La interfaz de la traducción. Formación de traductores y nuevas tecnologías.



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Jesús Torres del Rey
Granada.
Ed. Comares, 2005
ISBN 84-44-937-8
Por: Erika Aldea Nordby

INTRODUCCIÓN



Estamos en una época en la que la posición científica y académica de una disciplina universitaria se determina en gran medida por su modo y grado de relación con las nuevas tecnologías. Los tres objetos que aquí se van a estudiar (tecnología, traducción y enseñanza universitaria) han recibido una atención extraordinaria en el ámbito académico, investigador y editorial. Además, la introducción de los ordenadores y las telecomunicaciones en los estudios de traducción ha alcanzado un momento de eclosión definitiva y ha facilitado el rápido éxito de las herramientas de traducción asistida por ordenador. Antes se pensaba que los traductores eran los únicos capacitados para cruzar las barreras entre idiomas y culturas pero la ola tecnológica que llegó con internet ha hecho que estos planteamientos queden obsoletos. La motivación de este texto tiene que ver con la reflexión sobre las formas en las que el nuevo paradigma de la información y las tecnologías digitales influyen en la enseñanza universitaria de la traducción, no tanto desde un punto de vista «técnico» sino «formador», «discursivo» y «dialógico». En este libro se van a proponer una serie de diálogos argumentativos entre la tecnología y los terrenos en los que ésta hunde sus raíces y que le permiten penetrar en nuestro campo académico. Mediante estos diálogos se intenta hacer expresar las opiniones de unos para después confrontarlas con el objetivo de producir entendimiento. Nos encontramos con tres diálogos o capítulos. En el primero se analizan los principios básicos de funcionamiento de la tecnología en general y de la que nos ocupa en particular. En el segundo se habla del impacto teórico y práctico que están teniendo las nuevas tecnologías tanto en la disciplina como en la profesión de la traducción. En el último capítulo confluyen los aspectos anteriores con las necesidades pedagógicas de los estudios de traducción.

RESUMEN





1. DEFINICIONES Y LUGARES: UNIVERSIDAD, TECNOLOGÍA, TRADUCCIÓN




Situando la traducción: la idea de Universidad en la sociedad posmoderna y tecnológica.
La Ley Orgánica de Universidades pretende organizar la Universidad en función de una nueva cultura de la ciencia y de la actividad económica porque considera que la universidad debe moverse al unísono con el desarrollo cultural, tecnológico y social. Hoy en día son términos clave la interdisciplinariedad, el trabajo en equipo y la dependencia de la tecnología. La aparición de nuevas disciplinas y modificación de las tradicionales tiene que ver con la satisfacción de una demanda social propia de nuestro tiempo.
La implantación de las TIC en el ámbito universitario está siendo lenta pero segura. La universidad no puede permanecer ajena a los cambios tecnológicos porque de ella surge la materia que da forma a los nuevos instrumentos. La universidad se está volviendo hacia las nuevas tecnologías como si éstas constituyesen el principal horizonte de sus expectativas, y por ello está reconfigurándose en virtud de los avances y las aplicaciones de las TIC. Se reivindica el derecho incondicional de la universidad a hacer profesión de sí misma y no abandonarse ni al silencio de la ley de la «eficacia tecnocientífica» ni a la seducción de los discursos que pregonan una esencia básica, unitaria e inmutable ligada a la preservación de valores supuestamente universales, inherentemente superiores o intelectualmente puros; ya que es fácil abandonarse a una visión de crisis donde todo se vuelve anomalía o nostalgia. La universidad es tan creadora de una cultura científica, tecnológica, humanística y traductológica como se ve modificada por la incidencia de éstas.
(In) definiciones tecnológicas: diversidad y complejidad en la nueva cultura universitaria.
Los deterministas ven en la tecnología una fuerza autónoma y neutral, los instrumentalistas otorgan al ser humano un poder mayor para controlar el desarrollo tecnológico. Los substantivistas creen que la tecnología generaliza una serie de valores ideológicos y materiales que constituyen un sistema e imponen unos objetivos a los que es difícil hacer frente. Los representantes de la teoría cívica ven una mayor capacidad humana de influir en el sistema tecnológico por cuanto existen múltiples factores alternativos unidos en una malla de interrelaciones. Cada forma tecnológica está implicada en los cambios sociales y culturales de su época. La tecnología es parte del carácter de la sociedad al tiempo que ésta se define por medio de aquélla. Vemos la complejidad de la relación del ser humano con la tecnología. La tecnología subyace y es inherente a la cultura, la estructura social y la ciencia, sin que ninguna de ellas adquiera prioridad.
Frente a la crisis de valores modernos, la tecnología parece ser tanto el producto de aquélla como la solución a la misma.
La tecnología al ser incorporada al contexto de la sociedad humana, inculca ciertos valores asociados con sus características principales, pero el ser humano también acude a la tecnología con sus prejuicios, deseos, conocimientos, valores y finalidades aunque a la vez contribuye a definir esos objetivos y a justificar esos valores. En la actualidad también existe una fuerte tendencia a humanizar la tecnología, a despojarla de su esencial carácter técnico para acercarla a las ciencias, las humanidades y la filosofía. La tecnología es un producto humano que nos diferencia del resto de los seres vivos desde la prehistoria y se considera necesario estudiarla desde un punto de vista social y ético.

La importancia de la universidad para la sociedad de la información y el paradigma tecnológico.
Debido al profundo potencial de las TIC, la universidad ha visto enseguida la oportunidad de convertir una situación de desventaja técnica o tecnológica en una mina de análisis teórico-práctico que la sitúa en una posición de privilegio. La revolución de las TIC se ha extendido y ha prosperado por todas las universidades del mundo que se han convertido en epicentro de actividad generadora de información y en pioneros en el uso de los ordenadores y las nuevas formas de comunicación como herramientas alternativas para la investigación y la enseñanza y para la propagación de éstas más allá de sus confines tradicionales.
Sin embargo, la «sociedad del conocimiento» trae aparejados dos fenómenos de difícil asimilación para la universidad: el surgimiento de nuevas instituciones de conocimiento que compiten con ésta y la ampliación conceptual de la categoría «conocimiento» que trasciende las definiciones académicas y científicas. Como consecuencia, las universidades tienen menos posibilidades de garantizar a los estudiantes el acceso a un corpus privilegiado de conocimiento o socializarles para que ocupen parcelas expertas dentro de una división muy calculada de campos profesionales porque tal división se ha erosionado.
El aprendizaje ha dejado de ser una actividad confinada a las paredes del aula. Se producirá un desarrollo de la no-presencialidad y de métodos alternativos de enseñanza relacionados con la virtualidad. Pero la sociedad de la información y las TIC representan para la universidad tantos retos como nuevas posibilidades de legitimación por lo que se puede predecir que el papel de ésta seguirá siendo crucial. La universidad que veremos dentro de unos años será diferente a la de los últimos con respecto a sus medios y métodos de funcionamiento. El cambio de aspecto y de organización de la universidad tendrá mucho que ver con el camino que le permitan trazar las nuevas tecnologías y los intereses políticos y económicos vinculados a ellas.

El espacio de la traducción en la universidad tecnológica: Redes, alianzas, globalización e interdisciplinas.
De lo anterior se pueden derivar tres hipótesis: la primera consiste en que la tecnología se ha convertido en una nueva narrativa global de nuestra sociedad. Los otros dos principios derivan de éste; en primer lugar, se trata del dominio de un nuevo modelo de complejidad en el análisis y la propia visión de la realidad en la que se solapan sociedad, cultura, ciencia, tecnología y economía, se difuminan sus límites y se intercambian las categorías. Por último, se hace imprescindible el proceso de asociación y de colaboración en cada fase del ciclo de vida de los productos y las ideas.
Actualmente, se impone un matrimonio de conveniencia entre quienes tienen, producen, utilizan y necesitan los instrumentos tecnológicos para sus relaciones de intercambio comercial y quienes poseen los medios pedagógicos y humanos y el apoyo institucional a largo plazo. Como resultado de desarrollo académico y profesional de la traducción, ésta se ha dejado seducir por la posibilidad de que tanto profesores como traductores apliquen un enfoque reflexivo para hacer avanzar la disciplina, de modo que todos, en algún punto, habrán adquirido la capacidad de identificar problemas prácticos reales, de pensar críticamente y de proponer soluciones teóricas, prácticas y pedagógicas apropiadas a cada contexto.
El desembarco de nuestra disciplina en el ámbito universitario viene determinado por dos razones principales: tanto la universidad como la traducción salen beneficiadas, y además, la universidad en la que se inscribió el estudio de traducción, y a la que hubo que adaptarse, muestra divergencias con la que se nos presenta tanto ahora como en un futuro inmediato, muy especialmente por su apertura a la influencia de las TIC.
La universidad del futuro tiende a ser una institución global, integral, internacional, a imagen y semejanza de las nuevas tecnologías, que sea capaz de ofrecer una enseñanza generalista, básica, liberal y de calidad en diversos ámbitos, pero también un tercer ciclo y una formación investigadora que genere recursos, motivación y vínculos con la sociedad; y además, ha de saber integrar estas formas docentes e investigadoras en un marco común, interrelacionarlas, comunicarlas y comunicarse internamente. La universidad se mira en el espejo de las TIC, pero, a la vez, ha de saber proyectar su propio reflejo en éstas.
Hace falta, además, que la estructura de trabajo sea flexible, que se sepan integrar distintas especialidades, que todos los participantes se sientan corresponsables de la dirección de progreso o investigación, abrirse al resto de organizaciones o instituciones públicas y privadas exteriores que conforman una realidad compleja y heterogénea, y exigirles una implicación en una infraestructura básica de formación destinada a hacer esas organizaciones e instituciones las beneficiarias de la educación. La universidad aporta variedad, potencial intelectual y un excelente entorno de trabajo, pero sigue requiriendo la autonomía académica, su responsabilidad social y una libertad incondicional de sus gestores, profesores y estudiantes.
Las TIC desempeñan y desempeñarán un papel fundamental para toda universidad que quiera apostar por la calidad, la personalidad y la eficacia al constituir la infraestructura técnica y sociocultural clave para poder dar el salto cualitativo que transforme a la institución en un nodo de nodos, configurando internamente una red de intercambio y diálogo entre sus distintos actores, participantes y beneficiarios, donde se dé la igualdad para proponer y el respeto al conocimiento y las capacidades de cada uno e integrándose en otras redes de intereses sociales, culturales, profesionales, etc. El potencial tecnológico de las TIC reside en la participación simultánea de todos sus elementos y su constante retroalimentación.

2. EL NUEVO CONTEXTO Y SISTEMA OPERATIVO DE LA TRADUCCIÓN.



Principios operativos: Hacia una redefinición tecnológica de la traducción.
En la actualidad, se insiste cada vez más en que no se puede confiar en las definiciones tradicionales de la traducción y del papel del traductor si se quiere hacer justicia a la verdadera forma de esta actividad en la que están influyendo las nuevas tecnologías, que lo están revolucionando todo.
Se produce una bifurcación de las competencias requeridas por el traductor: las propiamente traductoras y las técnicas, que complementan las anteriores. Prevalece la idea de las TIC como herramientas auxiliares para un proceso que cuenta con un núcleo central de traducción fundamentalmente humano. La perspectiva comienza a ser diferente cuando se hace más hincapié en el compromiso del traductor con el producto final desde el punto de vista de la presentación física y electrónica.
La propia actividad y teoría de la traducción no puede permanecer impasible a su definitiva inserción en el ámbito de la globalización mediática y tecnológica y su puesta en relación con las restantes formas de difusión e intercambio de masas.

¿Unidad en la “tecnodiversidad”? Interfaces, lenguajes comunes y prácticas diferenciales en la traducción.
Lo que hoy se estila es celebrar la pluralidad de enfoques, métodos y objetivos. Parece haberse logrado el momento de perfecta confraternización y apertura de los estudios de traducción. Esta compleja unidad se consigue en un marco pre-tecnológico y nuestra interdisciplina académica parece no saber dónde ubicar las TIC.
El ideal modelo de la actividad traductora resulta maltrecho con la introducción de las TIC como un nuevo «diagrama de flujo» productivo y canal de difusión para todas las actividades académicas y profesionales. El clásico análisis textual y discursivo podría dejar paso a la capacidad para «hipertextualizar» adecuadamente el producto en cuestión. Así, las labores del traductor podrían consistir, a parte de verter lo escrito en un idioma a otro, en preparar el texto para su correcta integración en la cadena de trabajo semiautomática o en la actualización de un documento de naturaleza dinámica con información específica del «ámbito de recepción». La fase de documentación quedaría modificada por la existencia de WWW y de bases de conocimiento corporativas. Desde un punto de vista instrumental, procesual y material, parece producirse una división entre quienes entran y participan en ese modelo fuertemente condicionado por el elemento tecnológico y quienes pueden prescindir del mismo o no son capaces de incorporarse a él. Los cambios que las nuevas tecnologías y la sociedad globalizada acabarán produciendo en el ámbito de la traducción irán más allá de lo puramente instrumental y metodológico para redefinir los cimientos humanísticos, científicos y artísticos sobre los que se han asentado tradicionalmente los conceptos que la constituyen. Nos encontramos de nuevo con la paradoja de una tecnología y un discurso técnico que al mismo tiempo disgrega y une. Podemos advertir ya la transformación identitaria de la traducción y los traductores a la luz de un modelo tecnológico cuyas características resultan vagamente definibles pero muy influyentes.
Hay que plantearse de qué manera afectan las nuevas tecnologías a la unidad de la traducción como colectivo profesional y disciplina académica, si resulta más fragmentada o más unificada.
Uno de los sectores de mayor prestigio de la traducción en la actualidad es la localización, que consiste en la traducción y gestión multilingüe de aplicaciones informáticas, páginas web y videojuegos.
Pym y Gouadec apuestan por la universidad como lugar óptimo para la formación de traductores y, a la vez, reconocen la profunda fragmentación de la traducción, insisten en la necesidad de integración y de un sentido de la identidad compartida. Para estos autores las TIC no son capaces de provocar un resquebrajamiento de la deseada unidad de la traducción, pero tampoco fomentan un marco común para la traducción.
Gouadec señala que el sector de las nuevas tecnologías abarca la mayor parte del espacio que constituye la verdadera práctica de la traducción hoy en día. Pym señala la existencia de una intercultura de la traducción, tan propia del nuevo orden global actual pero también del predominio de las nuevas tecnologías y la sociedad de la información. Además, resalta la profunda fragmentación del mercado y la profesión de la traducción, y dice que todos y cada uno de los tres sectores generales en los que la divide (traductores autónomos, clase media profesional y altos profesionales) tienen una importante función social y deben respetarse.
Ni para Pym ni para Gouadec las TIC constituyen un elemento fundamental de división o unidad, porque ambos tienen una visión externa. Las nuevas tecnologías constituyen un elemento positivo de segregación pero también un fundamento negativo de integración, ya que, parece no quedar más remedio que buscar un sector tecnológico para ejercer la traducción y lograr un buen estatus económico-profesional.
Por lo tanto, sería fundamental que la definición de las distintas actividades de la traducción contenga el concepto de tecnología como elemento integrante de la misma.
La verdadera diferenciación se dibuja entre quienes adoptan una perspectiva abierta que les permita reconocer y hacer uso del poder que tienen las TIC, y quienes renuncian a dicho esclarecimiento, sobredimensionando la función instrumental de las nuevas tecnologías para bien o para mal.

La naturaleza (digital) de la traducción y el papel (interficial) del traductor.
La traducción resulta cada vez menos sólida como objeto teórico-práctico integrador y director de todos los conocimientos y destrezas exigibles, puesto que no sólo ha añadido una competencia más, que ha de incorporar el traductor en su labor cotidiana y esencial: dada su enorme relevancia, el componente tecnológico parece situarse como un segundo pivote central de su actividad, lo quiera o no aquél. Las TIC complican la tensión entre lo teórico y lo práctico. En su aparente afinidad con lo segundo parecen eliminar la necesidad de teoría, pero para funcionar correctamente necesitan un sinfín de formalizaciones teóricas. Es necesario continuar observando la interacción de teoría, práctica y tecnología como entidades interrelacionadas pero con motivaciones distintivas. El desembarco de las TIC en la profesión y la disciplina viene acompañado de una fuerte incorporación de ésta a los distintos mercados, sectores comerciales y al ciclo productor de la globalización económica. Desde esta perspectiva, la traducción se tecnologiza y parece quedarse encerrada dentro de una visión puramente mercantil e instrumental.
Mediante la insistencia en métodos, principios y herramientas estrictamente técnicos se puede estar frenando la progresión y visibilidad traductoras tan afines a la reconfiguración autorial.
Pym se refiere a este fenómeno deshumanizador para los traductores y los recientes avances de los estudios de traducción y advierte que la consecuencia es la subordinación conceptual de la traducción a la localización, y no al revés. Para Pym, el resultado inmediato es que los traductores se ven limitados a traducir exclusivamente, en el sentido restrictivamente lingüístico, sin ser conscientes del texto, el producto o la función en su conjunto, cediendo la parte más creativa a otras figuras profesionales. Así, se acaba perjudicando al traductor, la calidad de su trabajo y el intercambio cultural en general.
Se han propuesto varias soluciones generales para este nuevo y problemático “tecnosistema traductológico”. Si nos fijamos de nuevo en los discursos de Gouadec y Pym vemos dos tendencias contrapuestas y un denominador común: si los traductores quieren sobreponerse al empuje de las nuevas tecnologías, han de ampliar el concepto de su propia tarea, fundiendo su labor de traducción interlingüística con otra de carácter intralingüístico, pero también de creación de textos originales. El traductor técnico de Gouadec apuesta por la afirmación de sí mismo a través de la acumulación de conocimiento técnico y práctico y la completa asimilación de las herramientas, ayudas y estándares informáticos y de telecomunicaciones disponibles. El mediador intercultural de Pym ha de tener presente su especial situación entre culturas y asimilar sin miedo todas las tareas y destrezas que le exige el ámbito laboral y el “discurso de la localización” para poder llevar dicho discurso al terreno y las necesidades de la traducción. Para ambos autores, la traducción no es un concepto absoluto y necesario en cada situación de comunicación, sino que son el mercado o las decisiones de carácter político o económico los factores que determinan dónde hace falta recurrir a la traducción o a otro tipo de mediación.
Con esta visión surgen una serie de problemas, en primer lugar los traductores, la actividad de la traducción y el pensamiento traductológico acaban yendo a remolque de la tecnología al ocultar que el sistema en su conjunto no es sino una opción entre muchas sometida a diseños y fines particulares, y producto de una interpretación específica de la función, el significado y el valor de la traducción y lo tecnológico. Esto conduce a la necesidad de aumentar constantemente las competencias del traductor y especializarse lo que resulta de dudosa efectividad al tratar de abarcarlo todo. Por otra parte, no se puede pasar por alto la naturaleza autorreflexiva y la cadena de retroalimentación propias de las tecnologías de la información y la comunicación.
Quizá lo que se esté haciendo, al encerrarse en un discurso meramente técnico e instrumental sea limitar el campo de visión y las posibilidades de los propios estudiantes y obligar a la universidad a representar un papel que no le corresponde por sí sola, y que, sin la implicación de toda la sociedad estará abocado al fracaso y, por último, atrofiar la capacidad de percepción y disfrute de las oportunidades de la mismísima variedad del libre mercado traductor y de su globalización lingüística y cultural.

Hipertexto y metáfora: Tecnología como lenguaje y traducción como tecnología Mediante un enfoque hipertextual podríamos construir un mundo hipertextual idealizado para el traductor en el que se disuelvan las nociones “fuertes” de la autoría y la autoridad, se difuminen los límites entre aquélla y la traducción, entre copia, reproducción y original, y se reconozca la propia originalidad del trabajo derivativo del traductor, la importancia de los procesos de mediación e interpretación y la necesidad de un enfoque traslativo basado en la colaboración y cooperación en distintos sentidos y direcciones. Esto conduciría a una verdadera democratización del saber y de los medios y mecanismos técnicos. Así, se constituiría una fructífera oscilación entre tendencias globalizadoras y localizadoras, ambas provechosas para el traductor y que le situarían en una posición de gran relevancia socioprofesional. Esta nueva situación cultural se ha caracterizado de distintas maneras, como el paso del libro impreso a la palabra electrónica. Sin embargo, aparecen muchos problemas en este optimista modelo de democracia y pluralismo hermenéutico-textual: una interpretación extrema del mismo podría sugerir la sustitución absoluta de un estadio cultural por el otro, cuando lo que se produce es la interacción de paradigmas. Además, está por demostrar la superioridad de una forma (hiper)textual sobre las otras.
Uno de los aspectos de las nuevas tecnologías que más repercusión ha tenido para la traducción ha sido el impulso que Internet ha proporcionado al concepto de la “experiencia directa” y sin intermediarios, la transparencia de la información y la disponibilidad inmediata e instantánea de la misma.
En un entorno tecnológico en el que los usuarios son cada vez más conscientes de la mediación de los mensajes que producen y reciben diariamente, corremos el peligro de ignorar la importancia y sensibilidad del acto de la traducción al subordinarlo a las cuestiones técnicas, o abstraerlo en exceso de su propia inscripción y mediación tecnológica. Las nuevas tecnologías constituyen un nuevo modo de re-presentación de la representación del que los traductores han de apropiarse y desconstruir, si no quieren que su identidad cultural y profesional vague invisible y en permanente fluir por ellas.
Es fundamental redefinir el significado de la traducción y de la tecnología, y hacerlo común, buscando puntos de confluencia y atracción entre ambos y tratando de permanecer en una constante oscilación entre lo general y lo particular de cada uno de estos objetos, es decir, se trata de que la traducción pueda apropiarse del discurso tecnológico y permitir que las nuevas tecnologías puedan hacer lo propio con la traducción. Todo esto con el objeto de lograr el reconocimiento de la traducción como actividad y forma de análisis dotada de voz propia y soluciones particulares; por el otro, aceptar que la traducción se asienta siempre sobre una tecnología y, por lo tanto, su definición depende de la definición de aquélla, a la vez que puede ayudar a constituirla; pero también, yendo un paso más adelante, que la traducción es una tecnología.
Hay que considerar la traducción y la tecnología metafóricamente como un juego de correspondencias entre la retórica y la denotación, donde se produce una transposición hacia otra vida o dimensión de los elementos traducidos lingüística o digitalmente, y en el que original y metáfora quedan relacionados entre sí en el plano lingüístico, y no tanto en su correspondencia semántica. Tanto la tecnología como la traducción se pueden considerar metáforas y cumplen la misión de trasladar unos textos, unos lenguajes, unos sistemas, unas culturas y unos mundos a otros distintos. Además, el lenguaje es una buena metáfora tanto para la traducción como para la tecnología por constituir esas extensiones macluhanescas del hombre y su entorno. Con el lenguaje, la tecnología y la traducción, en exclusividad, no es inútil tratar de hacerlo y decirlo todo; sin ellos, no nos podríamos proyectar hacia formas, lugares y significados de otro modo inescrutables.
La metáfora conjunta de la tecnología y la traducción es un componente fundamentalmente pedagógico al suscitar a la vez lo familiar y extraño, permitiendo el avance del conocimiento y el aprendizaje; y hacerlo con la “mente filosófica” de un niño.
Al traducir la tecnología a un lenguaje no estamos abandonándonos a un mero juego retórico, sino que dicha estrategia nos permite hacer frente a dos objeciones complementarias: la primera tiene que ver con la sensación de pertenencia e interioridad del lenguaje con respecto a la exterioridad de la tecnología, y la segunda con nuestra tradición de objetivismo lingüístico y tecnológico (la correspondencia perfecta entre los símbolos y el mundo, y la ausencia de influencias de cualquier organismo vivo). No se trata de considerar una opción como la verdadera, sino de comprender ambas perspectivas y aceptarlas como una manera de superar a la vez un objetivismo e instrumentalismo extremos, las contradicciones del determinismo así como el pesimismo subtantivista.

¿Qué tecnología y qué traducción? Límites y posibilidades de su influencia mutua.
La división entre tecnologías de la información y comunicaciones/redes, de carácter interno en las TIC, suele recibir un tratamiento explícito en la elaboración y presentación práctica de las herramientas para la traducción, e implícito en el caso de la reflexión teórica acerca de la influencia de las nuevas tecnologías en nuestra disciplina.
En cierto modo, el hipertexto es la tecnología que vincula la informática (TI) con las comunicaciones(C): constituye un “miniprograma” destinado a la interconexión de segmentos o documentos situados en puntos espaciales diferentes y es la base operativa de la cultura de la cooperación. A este punto de vista que subraya la dependencia que las comunicaciones tienen de las aplicaciones informáticas, es posible darle la vuelta. En el campo de la traducción el interés principal se ha dirigido a la creación, utilización e integración de herramientas de traducción o de análisis lingüístico-textual. Sin embargo, un excesivo énfasis en la separación funcional de unas tecnologías y otras puede estar obstaculizando la inscripción del carácter humano y traductor en las mismas, impedir que nos concienciemos de nuestra capacidad de influir en ellas. Es probable que para no renunciar a ejercer el componente puramente humano de su trabajo, el traductor haya de aceptar y comprender su “ciborgización” (compartición de las tareas, medios y materiales con la infraestructura informática y telemática).
Antes de que las nuevas tecnologías tomen al abordaje la disciplina de la traducción, hay que asimilar aquellas de la manera más beneficiosa para ambas. SI los estudiantes de traducción fijan su mirada definitivamente en su grueso sub/superestrato tecnológico para re-escribirlo y re-escribirse en él, podemos evitar excesivos y peligrosos automatismos que pretenden pre-cocinar nuestros textos e idiomas, dando un papel marginal en dicha manipulación, puesto que todo estaría ya computado y reducido a símbolos y conceptos digitales desde el momento de su intervención. Por lo tanto, hay que zambullirse en la tecnología y, a la vez, redefinir nuestra actividad; pero es necesario hacerlo sin volver a establecer categorías y definiciones absolutas.
Para lograr dicha simbiosis con las TIC hay que reconocer la existencia de distintos tipos y funciones de traducción, así como diferentes maneras de aplicar, entender y apropiarse de las tecnologías.
La verdadera función y competencia del traductor humano es la de desentrañar las “metáforas” y lo tácito de todo texto: allí donde el lenguaje realmente cobra significado intersubjetivo y personal, porque las palabras, los significantes, se refieren a otros muchos significantes, y los significados e imágenes se reflejan en otras imágenes y significados. Las dificultades, los retos, la belleza de la profesión viene de la adecuación de textos, intenciones, funciones, productos y lenguajes a un nuevo contexto con distintas normas y un universo discursivo diferente.


La inscripción de los valores y significados de la traducción en el sistema operativo de las nuevas tecnologías

Normalmente suele tratarse la cuestión de la incorporación de las nuevas tecnologías al mundo de la traducción y de ésta a la provisión de servicios lingüísticos y la “ingeniería lingüística” de una manera bimembre (centrada en el texto y la lengua de partida y de llegada como realidades siempre separadas) y con escasa consideración a lo que ocurre realmente en el proceso de traducción. Así se está ignorando la posibilidad de que en la traducción, en ese momento de transacción, se produzcan efectos secundarios de un valor y un carácter particular y diferencial, nos referimos a las decisiones éticas o pragmáticas, consultas o revisiones, que son útiles aunque queden ocultas, y a una forma de tercer texto inserto en la traducción, compuesto de la interacción de significantes, significados y textos departida y de llegada. Con esta nueva metáfora se está sugiriendo un intertexto compuesto de las relaciones entre ambos textos que de un modo u otro acaban olvidadas excepto en el carácter y la experiencia del traductor que las ha tratado, sentido y sufrido.
Mediante la inscripción y explicitación por parte del traductor de las señales o huellas de su traducción, los ingenieros informáticos que trabajen de forma cooperativa con aquél en la traducción o localización del mismo producto u otros relacionados pueden encontrar puntos de referencia que permitan continuar el proceso creativo de adaptación de un texto a una cultura de recepción nueva. Mediante un árbol de navegación anexo y una herramienta de hipervinculación entre “ancla” y “referente” se efectúa la interconexión de los conceptos o textos; técnicamente, esta aplicación no implicaría más que la asignación de valores semánticos y estructurales a dichas huellas de traducción y a sus correspondencias o divergencias en el texto original.
La inscripción de los valores, comentarios y vínculos propuestos se podría producir en dos sentidos complementarios: desde los traductores y hacia éstos. Por una parte, serían los traductores quienes dejarían sus señales que podrían aprovechar tanto los mismos traductores como los lectores y el resto de componentes de los equipos de traducción. Por otra parte, desde los creadores del texto, quienes realicen el encargo o gestionen el proyecto de traducción. El establecimiento de etiquetas sería un buen paso en la toma de consideración de las necesidades de los traductores, y se podrían incluir las que indicaran el origen o la fuente del contenido, la existencia o no de terminología normalizada, el tipo de traducción requerida, etc.
Resulta posible y necesario, aceptar la tecnología como una más de las muchas configuraciones que, como el lenguaje, condicionan y se ven condicionadas por la traducción.

3. EDUCAR (EN) LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS PARA LA TRADUCCIÓN



Las distintas formas de la tecnología en la didáctica de la traducción
La enseñanza de la traducción se enfrenta, a la vez, a su propia y prolongada adolescencia (puesto que la autonomía de la enseñanza de la traducción y la interpretación es un fenómeno relativamente reciente que no está lo suficientemente asentado) y a la extensa e intensa renovación de sus objetos, sujetos, agentes, instrumentos y métodos de estudio, de ahí que no le quede otro remedio que lanzarse a la captura de un espacio propio si no quiere ver cómo el retraso con respecto a otras disciplinas lo siga arrastrando indefinidamente por no prever y aprehender suficientemente los nuevos lenguajes y tecnologías que le permiten vincularse con el mundo profesional y teórico.
La incidencia de las TIC en la enseñanza de la traducción no se reduce al hecho de proporcionar un nuevo medio y modo de llevar a cabo la labor pedagógica. En nuestro campo, la cuestión de las TIC comprende su estudio y manejo per se, en la forma de una asignatura dentro de un programa más general; su uso pedagógico, en tanto que herramienta para aprender, reforzar y apoyar otras asignaturas; y su carácter definitorio.
Para Kenny, con la incorporación de las nuevas tecnologías en todos los niveles de la enseñanza de la traducción, se crea un entorno idóneo que permite a los estudiantes analizar cómo están cambiando las TIC la tarea de la traducción y el papel del traductor, de modo que puedan desarrollar una capacidad y sensibilidad crítica y profesional integrales, y no solamente adquirir las nuevas destrezas operativas que imponen las herramientas informáticas y telemáticas.
Es indudable que los nuevos modos de acceso a la información, la realidad y las sensaciones y sentimientos acabarán confluyendo con los antiguos, y posiblemente los modificarán.
Cada vez más programas de enseñanza de la traducción incluyen en sus planes de estudio asignaturas relacionadas con metodología de investigación (a la que han contribuido enormemente las nuevas tecnologías). Tanto la metodología y la tecnología se pueden considerar nuevas y grandes preocupaciones docentes para nuestra disciplina.
Hay que tratar de integrar el estudio y la enseñanza de, sobre, con y en las nuevas tecnologías para la traducción. Se puede hacer en clases dedicadas a la adquisición de estrategias de búsqueda documental en Internet. Lo que se pretende es que los alumnos se muevan ágil e inteligentemente por dentro del espacio internáutico y digital y que realicen las distintas tareas como una función de la naturaleza de la información electrónica y no solo como una réplica de las maneras de trabajo tradicionales. Además, se insiste que en lugar de buscar de manera aislada términos y expresiones, y sus equivalentes, traten de encontrar conceptos, co(n)textos y textos paralelos en ambos idiomas. Hace falta proporcionar a los estudiantes antes, durante y después del ejercicio propuesto información sobre aspectos más puramente tecnológicos, como las diferencias entre buscadores o las distintas técnicas de manipulación de la información digital.
La enseñanza de las nuevas tecnologías ha de servir para cubrir las necesidades inmediatas de los alumnos y la sociedad para proporcionarles herramientas conceptuales y técnicas y ha de servir para que los alumnos sean conscientes de las formas en las que las tecnologías crean, modifican, interrelacionan y desconstruyen los sujetos y objetos traducidos y traductores, los significados y las formas.

La “tradición”, el presente y el futuro de los modelos didácticos para la formación de traductores.
Según Hurtado Albir, dada la falta de propuestas específicas para la formación de traductores, la “necesidad más inmediata que tiene planteada ahora la investigación científica…es avanzar en la clarificación de objetivos de aprendizaje y en el diseño de propuestas metodológicas”.
Aquí se prefiere promover una visión de la enseñanza de la traducción como una actividad fundamentalmente ética, que antes de abordar tareas específicas se plantea la existencia de una necesidad de intercambio, comunicación y negociación simbólica y significativa. En 1995 aparecieron tres modelos pedagógicos fundamentales que dieron un impulso definitivo a la didáctica de la traducción: Pathways to Translation. Pedagogy and Process, de Donald Kiraly; Basic Concepts and Models for Interpreter and Translator Training de Daniel Gile; y Trainig the Translator, de Paul Kussmaul. Estas obras son significativas de las influencias cognitivistas y psicosociolingüísticas, así como del nuevo énfasis en la figura del traductor como profesional que lleva a cabo fundamentalmente una actividad basada en la toma de decisiones continuas, por lo que la didáctica ha de tomar en cuenta las cualidades individuales y creativas, y el proceso de aprendizaje y formación. A figuras importantes de la traducción como Delisle no les convencen estos modelos, quizá lo que menos guste sea que cuestionen el formato tradicional teórico-práctico de los manuales traductológicos, una concepción de la traducción como algo completo en sí mismo y objetivable en todas sus variantes.
Desde el principio se siembra la semilla crítica y humana de la traducción en la concepción de la tecnología en las generaciones de estudiantes que habrán de utilizar, evaluar y proponer las nuevas herramientas, usos y significados informáticos y telemáticos para la traducción. Si sólo partiéramos de las técnicas, los conceptos o las teorías que fueran posibles en la práctica de las nuevas tecnologías estaríamos limitando tanto el alcance de la traducción como el de aquéllas, y no nos daríamos cuenta de que todo conocimiento es relativo a las normas y el contexto de la época, la cultura y su sistema tecnológico.

Constructivismo, post-estructuralismo y los valores educativos de las nuevas tecnologías
El paradigma educativo constructivista ha recibido un gran impulso puesto que la mayor parte de los conceptos fundamentales del constructivismo tienen una gran afinidad con las promesas educativas de las nuevas tecnologías; el constructivismo constituye una perspectiva pedagógica de corte progresista.
Los enfoques post-estructuralistas y desconstructivistas han puesto de relieve cuestiones tan relevantes para la traducción y la educación como las de la autoridad, la relación entre origen y reproducción, la constitución y representación del sujeto, la intertextualidad, o el descentramiento de los sistemas que mantienen jerarquías de valor absoluto y que imponen formas y direcciones fijas de lectura de sus elementos como un modo de estructuración y perpetuación de los mismos. Son conceptos que encuentran su reflejo y tiene repercusión en el diseño y la interpretación de los efectos que producen los mecanismos de intercambio, procesamiento de la información y relación del ser humano basados en las nuevas tecnologías. Se suele criticar que estas corrientes son muy elitistas y tienden a restringir su estudio a los textos literarios; dejan de lado lo pedagógico, en parte porque su aplicación didáctica es muy difícil, si no imposible. Al comparar las teorías desconstructivistas sobre educación con la diversidad de la vida real, las necesidades de las personas y las tradiciones de la sociedad, surgen profundas contradicciones.
Podríamos comparar el constructivismo social con el desconstructivismo/post-estructuralismo en educación señalando que frente a una visión centrada en la construcción del conocimiento, la persona y los valores sociales en un proceso educativo, se encuentra otra perspectiva que trata de poner en primer plano el carácter construido desde un punto de vista social, cultural y lingüístico de tales conocimientos y valores, y analizar las distintas instituciones formadoras de identidades, conceptos, discursos e ideologías pedagógicos. El impulso constructivista es de carácter educativo, formador y cognitivo, y se centra en el proceso del aprendizaje y en la construcción por parte del estudiante del conocimiento, el post-estructuralismo parte principalmente de motivaciones de carácter político, sociológico, filosófico, lingüístico-cultural y artístico, y tiene como objeto de desconstrucción las instituciones, la profesión de las disciplinas, las posiciones de autoridad docente/textual y el ejercicio de responsabilidades éticas y morales. El post-estructuralismo no sólo se opone al establecimiento de métodos absolutos sino que propone la validez y utilidad relativa de una heterogeneidad de perspectivas metodológicas, y la necesidad de criticar desconstructivamente las mismas.
Tradicionalmente, se han mostrado muchas reservas hacia la tecnología por parte una sección mayoritaria del post-estructuralismo. El problema reside en utilizar la tecnología, o dejarse utilizar por ésta, para llegar a conclusiones absolutas y construirse una apariencia de autonomía y participación democrática, en lugar de hacerlo para fomentar el deseo de buscar la transformación personal y social más que la adaptación práctica a la tecnología.
Por lo tanto, es fundamental no aplicar un régimen exclusivamente dictado por las necesidades del sistema de mercado de turno por el cual se obliga a los profesionales a estar en educación permanente, con la sensación de ir siempre por detrás del desarrollo tecnológico y económico.


La paideia digital: Al encuentro de los fines y principios didácticos de la traducción
En la educación y en la formación universitaria de traductores, concurren diferentes formas de saber útiles para todas las profesiones. Así, no sólo se beneficia al propio estudiante, permitiéndole vincular la actividad que ha elegido y su objeto de trabajo con una realidad más amplia y con las estructuras tecnológicas, sociales y culturales que la condicionan, sino que de ello también se aprovecha toda la comunidad mediante la formación de ciudadanos comprometidos pero a la vez críticos con la misma.
Podríamos dividir en siete los diferentes aspectos que constituyen los frentes de enseñanza y aprendizaje sobre los que hay que actuar y que debemos tener en cuanta a la hora de aplicar cualquier nueva tecnología: el objeto de estudio, las formas de conocimiento y aprendizaje, la mediación lingüística en el proceso pedagógico, la adquisición técnica y la dimensión instrumental, la construcción del yo/los otros y la comunidad, la gestión de la autoridad y la responsabilidad, y el método didáctico.
Desde un punto de vista pedagógico, las nuevas tecnologías no pueden sustituir la complejidad y la riqueza de los valores humanos, no suplantan las cualidades y la inteligencia del ser humano. Las TIC, como cualquier extensión del ser humano, desempeñan la misión de re-presentar tanto la realidad como a aquél exponiendo nuevos planos de existencia en nuestros modos de relación, formas de entendimiento y géneros de expresión literaria y artística. Muchos autores están convencidos de que gracias a las TIC podemos crear condiciones ideales de aprendizaje.
Para la enseñanza de la traducción, los beneficios se aprecian rápidamente incluso en las asignaturas con más carga teórica ya que se puede disponer de un mayor número de fuentes de ejemplos y de análisis, la posibilidad de presentarlas de manera más efectiva y atractiva, etc.
Tenemos que aprender la naturaleza de lo digital: conocer e interiorizar las características de la información digital de manera que en todo momento sepamos de qué modo manipularla para que dicha información siga siendo funcional dentro del sistema, el ciclo o las aplicaciones electrónicas. Además de dicha naturaleza, se ha de hacer hincapié en la mecánica estética de lo digital (descubrir los procedimientos vinculados tanto a su naturaleza como a su discurso y su iconografía).
En la traducción y en el estudio de las nuevas tecnologías es imprescindible un enfoque retórico. Sin embargo, lo importante es proporcionar las herramientas conceptuales y técnicas para que los estudiantes aprendan a aprender, y lleguen al conocimiento por su propio pie y de una manera que les permita generar un nuevo conocimiento. Por otra parte, en las formas de aprendizaje, tanto para la traducción como para las nuevas tecnologías, y en especial en su conjunción, están profundamente implicados dos elementos fundamentales para la educación: la dimensión instrumental y la construcción personal y comunitaria (la formación del yo y los otros, cuya conjunción en un entorno compartido da lugar a la noción y el instrumento educativo y de cambio denominado comunidad).
El reconocimiento de las capacidades adquiridas de los otros resulta así algo fundamental para la traducción, para las nuevas tecnologías, para la enseñanza y para la universidad del futuro. Las TIC se nutren de y facilitan esta vinculación de conocimiento proporcionando un entrono y un lenguaje comunes.

En busca de la motivación: autoridad, significado y participación
Hay un doble desafío: motivar para que los estudiantes incorporen adecuadamente a sus estructuras significativas el conocimiento y las destrezas tecnológicas necesarias, y, a la vez, evitar que éstas se conviertan únicamente en un pretexto para seducir y masajear la enseñanza.
Se trataría de desplegar una estrategia significativa, que pretende conseguir que la tecnología ofrezca unos significados con los que los estudiantes de traducción puedan identificarse, transferir a otros contextos, y de los que puedan apropiarse, lo que constituye la condición previa para que éstos vean la posibilidad de incorporar su interpretación personal a aquélla. Hallar significado en las nuevas tecnologías para la traducción supone descubrir las posibilidades que aquéllas ofrecen para dar con todo tipo de conocimiento disperso en múltiples formas en la red y que nos permiten aprender y profundizar sobre la materia en cuestión de forma asociativa, multimodal, abstracta y enciclopédica. Además, en toda situación didáctica es fundamental la autoridad.
Para ejercer la autoridad de forma productiva hay que hacerlo buscando la mayor cantidad de consenso activo y responsable de los diferentes agentes participantes, pero sobre todo de los estudiantes, quienes también llegan a la enseñanza con una ideología determinada respecto a su educación, las tecnologías y el papel que les corresponde como futuros traductores y ciudadanos. Por lo tanto, al desempeño de la autoridad se asocian otras dos cuestiones pedagógicas complementarias: la participación y la asunción de responsabilidad por parte de los estudiantes.
El empleo de una estrategia participativa supone la transformación y canalización de la autoridad textual, docente y discente en redes de implicación y actuación, y es uno de los ejes pedagógicos que con más éxito promueven las TIC. Se trata de que el profesor se arriesgue a ceder parte del control a cambio de la negociación compartida de los puntos de aplicación didáctica, evaluativa, y de la supervisión cooperativa de la responsabilidad mutua.
Uno de los mecanismos mediante los que se puede llevar a cabo dicha estrategia participativa es el de la evaluación, que ha de estar entrelazada con el proceso de aprendizaje y ser una continuación del mismo y una oportunidad de aprender de los errores. Representada generalmente por el examen, viene siendo sustituida por otras formas de auto-evaluación.

Exteriorizar la (in)corporación de la tecnología a la formación de traductores
La actividad docente no se puede quedar en el interior ni de la inteligencia y los sentimientos de los estudiantes, ni del aula física o virtual, ni de la estructura ideal y perfectamente clausurada de las unidades didácticas.
Hace falta llevar a cabo una estrategia de exteriorización en paralelo a la participativa y significativa, algo muy importante para el manejo de la tecnología en la enseñanza de la traducción. Esta estrategia supone aprender a situarse y mirar desde el exterior del objeto de uso o estudio y reconocer que siempre existe algún tipo de correspondencia funcional entre el interior y el exterior, que, sin embargo, nunca constituyen una relación de equivalencia debido a la diferente naturaleza y estructura de ambos sistemas.
La estrategia de exteriorización también consiste en la rehabilitación del cuerpo y los sentimientos como instrumentos y espacios significativos y fundamentales para un aprendizaje integral. El uso pleno, solidario y coordinado del cuerpo y la mente, y sus extensiones tecnológicas es el mejor método para la aprehensión integral de la traducción y las nuevas tecnologías.

CONCLUSIONES




Debemos reconocer la profunda influencia que el nuevo paradigma tecnológico ejerce sobre las disciplinas universitarias y sobre los estudios de traducción.
Sin duda, la incorporación de nuevas herramientas informáticas y telemáticas a la labor traductora y a la pedagogía, han supuesto grandes avances.
Es fundamental investigar la manera en la que el discurso, que trae consigo las nuevas tecnologías, pretende y consigue implantarse en las estructuras y elementos teórico-prácticos básicos que sostienen, han sostenido y sostendrán nuestra profesión.

Las intenciones de este estudio no eran meramente desconstructivas, en el sentido negativo. De hecho, la principal motivación ha consistido en hallar vías de aplicación pedagógica para la introducción de las tecnologías de la información y la comunicación en la formación de traductores. Analizar la postura de la didáctica de la traducción ante las TIC desde los distintos puntos de vista era imprescindible. Habría que considerar, por un lado, la necesidad de que aquélla manifiesta de desarrollo de métodos y formas de enseñanza, y por otro, el impacto que las nuevas tecnologías producen en la disciplina y la profesión de la traducción, además de las contextos en los que ambas se insertan y en los que las TIC tienen una enorme influencia.

Incorporar las nuevas tecnologías a la enseñanza de la traducción, no tiene que suponer meramente aprender a utilizarlas, sino también aprender cómo nos utilizan e inscribirles los valores pedagógicos y traductológicos que nos interesan. La estructura y el lenguaje de las TIC nos manipulan, pero también nos ofrecen nuevas posibilidades de pensamiento, relación e intercambio.
Aunque la ausencia de neutralidad en las TIC nos impide aprehender propiedades de éstas y con las consecuencias beneficiosas para la comprensión de nuestra cultura, nuestra historia y nuestra psicología como lo ha hecho el descubrimiento de rasgos en el lenguaje, los sistemas de signos o las propias normas de la educación.
Aunque resulta evidente que las formas de procesamiento de la realidad y los signos humanos que las TIC traen consigo van imponiéndose poco a poco hasta adquirir una apariencia natural, se ha aceptado peligrosamente una total veracidad ante lo desconocido y casi alquímico de las nuevas tecnologías.
La existencia de un enfoque «mecanicista», «performativista» o «humanista», se ha analizado en esta obra, demostrando que están interrelacionados en la aplicación de las nuevas tecnologías en la pedagogía.
Una de las principales virtudes de una metodología dialógica, es que el propio proceso de argumentación nos ha ayudado a generar nuevos conceptos e ideas de análisis crítico y de aplicación práctica, que han de ser exteriorizadas.

Por último, se trata en la obra del estudio de las TIC en la enseñanza de la traducción y también la enseñanza sobre las nuevas tecnologías para la traducción.
Es importante no dar por hecho que lo digital sustituirá conocimientos, personas y modos de relación, intercambio, pensamiento y trabajo, aunque habría que considerar el beneficio de contar con otras asignaturas más monográficas, donde fuera posible experimentar con la tecnología.