Seis estudios sobre la traducción en los siglos XVI y XVII

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Autores: José Antonio Sabio Pinilla y Mª Dolores Valencia (eds.)
Ed: Comares
Número de páginas: 242
Año: 2003
Idioma: español
ISBN: 84-8444-741-3


Por Elsa Nuez Lamata

Introducción


El libro, Seis estudios sobre la traducción en los siglos XVI y XVII, editado por José Antonio Sabio Pinilla y Mª. Dolores Valencia, ambos profesores en la Universidad de Granada, hace un análisis detallado sobre ciertos aspectos de la historia de la traducción en España, Francia, Italia y Portugal en los siglos XVI y XVII.


Resumen


1. De Nebrija a Sor Juana Inés de la Cruz: Apuntes someros para una historia de las traducciones de autor (autotraducciones) en España y Portugal, 1488-1700


En este primer capítulo, Julio César Santoyo, de la Universidad de León hace un estudio sobre un fenómeno muy interesante dentro de la Historia de la traducción como es el caso de las autotraducciones.
A lo largo de la historia se ha afirmado muchas veces que las autotraducciones son excepciones, muy poco frecuentes, pero esto no es cierto y deriva de un claro desconocimiento de la realidad, pasada y presente.
En el siglo XVI se producen numerosas autotraducciones destacando sobre todo el caso de Francia donde la autotraducción gozó de un favor especial, en particular entre los poetas. Aunque no es cierto, como aseguran Carrera y Cubo, que la autotraducción sea «una manifestación literaria propia de la particular configuración lingüístico-cultural de la Europa del Renacimiento» ya que hay muchos precedentes medievales y también hay autotraducciones en el siglo XVII y habrá en el siglo XX pero sí es lícito reconocer que el Humanismo y Renacimiento europeos fueron períodos en los que la autotraducción floreció de manera muy notable.
Este fenómeno ha sido muy poco estudiado en la Península Ibérica y uno de los pocos trabajos en el que se hace referencia a las autotraducciones es el publicado por Alan Deyermond en 1992, pero se refiere solo al siglo XV español.
A pesar de esto, en España encontramos notables ejemplos de autotraductores como pueden ser Elio Antonio de Nebrija, Hernando Alonso de Herrera o Diego del Castillo, pero sin embargo el caso más destacado es el de Fray Luis de León.
En la segunda mitad del siglo XVI, este escritor tradujo del hebreo al castellano, el Cantar de los Cantares. Se trataba de una traducción privada, pero un estudiante la hizo pública haciendo que el tribunal de la Inquisición acusara a Fray Luis de León por traducir las Escrituras a lenguas vulgares. Para acabar con esta polémica, tradujo sus propios comentarios al latín.
Los principales motivos que empujan a un escritor a traducir su propia obra pueden ser: el deseo de poner la obra al alcance de un mayor número de lectores que al que inicialmente se destinaba; el deseo del autor de traducir su propia obra para modificarla a su gusto, sin guardar la fidelidad exigida al traductor o el temor de que la obra caiga en manos que puedan 'maltratarla', es decir, desconfianza de la eficacia de los traductores profesionales.


2. Traductores, gramáticos y escritores en el siglo XVI en Francia: el mismo combate por la lengua francesa


Escrito por Javier Suso López, de la Universidad de Granada. Sus principales líneas de investigación, sobre las que ha publicado estudios especializados son: la historia de la lengua francesa, enseñanza y aprendizaje del francés como lengua extranjera, historia de las ideas lingüísticas e historia de la enseñanza del francés.
En este capítulo, Javier Suso López, explica la interdependencia de los traductores, gramáticos y escritores franceses en el siglo XVI que hicieron que las traducciones sobre la lengua francesa en este siglo no se limitaran al terreno del vocabulario sino que engloban también la «fraseología» (expresiones, locuciones), los medios de la expresión literaria (principalmente los procedimientos teóricos) y el estilo.
Esta interdependenca consistía en que los escritores consideraban la traducción como una especie de ejercicio de estilo, para el gramático era el lugar del análisis de la especificidad de la lengua vernácula; el traductor, finalmente, debía comprobar su conocimiento de la lengua propia en la consulta de los tratados de gramática que empezaban a publicarse y a la vez modelar su texto según las recomendaciones de las artes poéticas por lo que a menudo la misma persona realizaba estas actividades sucesivas o paralelamente.
Existen seis corrientes de ideas que caracterizan el campo intelectual de la reflexión lingüística del Renacimiento francés:

1. La reflexión filosófica sobre la lengua
En el siglo XVI predomina la tesis «ontológica» del lenguaje, puesto que se cree que la palabra expresa la naturaleza de la cosa: su envoltorio sonoro es revelador de la esencia de la cosa, es decir, el signo no es arbitrario.
Esta teoría está relacionada con el mito de Babel, que afirma que antiguamente existía una sola lengua creada por Dios.
Decir que la lengua había sido creada significaba que existió una lengua primitiva común y que era posible reconstruirla mediante el examen de las lenguas antiguas. Los intentos sucesivos de los gramáticos franceses por codificar la lengua están marcados por la idea de la «vuelta a los orígenes» y poseerán como objetivo el volver al estado primitivo ideal de la lengua. Cuanto más cerca esté una lengua de tal estado, más perfecta será. Siendo una de las características principales de la lengua primitiva su simplicidad, esta cualidad se convertirá en la base de la nueva estética que gana terreno poco a poco en los espíritus a través de las artes retóricas: la claridad, la pureza, la ausencia de construcciones rebuscadas... se convierten en el modelo de la lengua meta para escritores y traductores.
Igualmente, decir que existió una única lengua primitiva creada por Dios, significa que todas las lenguas deben conservar signos comunes, universales, o principios que la razón puede descubrir más allá de la evolución de unas y otras: es legítimo por tanto «rehacer» la lengua vernácula.
En esta época, las traducciones eran bien recibidas, incluso si se trataba de textos sagrados ya que se consideraba un quehacer sabio, intelectual y que contribuía a acercar los creyentes a la palabra de Dios.
Pero el surgimiento de Lutero dará al traste con la armonía entre humanismo y sociedad: la confianza otorgada al «traductor» desaparece; y pronto se producirán las prohibiciones de traducir textos sagrados. No será suficiente con poseer la «ciencia» de la traducción, sino que habrá que poseer además la de la interpretación, reservada a los teólogos.
Para los lingüistas del siglo XVI la riqueza de una lengua se medía por su abundancia de vocabulario por ello, la primera preocupación de los humanistas defensores del francés fue la de tomar prestadas toda clase de palabras de las lenguas clásicas e incluso de crear otras nuevas.
Debido a la importancia de las palabras en esta época nacen los diccionarios monolingües (son una gran novedad) que fijan la significación de las palabras y que se convierten en necesarios para la traducción, escritura, poética y expresión oral.

2. La transaltio studii y la restauratio linguae latinae
La abundancia de traducciones en los siglos XV y XVI nos permite hablar de una segunda translatio studii dotada de unas consecuencias mucho más importantes que las del siglo XII, puesto que las traducciones afectan a más lenguas y adoptan cuantitativamente (en cuanto a número de obras traducidas) y cualitativamente (en cuanto a temas) una dimensión incomparable con respecto a los siglos precedentes.
El proceso de la traducción no era una tarea fácil y por ello era frecuente encontrar, en el prefacio de las traducciones una «petición de excusa» en la que el traductor pide la benevolencia del lector ya que fuera cual fuera el procedimiento utilizado iba a ser objeto de críticas.
El siglo XVI es también la época por excelencia de la neología, la invención de palabras, los juegos de palabras ya que mediante la traducción directa («préstamo», «calco») se remedia la imperfección de la lengua francesa, puesto que la perfección se medía gracias a la abundancia de vocabulario.
Este préstamo fácil de palabras revela por otra parte la dificultad por traducir que conocían los traductores o escritores, por la no-correspondencia entre las dos lenguas en presencia, en el nivel léxico, pero igualmente en el nivel sintáctico, hecho que va a favorecer el desarrollo de la reflexión lingüística.
En el siglo XVI abundan las reflexiones sobre la traducción aunque de manera dispersa ya que expecto la Manière de bien traduire de Dolet (1540) no existe ningún tratado práctico o «método» que recoja las cuestiones técnicas y solo en los prefacios de las obras traducidas al igual que en los tratados de retórica, encontramos comentarios de tipo técnico acerca de la traducción.
Un tema muy debatido era la cuestión de la «fidelidad»: se condena la traducción literal, pero para traducir «bien» no es suficiente con transferir el sentido con «fidelidad» ya que además el texto debe ser apropiado desde un punto de vista estilístico.
La resturatio linguae latinae es la recuperación de la pureza del latín clásico debido al redescubrimiento de una serie de escritos clásicos sobre la lengua y la retórica. La primera consecuencia de esta recuperación del latín clásico es su separación en dos registros: el latín de la Iglesia (contaminado con multitud de neologismos) y el latín de los Humanistas que perseguían la pureza clásica.
Este auge del latín clásico se acompaña de un resurgir de la literatura creativa en latín, que conoce un período de esplendor sin igual en el siglo XVI ya que casi todos los poetas componían obras en latín a la vez que en francés.
Este retorno al latín clásico no afecta solo a los intercambios orales (entre humanistas) y a la escritura poética o científica, sino que también comporta un componente cultural muy importante.

3. Las reflexiones sobre la lengua vernácula procedentes de Italia
En los siglos XV y XVI había un clima de admiración hacia Italia, por lo que fijándose en este país, Francia debe oponerse a la continua degeneración de la lengua vernácula, frenar la división en dialectos y codificar la lengua para convertirla en apta tanto para la creación literaria como para la transmisión de conocimientos.
Los «intelectuales» italianos están divididos entre quienes sostienen que la lengua literaria debe basarse en una norma social elitista, que debe orientar la escritura literaria y el hablar de la gente cultivada y quienes muestran un realismo lingüístico, al afirmar que la norma lingüística común debe basarse en el dialecto florentino.

4. La simpatía por las nuevas tendencias religiosas
El movimiento reformista, con la entrada en escena de Lutero conllevará también cambios en el pensamiento de muchos países europeos que acabarán afectando a la lengua.

5. El proceso de estandarización de la lengua francesa
Consiste en la selección de un dialecto frente a los demás. En el caso del francés, el dialecto de la región parisiense se convierte en preferible con respecto a los demás aunque este proceso sigue a lo largo del siglo XVI ya que no existe unanimidad para reconocer «le bon français» en el francés de París.
Los gramáticos franceses del siglo XVI son «intelectuales» y están a la búsqueda de un modelo fabricado por medio de parámetros ideológicos: todos comparten la idea de que la lengua puede ser reglamentada desde arriba y que tal reglamentación debe basarse en criterios estéticos. Solo cuando una propuesta sea apoyada por las fuerzas socioculturales (los salones, la Corte, la élite aristocrática y la Academia Francesa) podrá adquirir el grado de valor necesario para producir una generalización o bien una imposición a la «mayoría». Es decir solo triunfa la supernorma cuando es apoyada por la autoridad.

6. Los desarrollos de la ciencia retórica y de la literatura en lengua vernácula
Las artes poéticas del siglo XVI se ocupan frecuentemente de la traducción por una razón más profunda que servir de ejercicio preparatorio para los escritores, o para poner al alcance de los mismos temas de composición.
Establecen que la prosa en lengua vernácula deberá perseguir la elegancia que se obtiene por medio de las cualidades siguientes: la claridad (crítica de las metáforas «acrobáticas»), la nobleza (rechazo de los términos prosaicos, de las palabras «naturalistas» o de «oficios»), la armonía (fluidez de los sonidos y del ritmo).
Este modelo ideal de lengua no sirve de referencia solo para los poetas sino para todos cuantos se dedican al arte de escribir, sean escritores, traductores o gramáticos.


3. Lengua, mujer y traducción en Francia en el siglo XVII


Este apartado lleva la firma de Mª. Eugenia Fernández Fraile, de la Universidad de Granada. Sus principales líneas de investigación son: didáctica de la lengua y la literatura francesa e historia de la enseñanza del francés sobre las que ha publicado estudios especializados como una tesis doctoral titulada La enseñanza/aprendizaje del francés como lengua extranjera en España (1767-1936).
Esta autora analiza la influencia que una serie de mujeres como Marie de Gournay, Marguerite Buffet, las mujeres preciosas o Madame Dacier tuvieron en el proceso de la configuración de la lengua francesa en el siglo XVII.


Marie de Gournay

Fue escritora, traductora y lingüista pero fue muy poco conocida en su época. Era gran amiga de Montaigne a quién consideraba su maestro y a quién dedicó algunas obras después de su muerte. Fue una mujer autodidacta que aprendió latín a partir de la comparación de textos traducidos.
Tuvo a mucha gente en contra ya que, que una mujer se atreviera a traducir obras literarias del latín al francés y a teorizar sobre la traducción constituía una auténtica revolución para la época y numerosos eruditos veían esto como una intromisión de las mujeres en un terreno hasta entonces reservado a los hombres. La teoría de la traducción de Marie de Gournay destaca por la existencia de un doble postulado: la fidelidad con respecto al sentido (interpretación correcta), y la fidelidad como concepto asociado a la belleza del texto que pretende restituirse (expresión adecuada), lo cual no puede lograrse sin una comunión con el espíritu del escritor tanto en la sensibilidad estética como en el dominio de la lengua respectiva por ello afirma que un traductor debe conocer su propia lengua materna (lengua-meta) tan perfectamente como el escritor traducido la suya (lengua-fuente). Se opone a las tendencias vigentes en esa época que consistían en una tendencia a la desaparición de palabras «viejas»,(«purificación» del lenguaje), situándose así en una concepción lingüística particular, matizando el «elitismo» reinante afirmando que las élites aristocráticas e «intelectuales» poseen el poder de proponer nuevos términos (reglas, expresiones...) pero son los hablantes quienes certifican la innovación propuesta mediante el uso, y son por tanto en última instancia los dueños de la lengua.


Marguerite Buffet y el movimiento de las mujeres preciosas

El movimiento de las mujeres preciosas fue un movimiento sociolingüístico seguido por toda persona de «noble» condición, y por aquellos dedicados a la lengua como profesión (escritor, gramático, orador o traductor). Las mujeres preciosas reivindican fundamentalmente el derecho a la cultura, la educación y a participar en la vida social.
Marguerite Buffet participa, sin ser considerada como preciosa, en el movimiento general que se produce hacia mediados del siglo XVII y que lleva a la configuración de un modo de hablar y de escribir que será conocido como « le bon usage».
Esta búsqueda del « bon usage» fue el resultado de un conjunto de factores:
-proceso social: puesto que, bajo forma de comunicación oral (en los salones) o de comunicación escrita (escritos de todo tipo), la nobleza y la burguesía discuten cuestiones lingüísticas.
-proceso político: el poder de la época siente la importancia de una unidad lingüística así como del control de la lengua para evitar que los librepensadores o escritores se excedan en sus novelas. Además se crea la Academia Francesa (1634) que impone las reglas del lenguaje, un derecho que hasta entonces pertenecía al pueblo.
-proceso intelectual: los «intelectuales» de la época proporcionan la codificación necesaria bajo forma de tratados del buen decir: Vaugelas, Olivet, Renaud, Lamy.... Entre todos hombres también hay una mujer, Marguerite Buffet.
La participación de los salones, y de las mujeres preciosas es fundamental para la forja de un «buen uso» y la institucionalización de una lengua cuidada y sus esfuerzos consisten en instituir un uso correcto de la lengua («purificarla») y posteriormente, extender estos usos.
Las recomendaciones de las mujeres preciosas abarcan diferentes aspectos:
-el género de las palabras: optarán por convertir en femeninas todas las palabras posibles ya que éstas tienen un sonido más suave y agradable para el oído. Esta recomendación no se ha generalizado mucho a finales de siglo.
-evitar en el hablar una serie de incorrecciones: eliminación de palabras y expresiones «anticuadas», neologismos, calcos del latín o del griego, términos vulgares...
-la dicción y por lo tanto la escritura, deberán poseer concisión (eliminación de epítetos, frases no excesivamente largas...) y claridad (sencillez y belleza).


Madame Dacier

El siglo XVII francés es, en el terreno de la traducción, la edad de oro de la práctica y de la teoría conocida como «les belles infidèles» que afirma que el traductor tiene derecho a modificar el original teniendo como resultado una traducción libre. Pero en la misma época surgen voces que discrepan con este práctica, una de las más importantes es Madame Dacier a quién se considera perteneciente al grupo de los «Antiguos» ya que denuncia el gusto de su tiempo así como el arte falso que se practica y afirma que el traductor debe ejercer su trabajo con humildad, sin buscar quedar por encima del autor traducido. La traducción debe respetar el original, restituyendo su texto bajo el principio de la fidelidad. Pero a pesar de su voluntad de una traducción fiel, Madame Dacier no puede obviar el peso que la sociedad ejerce sobre ella, no puede escapar a los condicionamientos que se le imponen, a veces de modo inconsciente.


4. Teoría y práctica de la traducción hispano-italiana en el siglo XVII: Reflexión gramatical y labor traductora de Lorenzo Franciosini


Este capítulo está realizado por Mª. Dolores Valencia y Victoriano Peña, de la Universidad de Granada quienes exponen los contactos lingüísticos entre Italia y España en el siglo XVII.
Debido a los acontecimientos políticos y militares que condujeron a la dominación española en Italia, aumentaron los contactos entre italianos y españoles haciendo fundamental la labor traductora. Destaca sobre todo la labor llevada a cabo por el gramático, lexicográfico y traductor italiano Lorenzo Franciosini.
La producción lingüística de Franciosini es de carácter fundamentalmente práctico. Por una parte, tuvo una valiosa aplicación pedagógica y por otra, fue un importante instrumento para la traducción de la lengua española al italiano y viceversa. La obra más importante de este traductor italiano es el Vocabolario italiano-spagnuolo e spagnuolo-italiano ya que en esta obra no solo aparecía significado de las palabras sino también sus posibles usos en la traducción. Otra de sus obras es Gramática spagnuola de italiana, uno de los mejores tratados gramaticales de enseñanza del español a italianos, pero también sirve como gramática del italiano para españoles. Su gran originalidad reside en la alta funcionalidad didáctica y también tiene el mérito de haber sido concebida sobre la base de las mejores gramáticas de su tiempo, pero incorporando criterios modernos y funcionales que buscaban un uso práctico.
Uno de los grandes problemas de los gramáticos del siglo XVI es la cuestión ortográfica ya que el pueblo ya empezaba a escribir y lo hacía de manera confusa y heterogénea. Este problema, dividía a los gramáticos en renovadores, entre los que se incluía Franciosini, (los que defienden una adecuación real de la grafía al fonema) y conservadores (partidarios de vincular la grafía a la etimología).
En la Italia de los siglos XVI y XVII hay un gran interés por la lengua y la literatura española que llevarán a Franciosini a realizar la primera versión italiana del Quijote. Esta traducción destaca por la fidelidad al texto traducido original, aunque como señala el autor, a veces se ve obligado a alejarse «dal senso litterale spagnolo, per avicinarmi più al corrente italiano». Su traducción del Quijote es excepcional y destaca por su originalidad y riqueza de matices aunque también destaca por realizar un ejercicio de autocensura en lo referente a la materia religiosa y muy especialmente en la ridiculización de personajes de la Iglesia (que en la versión italiana son rebautizados con otro oficio) o en el mal comportamiento de los mismos. Otro caso de posible censura es de carácter político.


5. Aspectos de la traducción oral en Portugal en el siglo XVI


Escrito por Carlos Castilho Pais, de la Universidad de Aberta (Lisboa) quién analiza los aspectos de la traducción oral en Portugal en el siglo XVI.
El siglo XVI es para Portugal, la época de los Descubrimientos y la Expansión como el descubrimiento del camino marítimo a la India o el de Brasil en 1500, y también de China, Japón y otros territorios de Oriente. Debido a esto, la traducción oral es muy importante ya que hallar un nuevo territorio implica hallar nuevas lenguas y nuevas culturas por lo que la traducción oral ocupa un lugar preponderante en la Historia de la traducción de este siglo, aunque sin el menosprecio de la traducción escrita.
Uno de los principales lugares de traducción era la Corte donde trabajaban los intérpretes conocedores de la lengua árabe ya que debido a la presencia portuguesa en el Norte de África era necesaria la labor de éstos.
También había presencia portuguesa en la India, donde al principio, los intérpretes se expresaban en árabe dado que era la lengua franca de Oriente. En estas tierras fueron muy importantes las actividades desarrolladas en las misiones por las Órdenes Religiosas: franciscanos, jesuitas y dominicos.
La colonización en Brasil se iniciará hacia 1516 ya que aunque antes ya había presencia portuguesa en suelo brasileño, se basaba simplemente en un sistema de fortalezas y factorías. Los jesuitas aplicaron en Brasil los principios que los distinguían: el estudio de la lengua y de los hábitos culturales de los nativos. En un primer momento, los jesuitas necesitaban intérpretes, pero al poco tiempo serán autónomos para entablar contacto con los indios; además, en sus escuelas enseñaban, junto a la lengua portuguesa, la lengua tupí.
Durante el siglo XVI, la traducción oral en el continente africano se relaciona fundamentalmente con el tráfico de esclavos. Los esclavos aprendían en Portugal la lengua portuguesa pasando a ser así esclavo-lengua ya que conocían dos lenguas, la materna, llevada con ellos a Portugal y la portuguesa aprendida allí. Los esclavos aprendían esta lengua después de haber vivido algún tiempo en Portugal y en contacto más o menos directo con su señor. Además, normalmente el esclavo acababa siendo bautizado, hecho que implicaba para la mayoría, recibir, antes o después, una formación cristiana impartida en portugués. La característica principal del aprendizaje de los esclavos es que éstos pertenecen al rey quién proporciona un 'profesor' para enseñar a leer y a escribir aunque no hay indicios de que esta 'nueva formación' tuviera como objetivo una formación específica encaminada a desempeñar la función de lenguas en los viajes a las tierras recién descubiertas o aún por descubrir.


6. El Humanismo renacentista y la traducción en Portugal en los siglos XVI y XVII


El último capítulo de este libro está escrito por Mª. Manuela Fernández Sánchez y José Antonio Sabio Pinilla de la Universidad de Granada quienes se encargan de explicar en este apartado la traducción en Portugal en los siglos XVI y XVII.
La singularidad de la traducción en estos siglos se relaciona con la consolidación y dignificación de la lengua portuguesa como lengua literaria y con la progresiva configuración de nuevos géneros en el sistema literario portugués. Las ideas sobre la traducción proceden de eruditos y humanistas muy implicados en la cultura de su tiempo.
Se cree que la mayoría de textos traducidos en esta época son imitaciones de textos clásicos aunque cada vez se traduce más de otras lenguas vernáculas y en especial entre las lenguas peninsulares (del latín al catalán, castellano y portugués y también del griego al aragonés a la vez que el gallego inicia su actividad traductora a partir del latín y del castellano).
La traducción de obras de la Antigüedad, sobre todo latinas, se inicia, en Portugal, en el primer cuarto del siglo XV. Estas traducciones conllevaron la divulgación de la cultura clásica. Se trata de un fenómeno asociado a la cultura peninsular de su tiempo que se puede relacionar con el afán de erudición y ejemplaridad que supone en este momento la práctica de la prosa en lengua vulgar por parte del poder político y principesco. Un manual muy importante dentro de este fenómeno es el Leal conselheiro en el que el rey da una serie de consejos para traducir al latín lo que refleja el esfuerzo normativo por sistematizar los principios de la traducción en Portugal.
Esta gran actividad traductora, desarrollada en la Corte de Aviz, fue posible gracias al mecenazgo del rey don Duarte y el infante don Pedro, a quienes se debe la primera gran eclosión en Portugal de la traducción de obras latinas clásicas y medievales.
El Portugal de finales del siglo XV y principios del XVI se caracteriza por la incesante movilidad de hombres e ideas. Esto está muy bien representado por Valentim Fernandes, un impresor y traductor que marca la transición entre un siglo y otro por lo que refleja de una nueva mentalidad, por el profundo conocimiento que tenía de su oficio y por su amplia formación que le permitía no solo escribir o traducir, sino también hacerse eco de las ideas que circulaban acerca de la producción en vulgar, de determinados aspectos lingüísticos o de los tópicos más o menos extendidos sobre la traducción. El mayor interés para el conocimiento de las ideas sobre la traducción en esta época reside en el proemio del Livro de Nicolao Veneto en el que Valentim Fernandes da por buenas las ideas que Alfonso de Palencia, autor original de la obra, expresa en este libro reconociendo en cierto modo la existencia de un conjunto de ideas sobre la traducción más o menos disponibles y que circulaban en todo el ámbito peninsular: las dificultades de traducir del latín al vulgar; la concepción típicamente peninsular de la traducción como un asunto de contenido y el empeño de llevar a cabo esta tarea pese a las críticas que tal trabajo recibía.
La cultura portuguesa adquiere en la primera mitad del siglo XVI un valor predominante técnico y utilitario debido en buena medida a los descubrimientos. La expansión marítima portuguesa dará lugar a una literatura científica orientada a mejorar las condiciones de navegación y de exploración de las nuevas tierras descubiertas. Dentro de este tipo de literatura destacan Pedro Nunes, García de Orta, Duarte Pacheco Pereira y João de Castro.
Pedro Nunes defiende la traducción de las obras científicas en contra de aquellos que prefieren el latín como medio para conservar su autoridad y recelan del valor de la lengua materna. Basa este pensamiento en una cita de San Agustín y concluye con el tópico de la necesidad de divulgar el saber, común a todos los humanistas de la época.
García de Orta, siguiendo la línea de Pedro Nunes, afirma su defensa de la lengua vulgar en el deseo de divulgar el saber entre muchos; por ello no duda en traducir al portugués una obra que antes había escrito en latín, Colóquios dos simples.
En este siglo, los escritores portugueses escribían en castellano y también traducían a esta lengua del latín, francés, italiano, e incluso del portugués. El predominio de la lengua castellana se basa en razones de dominio y de prestigio: la expansión imperial de la lengua hace del castellano una lengua diplomática, a la vez que instrumento de comunicación en los niveles administrativos y entre las élites peninsulares. Además del prestigio internacional de la lengua castellana, los abundantes matrimonios entre miembros de las casas reinantes de Portugal y España y el intercambio cultural de estudiantes, profesores y confesores influyeron decisivamente en la penetración del castellano en la corte portuguesa. Este predominio del castellano coincide también con el desarrollo autónomo del portugués como lengua literaria y esta coincidencia va a incidir negativamente en las traducciones.
Los siglos XVI y XVII se caracterizan en Portugal por las traducciones de obras religiosas y edificantes del latín y del castellano, las dos lenguas que más van a influir en el portugués hasta bien entrado el siglo XVIII.
Una de las figuras importantes en la traducción de estos siglos es Duarte de Resende quién además de apoyar los tópicos de la traducción, como la humildad del traductor frente al autor original y el provecho derivado de su trabajo añade un nuevo pensamiento: la supremacía de la lengua portuguesa sobre las demás lenguas vulgares y su capacidad para alcanzar el estilo de la latina.
También destaca la figura de Damião de Góis quién tradujo la obra latina De senectute para lo que utilizó un proceso propio del ideal humanista de la traducción basado en la transmisión de la doctrina sin descuidar la calidad de la elocuencia latina. También tradujo O Livro de Eclesiastes, obra de enorme valor, no solo por ser el único libro de la Biblia traducido al portugués en tiempos del Humanismo y la Reforma sino por la posición que adopta ante el erasmismo, el luteranismo y la traducción hebrea de la exégesis bíblica.
El Renacimiento lingüístico europeo se caracteriza por la elevación de las lenguas vulgares a categoría literaria y científica y el retorno a las lenguas y modelos clásicos bajo el signo del humanismo lo que explica el prejuicio de que los conocimientos humanos solo pudieran ser expresados en una lengua noble como el latín. Es en esta época cuando se produce un movimiento de dignificación del vulgar que coincide en España y en Portugal con un momento histórico expcepcional, el de sus grandiosas empresas nacionales por lo que el imperialismo lingüístico llega a identificarse con el político. Dentro de este ambiente surgen numerosas gramáticas portuguesas empezando con la escrita por Fernão de Oliveira, A gramática de linguagem portuguesa en la que se centra en la defensa de la lengua vulgar como vehículo apto para la comunicación, proclama la necesidad de extender su uso y sostiene la prioridad del hombre sobre la lengua. Otras gramáticas portuguesas de esta época son la Gramática y el Diálogo da viciosa vergonha de João de Barros. En ambas obras se afirma la personalidad de la lengua portuguesa a partir de su filiación con la latina frente a las otras lenguas, y muy especialmente, frente al castellano. Pese a este retraso en la 'conquista de la lengua latina' destaca el contacto lingüístico con otras lenguas autóctonas que enriquece a la portuguesa como las lenguas autóctonas asiáticas.
La enseñanza de la lengua en el siglo XVII se puede explicar con el ejemplo de Amaro de Roboredo cuya obra es principal es el Método gramatical para todas as linguas, un ejemplo de gramática general que mantiene una postura racionalista basada en la igualdad de la razón humana y en la posibilidad de dictar normas comunes para todas las lenguas. En esta obra la traducción aparece como un instrumento al servicio de la enseñanza y de la descripción de las lenguas, y pone de relieve las diferencias estructurales y estilísticas entre la lengua materna y las extranjeras. Amaro de Roboredo propone cuatro tipos de traducción: la traducción al pie de la letra, un tipo de traducción absurdo en su opinión; el segundo tipo se centra en las palabras; el tercero, centrado en las cláusulas, lo califica de elegante y que requiere una gran inteligencia y un gran conocimiento de ambas lenguas; el cuarto es la traducción parafrástica y aconseja recurrir a esta manera de traducir una vez que se haya dominado la traducción centrada en las cláusulas porque implica mayor libertad por parte del traductor. Tras los cuatro tipos de traducción, establece dos nuevos, el compendio y la traducción parafrástica, diferentes de la traducción propiamente dicha y que aconseja solo a los maestros.
El interés por la fijación y codificación del idioma iniciado en el siglo XVI con las gramáticas da lugar al nacimiento de la lexicografía portuguesa, con obras como el Dictionarium Latinolusitanicum de Jerónimo Cardoso. Este interés continúa a lo largo del siglo XVII con las obras de Agostinho Barbosa y de Berto Pereira y culmina en el siglo XVIII con el Vocabulario Portugês e Latino de Rafael Bluteau.
Las traducciones de Virgilio en portugués aparecen más tarde que en otras lenguas debido a que ya existían traducciones en castellano y a que el rigor moralizador de la época no favorecía la recepción de los grandes poetas líricos como Virgilio u Ovidio. El primer traductor de una obra completa de Virgilio al portugués fue Leonel da Costa. Esta traducción no tenía una finalidad artística sino que se dirige a los estudiantes y su objetivo es facilitar la lectura de Virgilio. El mismo traductor reconoce que sus versos son insípidos pero como su objetivo es hacer inteligible el poema a los estudiantes no ha podido nacer más bellos. Franco Barvelo traduce también la Eneida Portuguesa y se aleja del tipo de traducción instrumental de Leonel da Costa pues pretende que su traducción tenga valor estético por sí misma y pueda integrarse en el sistema literario portugués.
La actividad intelectual y por tanto la traducción quedó subordinada desde mediados del siglo XVI a los valores de la moralidad y ortodoxia impuestos por la censura inquisitorial por lo que las traducciones debían de contar con la aprobación de las autoridades religiosas y de Palacio.
Virgilio no fue el único autor latino traducido ya que André Rodrigues de Matos tradujo el Godofredo, ou Hierosalem Libertado de Tasso.
Rodrigues de Matos refuerza la línea de dignificación del vulgar iniciada en el siglo XVI, a la que contribuye con esta traducción. En el prólogo de esta obra plantea ya una serie de rasgos que serán comunes a los prólogos del siglo XVIII: la traducción como una copia del original, la escasa valoración del traductor, las dificultades del traducir y la capacidad de la lengua portuguesa para traducir del latín y de otras lenguas vulgares. Estas ideas sirven, por otra parte, para justificar la utilidad de las traducciones, defender el método utilizado y confiar en el valor literario de la lengua portuguesa.


Comentario


El libro muestra la gran importancia que los siglos XVI y XVII tuvieron para la traducción y como el Humanismo influyó en ésta. En estos siglos se produce la teorización de la traducción hasta entonces muy escasa aunque también es la época en la que la traducción deja de considerarse como un trabajo difícil y pasa a ser un trabajo muy poco recompensado además de muy criticado ya que la mayoría de los traductores recibían críticas por sus traducciones por lo que era muy frecuente que en el prefacio de la obra incluyeran una «petición de excusa» al lector pidiendo su benevolencia ante la complicada tarea que el traductor va a realizar.
Esta época es también la etapa del surgimiento de las lenguas vernáculas y con ellas nacen también todos los problemas por codificarlas. Las lenguas vernáculas van ganando terreno frente al latín pero para hacer de ellas una lengua noble con la que poder expresar pensamientos intelectuales es necesario definirla bien y llegar, como en el caso de Francia, a conseguir «le bon français».
Las lenguas vernáculas, pasan pues en estos siglos, de ser lenguas vulgares a la categoría de lengua literaria y científica por lo que surgen así los primeros diccionarios monolingües y numerosas gramáticas.
Un libro muy interesante para aquellos que quieran conocer más sobre la historia de la traducción y como su concepto va cambiando con el paso del tiempo además de ver la influencia que ejerce sobre ella los «intelectuales» y el pensamiento de la época.