Terminología para traductores e intérpretes

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Autor/a/es: MONTERO MARTÍNEZ, Silvia y FABER BENÍTEZ, Pamela
Editorial: Editorial Tragacanto
Año: 2008
Granada
Idioma/s: Castellano
Nº de páginas: 258
ISBN: 978-84-936-780-0-5

Por Nicoleta León

Introducción

El punto de partida de estas dos autoras es un campo bastante amplio, el de la “Adquisición, documentación y gestión del léxico especializado para la traducción e interpretación” lo cual permite incluir contenidos y tareas que van más allá de lo meramente lexicológico y lexicográfico y que se aproximan a nuestro concepto de competencia terminológica, un módulo específico de la competencia traductora general.

Resumen

Durante mucho tiempo la terminología era considerada como el equivalente a jargón, es decir como el uso de palabras que nadie entiende y que tiene además una connotación negativa.
Hoy en día hay tres aceptaciones de esta palabra: la primera como una teoría que explica las relaciones entre los conceptos y los términos, una segunda como el trabajo de compilar, describir y presentar los términos y la tercera como el vocabulario propio de un dominio de especialidad. La mayoría de posturas coinciden en que la Terminología tiene un carácter muy marcado interdisciplinar y transdisciplinarmente y que tiene dos vertientes: una lingüística y la otra cognitiva.
A partir de los siguientes autores Lauren y Picht y Auger podemos afirmar que las corrientes terminológicas giran en torno a las grandes Escuelas de Viena (con Wuster), la de Praga (basada en las teorías de Saussure), la de Moscú (con Lotte y Capulygin), la de Canadá y el Circulo Nórdico. El objetivo común de estas escuelas era la mejora de comunicación especializada y además comparten postulados similares.
La terminología alcanza el estado de materia autónoma interdisciplinar con Wuster cuya labor estaba respaldada por organismos internacionales tales como la ISO. La orientación hacia la normalización lingüística y conceptual subyace en todas las escuelas mencionadas.
Cabré recoge una serie de reflexiones que constituyen el fundamento de la Teoría Comunicativa de la Terminología que se resumen en los siguientes puntos:
-la Terminología es una materia interdisciplinar cuyo objetivo es el describir formal, semántica y funcionalmente.
-los conceptos de un mismo ámbito especializado mantienen entre si relaciones jerárquicas como no jerárquicas.
-los términos pueden describirse como módulos de rasgos asociados a las unidades léxicas.
La corriente de la Lexicología Terminográfica apuesta por un modelo teórico unitario del léxico que integra palabras y términos que presupone que el conocimiento general y el especializado se hallan integrados.
Según Cabré (1999d) a la hora de hacer referencia a este tipo de actividad terminográfica, hay que matizar las diferencias existentes entre conceptos tales como: i) prescriptivo/normalizador y normativo/estandarización, por un lado; y ii) unificador y armonizador por otro.
La gestión sistemática de la terminología suele desempeñarse por teminográfos, lingüistas y especialistas. Bajo este enfoque se incluyen los trabajos de tipo prescriptivo y descriptivo desarrollados por comités, organismos terminológicos y gubernamentales con distintos objetivo.
Por otro lado, en la gestión terminológica ad hoc, en la mayoría de los casos el terminográfo ad hoc se corresponde con el usuario final.
Establecer una distinción entre “palabra” y “término” supone la diferencia entre “lengua general” y “lenguaje de especialidad”. Esta doble dicotomía se justifica desde los planteamientos wusterianos. Desde esta perspectiva, el uso de la terminología se considera el elemento diferenciador clave entre los profesionales de ese ámbito.
Desde el punto de vista del sistema expresivo al que pertenecen, se puede hablar de unidades lingüísticas o no lingüísticas. Las primeras pertenecen al lenguaje natural mientras que las segundas pertenecen a lenguajes artificiales con unas propiedades intrínsecas que las alejan de las primeras.
Cabe destacar la existencia de términos aparentemente simples cuyo análisis revela una formación de origen complejo fruto de un proceso de truncación. Se trata de los siguientes casos (Cabré 1993: 178-179): las siglas, los acrónimos y las abreviaturas.
La creación de neologismos a partir de la aplicación de las reglas léxicas de combinación morfológica o de conversión sintáctica incluye los siguientes procedimientos (Cabré 1993: 188-194; Sager 1997): la derivación, la composición, y la comprensión.
Por lo que respecta a las unidades procedentes de códigos lingüísticos ajenos, éstas tradicionalmente se clasifican en préstamos y calcos lingüísticos (Montero Martínez et al. 2001)
a).En el caso de préstamos se suelen diferenciar los siguientes:
1. Cultismos: cultismos latinos y griegos
2. Prestámos de lenguas vivas: aquellas que se incorporan consciente o inconsciente en una lengua
En lo que se refiere a los calcos se suele establecer una distinción entre:
1. Calcos semánticos: que consisten en la expansión semántica de una unidad léxica para incluir una aceptación propia de otra lengua.
2. Calcos puros: que constituyen unidades extranjeras pero con la apariencia de la lengua receptora gracias a algunas modificaciones formales, de ahí que los hablantes las reconozcan como propias aunque no aparezcan en los diccionarios.
Desde el ámbito de la Terminología, la teoría clásica defiende que:
-el concepto es un elemento del pensamiento o una construcción mental de carácter supralinguístico, que no depende de las lenguas particulares.
-este elemento surge de un proceso de abstracción de sus propiedades distintivas, que se dividen en esenciales y no esenciales.
-los conceptos sirven fundamentalmente para clasificar, ordenar y etiquetar el mundo y, en segundo término para comunicarse.
-la pertenencia de un concepto a una categoría depende de que reúna las condiciones necesarias y suficientes.
-los conceptos miembros de una categoría tienen un estatus idéntico porque poseen las propiedades definitorias.
Los conceptos de un área de especialidad se organizan en conjuntos dinámicos estructurados denominados sistemas conceptuales, que vienen a reflejar la visión de la realidad que manifiesta una disciplina. A la hora de ordenarlos, se puede seguir un solo criterio de ordenación, o dimensión conceptual, en donde un concepto superordinado se subdivide en otros conceptos de rango inferior, denominados conceptos subordinados, en función de una única variable.
El concepto subordinado está dividido en un primer nivel según el “medio de propulsión” y en el segundo según el concepto Motor de Combustión.
Unos de los principios más criticados de las nuevas tendencias de la Terminología es el de la relación entre concepto y término.
Desde la perspectiva de los términos, las unidades léxicas de significación especializada se pueden concebir de distinta manera simultáneamente, lo que conlleva afirmaciones como las siguientes (Cabré et al. 2001:307,308):
1. Que los términos no preexisten en las áreas temáticas sino que adquieren su especificidad temática en el discurso.
2. Que los términos evolucionan en función de la dinámica conceptual, modificándose constantemente los límites del concepto original y dando lugar a distintas denominaciones. Tradicionalmente, a la hora de estudiar las definiciones, muchos autores establecen tipologías en función del tipo de información que se incluye, un criterio que parece haber gozado de bastante popularidad.
La redacción de los distintos tipos de definiciones debe respetar normas como las siguientes:
-debe constar de una sola oración, evitando puntos internos
-deben utilizar descriptores iníciales de la misma categoría gramatical que el término descrito y que se encuentren en relación de inclusión respecto de éste
-deben utilizar palabras conocidas para los usuarios o que se encuentren definidas dentro del trabajo
-deben evitar la circularidad
-deben evitar la definición mediante la negación
-deben evitar el recurso a las paráfrasis innecesarias
-deben evitar las fórmulas metalingüísticas
La traducción e interpretación implica una serie de complejos procesos cognitivos de resolución de problemas y toma de decisiones que se ven condicionados por factores semánticos, pragmáticos, contextuales y culturales que operan a dos niveles: el de la lengua de origen y el de la lengua de llegada.
Algunos de los problemas terminológicos con los que se enfrentan los traductores e intérpretes durante el análisis del texto origen incluyen los siguientes:
-desconocimiento del significado o valor pragmático de las unidades terminológicas y fraseológicas usadas en el texto porque desconocen el ámbito de uso, el grado de especialización del texto etc.
-duda del valor terminológico de una unidad monoléxica de uso frecuente en el discurso general
-duda del valor terminológico de las unidades poliléxicas que no presenten una estructura frecuente o prototípica o sean muy extensas.
En el caso de la traducción e interpretación, como actos comunicativos dobles, un modelo de análisis pragmático se ocupará de estudiar factores como los mencionados de forma contrastiva, es decir entre dos lenguas, las dos culturas y los dos textos o discursos.
Según Gommlich, un análisis orientado a la traducción, extensible con matizaciones al proceso interpretativo, ha de girar en torno a la identificación de tres factores:
-el propósito o intención del texto origen
-el propósito o intención del texto meta como reflejo de las necesidades del cliente
-el conocimiento del nivel de competencia o de los receptores del texto origen y del texto meta.
En primer lugar las obras terminológicas o lexicográficas especializadas son aquellas que registran el vocabulario propio de una ciencia, técnica o arte, es decir, la terminología (Martínez de Sousa 2004).
Los tipos mas usuales de obras lexicográficas especializadas, teniendo en cuenta que, en muchos casos, la existencia del formato electrónico ha dinamizado el proceso de actualización de los datos contenidos, los sistemas de búsqueda que, en el soporte papel, ya venían determinados a priori por la ordenación de los contenidos por parte del lexicógrafo o terminográfo: enciclopedias especializadas, diccionarios monolingüe y bilingüe, los visuales, etc.
El avance tecnológico en el ámbito de las comunicaciones, de la información y de la lingüística aplicada tiene consecuencias para el traductor e intérprete. Gracias a estos avances se ha puesto a su disposición una serie de herramientas que han cambiado su metodología de trabajo, facilitándole enormemente las labores de consulta a las fuentes de información.
Ante un determinado encargo, el conocimiento de las estrategias para acceder, almacenar y compilar archivos textuales, junto con el manejo de programas de gestión y explotación de corpus permiten a estos profesionales crear fuentes precisas de información para solucionar sus lagunas conceptuales, terminológicas, estilísticas, etc. Este tipo de herramienta se ha venido denominando “corpus ad hoc”.
A la hora de explotar la información que contiene un corpus textual, el traductor o intérprete debe ser consciente de cuál es su necesidad concreta, ya que de esta se deriva su aproximación a la fuente de documentación. Las estrategias de consulta que pueden adoptar están muy relacionadas con los distintos niveles de implicación que mantienen ante la terminología de un texto o discurso.
Cuando un traductor o intérprete no encuentra una solución documentada, puede optar por introducir un préstamo, un calco o una paráfrasis y, en casos muy concretos, proponer unidades neológicas.
La mejora de la competencia terminológica de los traductores e intérpretes implica:
-identificar y comprender los conceptos relevantes y su grado de activación en el texto o discurso
-elaborar una caracterización conceptual que incluya las relaciones y atributos presentes en el texto o discurso
-ubicar la parcela de conocimiento dentro de un contexto o subdominio mas amplio
-identificar las distintas formalizaciones léxicas de este conocimiento y extraer los patrones semánticos y sintácticos recurrentes.
Cuando el trabajo terminográfico ad hoc de la traducción e interpretación incluye una fase de recopilación y representación de la información léxica, conceptual y pragmática adquirida, resulta de gran utilidad, y en la actualidad, prácticamente imprescindible hacer uso de los programas de gestión terminológica específicamente creados para estos profesionales.
Como solución a algunas de las limitaciones de los gestores de bases de datos convencionales tales como MultiTerm han ido apareciendo sistemas de gestión terminológica que permiten una mayor flexibilidad al usuario, que garantizan la reutilización de la información compilada en otras aplicaciones y que, en general, parten de la idea de que la terminografía va mas allá de la elaboración de un listado de términos.

Comentario

Partiendo de una opinión más general acerca de la Terminología, como asignatura de las universidades de Traducción e Interpretación y parte de la Lingüística también podemos llegar a afirmar con certeza que es una disciplina imprescindible para las carreras de traducción. Esta aproximación entre Traducción e Interpretación y Terminología tiene en cuenta que el uso habitual de los términos está inmerso en procesos de comunicación dinámicos y que las unidades terminológicas se deben estudiar en textos, discursos y situaciones comunicativas reales donde, a menudo, aparecen casos de polisemia y sinonimia.
Resulta obvio el hecho de que una buena traducción o un discurso perfectamente interpretado es el resultado de la elección de unos términos concretos, y no rebuscados o utilizando la paráfrasis. El hecho de encontrar el equivalente a un término de otro idioma de un ámbito específico y traducirlo por su equivalente sin la necesidad de una agotadora paráfrasis es lo que le da calidad a esa traducción o en el caso de los intérpretes a un discurso.

Conclusión

El rasgo común en el caso de los traductores, intérpretes, documentalistas y de los terminógrafos es que todos ellos coinciden en la necesidad de encontrar una fuente o recurso terminográfico que les proporcione tanta información especializada como lingüística les permita utilizar los términos con propiedad o, en su caso, crearlos, para lo cual será imprescindible tener conocimientos acerca de la neología y la formación de términos a partir de los recursos disponibles.
Los términos en el discurso especializado forman parte de modelos cognitivos concretos que pueden variar a lo largo del tiempo y de la situación comunicativo concreta, lo que obliga al traductor/intérprete a analizar los modelos cognitivos subyacentes, tanto en el texto/discurso como en el texto/discurso meta, para detectar posibles problemas terminológicos y proponer soluciones factibles con el contexto de recepción.
Para nuestro ámbito de trabajo, la traducción y la interpretación, es necesario tener en cuenta que los productos de una gestión prescriptiva o normalizadora no siempre reflejan el uso normal de la lengua. La visión estática de los términos que ofrecen la mayoría de los repositorios terminológicos normalizados no sirve para dar cuenta de las múltiples ocasiones en las que los especialistas extienden o reutilizan el significado de determinados términos ni de los cambios a los que, debido tanto a la evolución lingüística como tecnológica, pueden verse sometidos los términos.
En el ámbito de la traducción e interpretación, el análisis de determinadas unidades poli léxicas, fundamentalmente las colocaciones y los compuestos terminológicos resultan de gran utilidad, ya que codifican una información que puede ayudar a solucionar muchas dudas de tipo conceptual y lingüístico.
Teniendo en cuenta los elementos que condicionan la mayor parte de los procesos de traducción e interpretación se podría concluir que el uso de calcos no sólo es inevitable sino que también constituye una forma de planificación lingüística, una dimensión que aún no s e ha reconocido oficialmente.
Los traductores e intérpretes deben ser conscientes de que en muchos casos, los discursos con los que se enfrentan reflejarán una clasificación mono dimensional de los conceptos porque es suficiente para satisfacer el objetivo o la necesidad perseguida.
Se puede concluir que no es posible separar la terminología del discurso en el que se inserta, que está condicionado por una serie de circunstancias socioculturales que determinan sus características. Ante esta situación, el traductor y el intérprete deben ser conscientes de todos los matices semánticos, cognitivos y pragmáticos que aparecen reflejados en el discurso a través de la variación terminográfica.
Para optimizar el proceso de documentación y adquisición terminográficas, el traductor y el intérprete deben ser conscientes de que la faceta pragmática de la terminología puede llegar a ser incluso más importante que la faceta semántica tomada de forma aislada, ya que el papel de estos profesionales como mediadores lingüísticos les exige hacer uso muchas veces de una terminología apropiada, no tanto desde un punto de vista normativo, como desde el punto de vista de los interlocutores.
Es necesario tener en cuenta que el futuro traductor e intérprete debe ser consciente de que la mayor parte de los productos especializados existentes hasta la fecha aún están muy lejos de satisfacer las demandas de información suscitadas en el desarrollo de su labor y, en muchos casos, se verán en la necesidad de ir más allá de las simples consultas y realizar una gestión terminográfica más avanzada, tales como la documentación en internet o la elaboración y consulta de corpus ad hoc, para acceder a términos que no aparecen en los repositorios existentes o, si lo hacen, no se acompañan de la información necesaria para utilizarlo en el discurso.
Desde el punto de vista del traductor y el intérprete hay que sopesar de antemano si la utilización de la información que nos ofrece internet para elaborar nuestros propios recursos es la más adecuada para solventar nuestros problemas ante un encargo concreto. En todo caso, debe valorarse el tiempo que ha de invertirse en la elaboración de estos recursos y el grado de satisfacción que podemos obtener de la información recopilada.
Cuando no se encuentra una solución documentada, un traductor o un intérprete puede optar por introducir un préstamo, un calco o una paráfrasis y, en casos muy concretos, proponer unidades neológicas, lo que requiere que tenga un mayor grado de competencia en materia léxica y realice observaciones sobre el comportamiento de los términos en esa área.
En conclusión la mejora de la competencia terminológica de los traductores e intérpretes implica:
-identificar y comprender los conceptos relevantes y su grado de activación en el texto o discurso
-elaborar una caracterización conceptual que incluya las relaciones y atributos presentes en el texto o discurso
-ubicar la parcela de conocimiento dentro de un contexto o subdominio mas amplio
-identificar las distintas formalizaciones léxicas de este conocimiento y extraer los patrones semánticos y sintácticos recurrentes.
En el caso del traductor o intérprete la información necesaria para elaborar definiciones que les resulten operativas para su trabajo se verá condicionada por el propio texto que hay que traducir o el discurso que hay que interpretar.