La traducción del humor. Las comedias inglesas en español

Mateo.png

Autora: Mateo Martínez-Bartolomé, Marta, (aut.)
Editorial: Universidad de Oviedo. Servicio de Publicaciones
Año: 1. ed.(09/1995)
Formato: 311 páginas; 21x14 cm
ISBN: 8474688701
Idioma: español

Por Gloria Hernández

Introducción

No hay nada más característico de un pueblo que las distintas manifestaciones de su sentido del humor y nada más escurridizo a la hora de definir y de clasificar. Si resulta difícil llegar a alguna definición satisfactoria acerca de lo gracioso y de lo que nos hacer reír, más difícil resulta trasladar los mecanismos y los efectos de este fenómeno humano desde un texto redactado en una lengua a un texto escrito en otra, que es a su vez, vehículo de expresión del humor especifico de su pueblo respectivo.
Naturalmente existe un humor de gestos y de situaciones que no depende del lenguaje oral o escrito para lograr sus objetivos y esto explica que, por ejemplo, las películas de Charles Chaplin puedan ser apreciadas y disfrutadas en todo el mundo. Sería muy triste que nos viésemos privados de leer y apreciar textos de gran valor literario redactados parcial o totalmente en clave de humor, simplemente por falta de conocimiento de la lengua en cuestión. Nos quedaríamos así mismo empobrecidos culturalmente si no existiese la posibilidad de ver representadas por lo menos las comedias más renombradas de la civilización occidental, empezando por Aristófanes, pasando por Shakespeare o Molière para desembocar en la brillante constelación de dramaturgos modernos que recurren al humor para contar sus verdades. Sería una lástima que solo los angloparlantes pudiesen disfrutar del humor negro de Volpone o de los brillantes juegos de palabras de Algernon.
Afortunadamente no faltan ni han faltado en el pasado estudiosos dispuestos a sacar provecho de sus conocimientos de más de una lengua para poner a disposición de sus compatriotas, mediante la traducción, aquellas obras cuyos valores literarios y universales aconsejan que sean conocidas más allá de las fronteras del país donde nacieron. En tiempos recientes además la práctica de la traducción se ha visto apoyada y orientada por el creciente número de estudios traductológicos, es decir, de teoría de la traducción, que están dotando de coherencia y de rigor científico a todas las nociones dispares que, a lo largo de los siglos han surgido en torno a esta tarea tan apasionante como comprometida.

Resumen

La ausencia de soluciones sistemáticas para la traducción del humor queda reflejada no solo en la variedad de estrategias a que recurren los traductores cuando se embarcan en dicha tarea sino también en la discrepancia de opiniones entre aquellos que han escrito sobre el tema. La mayor parte de los estudios al respecto se centran en la cuestión de cómo se debe realizar la traducción del humor, de manera que sus autores opinan sobre lo que se debe y no se debe hacer, con el problema de la intraductibilidad siempre presente. Las sugerencias más comunes son las siguientes: aunque no se pueda ser totalmente fiel, no hay necesidad de cambiar lo fácilmente traducible, el traductor debería adaptar el texto a la cultura meta cuando haya un equivalente; no se debería explicar el texto cómico en cuestión puesto que la explicación destruye el humor; el traductor debería concentrarse en la esencia del chiste para después mantener dicha esencia adaptándola a las normas de la lengua meta aun cuando se cambien el sentido o los hechos concretos con los que se juega; la traducción ha de dar prioridad al efecto que produce el chiste en el receptor (se ha de tomar la idea o la intención del mensaje humorístico original y adaptarlo a la cultura meta con el fin de provocar una respuesta equivalente en el nuevo lector u oyente).También suele establecerse una escala de dificultad según que en el chiste o texto humorístico entren meramente factores situacionales, que, por el contrario, el humor dependa de elementos lingüísticos determinantes o que descanse sobre aspectos culturales específicos de la comunidad en cuestión. En este sentido cuanta mayor carga cultural posea el chiste o más se apoye en su parte lingüística, mayor será la dificultad para conseguir una traducción fiel del mismo. Finalmente, mientras algunos críticos opinan que el humor es intraducible puesto que el efecto nunca será el mismo ni el resultado tan cómico como el original, otros defiende que si es traducible, en mayor o menor medida, y que en realidad se traduce.
Aunque esta diversidad de opiniones resulta interesante y todas las sugerencias pueden ser útiles en contextos determinados, se observa una importante ausencia en este enfoque: la mayoría de estos críticos reducen la cuestión de la traducción del humor a la reproducción de la esencia de un texto de origen en una lengua meta o a denunciar la falta de humor en un texto determinado, ya penas alguno se ha detenido a analizar lo que en realidad hacen los traductores cuando se enfrentan a un texto humorístico. Por ello, la autora plantea un enfoque descriptivo que, basado en el estudio de un grupo limitado de comedias inglesas y de sus traducciones al español, revelara las estrategias adoptadas por los traductores y ayudara a ahondar en la complejidad de la traducción del humor.Para este fin Marta Mateo Martínez-Bartolomé ha seleccionado las seis comedias siguientes pertenecientes a siglos distintos junto con sus traducciones al castellano: Much Ado About Nothing de William Shakespeare (1598), Volpone de Ben Jonson (1605), The Plain Dealer, de William Wycherley (1676), The School for Scandal de Richard B Sheridan (1777), The Importance of Being Earnest (1895) de Oscar Wilde y Blithe Spirit de Nöel Coward (1941). En lugar de limitarse a juzgar los textos según que hayan sido capaces o no de mantener el humor original o de proporcionar directrices a seguir por los traductores, un estudio de este tipo toma el texto meta tal como es y, mediante su comparación con el texto de origen así como con otras traducciones del mismo, analiza las distintas soluciones encontradas por los traductores y los factores que las han podido determinar, combinando el análisis teórico con el estudio practico.
El objetivo de la autora sería conseguir una mejor comprensión no solo de los mecanismos que entran en juego en la creación del humor de las comedias sino también de la cadena de factores que intervienen en su traducción.
El humor forma parte importante de la naturaleza humana nos solo nos produce placer sino que puede constituir un instrumento eficaz en manos de quien lo utilice, como modo de ataque y defensa, de protesta, como medio de reconciliación y arrepentimiento, como mecanismo para entablar una relación, etc. Refiriendose al humor del chiste, Freud explicaba que su efecto placiente recae en el “inactivo oyente” más que en quien lo dice, si bien dicho placer del receptor reproduce el que ha tenido lugar antes en el autor. Este último utiliza el chiste para superar coerciones externas (como la autoridad de aquel a quien queremos dirigir una ofensa, la imposibilidad de insultar, etc.) o coerciones internas (por ejemplo, la cohibición con su consecuente “estancamiento psíquico”, o una cultura estética que contenga la tendencia de una persona a emitir cierto tipo de chistes).En consecuencia, se puede decir que el placer del chiste procede del ahorro del gasto psíquico que nos produce.
En el teatro, el humor resulta especialmente complejo, ya que cualquier frase o acción humorística posee tres dimensiones: los motivos que llevan al personaje a ser cómico, la técnica empleada y el efecto que tiene su intervención en el contexto global de la obra. Los elementos que construyen el humor de una comedia incluyen las intenciones del hablante, las expectativas conversacionales compartidas, el contexto cultural, las implicaciones del dialogo, la connotaciones de cada palabra, la relación entre los signos lingüísticos y los proxémicos y paralingüísticos, el componente escénico, etc. Por ello un concepto de traducción que entienda a ésta como un mero proceso de transportar sentido no da cuenta del intrincado fenómeno de la traducción del humor puesto que el verdadero sentido en un texto cómico no depende solo de su parte semántica sino también a menudo de su forma. Por otra parte, el enfoque lingüístico tampoco es suficiente ya que el humor es una obra social que está caracterizada por la interacción de personas en situaciones que están dentro de cultural.
El estudio de la traducción del humor demuestra precisamente la importancia del contexto en cualquier tipo de texto cómico: tanto en el humor situacional, que dependerá bien de la escena ficticia bien de las alusiones al contexto externo en que se encuadra la obra, como en el humor basado en elementos lingüísticos, que a menudo juega con las expectativas discursivas de los hablantes, con las combinaciones sintagmáticas de los vocablos etc. En este sentido cabe establecer la diferencia que señala W. Nash entre el lenguaje humorístico y el lenguaje de las comedias: mientras el lenguaje del humor “must always be characterized by a tensión attributtable to devices latent in the linguistic system’’ el lenguaje de la comedia “concerns a discursive relationship between all the parts of a text and its infrastructure”.
Por otra parte, como obra de teatro, toda comedia está dirigida a su representación en un escenario, de manera que lo que caracteriza al texto es la presencia latente en el texto y real en la representación al público. Todos los elementos semióticos que forman parte de la obra dramática pueden ser explotados en la comedia para la creación del humor. En el estudio de su traducción habrá que tener en cuenta, por tanto, la “representabilidad” del texto, el carácter oral de las palabras de los personajes que llevara a preferir o descartar las diversas estrategias que tiene a su disposición. El efecto “feedback” que ejerce el público no recae sólo el proceso de composición de la obra original, sino también en su traducción, además de repercutir constantemente en la actuación de los actores.
También toda traducción está dirigida a un público-lector o espectador- y a un objetivo determinado. Esto se ha de tener en cuenta en el análisis de las traducciones, especialmente tratándose de obras de humor ya que el humor es un asunto comunicativo. Incluso en el momento de su comparación con el texto origen, habrá que tener presente que el texto meta iba dirigido a un receptor y que, por tanto, lo que el traductor ha decidido añadir suprimir o sustituir viene a menudo motivado por lo que espera de dicho receptor: por ejemplo, el concepto de traducción que se tiene en la cultura meta en ese momento o, en este caso, lo que los nuevos receptores van a considerar cómico. El éxito de la traducción dependerá del modo en que el traductor haya adecuado el resultado al objetivo que perseguía: en el caso de la comedias, el fin último es hacer reír a un público hipotético, por lo que tendrá que tenerse en cuenta el nuevo sistema de valores en el que se va insertar la comedia, dado que es en el donde el humor tendrá o no éxito. Aunque las culturas en cuestión comparten rasgos comunes, la relevancia de los mismos en cada una de ellas puede ser diferente. El traductor del humor no puede desvincularse en ningún momento ni de la cultura desde la que traduce, ni sobre todo de aquella a la que dirige su texto.
La cultura meta y su lengua constituyen el marco en el que ha de operar el traductor: por un lado, determinan las distintas estrategias a lo largo de la actividad traductora que suele depender de factores como el tipo de texto meta a que se va a destinar la comedia a traducir, las convenciones traductoras y sociales de la cultura meta, el tipo de receptor que el traductor tiene en mente o el canal de comunicación elegido para la traducción; por otro, de dicho polisrema meta derivan las restricciones que interferirán en la tarea del traductor. Para deducir dichas limitaciones ha resultado ser muy productiva la variedad tanto de textos de origen como de textos meta que se presentan en el libro. La comparación de las comedias originales con sus traducciones ilustra las divergencias lingüísticas y culturales entre las dos comunidades marco; por su parte, el cotejo entre las diversas traducciones de un mismo texto, o incluso de textos diferentes, revela las distintas estrategias con que puede jugar el traductor, da una idea se las restricciones que operan sobre el a la hora de verter un texto humorístico y refleja asimismo las prioridades que otorga cada traductor ,no ya por imposición lingüística o cultural sino por su propio gusto. De ahí que en el análisis hayan tenido cabida tanto traducciones “cercanas’’ a los textos de origen como aquellas que suponían un claro “alejamiento’’ de las mismas. Los limites entre estos términos entrecomillados se tornan inciertos en la traducción de las comedias, pues lo que muchos críticos calificarían de “alejamiento’’ del texto original con frecuencia lo es solo de los contenidos semánticos específicos del texto verbal y supone sin embargo un “acercamiento’’ al efecto humorístico de la obra.
Lo que importa en un estudio de este tipo no es el análisis puntual de una traducción determinada, si bien esto es un primer paso para la investigación posterior, sino las conclusiones generales a que se llega al observar la variedad de estrategias.de ahí que la autora no haya clasificado el estudio ni por obras ni por traducciones sino por los distintos aspectos que intervienen en la creación del humor.