Traducción y censura inglés-español: 1939-1985

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Autor: Rosa Rabadán
Editorial: Universidad de León
Año de publicación: 2000
País: España
Idioma: Español
ISBN: 84-7719-920-5
Número de páginas: 346 pp.

Por Marina Fuentes

INTRODUCCIÓN


La intención de este libro es dar a conocer el proceso de investigación llevado a cabo por un equipo de la Universidad de León. El texto refleja los resultados obtenidos en el estudio preliminar de diversos factores que incidieron en la práctica de la traducción y la actuación de la censura durante el tiempo en que España estuvo gobernada por el régimen franquista y hasta la desaparición de los distintos mecanismos de control que se utilizaron (1939-1985).
Esta obra es el producto del trabajo de varios investigadores actuando Rosa Rabadán como editor literario.

RESUMEN


La labor llevada a cabo por este grupo de profesores de la Universidad de León, nos aporta datos suficientes para lograr una mejor comprensión del funcionamiento de la traducción y censura de teatro, cine y diversos textos narrativos en la España franquista. A lo largo del trabajo se describe la actividad traductora y la labor de los distintos órganos encargados de la censura en un periodo político, histórica e ideológicamente bien definido.

El trabajo realizado se encuentra dentro de un proyecto más ambicioso que permitirá desentrañar las prácticas traductoras en España, su influencia en distintos ámbitos y las posibles consecuencias de dichas prácticas sobre los modelos de traducción.

La labor preliminar se desarrolla a partir de datos obtenidos de la base del proyecto TRACE (acrónimo de traducciones censuradas) cuyo principal objetivo es el estudio de las practicas traductoras durante los casi cuarenta años de dictadura franquista. Este primer acercamiento se restringe a textos en lengua inglesa, esto es debido por un lado, a la escasez de recursos y por otro, por ser este tipo de textos los más numerosos.

El trabajo del TRACE es un fiel reflejo del mundo literario de la época, permite observar los cambios y la paulatina evolución del régimen hasta posiciones más moderadas.

En este volumen aparecen detallados .los pasos que se han seguido para poder realizar un estudio pormenorizado de la incidencia de la práctica de la traducción y la actuación de la censura en tres ámbitos distintos: el cine, el teatro y la narrativa.

En un principio los investigadores nos dan a conocer la metodología de trabajo que les va a permitir alcanzar los objetivos propuestos. Dicha metodología se puede resumir en tres pasos: recopilación de datos, análisis de los mismos y formulación de un modelo teórico de traducción.

Hasta ahora, según se indica, este estudio solo comprende la primera fase, es decir, la compilación de datos; organizando los mismos en tres subgrupos: cine, teatro y narrativa.

Como paso previo se identifican los mecanismos de control que dieron lugar a este tipo de actuaciones en el cine y en los textos literarios: el proteccionismo y la censura externa, tanto la eclesiástica como la oficial. En lo referente a la censura externa se analiza la evolución de los distintos órganos creados para llevar a cabo esta labor, diferenciando las distintas etapas, más o menos permisivas, a lo largo de los años de pervivencia del régimen franquista.

Una vez identificados los mecanismos, comienza la labor de recopilación de datos procedentes de la actuación de los encargados de las censura. Estos datos están recogidos generalmente en distintas fichas tipo procedentes, como se ha comentado anteriormente, de la base de datos TRACE.

Una primera valoración de los datos obtenidos, permite a los investigadores observar la incidencia que tuvieron estos mecanismos de control sobre la producción española en los tres ámbitos antes reseñados.

En diferentes anexos se recogen los modelos de fichas utilizadas en la recogida de la documentación necesaria, para que los órganos encargados de la censura, permitiesen la exhibición o distribución de los distintos materiales elaborados. Igualmente podemos comprobar analizando algunos ejemplos de estas fichas, pertenecientes a obras concretas, los cambios que se debían producir en las mismas para obtener las pertinentes licencias para su divulgación.

En un último apéndice se hace un recorrido histórico sobre la censura que nos permite darnos cuenta de que esto es algo inherente al ser humano y que, con distintas intenciones, se viene observando desde la aparición de los primeros escritos.

Finaliza el trabajo con una amplia bibliografía y anexos documentales que posibilitarían la ampliación de conocimientos sobre la censura y la traducción, en general y las prácticas de estas disciplinas durante el periodo franquista, en particular.

COMENTARIO


Situación inicial


Aunque el trabajo de investigación que se refleja en este libro abarca apartados como la explicación de la metodología utilizada, datos obtenidos, anexos documentales o diferentes estadísticas, voy a intentar centrar este comentario en la actuación de la censura y la influencia que esta tuvo, sobre la traducción de los diversos materiales importados para su divulgación, en la España gobernada bajo el régimen dictatorial del general Franco.

Los intercambios de producciones literarias y de otras manifestaciones artísticas entre distintas sociedades son bastante frecuentes, es parte del dinamismo cultural que se presupone debe caracterizar a cualquier comunidad desarrollada. A lo largo de la historia, la literatura y el cine español han recibido influencias de otras culturas que han dejado su huella en nuestra producción. Este hecho es claramente visible en los años posteriores a la guerra civil española. Tras la contienda, la industria cinematográfica queda totalmente desmantelada y en cuanto a la producción literaria, muchos de los intelectuales, o han muerto, o deben abandonar el país rumbo al exilio al haber apoyado la causa republicana. Esto provoca un grave descenso de la producción nacional que se solventará con la importación de obras procedentes del exterior, especialmente de países de lengua inglesa.

Durante los casi cuarenta años que España estuvo gobernada por el régimen del general Franco, todas las manifestaciones culturales y artísticas estuvieron estrechamente supervisadas por las juntas de censura, comités integrados por representantes de la iglesia y del estado. El control sobre todos los soportes de difusión del pensamiento es especialmente riguroso, velando el estado por la integridad política, moral y religiosa de la sociedad española de la época. El estado decidirá sobre lo que los españoles pueden ver, leer o escuchar, evitando todos aquellos mensajes que puedan ser contrarios a los principios ideológicos fundamentales del régimen. En términos generales, la censura examinó parcelas potencialmente agresivas como podrían ser: la moral sexual, el uso adecuado del lenguaje, la religión católica o la política del Régimen. Estas premisas hicieron que ante la necesidad de importar obras se recurriera a los textos ingleses, a diferencia de lo que había ocurrido hasta entonces que la referencia habían sido las obras francesas, debido a que con este último país las relaciones diplomáticas no pasaban por su mejor momento. Por otro lado, las obras inglesas que se traducían no eran las del momento, sino la típica novela victoriana que estaba más de acuerdo con la ideología del régimen, al presentar dentro de su trama, modelos familiares compatibles con las ideas que pretendían imponer la autoridad.

La actuación de los mecanismos de control se puede resumir brevemente en la reflexión que la escritora y editora catalana, Esther Tusquets, hace refiriéndose a la intervención de la censura sobre las traducciones:

“(…) los libros se enviaban entonces obligatoriamente a la llamada ‘censura previa’, a Madrid. Te los devolvían aprobados, rechazados, o, lo que en el caso de las novelas era muy frecuente, más o menos mutilados (…)”

“Tal vez no fuera muy honesto ofrecer al público obras incompletas y alteradas, pero, de no hacerlo así, la mitad de la literatura que se publicaba en el mundo hubiera quedado inédita en castellano o, nos hubiera llegado clandestinamente, como ocurría con frecuencia, de América Latina. Así pues, a menos que las supresiones fueran brutales, nos doblegábamos a la más o menos caprichosa decisión del censor de turno (…)”

“(…) El franquismo nos arrastró a todos —escritores, periodistas, editores— a la sórdida perversión de autocensurarnos”. (TUSQUETS, Esther, 2005, p. 59-72.)

Traducción y censura


Traducción y censura actuaron unidos manipulando y controlando el discurso a favor del poder totalitario. La traducción al servicio del régimen coopera con éste legitimando actitudes propias de la dictadura. Salvo excepciones, la manipulación del lenguaje es a menudo tan difícil de percibir que lo que los receptores veían o leían era considerado por ellos como el propio texto original. Por otro lado, la carga ideológica que se vertía no era demasiado evidente, se tenía muy en cuenta la premisa de que una ideología es tanto más efectiva cuanto menos se note su presencia en el lenguaje.

Tras la lectura de este trabajo es fácil deducir que el proceso que sufrieron muchas de las producciones que aparecen en las fichas de datos del proyecto TRACE, fue algo más que una mera labor de traducción; el trabajo de trasvase entre lenguas continuó con una posterior adaptación. Muchas de estas obras se nacionalizan de tal manera que la cultura española se apropia totalmente de ellas. Es el caso que afecta sobre todo al teatro donde la manipulación es tal que el público adoptará muchas de estas obras como si fuesen de producción nacional. Sirva como ejemplo La tía de Carlos, original de Brandon Thomas, según los investigadores es el caso más claro de apropiación por parte del sistema cultural español de una obra extranjera. Al parecer, esta obra está tan versionada y fue tantas veces representada que llega a desaparecer el nombre de Brandon Thomas, cediendo la autoría de la misma a su primer traductor, Pedro Gil, e incluso al popular actor de los años setenta y ochenta, Paco Martínez Soria que realizo una versión para las pantallas cinematográficas.

Otro ejemplo de adaptación o manipulación del argumento, en este caso a través del doblaje de los diálogos al castellano, se puede encontrar en la película Mogambo. Esta obra se centra en la relación extramatrimonial entre una mujer casada que viajaba con su marido por África y el guía que les acompaña. El aparato censor de la época consideró que no se podía exhibir esta relación adultera, modificando a través del doblaje, el argumento y convirtiendo a la pareja de casados en hermanos. De esta forma se evitaba el adulterio. Lo curioso del caso es que como la relación entre hermanos se mostraba excesivamente cercana y cariñosa rozaba el incesto.

Llegados a este punto, creo conveniente que debemos saber diferenciar ambos tipo de actuaciones, adaptación y traducción, que en muchos casos han ido unidos. Para que la diferenciación quede totalmente clara, podemos recurrir a la siguiente definición de traducción de un texto dramático:

“conjunto de fases sucesivas de una operación lingüística, determinada por factores históricos y sociales, que consiste en transferir el material lingüístico-textual de un TO, codificado en una LO y perteneciente a un polisistema origen, a un TM, codificado en una LM, que pertenece a otro polisistema en el que funciona de manera autónoma manteniendo el valor comunicativo básico del TO a la vez que se representan las reglas y normas del polo meta y se satisfacen las expectativas de los lectores meta. (RABADÁN, Rosa, 1991, p. 298)

La definición paralela de adaptación sería:
“conjunto de fases sucesivas de una operación lingüísticas, determinada por factores históricos y sociales, que consiste en transferir el material lingüístico-textual de un T, codificado en una L y perteneciente a un genero, medio, espacio o tiempo origen, a un TA codificado en la misma L, que pertenece a otro género, medio, espacio o tiempo en el que funciona de manera autónoma manteniendo el valor comunicativo básico del T a la vez que se representan las reglas y normas del género, medio, espacio o tiempo meta y se satisfacen las expectativas de los lectores meta”
(MERINO ÁLVAREZ, Raquel: Traducción, adaptación y censura de productos dramáticos. En: CHAUME, Frederic y AGOST, Rosa (eds): La traducción en los medios audiovisuales., 2001. p. 233)

Como se puede deducir de estas definiciones ambos procesos comparten similitudes, pero se diferencian en el carácter interlingüístico de la traducción, carácter no compartido por la adaptación dado que esta se da dentro de la misma lengua y sería un proceso intralingüístico. Al parecer este tipo de actuaciones fueron muy comunes a fin de que las obras importadas obtuviesen los pertinentes permisos de divulgación.

Ante el éxito que supuso el modelo de obras traducido, en general de fácil lectura y muy del gusto popular, aunque no siempre con una calidad contrastada, se recurrió, en parte para abaratar costes pues se ahorraba la remuneración para el traductor, a la pseudotraducción. Estas traducciones ficticias, se correspondían con obras de autores españoles que utilizaban pseudónimos con fonética anglosajona para aprovechar la popularidad de este tipo de obras entre el público español. Este hecho se dio tanto en la novela, como en el cine y en el teatro.

El hecho complicado de que los textos traducidos reflejen la cultura de llegada, provoca en las sociedades con tradición traductora la introducción de nuevos modos textuales, lingüísticos y culturales. Para evitar este trasvase se recurrió a las falsas traducciones, por un lado se conseguía credibilidad en la obra al provenir teóricamente de una cultura más prestigiosa y por otro, se podían representar los modelos que resultaban más interesantes para el régimen.

La manipulación de producciones procedentes del exterior a favor de la ideología imperante es algo evidente, las traducciones se hacen con fines propagandísticos. Se intenta representar un sistema ideológico concreto para apoyas las ideas del régimen. Por otro lado, esta actuación también puede tener una visión algo más positiva. La importación de material extranjero, aun adaptado, posibilitó el acceso de los españoles a nuevas identidades culturales, una forma de acceder a nuevos discursos, contribuyendo a cambiar el panorama español y a moderar el discurso ideológico del régimen fascista. Fue una forma de asomarse al exterior en unos momentos en que España apenas mantenía relaciones con otros países. Esta perspectiva fue más clara a partir de la aprobación de ciertas obras para un limitado número de representaciones en salas especiales, de esta manera se permitió la divulgación de obras en algunos casos moralmente subversivas. Se puede decir que en algunos momentos la traducción llegó a ser conservadora e innovadora a la vez.

Seguramente la intimidación que supuso el ejercicio de la censura durante el franquismo explica por qué hasta finales de los setenta las traducciones hechas en España no gozaban del mismo prestigio que las que se hacían en otros países europeos como Alemania, Francia y el Reino Unido o en México y Argentina. Este desprestigio no sería atribuible a la labor de los traductores, dado que partían de unas premisas que no les permitían actuar con libertad en el proceso de traducción.

Los traductores


Cuando analizamos el trabajo del traductor, lo primero que debemos tener en cuenta es que éste realiza su labor bajo la influencia de un contexto histórico, social, político e ideológico muy determinado. La posterior supervisión de la censura obliga a que los profesionales de la traducción sustituyan o eliminen todo aquello que puede parecer incorrecto dentro de las directrices del régimen.

En general, el trabajo de traducir era realizado por personas que, o bien estaban de acuerdo con la ideología del régimen, o este trabajo remunerado suponía una fuente de ingresos extra a sus escasos salarios. Muchas de las personas que se dedicaron a esta labor fueron intelectuales represaliados que tuvieron que recurrir a esta actividad como única forma de supervivencia, ya que se les denegaba el acceso a otro tipo de posibilidades. Esto no quita que muchos intelectuales denunciaran la banalización de la práctica de la traducción y lucharan por realzar la labor creativa que implica la traducción literaria hecha por profesionales comprometidos.

La legislación vigente supuso un sobreesfuerzo para el traductor de la época, a la necesidad de traducir se unía la obligatoriedad de que el trabajo fuese lo más fiel posible al original pero sin entrar en conflicto con la ideología del régimen. Debido a ello, muchos de los autores, traductores y adaptadores, hicieron un uso sutil de la autocensura, sabedores en muchos casos que el texto que se iba a presentar a las autoridades para su aprobación, podría no ser aceptado. La mayor parte rescribieron sus trabajos de acuerdo a reglas no escritas para poder pasar los correspondientes filtros de la censura. En muchos de los casos los traductores intentaban llegar al límite de lo que podría ser permitido por la junta censora, por lo que en ocasiones fueron la avanzadilla del progreso en su la lucha por evitar la censura. Los traductores intentaron que los censores fueran más receptivos hacia las obras que provenían del exterior, sobre todo, una vez que la influencia de la iglesia en la práctica de la censura fue disminuyendo. Desde este punto de vista, la traducción jugó un papel en el impulso y creación de cultura en la etapa franquista.

En algunos casos se recurrió a la pseudotraducción como defensa frente a la censura del autor o del texto, ya que era una forma de que personas proscritas pudieran publicar su trabajos, así, gran parte de ellos pudieron ganarse la vida con esta actividad. Por otro lado, muchas de la decisiones acerca de autorizar las publicaciones dependían de la opinión de los censores sobre el autor y su obra, por no hablar de la posible fama que tuviera el escritor y la ideología que representara.

Si dejamos aparte las cuestiones ideológicas, la labor de los traductores fue encomiable al conseguir que el producto llegase al receptor de modo natural. De esta forma la cultura meta llego a familiarizarse de tal manera con el estilo de vida norteamericano que en muchos casos se tomo como modelo al que muchos españoles soñaron con llegar a acceder. La traducción fue mucho más allá de un mero intercambio lingüístico. El encuentro entre culturas se llevo a cabo en un punto intermedio para conseguir el acercamiento entre ambas. No solo se transmitieron contenidos de tipo lingüístico, sino también ideológicos y culturales.

CONCLUSIÓN


Desde el punto de vista de todos aquellos que nos preparamos para desarrollar nuestra labor en el mundo de la traducción, la parte más interesante de esta labor de investigación se verá cuando tras el análisis de la abundante documentación recogida, se puedan describir y explicar las normas que rigieron el comportamiento de los traductores, así como, el funcionamiento de sus producciones en la sociedad española durante los años de gobierno del general Franco.

Tras la lectura y análisis del trabajo se puede observar claramente que algunas de las consecuencias de la actuación de la censura franquista se reflejan en el panorama español actual. Aunque estemos en desacuerdo con la falta de libertad de expresión, hemos de reconocer que esto obligo al desarrollo de una importante industria de doblaje que seguramente estará entre las mejores del panorama mundial. Recordemos la prohibición de toda proyección cinematográfica que no estuviera doblada al español. Esta circunstancia también tiene su lado negativo, debido a que las producciones internacionales son rápidamente dobladas al español y con una calidad contrastada, el nivel de bilingüismo en España es francamente bajo. En la mayor parte de los países sin tanta tradición en el doblaje, el consumo de producciones en lenguaje original provoca un conocimiento bastante aceptable de la lengua de origen de la obra.

Se sabe por experiencia que los criterios de traducción deben ser distintos según la naturaleza del texto, no es igual traducir un texto científico que una obra literaria donde también se plasma el alma del autor. Si hay un área que exige una peculiar sensibilidad de los profesionales es la de traducción de textos para doblaje de películas cinematográficas, se puede decir que esta disciplina está a caballo entre la interpretación y la traducción. En este campo podemos encontrar numerosos errores de traducción por desconocimiento del entorno cultural. Por ejemplo fallos en la transcripción de títulos de películas como es el caso de la película Someone flew over the cuckoo's nest, traducida al español como Alguien voló sobre el nido del cuco. El error de la traducción ocurre porque "a Cuckoo's nest", que en inglés quiere decir más o menos "jaula de locos", es decir se alude a un manicomio, en español carece de sentido. La traducción literal estaría bien hecha pero no se transmite el sentido que tiene en su lengua original. El mismo caso se puede observar en la película La naranja mecánica, este título carece de sentido si no se conoce la expresión “he is queerer than a clockwork orange” que en español podría ser algo así como “es más raro que un perro verde”. Si conocemos el dicho, el título adquiere coherencia una vez conocidas las peculiaridades del protagonista de la película. En la traducción para el doblaje de películas, además del conocimiento cultural, se debe de tener en cuenta el contexto, el entorno en el que se desarrolla el texto, todo enunciado se entiende de acuerdo con su entorno. Este contexto puede ser paralingüístico, es decir, el conjunto de signos no lingüísticos que acompañan a la palabra: gestos, tono de voz,...

De la forma de concebir la traducción en los tiempos de la dictadura franquista y con los conocimientos actuales, podemos extraer una serie de conclusiones. Debemos entender la traducción como un acto de comunicación intercultural, de esta forma partiremos de la base de que la realización de un mero trasvase de una lengua a otra es insuficiente. Los textos no son algo espontáneo, se elaboran con material de la tradición cultural y textual en que se insertan, por lo cual se hace totalmente necesario no solo conocer la lengua de procedencia sino también el entorno cultural en el que se desarrolla. Por ejemplo, si a un camarero en Estados Unidos se le pide un “BLT” rápidamente se dará cuenta de que le están pidiendo “bacon, lettuce and tomato”, pero es posible que esto pase inadvertido para un posible traductor que desconozca la realidad cultural norteamericana. Debido al desconocimiento de las culturas de origen, muchos traductores introducen en otros idiomas expresiones incorrectas e innecesarias o pasan por alto giros y referencias culturales.

La complejidad del proceso de traducción hace que el traductor que se establezca como mediador cultural no abarque completamente dicha labor. Realmente la labor del traductor consiste en algo más que producir un traslado adecuado (trasladar ideas de un texto a otro, o de una cultura a otra). El traductor tiene que llegar a ser capaz de producir ese traslado y convertirlo en una construcción, debe participar activamente en la construcción de un nuevo texto. Si la traducción se hace por profesionales comprometidos, en muchos casos escritores reconocidos, la literatura debería guardar una parte a las producciones traducidas, algo que no siempre se valora en su justa medida.

Para finalizar, de la lectura del texto podemos obtener una serie de enseñanzas que pueden ser muy útiles para los estudiantes de traducción. En primer lugar el aspirante a traductor debe tener en cuenta la importancia de su papel, ser consciente del legado que recibe de otros muchos traductores que, se responsabilizaron de transmitir la palabra y la cultura en épocas anteriores y que permitieron el uso de esos conocimientos para el avance de la humanidad. El no entender en este sentido esta labor lleva a muchos traductores a tenerse como simples portadores de noticias, meros transcriptores de mensajes más o menos necesarios, cuando realmente este trabajo debe ir más allá para lograr que el texto adquiera un sentido real y verdadero. Tan importante debe ser para un traductor el dominio de las lenguas como el de las culturas de referencia. Solo el conocimiento de la cultura original y la destinataria puede ayudarnos a resolver las dudas que surjan a la hora de traducir y no caer en paupérrimas traducciones que comprometan su finalidad.

El hecho de que casi cualquiera que haya hecho un par de cursos de diferentes lenguas extranjeras se atreva a querer traducir es un factor determinante que deben provocar en nosotros una reflexión, el entender que la traducción de un texto es algo más que una simple transcripción de frases, que nosotros mismos nos demos cuenta que traductor no es cualquiera y, mucho menos, buen traductor. Entender, en definitiva, que la traducción es un proceso complejo en el que el traductor tiene que estudiar el original y su contexto, prestando especial atención al momento histórico en el que se produce, la sociedad en la que aparece, la biografía del autor original y todos los factores que lo rodean. Esto quiere decir que con sólo conocer con rigor la lengua y su funcionamiento no se es buen traductor, por ello los estudios especializados de la traducción se han desarrollado tanto en estos tiempos. No basta con el simple conocimiento de la lengua de origen, en ese caso hasta las traducciones a través de un ordenador, con todos sus errores, podrían ser suficientes.

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