El vocabulario de la traducción en la Edad Media

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Autor/a/es: Joaquín Rubio Tovar
Editorial: Universidad de Alcalá
Año: 2011
España
Idioma/s: español
Nº de páginas: 116
ISBN: 978-84-8138-917-3

Por Alma Villegas Bueno

Introducción

En la Edad Media encontramos varios términos que cubren lo que ahora llamamos traducir. El trabajo de la traducción era formado por un conjunto de tareas como interpretar, ordenar, resumir…Nosotros designamos la traducción con un único término pero la actividad en la Edad media no tenía rostro propio ni nombre único porque la noción de esta no era la misma. La traducción supuso la comprensión de culturas anteriores y, por tanto, la transmisión del saber. Se tradujo, interpretaron y glosaron cientos de textos y se desarrolló con ello la literatura y las lenguas vulgares. En esta reseña se explica las ideas más importantes recogidas en este libro, entre ellas los términos más frecuentes del vocabulario de la traducción (trasladar, vulgarizar, romancear, etc.).

Resumen

1. LA PREGUNTA

Los prólogos que encabezan algunas traducciones medievales ofrecen a veces una información valiosa. A veces el traductor incluye consideraciones sobre su tarea y el original que tradujo, y explica las dificultades reales con las que se encontró al traducir. Algunas de retahílas pueden resumirse en unas frases como bien son: reconocimiento de la incapacidad del traductor, dificultad de la traducción, inferioridad de la lengua materna frente a la lengua de la que se traduce (el latín), aclaración del modo en que se ha precedido en la tarea (que a veces no coincide con la práctica realizada), sabiduría del mecenas que encarga el traslado, etcétera. También continúan una serie de problemas como las distinciones entre traducir ad verbum/ ad sensum, así como las nociones de fidelidad o libertad, y la discusión acerca de si se traducen lenguas o culturas ha sido profundamente renovada.
Como definición de traducción, el autor explica haber tenido que utilizar el circunloquio: “conjunto de términos que se refieren al acto de traslada un texto de una lengua a otra, al tiempo que aclara, mediante glosas o perífrasis, el significado de muchas frases y palabras”
Este caudal de palabras está relacionado con algunas capacidades de la escritura como la copia, la interpretación y la transmisión del saber.
En torno a la traducción se arraciman palabras y actividades diferentes. Además, la manera de traducir no fue única ni constante a lo largo de los siglos medievales. No siempre se traducía igual, a veces se traducía palabra por palabra (sobre todo cuando no se entendía bien el original) y en ocasiones era imprescindible acudir a la perífrasis o circunloquios para aclarar algunos términos y a menudo se abusaba de las glosas hasta dejar irreconocible el original. Algunos traductores sabían que muchas obras se habían traducido mal, pero sabían también que traducir era una tarea imprescindible para difundir y entender las obras de los antiguos.
Las traducciones no aparecen por primera vez en el siglo XV, algunas pueden documentarse desde el siglo XII a parte de que algunas palabras son polisémicas, lo que añade complejidad e interés al trabajo emprendido.
No conocemos la historia de las palabras y su relación con la cultura en la que surgen y se desarrollan. Si el Diccionario histórico de la lengua española estuviera a nuestra disposición, habríamos recorrido un trecho del camino, pero mientras llega ese momento, debemos trabajar con los datos que tengamos a mano. Decía Paul Valéry que el significado de una palabra es claro cuando se utiliza en la lengua cotidiana y está enganchada en el tren de una frase ordinaria.
Este libro es sólo una primera cala, casi una declaración de principios. El autor parte de la presencia de estos términos en el siglo XV y se introducen muestras de siglos anteriores y posteriores, y recuerda su presencia en otras lenguas.
El investigador Frederik Rener consideró que las diferencias geográficas, lingüísticas, históricas y cronológicas que separan a los traductores no deben hacer que perdamos de vista la influencia determinante de la antigüedad latina. A esa amplia teoría y a los tratados de toda especie los llama Rener Interpretatio.
El autor, en este caso, se detiene en el término trasladar.

2. LOS TÉRMINOS LATINOS

El problema de la traducción es mucho mas complejo en la Romania que en la antigüedad latina. La importancia que adquiría la traducción tras la caída de Roma es de sobra conocida y los historiadores han señalado varias causas para explicar este fenómeno. Por un lado, la necesidad de entender, y luego de trasmitir la cultura antigua. Por otro, el formidable debate sobre la traducción de las sagradas escrituras que estuvo vigente durante siglos, y la pujanza y desarrollo de las lenguas vulgares, que se fortificaron y consolidaron. Añádase, finalmente, la expansión evangelizadora, que necesitó del concurso de las nuevas lenguas.
Ni las peculiaridades de la traducción en la latinidad a los siglos medievales ni el concepto de traducir eran semejantes, pero en cualquier caso, es necesario tener en cuenta el origen de las palabras y su significado en latín, para abordar después los cambios producidos. En el vocabulario latino, el concepto de traducir ha sido expresado por algunos verbos como verteré, transcribere, latine exprimere, Latino sermone, tradere, mutare, transferre e interpretari.
En la época de Cicerón puede documentarse el uso de exprimoo interpretor, reddo, verto, converto. Más adelante se extendió el uso de transfero (y sus derivados) que fue el término de mayor fortuna en la Edad Media. Exprimo significó “ajustarse a un modelo, imitar.”
También, Cicerón se refirió a dos modalidades posibles de la traducción. Una se define mediante los términos interpretatio ad verbum o verbum e verbo. La otra modalidad se define como imitatio o aemulatio.
Para Cicerón, si se quiere restituir no sólo el contenido, sino también los valores estilísticos del original, es necesario traducirlo respetando las características de la lengua del traductor. x
La terminología sobre la materia fue cambiando poco a poco y en el siglo IV se empezaron a apreciar ya unas transformaciones de interés.
La forma más elemental e inmediata de la traducción fue la oral, y también aquella que se planteó a partir de la comunicación entre tres, puesto que entre el emisor y el receptor se sitúa el intermediario. Esta área fue importantísima en la Edad Media. Los traductores que trabajaron en el Toledo de Alfonso X (y antes también) utilizaban un traductor que elaboraba una versión intermedia entre el árabe y el latín.
Fue en el seno de la lengua latina donde primero empezó a formarse una operación en ela lengua y por tanto, una relación de lenguas, que se irá llamando trasladar, interpretar, declarar, etcétera. (Lohmann 1965:85)
Pero también decimos que las palabras nacen, crecen, se desarrollan y mueren, aunque cabe preguntarse si realmente todas las palabras de una lengua nacen en algún momento. No todos los lexicólogos aceptan que hayan nacido en algún momento, pues consideran que son las mismas de la lengua madre que han continuado viviendo en un lento proceso de evolución fonética, morfológica y semántica.
Es indiscutible que el sentido de las palaras ha ido variando. La historia de la lengua es, entre otras muchas cosas, una historia de continuidades (Álvarez de Miranda 2008,2009).

3. VARIEDAD DE PALABRAS

La relación de términos que se refieren a la traducción en la Edad Media es larga y semejante en casi todas las lenguas de la Romania.
En catalán aparecen formas muy parecidas, en portugués se pueden establecer paralelismos con las voces contemporáneas, pero no siempre existen términos equivalentes, ni palabras que puedan expresarlos con cierta economía.
Aparece también el verbo Vulgarizar que no es un término más, sino uno de los más importantes y de mayor sentido y calado. Está emparentado con el nombre que reciben las lenguas vulgares. Es una de las palabras más utilizadas para referirse al traslado de una lengua a otra y es más que frecuente en las lenguas románicas.
Por lo que respecta al castellano, la presencia de vulgarizar es muy abundante. Está atestiguado en numerosos autores del siglo XV, como Santillana, Juan de Mena y Enrique de Villena.
El hecho de que el término se relacione con vulgo, ha propiciado el sentido despectivo de la palabra. En cualquier caso, siguió significando traducir.
Romancear, romançar o romanzar son términos que hicieron fortuna en las lenguas románicas posteriormente. Los habitantes del imperio romano que hablaban latín eran llamados Romani. Del nombre Romanus se formó el nombre Romania y ambos términos habían perdido su significado político y sólo mantenían el cultural y lingüístico. Romani eran quieres hablaban latín frente a los barbari, hablaban romance o romanice.
Junto a romanus comenzó a usarse el adjetivo romanicus que venía a significar “a la manera romana”. El sentido de estos términos fue variando y apareció otra palabra que significaba lo mismo: latine o romane loqui” traducido por hablar románico.
No es extraño que romancear o romanzar sea uno de los términos usados desde antiguo para relacionarlos con la traducción. El término romanz experimentó cambios tantos en la forma como en el significado. La crisis de la declinación y la perdida de valor de la –t final, provocó la aparición de roman.
En un primer momento romanz significó cualquiera de las lenguas vulgares surgidas del latín. En la primera mitad del siglo XII, pasó a significar discurso en lengua vulgar, tanto si se trataba de expresión oral o escrita. En la segunda mitad del siglo, designaba texto narrativo en verso y en vulgar, debe añadirse que se refería a narraciones de aventuras tomadas del mundo antiguo o del mundo bizantino y oriental.
Sin embargo, el verso del clérigo Wace no se estaba refiriendo solamente a una traducción, sino a la adaptación y rescritura de su modelo. En el caso de Chrétien, “mettre en roman” significa “traducir (una obra) a lengua vulgar”. Por su parte también podría significar no sólo traducir, sino también componer una historia o dar forma literaria a la narración.
Desde el siglo XIII hasta a partir del siglo XVII recibe el sentido cercano al que hoy le damos.
Pero romançar, y alguno de sus derivados, está connotado en algún caso con un significado negativo. Sabido es que la traducción y los traductores han tenido siempre mala prensa. Es indiscutible que, a veces, el original queda irreconocible una vez que ha sido traducido, bien por la impericia del traductor o bien porque se ha trufado el texto con glosas, que impiden saber donde empieza el original y donde la interpretación.
De todos los términos que significaron “traducir”, el más frecuente fue trasladar que, sin embargo, significó también “copiar” y “llevar cuerpos de santos”. El verbo traslatio era el nombre de un subgénero literario, y trasladar era una actividad imprescindible en la transmisión del saber. El hecho de que algunas palabras que significaron traducir tuvieran, además, otros sentidos, es un rasgo característico del vocabulario de la traducción, y quizá sea consecuencia de que la traducción no se entendiera como una actividad única y especifica. La excepción son los términos académicos como esponer o glosar, pero hay términos como interpretar que se cargaron de sentidos diferentes a los que se derivan del trabajo textual. Este hecho cambió cuando empezó a imponerse el término traducir, que tenía la ventaja de ser monosémico.
Traducir no se impuso de manera inmediata tampoco, pero se menciona que trasladar significaba también el traslado de reliquias, cuerpos santos o simplemente de personas.
En el campo de la hagiografía es bien conocido el género de la translatio o relato que narra el traslado de las reliquias de un santo o de un cuerpo. El género se cultivó en todas las literaturas occidentales.
Borgues planteaba las dificultades de la traducción. Se trata de “La Busca de Averroes” y forma parte de El Aleph. La escena presenta al gran filósofo afanado en la tarea de traducir a Aristóteles.
Bajo su ventana, unos niños representaban en un balbuciente castellano una escena de teatro que el sabio es incapaz de interpretar. Borgues dice que Averroes, “encerrado en el ámbito del islam, nunca pudo saber el significado de las voces tragedia y comedia.
La escena representa claramente las dificultades de la traducción y de la comprensión e interpretación de una cultura lejana en el tiempo y en el espacio.
La traducción es la empresa más cualificada para traer del pasado a nuestro presente escenas e interpretarlas, bien con un párrafo o con una sola palabra.
Venegas hereda la idea de que la traducción es una de las formas de la declaración, muestra que durante mucho tiempo la traducción era considerada como una de las formas de la declaración. Conarrubias también definía interpretar como “declarar”
En los libros de corte académico del siglo XV los ejemplos son incontables.
Un rasgo frecuente de las traducciones del latín a cualquier lengua románica es su carácter interpretativo, de esclarecimiento del sentido, que se expresa con la palabra “esponen” y otros en la misma dirección.
Entre 1358 y 1362, el dominico Pere Saplana utilizaba el verbo explanar al frente de su traducción de un comentario. Con él también lo hacían Germán Colón y Canals.
Esponer quiere decir explicar, detallar, y es un término muy vinculado a la pedagogía medieval y que utilizaron continuamente los traductores. La mera enunciación de la palabra glosa nos envía al universo del estudio.
El trabajo de glosar es muy antiguo y es una de las formas más conocidas de la hermenéutica, la pedagogía y la transmisión de conocimientos. No es extraño que glosar aparezca en las parejas sinonímicas. Este término recorre el mundo intelectual desde la más temprana Edad Media. Es difícil imaginar el trabajo del intelectual sin el concepto de glosa.
Glosar fue práctica corriente de numerosos intelectuales, como Enrique de Villena.
La Interpretacion, sin embargo, es un término utilizado para la traducción de palabra por palabra.
Esta diferencia, establecida por don Alfonso Fernández de Madrigal, sería el primer condicionante para juzgar las traducciones y también el tipo de traductor y de lector a quien estaban destinadas las obras. Cuando no se modifica de manera importante el significado del texto traducido, estaríamos ante un caso de interpretación.
Pero leemos también que glosar es “vulgarmente darles otro sentido del que suena y a veces del que pretendió el que las dijo”. Ya en 1611 constaba el castellano con dos acepciones básicas del término, una negativa y otra positiva. Según la positiva, glosar es “aclarar, explicar, interpretar” y según la negativa es “malinterpretar deliberadamente”.
Todas estas páginas hablan de algún tipo de relación entre lenguas, entre hombres y por ello cabe destacar de nuevo que desde el momento en que dos lenguas y dos culturas diferentes entran en contacto, se hace necesaria la figura del intérprete, del intermediario.
La dependencia de la esfera económica indica que el fenómeno de la traducción era para los latinos más importante y habitual que para los griegos.
En las lenguas modernas occidentales, intérprete ha sido entendido cono un tecnicismo que designa al traductor oral profesional.
Según el DRAE, trujamán del árabe, quiere decir persona que aconseja o media en el modo de ejecutar algo, especialmente compras, ventas o cambios, pero su segunda acepción es intérprete de lenguas. El trujamán fue una especie de intermediario, alguien que iba y venía entre varias lenguas. A los trujamanes se les conferían misiones que iban más allá de lo lingüístico y afectaban al ámbito político y al trueque económico también.
No es entonces extraño que el término aparezca en los libros de viajes, y en las crónicas que narran la necesidad de enviar embajadores acompañados de un intérprete.
Intérprete es, sin duda, uno de los términos más importantes y más empleados fundamentalmente ligados con el significado de traducir.
Según el Vocabularium eclesiasticum de Fernández de Santaella, Interprete es “el que traslada de una lengua en otra”
Interpretar también tiene un significado amplio, general, como “entenderse por”, según lo usaba Gonzalo García de Santa María en 1493 pero también existe interpretar como “adivinar”.

4. APARECE EL TÉRMINO TRADUCCIÓN.

Las palabras nacen, se desarrollan, alcanzar un momento de apogeo y mueren. Se ha escrito que la palabra traducir sustituyó enseguida a los otros términos a las cuales el autor de este libro del cual se ha sacado la reseña se viene refiriendo. Pero como mostró con estas calas, las palabras referidas a traducir no desaparecieron enseguida, al menos en algunas lenguas, sino que continuaron usándose. La aparición de este término mostraba una actitud diferente ante el fenómeno de la traducción. Sin embargo su implantación y consolidación no fue inmediata en toda la Romania.
El hecho de que el transfert lingüístico comenzara a designarse por un término nuevo y único, indica un cambio a la hora de percibir este y otros actos de la escritura. Los responsables fueron algunos intelectuales entre los que destaca Leonardo Bruni. Ni que decir tiene que el vigor del humanismo arrinconó los otros términos mucho antes en Italia que en España. Traslatare era ya un arcaísmo en la Italia del siglo XVI, cosa que no sucedió con el trasladar castellano.
Encontramos por primera vez traducere con el significado de traducir en una carta que escribió Leonardo Bruni el 5 de septiembre de 1400. Junto al verbo también el sustantivo traducido. Después de Bruni, el neologismo fue utilizado por otros humanistas como Sabbadini. Se ha insistido muchas veces en que el término traducción proviene de un error de traducción. La idea es que traduco no significó exactamente «traducir», hasta que un error de Bruni le atribuyó este significado.
Después encontraremos estos términos en Tommaso Benci, Vespasiano de Bisticci, Cristoforo Landino, etc. El término se impuso, entre otras razones, por la enorme influencia de los humanistas italianos en la moderna concepción de traducir en la cultura europea. De Italia, el término se extendió a otras lenguas. En castellano parece que “traducir” apareció a mediados el siglo XV
“Traducir” es una palabra muy extendida, en el siglo XVI y se da como moneda corriente en los siglos XVII y XVIII. Lo encontramos en Don Quijote. En el siglo XVIII encontraremos ejemplos en todos los géneros y materias. El Teatro crítico de Feijóo y en los Sueños morales de Torres Villarroel son unos ejemplos buenos para el tema que se está tratando.
En el Vocabulario d Góngora de Alemany leemos que traducir tiene tres acepciones: «Llevar, conducir de una parte a otra, transportar, como el traducere latino; hacer pasar a través; y hacer pasar de un estado, situación o lugar a otro».

5. UNA NOTA SOBRE LAS CONSTRUCCIONES BIMEMBRES.

No es frecuente que en los prólogos mencionados aparezcan dos términos relacionados con la actividad de la traducción y unidos por la conjunción copulativa. Me refiero a parejas como transferida e transportada¸translater et exposer, traduxo y comentó, reduzir e glosar, trasladar e ayuntar, declarà e arromança, trasladar e glosar.
Rafael Lapesa señaló que en el tránsito del español medieval al clásico, la prosa buscó amplitud y un desarrollo reposado de las ideas, de ahí que las repita con términos equivalentes. Entre los ejemplos que citaba merecen recordarse el Prohemio e Carta al Condestable de Santillana o el Oracional de Alfonso de Cartagena, y señalaba que el paralelismo entre los miembros del periodo se subraya a menudo con semejanzas de sonidos o formas gramaticales al final de cada cláusula, dando al estilo carácter cercano a la prosa rimada (Lapesa 2005: 269). Por su parte, Margherita Morreale ha destacado en sus estudios sobre algunos autores del cuatrocientos español que uno de los rasgos más notables de su prosa es la construcción de periodos complejos, excesivamente simétricos y llenos de sinónimos innecesarios. La presencia constante de parejas como las señaladas puede que se deba en parte, y sobre todo en el siglo XV, a la tendencia que apuntaban Lapesa y Morreale. Pero también consideró que la pareja de términos nos habla en ocasiones de dos actividades distintas, y no sólo un latiguillo estilístico.
Traducir y comentar eran considerados como actividades que iban a la par, y no se debería desvincular esta tarea de traducir y comentar tantas veces recordada en los prólogos, con la práctica de la escritura. No olvidemos que traductores (y compiladores) reorganizaban los textos, y lo dividían y subdividían en cláusulas y capítulos. Este charculage, decía Bérier, se hace necesario. En el fondo, el trabajo de la ordinatio es una gran glosa al texto, pues la organización de la obra en capítulos es una propuesta sobre cómo debe leerse el contenido.

6. ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES Y UNAS PROPUESTAS DE TRABAJO.

La concepción del acto de traducir, la clase de trabajo que se esperaba del traductor, las poéticas de la traducción, los condicionantes ideológicos, la influencia de la lengua de origen y las capacidades de la de llegada, así como la preparación del traductor, no son elementos independientes, sino relacionados, y todos tienen que ver con la creación y el uso de tantos términos. Por otro lado, las circunstancias y los procedimientos a la hora de traducir complementan aquellos factores y añaden más variables: se tradujo palabra por palabra, según el sentido, se tradujo del latín a las lenguas románicas y entre lenguas románicas, se tradujo versiones intermedias, incorporando glosas o pasajes de comentarios, etc. Y sabemos, por lo demás, que las llamadas traducciones son a veces resúmenes, amplificaciones, adaptaciones, remaniements, que no responden fielmente al texto que se traduce. Así las cosas, no debe ofrecerse una explicación simplista de las palabras que se refieran a un acto complejo. A veces, los rasgos semánticos que diferencian las palabras se superponen y provocan un cambio de significado. La designación que atribuía a interpres y la condición del traductor oral, por ejemplo se trasladó, con nuevos matices, a la operación escrita.
Los investigadores han hablado de traducción vertical frente a traducción horizontal, distinción clara en el plano teórico, pero que en la práctica ofrece algunas dificultades, porque no es posible diferenciarlas claramente. En el caso de la traducción entre lenguas vulgares, más que de traducción debería hablarse a veces de transposición verbal o de versión adaptada a otra lengua, pues comparte estructuras sintácticas y numeroso significantes comunes al no haber fronteras lingüísticas nítidas.
Hay que tener además en cuenta que el acto de copia, de trasladar un texto de un manuscrito a otro no era una actividad mecánica. Está sobradamente demostrado que los encargados de transmitir el saber escrito, amplificaban, suprimían y cambiaban de orden párrafos y hasta capítulos completos de las obras que tenían delante como dijimos anteriormente. Además, el acto de traducir hasta el siglo XV formaba parte de un amplio conjunto de actividades relacionadas con la escritura, de las que la traducción era una más, pero que no se diferenciaba completamente de las restantes. El trabajo con los textos consistía, esencialmente, en comentar otros ya existentes, y estas operaciones favorecieron la existencia de un término único. Nosotros designamos la traducción con un único término, pero en la Edad Media, la actividad traductora no tenía rostro propio ni nombre único, porque no era una sola tarea, ni la noción de fidelidad era la misma que la nuestra. Nosotros diferenciamos entre traducción y adaptación, pero durante siglos no fueron tareas separadas ni diferentes. Tampoco debe olvidarse que el traslado de una lengua a otra variaba según los géneros y según el valor otorgado a los textos. De acuerdo con ello, tampoco se traducían de la misma manera textos filosóficos o históricos que textos de ficción.
Los hombres de letras que tradujeron textos del árabe al latín en distintas ciudades de la península, consideraban que su tarea era un medio para acceder al saber científico y filosófico heredado.
Aunque se ha hablado de una escuela de traductores toledanos, no debemos entender por escuela un definido grupo de trabajo formado por letrados que siguieran los mismos procedimientos y compartieran los mismos principios a la hora de verter textos árabes al latín. Unos traductores trabajaron solos, otros con la ayuda de un compañero de fe, otros con un intérprete en lengua vulgar que actuaba de intermediario entre árabe y latín.
Por todo esto debemos saber que no siempre es posible relacionar un verbo con una clase de actividad, de suerte que siempre que aparezca se refiera a la misma.
Por último, cabe recordar, finalmente, que el parecido entre las expresiones referidas a la traducción en las lenguas románicas no es sorprendente. Al venir del latín y seguir un proceso evolutivo no es muy distinto, no es raro que los significantes sean parecidos, pero esta explicación no es suficiente, debe investigarse si el motivo por el que se usan estas palabras deriva, además, de la difusión y lectura de traducciones (y de sus prólogos) en toda la Romania.
Se trataría de saber cómo y cuándo van apareciendo estos verbos en las diferentes lenguas, si provienen de copiarse unas a otras, etc. Se trata de una investigación comparada en el marco de la filología románica.
“Traducir” significa cierta clase de movimiento, de llevar el significado de un lugar a otro y, en ocasiones, de arroparlo con glosas y comentarios. Debe recordarse también que muchos de estos términos son polisémicos. Sacar, mudar o trasladar significan más cosas además de traducir. Al ser la traducción una actividad relacionada con otras muchas, no es extraño que se acudiera también a otros términos para referirse a ella, comparar la idea de traducción que tenían los traductores y pensadores, con el significado de las palabras que utilizaron en el camino que merece la pena recorrer… La historia de estos términos revelará aspectos de la literatura y de la cultura que otras historias no han tenido en cuenta.

Conclusión

Tras lo anteriormente expuesto podríamos sacar como conclusión que la lengua varía de una época a otra y con ello sus significados. Hemos visto que la tarea de los hombres de letras que se dedicaban al término actual llamado traducción no sólo hacía una función sino que eran varias las que se unían en el oficio. Cabe recalcar que la traducción tenía varios tipos para llevarse acabo y que en ese término se unía la tarea de reducir, suprimir, incluso ampliar el texto original y que a veces no se llegaba a dar con un parentesco realmente notable por la falta de conocimiento del traductor acerca de la lengua del texto. Le damos entonces gran importancia a la traducción por su papel fundamental en la historia ya que, gracias a esta tarea, hemos conseguido recoger y conocer textos escritos anteriormente y se seguirá realizando la labor durante los demás siglos, entendiendo y apreciando la cultura de otros lugares, su literatura, etc
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