La traducción en la época ilustrada (Panorámicas de la traducción en el siglo XVIII)

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Autor/a/es: José Antonio Sabio Pinilla
Editorial: Editorial Comares
Año: 2009
España
Nº de páginas: 249
ISBN:
9788498366075

Por Carlotta Calcagno

Introducción

Este libro, surgido de un proyecto del Grupo de Investigación LEC (Lingüística, Estilística y Computación) para la Junta de Andalucía, se enmarca dentro de la línea de historia de la traducción. Ofrece al lector una visión panorámica del papel desempeñado por la traducción durante el siglo XVIII en la sociedad de seis países europeos, en concreto: Alemania, España, Francia, Gran Bretaña, Italia y Portugal. Al desarrollar esta tarea, junto a miembros del grupo LEC de la Universidad de Granada han colaborado los profesores María Jesús García Garrosa (Universidad de Valladolid), Francisco Lafarga (Universidad de Barcelona) y Miguel Ángel Vega (Universidad de Alicante). El libro está dividido en seis capítulos, correspondientes a los seis países de los que la obra va a tratar. Puesto que cada autor ha organizado su capítulo con entera libertad, estos últimos son autónomos y por lo tanto pueden leerse por separado, sin ninguna necesidad de seguir el orden propuesto.

Resumen


La traducción en la Alemania del siglo XVIII: una historia en dos actos

Por Miguel Ángel Vega Cernuda
Miguel Ángel Vega abre el libro precisando su método de análisis: privilegiar la selección de obras, autores y traductores a la acumulación excesiva de dados. Sigue ilustrando el «drama» de la traducción en la Alemania del siglo XVIII y nos explica que se desarrolla en dos partes. La primera va desde finales del siglo XVII hasta los años cincuenta, y da cuenta de los autores racionalistas franceses, anticipando lo que después será el momento áureo de la traducción al final de siglo. La segunda es la más importante y vendrá marcada por las tendencias prerrománticas, orientándose a modelos más abiertos, además de la búsqueda de nuevos horizontes poéticos para constituir la Weltliteratur de Goethe. Los dos autores más traducidos en este siglo serán Homero y Shakespeare: el primero en el periodo racionalista, y el segundo será visto como modelo a imitar en el romanticismo por la relación cultural mutua que tenían Alemania y Inglaterra. También se buscan nuevas fuentes de traducción en Oriente, de hecho serán traducidas Las mil y una noches y las obras de literatura india (Sakuntala). Precisamente este segundo momento coincidirá con el año de publicación de la traducción de Agamenon en 1816 por parte de Alexander von Humboldt y del estudio de Friedrich Schleiermacher, Acerca de los diferentes métodos del traducir (1813).
La Alemania del siglo XVIII constituye según el autor «el biotopo cultural más rico de la historia europea de la traducción» y en lo que concierne a las principales obras traducidas, nos informa que, dado que los alemanes leen el inglés con soltura y los demás idiomas no les interesan mucho, no resulta extraño que haya una ausencia de textos científicos y bibliográficos. El interés por los autores latinos (Horacio, Ovidio, Virgilio, Lucano y Cicerón) y por supuesto la cultura helénica, seguía siendo importantes en la primera parte del siglo, aunque buena parte del público ilustrado podía leer los originales. Los grandes nombres de la literatura griega (Homero, Plutarco o Luciano) necesitaron más tiempo para difundirse, porque en la educación escolar la lengua clásica había perdido su situación de privilegio. Tanto en Europa como en Alemania la traducción de los clásicos cede espacio a la «traducción horizontal», es decir a la traducción de obras modernas. De hecho los autores más traducidos en este ámbito serán los franceses e ingleses. Entre todas algunas obras emblemáticas son: Robinson Crusoe de Defoe, Los viajes de Gulliver de Swift, el Paradise Lost de Milton (traducido por Bodmer), y el Essay on Man de Pope traducido con el título de Versuch von Menschen por Brokes en 1740. El autor del capítulo nos ofrece un comentario sobre la teoría de la traducción, caracterizada por un lado por la monótona fidelidad y por otro lado por la belleza infiel.

La historia de traducción en España en el siglo XVIII

Por María Jesús García Garrosa y Francisco Lafarga
María Jesús García Garrosa y Francisco Lafarga analizan en este capítulo el enorme peso que tuvo la traducción, que alcanza un tercio de la producción editorial en los años ochenta, y su incidencia en la mentalidad de los españoles, así como su repercusiones en la sociedad a lo largo del siglo XVIII. Las cifras más altas de títulos traducidos se alcanzaron al final de la centuria, cuando, debido al aumento de la actividad traductora, José de Vargas Ponce Recalcan acuñó el término «traductomanía». La mayoría de estos procedían del francés, seguido del italiano, el latín, el inglés y el portugués. El patrimonio más rico lo constituyen las obras religiosas, mientras que el resto de la producción está compuesto por obras literarias, científicas, técnicas e históricas.
La autora abre el capítulo destacando el pensamiento de traductores, críticos, filólogos y lingüistas sobre lo que es el núcleo del dilema en la práctica traductora: preferir la libertad o la fidelidad en el tratamiento del texto original. A pesar de que esta fue una idea que durante el siglo ilustrado y no solamente en España se manifestó en la constante aspiración a un punto medio entre la servil libertad y la extrema libertad, la autora nos sugiere que la tendencia mayoritaria que se tuvo en España fue la de identificarse con el autor original y adaptar su obra a la realidad social, cultural y literaria española. Por ejemplo en el teatro esto supuso traducir mayoritariamente en verso, prefiriendo el endecasílabo para la tragedia y el octosílabo para la comedia, optando por la estructura en tres actos. En cuanto al contenido, aunque se mantenía la ambientación original en algunos géneros, también fue muy popular la tendencia a «vestir la pieza a la española, de modo que no quede más francés que el argumento» (Porcel 1780: 325).

La traducción en la Francia del Siglo XVIII: nuevos modelos literarios, auge de la belleza infiel y femenina

Por Carmen Alberdi Urquizu y Natalia Arregui Barragán
En la introducción, Carmen Alberdi Urquizu y Natalia Arregui Barragán, autoras del tercer capítulo, destacan la importancia de la traducción para la renovación de la cultura, poniendo el enfoque sobre la traducción de obras literarias, que eran las más numerosas y las que tuvieron más éxito a lo largo de este siglo. Para ofrecer al lector un panorama de la época, dividen las obras en tres apartados: literatura inglesa, alemana y de otras lenguas.
En cuanto al primer apartado, el clasicismo poético se prolonga en Francia en la figura de Alexander Pope. Su obra despertó en Francia enorme interés, sobre todo en Voltaire. Otro de los poetas apreciados es Milton, del cual son traducidos el Paradis perdu en 1729 y el Paradis reconquis en 1730; mientras que con la llegada de la traducciones de las Saisons de Thompson (1759) y de Les Nuits de Young se anuncia la temática prerromántica. En cuanto a Shakespeare, explica que es casi desconocido para el público hasta 1776-1782, cuando los franceses lo apreciaran bajo la pluma de Le Tourneur. Por lo que se refiere al género de la novela, la autora nos proporciona un análisis en la que identifica tres ejes temáticos. En el primer grupo, incluye las novelas de corte realista, que abarcan tanto obras de contenido social como la crítica social, la novela satírica y la picaresca y nos da como ejemplos las traducciones de las obras maestras de Defoe, Johnson, Goldsmith, Godwin, Swift y Fielding. En segundo lugar, coloca la novela sentimental y sus ramificaciones en relatos didácticos y moralizantes con autores como: Richardson, Mackenzie y sobre todo el sector de las letras femeninas, lo cual se encarga de asegurar la posterioridad de este género. El tercer lugar, presenta a la novela gótica, que anuncia la estética del prerromanticismo.
En relación a la traducción de obras alemanas nos informa que es prácticamente inexistente antes de mediados del siglo, debido a la falta de unidad nacional y por eso a la insuficiencia cuantitativa y cualitativa del repertorio literario alemán. Sin embargo las obras teatrales que tuvieron más éxito fueron las de Engel y Klopstock. A partir de los años setenta, la autora presenta al Werther de Goethe como la más traducida y la que destacó mayor interés entre los franceses.
En lo referente a la literatura española encontramos pocos títulos traducidos: algunos de Cervantes, Montemayor, Lope de Vega y Gracián. Hay también pocas traducciones por lo que concierne el panorama literario italiano porque se traducen las obras principales de Ariosto, Goldoni, Tasso y la Divine Comédie de Dante. En este último apartado, cabe citar también, aunque en menor medida, las traducciones de clásicos grecolatinos, del japonés, del ruso y del portugués.
Después de haber tratado el fenómeno de la traducción que se desarrolla a lo largo del siglo, introduce la importancia que poco a poco va adquiriendo la presencia femenina en el campo de las letras y por supuesto de la traducción. Identifica en esto una clara señal de los cambios en las mentalidades y de una creciente democratización del ámbito cultural e intercultural, que cristalizará en los siglos venideros. Para concluir, nos dice que la literatura y la traducción son el reflejo de una sociedad destinada a profundas mutaciones que inauguraran la Era de las Revoluciones.

La traducción en Gran Bretaña durante el Siglo XVIII

Por Fruela Fernández
Fruela Fernández se encarga de ofrecernos un cuadro de lo que constituyó la traducción en Gran Bretaña, desde un punto de vista sociológico-descriptivo. Empieza proporcionando unas nociones básicas sobre el periodo a considerar. En el ámbito británico el concepto habitual para referirse a la época es el de «the long eighteenth century», dicho esto, se considera el periodo que va desde la «Revolución Gloriosa» de 1688 hasta la batalla de Waterloo (1815) o hasta la Reforma Parlamentaria de 1832. Tras una contextualización histórico-social, el autor empieza a hablar de la traducción, y nos avisa de que fue más relevante la concentración de obras traducidas que la diversidad (por ejemplo hubo treinta y pico traducciones distintas de la Ilíada y diez ediciones de las obras reunidas de Homero).
Durante la primera mitad del siglo ilustrado, la literatura británica estará dominada por una orientación neoclásica. Este periodo llamado Edad Augústea verá como sus protagonistas poetas como Matthew Prior, Alexander Pope, Colley Cibber y por lo tanto las traducciones de mayor relevancia serán de poesía, sobre todo grecolatina. A mediados de siglo, la novela se convierte en el género predominante con nombres como Samuel Richardson, Henry Fielding, Tobias Smollett o Laurence Sterne. Mientras que en el cierre del siglo coexistirán los últimos autores neoclásicos (Richard Sheridan), los autores de transición (William Cowper) y los precursores del estilo romántico (William Blake o Robert Burns). En estos últimos años las obras traducidas influirán en los autores y estos, a su vez fomentarán nuevas traducciones. Debido a esto habrá una nueva mentalidad traductora ajena al Neoclasicismo y se dará una particular importancia a ciertos campos menos conocidos como la poesía arcaica, la traducción literaria alemana y las literaturas orientales.
En el campo de la actividad traductora, el autor introduce el concepto de «mímesis», que se manifiesta especialmente entre los autores neoclásicos, como «imitación ideal» del texto de partida. Surgieron varias ramas de pensamiento sobre este tema difícil y problemático. Dryden, por ejemplo, comparaba al traductor con un retratista cuyo objetivo era lograr que la imagen apareciese lo más atractiva posible; Samuel Garth defendía en su prólogo de las Metamorfosis de Ovidio que el traductor no debía dar cada detalle de su autor, sino alcanzar un «modelo acabado de Armonía y Proporción»; mientras Tytler afirma que el traductor no ha de copiar el original, sino producir una semejanza perfecta, puesto que, cuanto más intente alcanzar «una imitación escrupulosa», «menos se reflejará en su copia el aire y el espíritu del original» (Steiner 1975: 38).

La literatura europea del Siglo XVIII en Italia. Traducciones y traductores

Por Mónica García Aguilar y José Abad
La Italia del siglo XVIII y el papel que en ella jugó la traducción es el tema de Mónica García Aguilar y José Abad. Los autores introducen el tema en cuestión analizando los aspectos sociales y históricos. Por ser Italia en aquella época una nación que todavía se encontraba bajo dominio extranjero, el mapa político de la península transalpina cambió drásticamente por la Guerra de Sucesión española (1701-17013), a la que siguió la dominación austriaca. En este contexto multinacional italiano, los autores nos dan unos ejemplos claros de como influyeron las ideas europeas, sobre todo las francesas. De hecho, muchos literatos se inspiraron en Francia y en el valor de la Razón, como elemento sin el cual nada es posible, y en la curiosidad hacia la historia y las ciencias. Intelectuales como Antonio Muratori o Scipione Maffei mantuvieron una intensa correspondencia con otros de Francia y Alemania, y también con los que vivían allende las fronteras, como Apostolo Zeno (Vienna), Ferdinando Galiani (París), o Antonio Conti quien vivió largo tiempo fuera de Italia y realizó traducciones del griego, latín (Horacio), francés (Racine, Voltaire) e inglés (Pope). Los autores aclaran que la circulación internacional de ideas ha sido posible por las relaciones epistolares, el intercambio de obras entre los mismos literatos y el periodismo literario, el cual consiguió la creación de nuevas academias y la ingente actividad de los traductores.
El periodismo literario influía en la traducción ofreciendo estratti, es decir «extractos», de las más recientes publicaciones europeas. A partir de la segunda mitad del siglo, se multiplicaron los periódicos en la península transalpina, siendo los más importantes: el Saggio critico della corrente letteratura straniera, que cada tres meses se proponía ofrecer «un catalogo di libri nuovi oltramontani», o sea un catálogo de nuevos libros extranjeros; el Estratto della letteratura europea; el L'Europa letteraria, que tuvo gran éxito entre el público italiano ya que publicaba artículos traducidos de periódicos extranjeros (especialmente franceses) y el Genio letterario d'Europa, muy interesante por mostrar una predilección por los viajes, los debates que la cultura europea ofrecía y un fuerte interés por la literatura italiana y europea. Todo esto incrementó en los literatos italianos el interés por descubrir la literatura europea, lo que, de hecho implicaba la necesidad de traducir. Las literaturas que provocaron más interés entre todas fueron la francesa y la inglesa, por sus ideas revolucionarias y agnósticas, a pesar de que, una vez más, la censura eclesiástica y política impidió la libre circulación de obras.
Por lo que concierne al debate sobre la fidelidad al texto original o la belleza de la traducción, también en este caso el modelo al que hacen referencia los intelectuales italianos es el francés. Pero había una diferencia: en Italia quienes postulaban a favor de la fidelidad no estaban en contra de la belleza, sino lo contrario. A este respecto tuvieron un amplia repercusión las reflexiones de Delille, literato francés, quien creía que si el traductor no conseguía representar el mismo efecto que el autor traducido, es decir las «mismas bellezas», debería al menos intentar ofrecer el «mismo número de bellezas» que aquél.
Los autores del capítulo nos ilustran también sobre el papel que tuvieron las traducciones del francés al italiano, explicando que fue también importante por ser un trámite frente a las traducciones directas del inglés. De hecho estas últimas llegaron un poco más tarde y el autor más traducido, al menos de poesía, fue Pope.
Con respecto a la figura del traductor italiano los autores describen una enorme deferencia y los dividen en dos categorías. Por un lado estaban los trabajadores a sueldo, asumidos por los editores que necesitaban publicar obras traducidas al italiano, dada la creciente demanda de las obras extranjeras, a los que se les llamaba, en sentido despectivo, «guastamestieri» (arruinatrabajos). Por otro lado estaban los que como Gasparo Gozzi se destacaron por su ingenio. Fue un intelectual que pertenecía a una clase social alta y por su conocimiento del francés, tradujo numerosas tragedias, comedias, poemas, sátiras, y novelas de los autores franceses. Para concluir, los autores reflexionan sobre el conocimiento de los traductores, que en algunos casos era limitado en la materia y en otros casos alcanzaron un merecido conocimiento en el ámbito de la traducción. Los traductores anónimos (por la clase social a la que pertenecían) eran mayoría, y de ellos ha dependido la proyección de la literatura europea del siglo XVIII en Italia.

La traducción en Portugal durante el Siglo XVIII

Por José Antonio Sabio Pinilla
La censura religiosa y política, como destaca José Antonio Sabio Pinilla, autor de este capítulo, motivó que al contrario de lo que ocurrió en otros países, la traducción no lograra renovar la mentalidad portuguesa. A pesar de esto la traducción tuvo un papel fundamental en Portugal. Por un lado hay que contar con la fuerte influencia de la Inquisición, y por otro con el espíritu de las nuevas ideas europeas que algunos intelectuales, diplomáticos y médicos pretendieron introducir en Portugal. Estos diplomáticos, llamados estrangeirados, se fijaban principalmente en las ideas de la Ilustración, una corriente filosófica que creía en el consecución de una mejora en la vida debido al desarrollo de la educación y el acceso a la cultura. El autor plantea que la traducción se desarrolló de manera particular en tres campos: en el teatro de cordel, donde fue principalmente un medio de instrucción; en el campo de la traducción de obras para apoyar la reforma de la enseñanza, donde influyó en el aprendizaje tanto de las lenguas clásicas y modernas como de la lengua materna; y en las versiones de literatura moderna, donde gracias a las obras científicas, se divulgaron nuevas ideas y se incentivó el desarrollo experimental y se les abrió el camino a la corriente neoclásica y prerromántica.
El autor nos explica como el teatro ocupa un lugar central en la cultura de la época porque, además de ser un medio de diversión pública, puso en contacto a la sociedad portuguesa con las nuevas corrientes europeas. En realidad, en la primera mitad del siglo el teatro portugués vivirá de las importaciones de la comedia española, mientras que en la segunda mitad se intensificará la presencia italiana con representaciones de los melodramas de Metastasio y de las comedia de Goldoni. Además, en la última parte del siglo circularán también obras francesas y en menor medida inglesas. Para encontrarse con los gustos del público portugués las obras circularán también en el teatro de cordel como adaptaciones y perífrasis.
El autor sigue explicando como influyó la traducción tras la reforma de la enseñanza en la segunda mitad del siglo. La reforma principalmente supuso el estudio de las lenguas y de la gramática y subrayó la importancia de actualizar los estudios científicos, pues en este ambiente de modernización, la traducción asume un papel de primer orden. De hecho en el campo científico-filosófico van ganando considerable peso lenguas como el francés y el inglés. En este clima experimental el autor cita algunas traducciones relacionadas con el campo de la medicina, como: la Farmacopea Bateana (1713) traducida del latin por Caetano de Santo António; el Syntagma chirurgico theorico-pratico; Anatomia do corpo umano; el Tratado das operacoens (traducido del inglés) y Mhetodo facilimo, e experimental para curar a maligna enfermidade do cancro (traducido del francés por Anastásio de Nobrega).
Cambiando de tema, el autor identifica en Verney a uno de los nombres más importantes en el ámbito de la traducción y de las reflexiones sobre esta. Verney fue el autor de Verdadeiro método de estudar, obra que representa el deseo de renovación de los métodos de aprendizaje de la lengua latina y materna. Fue también traductor y dio importancia al francés y al italiano, además de a las lenguas clásicas. Las reflexiones sobre la traducción aparecen en diferentes tipos de textos, sobre todo en prólogos de obras de poética y retórica clásicas. En el ámbito de la teoría de la traducción la mayoría de las reflexiones fueron deudoras de las autoridades francesas, aunque no dejaron de tener importancia las ideas de Horacio, Cicerón y San Jerónimo.

Conclusión

El lector de este libro no solo mejorará sus nociones y opiniones en el ámbito de la traducción, sino que incrementará sus conocimientos acerca de la historia europea y en particular de los países tenidos en cuenta. Conocer el contexto histórico-social de cada país nos ofrece la posibilidad de entender mejor la traducción en cada época y lugar.