tendencia teórica denominada como “translation studies”, cuyo representante es Holmes, seguido de otros autores como André Lefevere y Raymond van der Broeck. Estos dos últimos intentaron acabar con la tradicional equivalencia absoluta entre dos lenguas a la hora de traducir, y también deseaban configurar una teoría de la traducción que ayudase en la producción de traducciones.


En los años ochenta se paso de los análisis descriptivos y la visión de los textos como sistemas complejos y dinámicos, a poner en práctica la teoría de Holmes , es decir, a hacer estudios funcionales orientados a hacia el producto, que tienen en cuenta las normas y las restricciones traductológicas.
Este fenómeno es el llamado “cultural turn” de la traducción, el cambio de normas y reglas según el momento histórico, el lugar, y la influencia del poder y de los grupos sociales dominantes.


A lo largo de los ochenta, Lefevere tuvo una gran influencia. Afirmando que traducir es interpretar, y que toda reescritura que asegure ser la correcta intenta convertirse en el apoyo del poder dominante, sin tener en cuenta que no puede privilegiarse una lectura frente a otra, pues estas cambiarían según las circunstancias locales y temporales.
Según Lefevere, ninguna reescritura e inocente, ya que siempre van cargadas de una ideología, por ello insiste en hacer saber al futuro traductor de las constricciones implícitas de la traducción, ya que el lenguaje es uno de los instrumentos de poder más peligrosos, debido a que manipula la información.


El traductor elige ciertas palabras y formas que dirigen al receptor en una cierta dirección, por lo que es de cierta forma un traidor: lo es porque no tiene otra opción, porque debe permanecer dentro de los límites de su propia cultura. Así el traductor no es poseedor de ninguna traducción univoca, sino que prefiere adoptar una postura crítica frente al texto, siempre consciente de la importancia de los procesos culturales, sociales e ideológicos que han dado lugar a ese texto y no a otro.


Lefevere afirmó que vivimos en una cultura muy manipuladora, y que estudiando los procesos que hay detrás de cada reescritura no se nos descubrirá el que hacer o como vivir la vida, sino que evitara que otros nos digan como actuar.


El traductor como intérprete:



Desde el punto de vista de Hans-Georg Gadamer, la traducción es un punto de partida y no de llegada, es la reescritura de un texto desde un punto de vista hermenéutico. Traducir implica reescribir el discurso, descontextualizarlo de su espacio propio para iniciar una nueva escritura, por la que produciremos no un espacio semejante, sino que será un espacio, un discurso y un texto diferentes. Así la traducción es el original reactualizado y ofrecido desde una nueva textualidad.


Si la tarea de la hermenéutica es “tener un puente que salve la distancia entre espíritu y espíritu”, la traducción, a través del traductor, se convierte en el medio para producir un encuentro, una manera para pasar del yo al nosotros.


Al entender de Gadamer, la traducción al igual que la hermenéutica nos revela la extrañeza de un espíritu diferente. Para evitar prejuicios contextuales, Gadamer afirma que es necesario alcanzar un equilibrio entre el espíritu del texto original y el de su reproducción, además de que hay que atender cuando e texto nos habla, ya que le sentido de la traducción es una conversación infinita con el alma: se trata de participar en el dialogo con el lenguaje. Así traducir implica vivir la lengua, el traductor es un intérprete, y el lenguaje el “el medio universal en el que se realiza la comprensión escrita”. Aunque las bases hermenéuticas de la traducción no eran nuevas, fue Gadamer quien las dio consistencia a lo Largo del siglo XX, al entender la hermenéutica como una teoría generalizada de la interpretación, aunque violara la ética de la traducción al no respetar los limites de la interpretación.

Traducir desde la desconstrucción:




La desconstrucción es según Millar, una actividad que convierte algo unido en partes y fragmentos. Así el punto de partida de la desconstrucción es el ataque a la filosofía tradicional. Este también fue el punto de partida de Derrida, que afirmara que al anularse todos los binarismos, no abra diferencia entre la traducción y el texto original.


En realidad ningún texto es el original, porque un significado remite al de otro termino, y no existe el verdadero origen, o al menos si existió alguna vez se ha perdido.
Además cuando una palabra tiene su equivalente en otro idioma con dos significados, quiere decir que los significados no tienen una identidad ideal, y así el texto se convierte en una traducción imposible, que da lugar a la casi total imposibilidad de la traducción.


La misión del traductor es la transformación de un texto, lo que ha de sobrevivir es la obra del autor, no la identidad del autor, por lo que el traductor no tiene importancia a la hora de traducir. Junto con la muerte del traductor se da la disolución del contenido, ya que se desdeña la importancia del significado, ensalzando la forma del texto.
Así el sentido de la traducción esta ausente, dando como resultado un texto que no nos dice nada, que destruye, mezcla y confunde. En definitiva, toda la obra de Derrida es una escritura oscura, que borra todo lo que traza y dispersa lo que dice.



Teorías feministas de la traducción:



La teoría feminista de la traducción surge a mediados de los años ochenta en Canadá, y esta ligada a la nueva forma de ver la traducción como un acto hermenéutico. Su columna principal consiste en pensar que la mujer es la productora del significado, de ahí que las cuestiones de identidad sean importantes eh la traducción. Para las traductoras de este movimiento, traducir es una actividad política que debe hacer visible al sujeto femenino a través del lenguaje. No se duda en modificar el texto para asimilarlo a la ideología de la traductora.


Las feministas radicales también consideran que los diccionarios son una herramienta de difusión de pensamiento del grupo dominante, por lo que editan sus propios diccionarios, como es el caso de Cheris Kramarae y Paula Treichler con “a feminist dictionary” e incluso llegan a crear un idioma echo para las mujeres, cuyo contenido se recoge en la obra de la norteamericana Suzette Haden Elgin “a first dictionary amd grammar of Láadan”.


El problema de la traducción feminista es que se volvió tan agresiva como la teoría a la que pretendía desbancar (desconstruccionalismo). Lo ideal hubiera sido alcanzar un equilibrio, pero por aquel entonces la mujer estaba sometida a una gran marginalidad, con lo que las ansias de revolución eran may grandes, y en consecuencia el peligro fue mucho mayor. Este fue un claro ejemplo de la importancia de la ética del traductor.

Hacia una ética transversal de la traducción:



Partiendo de la teoría ideológica de Lefevere, y ampliandola a traves de Michael Foucault, se intentara llegar a una nueva teoría de la traducción, cuyos puntos mas relevantes son los procedimientos del control del discurso, y la arqueología, genealogía y ética de la traducción.


Dentro de los procedimientos del discurso están:
  • Procedimientos externos de exclusión: según Lefevere se denominan como “mecenazgo”, y son personas o instituciones que favorecen una u otra interpretación del texto porque poseen poder. Se distingue a su vez tres subtipos: lo prohibido (no se pude decir todo, con lo cual no todo se puede traducir), la posición entre razón y locura (racionalidad del discurso frente a parataxis) y la posición entre lo verdadero y lo falso (consideración entre lo cierto y lo falso).
  • Procedimientos internos: están íntimamente relacionados con la traducción y son: reescrituras (generan multiplicidad y diversidad de lecturas), de autor (el traductor es el co-creador del texto y pude ser mas o menos fiel a este) y disciplina (establece los limites traductológicos del la cultura del autor).


En cuanto a la arqueología genealogía y la ética, Foucalut pretende analizar cuales son las consecuencias que dan sentido al texto, y por ello utiliza un método basado en:


  • Arqueología de la traducción: se encarga de analizar las condiciones en las que se escribió el texto y su traducción, es decir las condiciones formales que determinan la aparición de la significación. Para que esta arqueología se lleve a cabo hay que tener en cuenta que la obra aparece en un lugar y momento determinados, en un contexto histórico que constriñe al traductor.
  • Genealogía del poder que ha dado lugar a la traducción: consiste en averiguar los conocimientos que han configurado esa traducción. Nos ayudar a comprender que detrás de cada traducción hay relaciones de poder que la posibilitaron.
  • Ética de la traducción: hay que buscar una traducción que no se circunscriba a una cultura determinada ni a su gobierno, pero que presente las peculiaridades de la sociedad, las relaciones de poder y que haga frente a la microfísica del poder, es decir que el traductor debe luchar contra las formas de poder que condicionan las traducciones.


En conclusión Foucault y Lefevere llegan al mismo punto de vista, hay que pensar de otro modo para llegar a hacer una traducción ética.


Después de las olas:



Tras este recorrido a lo largo de las teorías de la traducción en el siglo XX, podemos deducir que las teorías de Holmes se han puesto en práctica y surten efecto. Hoy en dia no se traduce literalmente, sino que se busca el sentido del texto, y además no nos limitamos a la equivalencia absoluta, son que esta nos obliga a razonar sobre los problemas culturales y las ideologías. En consecuencia la traducción ha dejado de ser una actividad secundaria.


La traducción en una sociedad globalizada como al de nuestros días, ha acabado con las posiciones binarias, la jerarquía de las teorías y la tentación de elevarse por encima del otro.


El traductor es un hijo de su tiempo, ya que sus dudas no se resuelven con el diccionario, si no que razona como esta ligado el lenguaje a las sociedades siempre cambiantes y en el posterior proceso de reconstrucción. Según Palomar, necesitamos al traductor, porque nos hace vernos a nosotros mismos y a los demás.
Las traducciones son como las olas, “no se puede observar una ola sin pensar en los factores que concurren para formarla, en los efectos que provoca, y que los aspectos que provocan la ola cambian continuamente por lo que una ola siempre es diferente de otra…”.