El sentido de la traducción: reflexión y crítica24.png

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León
Universidad de León
110 pp.
Por: Itxaso Inza

Resumen



Sáez Hermosilla comienza tratando los problemas teóricos básicos de la traducción y su tratamiento, así como de los universales del lenguaje. Considera que si queremos encontrar esos pretendidos universales hemos de buscar en el habla, el único lugar en el que podríamos encontrarlos. Según él, la traducibilidad de una obra depende de lo que se pida de ella: si le pedimos una identidad en cuanto al significado, la forma y el referente, entonces es imposible traducir; sin embargo, si la consideramos como un medio idóneo de comunicación, entonces la idea de intraducibilidad no se sostiene.
Continúa hablando del viejo debate sobre si hay que ser fiel al texto original o a la lengua de llegada, que todavía no se ha resuelto. Considera que solo la traducción funcional o la traducción por equivalencia de sentido es viable.

En el capítulo dos explica extensamente las diferencias entre la traducción escrita y la traducción oral.

En el capítulo tres nos dice que en la traducción no se confrontan tanto lenguas cuanto voluntades psíquicas de querer decir y conformaciones idiolécticas. La traducción debe integrar los dos modos de conocimiento: el propiciado por un lenguaje articulado en un idioma y el extralingüístico. Lo decisivo es la intención del mensaje. Lo que hay que traducir es esa intención siempre con otra palabra idiomática.

En el capítulo cuatro hace una crítica extensa de la Teoría del Sentido, definiéndola como una teoría interpretativa, oral, comunicativa y orientada a los textos y discursos «pragmáticos» y no al universo de lo literario. Para elaborar la crítica toma las tesis de P. Newmark.

En el capítulo cinco habla sobre la traducción artística. Opina que cada poema requiere un acercamiento traductológico específico. El autor cree que es posible la traducción poética y que no tiene por qué consistir en una transposición creadora obteniendo un poema radicalmente distinto, sino que se inclina por una traducción literalizante mediante la equivalencia entre las formas confrontadas, estableciendo una «identidad» básica a otros niveles. Opina que en todos los ámbitos del traducir se dan necesariamente pérdidas debido a imperativos de orden categorial y que en la poesía los imperativos vienen dados por el respeto a los códigos estéticos y a los parámetros que crean la emotividad y la belleza; en ella se dan pérdidas, posiblemente más que en ninguna otra actividad traductora. Considera, también, que es peligroso salirse por la tangente de la recreación. Según el autor, algo parecido podría decirse de la novela y el cuento. El autor no debería nunca, bajo el falso pretexto de la exactitud y la claridad, sustituir su estilo personal al del texto origen. En lo que se refiere a la traducción teatral, si es traducida para ser interpretada, implica sus propias constricciones que obligan al traductor a abandonar la glosa y a adaptar las referencias culturales. Concluye el capítulo señalando que con una sabia exégesis, una empatía con el creador, un genio intuitivo, un conocimiento de las poéticas contrastadas y el don poético de la creatividad, una obra literaria puede ser traducida con mayores o menores pérdidas en el equilibrio entre la literalidad y la adaptación.

En el capítulo seis expone de forma extensa la teoría de los perceptos lingüísticos. Esta consiste en postular que al hablar producimos dialógicamente una percepción especial de naturaleza lingüístico-semiótica, a la que se define como percepto. Esta percepción suprasensorial construye la realidad social en la que viven los hablantes que se entienden mediante transacciones reguladas por normas sociales que se denominan «actos de habla». La teoría sitúa el traducir en el planeta del habla. El espacio perceptual lingüístico (EPL) y las cadenas de signos o signoestructuro constituyen el anverso y el reverso de un mismo fenómeno, porque en la realidad del habla ambas cosas van unidas. Sin el signoestructuro no hay percepto, pero tampoco pueden existir los signoestructuros sin el percepto.

El autor comienza el capítulo siete diciendo que una de las grandes carencias de esta teoría hablística de la traducción (creo que se refiere a la teoría de los perceptos) es ese mundo de lo subliminal o subconsciente que apoya y sobreentiende la cresta visible de la forma, desde su doble base de continente implícito y de profundidad pulsional irracional. El autor considera que necesitaban una teoría del ritmo también, que es en la poesía donde el fenómeno rítmico alcanza toda su riqueza de registros y matices. Según el autor podríamos decir que todos esos fenómenos subliminales, inconscientes, infranocionales, pulsionales, etc. que van como adheridos a la forma, como escondidos en el ritmo enunciatorio del discurso, son susceptibles de ser gramaticalizados si y solo si son cognoscibles, intuibles o empatizables. Y siendo gramaticalizables por cognoscibles son formalizables de un modo u otro y, por tanto, traducibles. Sin embargo, con respecto a las creencias, dice que pertenecen al acervo religioso, filosófico y cosmovisivo de las comunidades y los pueblos y que gramaticalizar esas creencias supondría clasificar cada «objeto» de esos «mundos» según los puntos de vista más sujetos a razón y a sentido común.

Sáez Hermosilla, en el capítulo ocho, nos habla de que viejos problemas siempre vuelven, dualismos que siempre están ahí, qué se entiende por sentido.También señala algunas ideas sobre la traducción de la poesía.

En el capítulo nueve, y de manera muy extensa, nos habla el autor sobre la equivalencia, “fundamento de toda la problemática del traducir”. Nos explica qué es la equivalencia contextual y qué la equivalencia translémica, en qué se diferencian y a qué tipos de textos afectan.

El título del capítulo diez nos lo resume muy bien. En él hace una crítica y una autocrítica de la teoría de los perceptos, de la que dice que se presenta ante todo como una teoría auténtica, tratando de imitar el procedimiento de las teorías científicas.

Sáez Hermosilla concluye su libro con el capítulo once, en el que nos comenta que un logro a conseguir podría ser, en su opinión, a medio o largo plazo, la construcción de una teoría del habla como una acción social.

Comentarios




En el libro se tratan aspectos interesantes, como los universales lingüísticos (si existen, si no, en caso de que existan dónde habría que buscarlos…) y el problema de la traducibilidad. Son temas conocidos, pero que está muy bien recordar bajo otra perspectiva, para hacernos de ellos una idea global. Las cosas cambian sin embargo en el capítulo tercero, cuando habla específicamente de la teoría del sentido, momento en el que se hace necesario un mayor conocimiento de este enfoque por parte del lector.
Especialmente interesante es también el capítulo que trata sobre la traducción artística. Nos muestra cuán difíciles de traducir son estos textos que solicitan cada uno un acercamiento traductológico diferente. En la traducción de la poesía es donde más pérdidas se producen, más que en cualquier otra actividad traductora. Este capítulo confirma que el género poético es el de más difícil traducción.

En líneas generales se trata de un libro interesante, y especialmente esos capítulos en los que trata la teoría de los preceptos, el subconsciente o los aspectos rítmico, implícito o ritual, ya que ayudan a comprender mejor qué es la traducción.

Conclusiones




-No tenemos «universales lingüísticos», pero sí que hay universales humanos. La intraducibilidad depende de lo que le pidamos a la traducción: si le pedimos una identidad en cuanto al significado, a la forma y al referente, entonces es imposible traducir; sin embargo, si simplemente la consideramos como un medio idóneo de comunicación, la idea de intraducibilidad no se sostiene. El principio de fidelidad cambia con los años y adopta formas diferentes según el tipo de texto, el medio y la lengua de llegada.

-La diferencia entre la traducción escrita y la traducción oral es muy clara. Tienen una serie de características que las hacen diferenciarse la una de la otra. Cada una de ellas tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

-Lo que hay que traducir es la intención del mensaje, pero con otra palabra idiomática. Toda traducción es un intercambio de perceptos.

-Cada poema demanda un acercamiento traductológico específico. Forma y contenido se funden y se confunden en los actos de habla oral o escrita, pero son separables en el acto y en los momentos del traducir, pues sin esa separabilidad, ninguna traducción sería posible.

-En todos los ámbitos del traducir se dan pérdidas debidas a imperativos de orden categorial. En la poesía los imperativos vienen dados por el respeto a los códigos estéticos y a los parámetros que crean la emotividad y la belleza; en ella quizá se den más pérdidas que en ninguna otra actividad traductora.