Traducir sin traicionar. Teoría de la traducción aplicada a los textos bíblicos

Reseña 15.jpg
Autor/a/es: Jean-Claude Margot
Editorial: Ediciones Cristiandad
Año: 1987
España
Idioma/s: español
Nº de páginas: 459
ISBN: 84-7057-407-4

Por María Sierro Fernández


Introducción

Esta obra, traducida por Rufino Godoy del libro Traduire sans trahir, la théorie de la traduction et son application aux textes bibliques, es una obra que, como leemos en el prefacio escrito por G. Mounin, no sólo es una reflexión sobre la traducción, sino que además trata de enseñar, de ofrecer una pedagogía de la traducción, en el ámbito particular de la traducción de la Biblia y relacionada con una síntesis de las teorías de Nida.
Como podemos deducir de lo anterior, el problema del que trata este libro es, por tanto, cómo hay que traducir, ya que desde un principio el autor da por resuelta la cuestión de si la traducción es o no posible. Por ello, el autor dividirá su obra en dos partes (una primera más teórica y otra dedicada a la aplicación práctica de la teoría de la traducción) en las cuales se propondrá esclarecer los antiguos problemas de la traducción bajo la luz de los nuevos avances y resultados obtenidos en el campo de la lingüística, ayudándose de las experiencias de los traductores de la Biblia.

Resumen

PRIMERA PARTE: TEORÍA DE LA TRADUCCIÓN Y SU DEPENDENCIA DE DIVERSAS DISCIPLINAS

CAPÍTULO I: Traducción y exégesis

Según cuenta el autor, para traducir un texto la primera condición es comprenderlo bien. Para ello, el traductor deberá someterlo a exégesis (estudio intensivo del autor, de su pensamiento, contexto, etc.). Con el objetivo de aclarar esta relación entre exégesis y traducción, el autor desarrollará los tres puntos siguientes.

1. SOCIEDADES BÍBLICAS Y EXÉGESIS

El autor comenta que las Sociedades Bíblicas, a pesar de las críticas recibidas, tratan de obtener traducciones fieles y a la vez fácilmente legibles. Por ello dan a sus traductores una buena formación exegética y bíblica, así como lingüística. No obstante, también es necesario que los traductores se ayuden de los comentarios creados específicamente para ellos, ya que les ayudarán a responder a sus preguntas e informarse lingüísticamente. Sin embargo, dice el autor, aún hace falta mejorar la colaboración entre biblistas y lingüistas, así como mejorar el uso de las herramientas de trabajo por parte de los traductores, si bien queda claro el objetivo de conseguir una traducción tanto objetiva como comprensible.

2. EL EXÉGETA Y LA TRADUCCIÓN

Según el autor, si un traductor tiene un conocimiento profundo del texto a traducir, no se da cuenta de que su traducción puede no resultar clara al lector no especializado. Por ello, el traductor también deberá tener en cuenta el medio al que va destinada la traducción y llevar a cabo un trabajo en equipo. Sin embargo, las traducciones insatisfactorias no se deben sólo a la relación entre el exégeta y el texto. También se ha de tener en cuenta la extendida convicción de que las lenguas bíblicas son lenguas aparte o sagradas y han de traducirse literalmente. Esto, según el autor, es incorrecto y se debe a un desconocimiento de la lingüística general. Todas las lenguas son adaptables al mensaje bíblico y la visión de los traductores puramente exegéticos debe ser rectificada con una formación lingüística elemental.

3. ANÁLISIS ESTRUCTURAL Y TRADUCCIÓN

El análisis estructural (que pone entre paréntesis al autor histórico para poner atención sólo en el texto, comprendido como un todo) puede ayudar al traductor, ya que éste ha de traducir el texto en su estado actual, siendo bueno que ponga cierta distancia respecto al detalle del texto (si bien este alejamiento no puede ser definitivo). En cualquier caso, el método del análisis estructural tiene defectos. Pero el traductor no está solo: puede apoyarse en muchas obras de valor y en la gran comunidad de investigadores que aseguran bases sólidas.
Ahora bien, el autor añade que aún queda mucho por hacer para que los problemas de traducción se solucionen, y este tipo de problemas se abordarán en los siguientes capítulos, teniendo en cuenta la aportación reciente de la lingüística general o de la lingüística descriptiva.

CAPÍTULO II: Lingüística y traducción

Desde la antigüedad, el problema de traducción más tratado ha sido el del vocabulario, pero según el autor, ya es hora de tener en cuenta la autonomía de cada lengua y abandonar la idea de que existen lenguas especiales o sagradas, modificando así la óptica del traductor bíblico. Para tratar este asunto más de cerca, el autor recurrirá a la distinción de los tres aspectos fundamentales del lenguaje: fonología, gramática y semántica.

1. LAS DIFERENCIAS DE ORDEN FONOLÓGICO

La fonología permite establecer el sistema de sonidos pertinentes de una lengua, es decir, de los sonidos que son suficientes para marcar una distinción entre dos palabras semejantes. El problema radica en que cada lengua tiene oposiciones fonológicas diferentes (por ejemplo, en francés y español se distingue la r de la l, pero en Extremo Oriente no). Por ello, según el autor, hay que buscar soluciones específicas para cada idioma y guardarse de querer imponer en una lengua la estructura fonológica propia de otra lengua.

2. LAS DIFERENCIAS DE ORDEN GRAMATICAL

A menudo se presentan problemas de orden gramatical en la traducción (sustantivos que no encuentran equivalente en la lengua meta, diferente morfología del verbo, diferente uso de las pasivas en cada lengua…), ya que cada sistema gramatical tiene su valor propio. Por ello, aunque tradicionalmente se ha creído que el problema de traducción más importante era el del vocabulario, también es necesario conocer la gramática de cada lengua y adaptar el orden de las palabras a la lengua receptora, sin traducir literalmente.

3. LAS DIFERENCIAS DE ORDEN SEMÁNTICO

La semántica describe el sentido o contenido de las palabras y las unidades que las componen. Por ello, las investigaciones semánticas presentan el importante problema de la inmensidad del campo que abarcan, debido a la polisemia de las palabras y a su rápida evolución. Como solución, el autor propone que no se consideren las palabras aisladamente, sino en su contexto y relación con otros términos, teniendo en cuenta que no hay dos vocabularios en las lenguas que se correspondan palabra por palabra.

4. DIFERENCIAS Y ESQUIVALENCIAS

A pesar de las diferencias entre lenguas vistas anteriormente, las cuales nos ha descubierto la lingüística descriptiva, existen rasgos comunes: los universales lingüísticos. Sin embargo, el autor recuerda que el análisis del texto es delicado y su reestructuración en otra lengua requiere atención y sensibilidad, y una sola persona rara vez tendrá todas las cualidades exigidas.
Por ello, en el siguiente capítulo veremos cómo existen varias disciplinas, relacionadas con la lingüística, que pueden también ayudar a la tarea del traductor.

CAPÍTULO III: Traducir la totalidad del mensaje

Como ya avanzamos anteriormente, en este capítulo el autor se pregunta si la lingüística es suficiente para asegurar una buena traducción. Hasta ahora, el autor se ha centrado en el punto de vista de la lingüística interna, que ahora ampliará recurriendo a disciplinas auxiliares.

1. TRADUCCIÓN Y CULTURAS

Cualquier mensaje está muy ligado a la cultura de su autor, de modo que al traducir un texto se producirán problemas derivados de la distancia entre culturas. Por ello, el autor propone adaptar a la cultura receptora (siempre con moderación) las partes problemáticas de un texto, e incluir notas y explicaciones, sin caer en los excesos del pasado, cuando se sobreutilizaban las anotaciones.

2. TRADUCCIÓN Y COMUNICACIÓN

Por lo general, los traductores bíblicos prestan gran atención a la intención del autor de los mensajes, pero descuidan la manera en la que el lector (el receptor) entenderá ese mensaje. Por ello, el autor insiste en la importancia de tener en cuenta al receptor y la necesidad de lograr una buena comunicación, prestando atención a aspectos como el ruido (que perturba la transmisión del mensaje) y la redundancia (medio eficaz de compensar el ruido, aunque con limitaciones, pues un exceso de redundancia puede acabar en paráfrasis y puede ser igualmente perjudicial).

3. TRADUCCIÓN Y PSICOLOGÍA

En este capítulo, el autor insiste de nuevo en la importancia del receptor, pero esta vez en relación con la psicología. Por ello nos habla de la importancia de la connotación de las palabras (su sentido afectivo), que debe tenerse en cuenta para evitar malentendidos y no provocar confusiones (usar palabras groseras, malsonantes, graciosas… cuando no se tiene esa intención comunicativa). Para solucionar estos problemas, el autor recomienda contar con un comité de traducción, y a ser posible, pasar tiempo en el país de la lengua receptora, para ser capaz de captar estas sensibilidades.

4. LA TRADUCCIÓN AUTOMÁTICA

A pesar de los obstáculos que siempre ha presentado la traducción automática, ésta también ha tenido resultados positivos: Ha hecho avanzar el conocimiento de la verdadera forma en que se plantean los problemas de traducción.
Sin embargo, al final de este capítulo, aún quedan dos observaciones por hacer: La primera se refiere a los conocimientos que el traductor debe tener para realizar su trabajo (ya que es imposible que sea especialista en todos los campos necesarios), y la segunda al uso excesivo de la paráfrasis (mencionado anteriormente, se refiere a la explicitación excesiva del texto para prevenir malentendidos), asunto que por su importancia se desarrollará en el siguiente capítulo.

CAPÍTULO IV: Traducción y paráfrasis

El autor tratará de establecer en este capítulo un límite entre lo que se considera buena traducción y lo que es paráfrasis, empezando por definir la paráfrasis.

1. PARÁFRASIS LEGÍTIMA Y PARÁFRASIS ILEGÍTIMA

La paráfrasis legítima es la paráfrasis en el sentido técnico que tiene en lingüística, es decir, es la relación entre dos frases que significan lo mismo. Por su parte, la paráfrasis ilegítima es aquella en la que se hace un desarrollo explicativo de un texto. Según el autor, el traductor debe trasladar el texto fielmente, sin hacerlo ni más fácil ni más difícil, aunque los traductores tienen dificultades para distinguir el límite entre la paráfrasis legítima y la ilegítima. Para distinguir este límite, no será válido comparar el número de palabras de uno y otro texto, ya que una paráfrasis legítima debe contener los mismos componentes semánticos que el texto fuente, pero distribuidos con más o menos palabras según la naturaleza de la lengua receptora, por lo que habrá que precisar una solución verdaderamente válida en los siguientes apartados.

2. PARÁFRASIS VOLUNTARIA Y PARÁFRASIS INVOLUNTARIA

    1. Paráfrasis voluntaria: Es delicada e implica peligros. Por ello el autor recomienda sustituirla por la publicación de relatos o comentarios, ya que en una paráfrasis no se sabe dónde acaba el texto como tal y dónde empiezan las adiciones.
    2. Paráfrasis involuntaria: A veces, al intentar aclarar un texto con una paráfrasis, se consigue el efecto contrario al deseado, es decir, se complica el texto. Por este motivo, el autor repasará los errores de paráfrasis más comunes:
i. Traducción de palabras clave, a las que a veces se sobrecarga, cuando no tienen en sí mismas el sentido que se les da.
ii. Explicación de palabras ténicas, que debe hacerse en el glosario o en el texto, sin añadir contenido que no esté en el original y sin repetir las palabras técnicas utilizadas.
iii. Introducción de informaciones culturales superfluas.
iv. Otras adiciones inoportunas, que modifican la función original del texto.

3. MODO DE TRATAR LAS AMBIGÜEDADES

El autor distingue entre ambigüedades aparentes, provocadas por una mala traducción y fáciles de solucionar, y ambigüedades reales o pretendidas por el autor. Éstas presentan numerosos problemas de traducción, ya que hay que conservar su valor. Por ello el autor dice que hay que tratar de no parafrasear estas ambigüedades, sin explicar pretendidos juegos de palabras o expresiones poéticas.

4. MEDIDAS PARA EVITAR LA PARÁFRASIS

Por último, el autor propone medidas para evitar la paráfrasis, como evitar considerar las palabras aisladamente, no perder en la traducción información importante, no explicar información secundaria… pero, sobre todo, tener siempre en cuenta el peligro de la paráfrasis.

Como indicamos en la introducción, en esta primera parte del libro, de orden teórico, hemos visto cómo nunca será excesiva la preparación de los traductores bíblicos, siendo siempre indispensable un trabajo en equipo. En la segunda parte el autor desarrollará una serie de ejemplos prácticos para ilustrar los principios defendidos anteriormente.

SEGUNDA PARTE: APLICACIÓN DE LA TEORÍA DE LA TRADUCCIÓN

CAPÍTULO I: Problemas planteados por la traducción de Mt 17, 24-27

En este capítulo, el autor estudiará los problemas presentados por el texto Mt 17, 24-27. Al ser un texto evangélico y no una epístola, puede parecer fácil en un principio. Sin embargo, presenta problemas a varios niveles, por lo que J.-C. Margot lo examinará detalladamente.
Ante todo, en primer lugar, J.-C. Margot aconseja, además de tratar de comprender bien el texto, escoger como texto base una variante segura del griego (pues hay varias versiones, con adiciones, supresiones, etc.). En segundo lugar, habrá que realizar un análisis exegético del texto griego, ya que antes de traducirlo es preciso estudiarlo. El siguiente paso será analizar la estructura del texto, ya que ésta es aparentemente simple, pero presenta numerosos cambios de sujeto. Después, Margot se centra en los problemas de traducción propiamente dichos, que son el vocabulario (con palabras como dracma o estáter, cuyo significado debe aclararse en las notas), la construcción de la frase (a la que hay que prestar atención para evitar lagunas) y los rasgos culturales (que nos resultan muy distantes hoy en día). Por último, finalizada la traducción, Margot se centra en la aplicación actual del texto, es decir, su posible influencia en la Iglesia de hoy, observando la autenticidad o no del milagro nombrado en el texto, la actuación de Jesús, etc.

CAPÍTULO II: La estructura del texto. Cadena de participantes y de los acontecimientos

En este capítulo el autor se queja de que se ha descuidado el análisis del discurso en la mayoría de las investigaciones lingüísticas o filológicas. Según el autor, una de las razones que lo explica es el hecho de que muchas veces se han considerado las frases o versículos individualmente, sin tener una visión de conjunto del párrafo o del contexto general. El autor vuelve a este tema (ya tratado en la primera parte, teórica) para verlo ahora desde una perspectiva práctica.
Para ello, toma varios ejemplos, empezando por el texto de Mc 6, 14-29. Con este ejemplo, J.-C. Margot trata el problema del correcto orden cronológico de los acontecimientos, y por tanto de las frases, en un texto narrativo. Como segundo ejemplo, Margot toma el texto de Lc 1, 1-4, un texto expositivo en el que sus versículos forman una sola frase. Este estilo concuerda con los usos literarios del griego, pero no con los de otras lenguas como el español o el francés, de modo que muchas traducciones han optado por dividir la frase en otras más breves, siempre guardando el orden cronológico de los acontecimientos. Por último, Margot pone como ejemplo el texto de Hch 1, 1-5, que como el anterior ejemplo, es un texto expositivo que sirve de introducción a la obra que se va a tratar, y cuya traducción presenta problemas parecidos a los anteriores.

CAPÍTULO III: La traducción de textos de estructura compleja

En el capítulo anterior, el autor ha aludido a la posibilidad de encontrar en el texto griego del Nuevo Testamento frases demasiado largas. En este capítulo, el autor se pregunta si los traductores tienen la legitimidad suficiente para cortar una frase larga y dividirla en otras más pequeñas.
J.-C. Margot nos explica que, ciertamente, hay que dividir la frase para que el texto se pueda entender, favoreciendo así que no se pierda nada en la traducción y que el texto no quede distorsionado. Pero para dividir la frase sin que eso afecte al contenido del texto, habrá que analizar el texto griego previamente y con atención, así como tener siempre en cuenta el público al que va dirigido el texto (niños, adolescentes, lectores cultos, público en general…).
Para ilustrar estas ideas, Margot nos pone como ejemplo el texto Rom 1, 1-7 (en el que los siete versículos forman una sola frase), y el texto 1 Pe 1, 3-9 (que tiene una estructura propia de la lengua griega que hay que adaptar a otras lenguas).

CAPÍTULO IV: Términos teológicos, expresiones idiomáticas, metáforas

En el capítulo II de la primera parte ya vimos cómo, a pesar de lo que se suele creer, el principal problema de los traductores no es sólo el del vocabulario, sino también el de las particularidades de la gramática, la sintaxis, etc.
En este capítulo, J.-C. Margot aborda de nuevo este tema, pero esta vez tratándolo desde una perspectiva práctica. Por ello pone diversos ejemplos de términos teológicos (como justo, justicia, justificar, pecador, redención…), así como de diversas expresiones idiomáticas y metáforas bíblicas, que demuestran que una traducción literal es siempre un absurdo, y que para traducir el vocabulario de un texto es siempre necesario tener en cuenta su contexto.

CAPÍTULO V: Niveles del lenguaje y géneros literarios

En este capítulo el autor nos habla de la importancia de que las traducciones mantengan, no sólo el sentido del texto original, sino también su estilo (ya que, por ejemplo, en la Biblia, el estilo vigoroso y ágil de Marcos es diferente al estilo elegante y bien estructurado de Lucas). Por ello, el autor cree importantes los siguientes estudios:
  1. De los niveles del lenguaje: Ya que se utilizan diferentes giros y expresiones dependiendo de los factores socioculturales (educación, estrato social…), geográficos (dialectos o geolectos), sociofuncionales (un mismo individuo habla de forma diferente según las circunstancias), etc. De modo que en cualquier traducción, y especialmente en la de la Biblia, habrá que estar muy atento para escribir en un estilo equivalente al original, teniendo también en cuenta el público al que va dirigido el texto.
  2. Respecto a los géneros literarios: Ya que en la Biblia los hay muy diversos (epístolas, salmos…), por lo que habrá que tratar de determinar las funciones de la forma literaria utilizada en el texto fuente, para encontrar una forma equivalente en la lengua meta, de modo que se mantenga el género literario original y se sea fiel al texto fuente.

Conclusión

Leyendo estas páginas comprobamos cómo la traducción de la Biblia es un trabajo delicado y complejo, con muchos factores a tener en cuenta (sentido del texto, estilo, exégesis, fonología, gramática, sintaxis…). Además, hemos visto que este trabajo requiere amplios conocimientos. Sin embargo, dice el autor, el traductor no debe desesperar, ya que hoy en día hay una gran colaboración entre organizaciones internacionales, investigaciones biblistas, etc.
Ciertamente, ninguna traducción bíblica podrá jamás considerarse perfecta o definitiva. No obstante, el autor ha pretendido ofrecer un buen método de traducción que, en sus propias palabras, aún debe ser afinado y precisado en algunos puntos (continuación de las investigaciones relativas al análisis del discurso, estudios más profundos del campo semántico, etc.).
En cualquier caso, se ha intentado ayudar al traductor en su tarea, teniendo en cuenta que, según J.-C. Margot, el traductor debe tener ante todo un espíritu humilde, que le predisponga a examinar atentamente el trabajo realizado por otros en el pasado, y que le libre de pensar que nunca se ha hecho nada bueno antes de él.

Referencias bibliográficas

MARGOT, Jean-Claude. Traduire sans trahir, la théorie de la traduction et son application aux textes bibliques. Lausana, Éditions l’Âge d’Homme, 1979.