EL REVÉS DEL TAPIZ
Traducción y discurso de identidad en la Nueva España (1521-1581)





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Autor: Gertrudis Payàs Puigarnau
Editorial: Parecos y Australes
365 páginas
Año de publicación: 2010
País: España
Idioma: español
ISBN: 978-84-8489-530-5
Por Mª Cruz Bueno Redondo
INTRODUCCIÓN
El objetivo del libro es explicar cómo la práctica de una escritura interlingüística, la traducción, está presente en la creación y continuación de un discurso identitario a lo largo de todo el periodo colonial. El periodo novohispano fue un tiempo en el que las poblaciones autóctonas fueron desplazadas y diezmadas, se mezclaron, biológica y culturalmente, con europeos y africanos así como con otros pueblos. Crearon nuevas formas de vida y de pensamiento. Con el tiempo surgió un sentimiento identitario. En las traducciones se verá este sentimiento, en ellas está la huella de la interpenetración de culturas, y se aprecia el carácter singular de la nación, su antigüedad y su prosperidad, así como su riqueza intelectual y material.
Cuando los españoles llegaron a México en el siglo XV, existían una gran variedad de pueblos que hablaban diferentes lenguas. Con las migraciones disminuye en gran medida la población, y esto hace que tanto lenguas como dialectos autóctonos desaparezcan. La lengua náhuatl fue expandida por los mexicas. Los colonizadores la asociaron con el latín, hasta que se impuso el español como lengua nacional, lo que fue un error si tenemos en cuenta la distancia existente entre la colonia y su metrópoli.
En un principio eran los encomenderos los encargados de educar y enseñar la lengua a los indios, pero como esta norma no era llevada a cabo, la educación pasó a estar bajo la tutela de las órdenes monásticas, lo que acarreará varios conflictos.
LA HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN Y LA CUESTIÓN IDENTITARIA: APROXIMACIONES METODOLÓGICAS
Cuestiones disciplinares
En 1980 la traducción se convierte en un fenómeno cultural sin tener en cuenta las lenguas ni la calidad del resultado. Se descubre que las traducciones pueden estudiarse social e históricamente, así como las relaciones intertextuales, la relación entre la traducción e identidad y la relación entre la traducción y la alteridad. Este estudio contribuye al enriquecimiento de nuestras bases teóricas, ligadas a la crítica textual, la filosofía y las ciencias sociales. Los conceptos de la sociología han encontrado eco en los estudios de la traducción al explicar las normas por las que se rige el traductor. La globalización de la traducción y su historia se han convertido en características de los nacionalismos que a lo largo del tiempo han ido creando diferentes identidades.
Traducción, lengua, nación
Según la Biblia, en su parábola de la Torre de Babel, la relación lengua-nación está establecida, las lenguas son las encargadas de determinar las naciones y no al revés, por ello el primer libro de una nación es siempre el diccionario, donde se fija la lengua y se convierte en ley. La lengua es una forma de identificación del individuo ligada a la política lingüística, a la política en sí, y al nacionalismo.
El problema del método
La historia de la traducción tiene que atender tanto a aspectos formales como de contenido, así como entender las funciones históricas que han desempeñado las traducciones alcanzando la creación de identidades. En México solo se conservaban dos archivos sobre la historia de la traducción: La Biblioteca hispanoamericana septentrional y La Biblioteca mexicana. Para organizar todo su contenido a través de un registro se orientó de tal manera que se entendiesen las funciones propias de las traducciones siguiendo unos criterios de clasificación.
IDENTIDAD UNIVERSAL: EL DISCURSO CATÓLICO
La trama traductológica
Se considera que el impulso religioso es quien motiva el interés lingüístico, pero en realidad existe una relación entre ambos ya que la descripción de las lenguas indígenas generó gramáticas y léxicos, gracias a los cuales se pudieron confeccionar los textos de doctrina que no siempre son traducciones puras. Los textos religiosos indígenas suelen proceder de modelos latinos. Tuvieron gran auge durante el período de catequización de indígenas y sufrieron un descenso en dos etapas, una correspondiente a la pérdida de influencia de los mendicantes, a finales del XVI y otra durante la expulsión de los jesuitas y la prohibición de lenguas indígenas. En cuanto a la composición la mayoría de estos textos son bilingües dispuestos en dos columnas en una misma página, aunque también los hay monolingües y multilingües. A veces en la traducción no se encuentra referencia de los textos originales. Como la mayor parte de la población indígena no podía leer, y ni siquiera estaba autorizada a poseer libros, los receptores de las traducciones eran los propios frailes o intermediarios indígenas que la leían e interpretaban oralmente.
La traducción fija la lengua receptora e indirectamente también la lengua emisora. Al mismo tiempo, realiza una comparación lingüística y cultural. Fijar y comparar capacidades es el trabajo del que se encargan las gramáticas y los vocabularios. Eso permitirá por una parte, la producción de textos en las lenguas indígenas para la administración de los territorios coloniales y, por otra, la traducción de materia de doctrina.
La trama traductológica fluctúa entre lenguas. No eran culturas las que se encontraban, sino fragmentos de Europa, de América y de África. Las transacciones tuvieron lugar durante las primeras décadas después de la Conquista, desde 1524, cuando llegaron los primeros franciscanos, hasta la gran epidemia de 1576-1579.

La cuestión de la inteligibilidad
La traducción fue posible una vez que se gramaticalizaron las lenguas y se estableció su léxico, en cambio la comunicación se dio naturalmente sin referencia a ninguna gramática o vocabulario. El esfuerzo se concentró en establecer el léxico y se elaboraron listas de palabras antes de pensar en ninguna organización gramatical. Además de gramáticas y léxicos se tradujeron libros de doctrina, textos de ciencia, literatura y pensamiento clásico.
Los textos empleados en lenguas indígenas para la evangelización se derivan de originales en castellano o en latín y el grado de evangelización no siempre está claro. La traductibilidad y recepción de los contenidos cristianos dependía del grado de inteligibilidad entre las dos culturas, sin duda, algo común para ambos era la experiencia omnipresente de lo sagrado. La mayoría de la población indígena interpretó la llegada de los españoles como algo perteneciente al ámbito de lo sagrado.
Sin embargo para la tradición dualista cristiana, basada en la dicotomía bien/mal, lo sagrado experimentado por los indígenas pertenecía al mal y debía ser erradicado. Para la tradición monista local, en cambio, lo sagrado traído por los españoles podía reforzar lo sagrado propio. Cerrar la brecha de las diferencias implicaba buscar equivalente para palabras esenciales como bien y mal, y para las categorías de pecado, infierno y paraíso, entre otras. La traducción fue uno de los terrenos en que se dio esta negociación.
Cambios en la subjetividad
Los confesionarios novohispanos son textos bilingües en dos columnas, a la izquierda el castellano y a la derecha la lengua indígena, elaborados por los frailes para su uso propio. Se trata de diálogos en los que el confesor pregunta los pecados en la lengua indígena y que sirven para guiarle en el orden que debe seguir el interrogatorio de la confesión. El método consistía en obligar al penitente indígena a verse como una entidad compuesta de dos partes contrapuestas: cuerpo y alma. El cuerpo, que tiende siempre al pecado y el alma, que está entrenada para controlar al cuerpo. El sacramento de la confesión era el único que requería una auténtica conversación y colaboración entre sacerdotes y fieles, era un diálogo que debía permitir la penetración del alma del penitente y la extirpación del mal.
Este mecanismo tenía por objeto infundir el sentimiento de vergüenza y culpabilidad en el penitente, a quien luego se conmina a arrepentirse de sus faltas. El confesor debía estar familiarizado con los tipos de pecados que generalmente solían aparecer, a fin de comprender las respuestas de los fieles. A falta de sacerdotes que pudieran confesar individualmente se llegó a pedir a la gente que llevara sus pecados pintados.
Es posible que los indígenas dieran al acto de confesión significados ajenos a los de los frailes, como pudiera ser una curiosidad genuina, una búsqueda de protección o un simple interés. Estaban en juego dos conceptos principales con sus respectivas traducciones: el concepto de pecado y el de penitencia, para los que no había equivalente directo en la lengua local. Concretamente, el pecado y el dolor de los pecados eran nociones no inteligibles, al igual que las nociones de atrición y contrición. Había que colmar estas lagunas tanto desde el punto de vista conceptual como lingüístico.

DE CATÓLICOS A MEXICANOS
Traducciones entretejidas
A medida que llegaban españoles nuevos, los porcentajes de mestizos y castas aumentaban. Toda la sociedad novohispana estaba en mutación: los descendientes de conquistadores perdían privilegios y la población mestiza superviviente trataba de acomodarse. El resto de trabajadores usaban cada vez más el castellano. La población indígena, diezmada y empobrecida, perdió la tutela de las órdenes mendicantes y se vio marginada, tanto social como geográficamente. Las gramáticas de este periodo colonial posterior se refieren a ellos como “pobrecitos indios” “ruda, ignorante y necesitada gente” distintos de “la gran nación”
El territorio se había unificado en cuanto a dos aspectos: las lenguas se habían sometido a un único sistema de escritura, una gramática y un código de comparación, por otro lado, la religión católica se había impuesto. Se legitimó una nueva identidad, una comunidad de conversos en la que los conquistadores y encomenderos tenían poca presencia. Esa identidad católica había demostrado su potencial en las traducciones y en la incorporación de símbolos y prácticas indígenas en los rituales y textos. Surgió así una Nueva España.

Las traducciones y los mitos fundacionales
Las autoridades coloniales fomentaron y pusieron en práctica una política de congregación de la población indígena. Así fue como, desplazados de su base territorial, huérfanos de sus familias diezmadas por las epidemias, obligados a dejar atrás a sus dioses protectores, estos supervivientes se mezclaron con gentes venidas de Europa, África. La nueva sociedad fue un movimiento hacia una cohesión social, en la que los individuos tuvieron que crear nuevas formas de comportamiento y de convivencia. Algunos de estos elementos fueron los recuerdos del pasado. La cohesión de mitos, tradiciones, rituales y cultos fue una tarea muy difícil en vista de las distintas procedencias de los individuos y de sus respectivos intereses y realidades, en ocasiones incompatibles.
Algunos intermediaros crearon reconstrucciones del pasado y las pusieron en circulación. Cuando la memoria a partir de la cual se reconstruía se conservaba en sistemas lingüísticos distintos, la presencia de traductores e intérpretes era imprescindible. Para la historiografía, la antropología y la filología estos textos son fuentes primarias portadoras de información sobre las culturas del pasado. Para los frailes reescribir la historia servía para dar testimonio de la providencialidad de la intervención misionera, en cambio, para los indios y mestizos sería una forma de sujetar el pasado que se les deshacía entre los dedos.
La traducción y la continuidad clásica
El latín, símbolo del pasado que los americanos no tuvieron, de la civilización que no conocieron, de la raza que no eran, se quiso enseñar y se enseñó. Había llegado con los frailes franciscanos, quienes, al fundar el Colegio Imperial de la Santa Cruz de Tlatelolco, expusieron como uno de los motivos de esta fundación que a partir del conocimiento de esta lengua y entendiendo la Sagrada Escritura la población se arraigase en la fe. Podríamos calificar este movimiento de vanguardista, ya que el latín les proporcionaría acceso al sacerdocio y al pensamiento europeo contemporáneo.
El consenso en torno a la Antigüedad y a las verdades universales, intemporales, que encarnan y transmiten las obras clásicas, hizo del mundo grecolatino un depósito inagotable de modelos para comprender y explicar el presente. Se podía recurrir a los clásicos para transmitir todo tipo de representaciones, siempre que fueran nobles y cristianas.
La traducción y la alta cultura moderna
Existieron una serie de traducciones por las que la cultura novohispana se representa como autónoma y a su pueblo como instruido, próspero y capaz de competir y dialogar con otros pueblos. Son traducciones que abarcan una amplia gama de géneros, tales como ciencia, historia, ensayo literario y otros. Esta producción está concentrada en la segunda parte del periodo colonial.
Reflejan un tipo de sociedad distinta, ya que las lenguas indígenas desaparecieron del ámbito de las traducciones y fueron las lenguas europeas las que pasaron a ocupar el lugar del latín. A partir de este momento, todo se tradujo al español. El clero remplazó a los mendicantes en calidad de traductores. La información geográfica y estadística, divulgada por medio de los recién creados “papeles periódicos” y el sistema escolar durante un periodo de prosperidad como el que se experimentó durante la segunda mitad del siglo XVIII, difundieron una idea de las dimensiones y del potencial económico de la nación.
Se entró en un periodo de afirmación de la conciencia nacional, caracterizada por la rivalidad entre criollos y peninsulares como refutación de la idea predominante en los círculos intelectuales europeos de que América era un continente en decadencia, cuyas poblaciones eran incapaces de progresar. La religión seguía siendo el eje de la sociedad colonial pero las traducciones y transcrituras ya no estaban destinadas a la evangelización de los indios, sino a promover la devoción general entre todas las clases sociales.
La traducción y la escritura de la historia
El problema que existía era la interpretación de las fuentes de la historia prehispánica y su validez como fuentes fidedignas que permitieran un conocimiento real del pasado prehispánico. Los primeros textos escritos en lengua indígena han adquirido el carácter de canónicos y como tales atrapados en una sola interpretación. Los intentos de romper ese monopolio por medio de otras traducciones despertaron profundos sentimientos de oposición. Al igual que pasa con las traducciones de los primeros textos, que están tan implicadas en la cuestión nacional que al intentar modificarlas, surgen acusaciones de antinacionalismo. Defender la autenticidad de los textos es defender una forma de entender el pasado.
CONCLUSIÓN
No hace falta saber el número exacto de traducciones que existieron ni la forma en que éstas fueron escritas para darnos cuenta de su relevante importancia dada la identidad nacional que habilitaron, no solo como traducciones en sí, sino atendiendo a otros aspectos, como la cultura, la sociedad, la política, la economía o la religión, donde encontramos parecidos y diferencias, no solo con nuestra época actual sino también entre los diversos pueblos de entonces, lo que pone cimientos al constante estudio del ser humano, de su razonamiento, y por supuesto de su lengua, el modo en que ésta se construye, las relaciones que damos entre palabras y conceptos, lo mucho que la necesitamos y lo mucho que dependemos de ella.
También es notable el papel del traductor, que tiene mucha responsabilidad. Él ha sido el encargado de llevar el entendimiento a muchas personas, pero también ha sido el encargado de modificar ciertos aspectos para, en ocasiones, evitar conflictos. Aquí podemos apreciar todo su poder, y lo mucho que puede o ha podido cambiar la historia con una acción tan diminuta como cambiar una palabra, o mismamente, una coma. A veces quizá para bien, otras quizá al contrario.
El período de colonización es un mero ejemplo situado en el tiempo y el espacio donde observamos todas estas facetas de la traducción, y una base o un capítulo más de su historia.
El título, El revés del tapiz es con lo que compara Don Quijote de la Mancha las traducciones de las lenguas vulgares, ya que en el revés del tapiz no se pueden apreciar ni los colores ni las figuras de la obra. ¿Será del todo cierto?