Manual de traducción (Inglés-Castellano)

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Autores: Juan Gabriel López Guix y Jacqueline Minett Wilkinson
Ed.: Editorial Gedisa S.A.
Año de edición: 1997
Idioma: Castellano / Inglés
Número de páginas: 365
ISBN: 84-7432-552-8
Por: Adriana Monge Castrillejo


Introducción



En este manual de traducción sobre la lengua anglosajona y el castellano se intentan aunar los aspectos teóricos y prácticos de esa gran labor y que de tantos años está dotada como es la traducción, que como bien explica Ortega, aunque en términos teóricos sea una tarea descabellada no quiere decir que sea vana.
A lo largo de la lectura el lector podrá dotarse de conocimientos a cerca de las mejores formas para traducir todas aquellas divergencias entre ambas lenguas como pueden ser los diferentes usos que se hace de cada tiempo verbal en su equivalente en castellano o inglés, la anteposición del adjetivo a la palabra a la que acompaña, variando el significado o estilo si se hace a la inversa, la importancia del orden de las palabras dentro de la frase inglesa a diferencia de la española, la puntuación y otras muchas. Todo ello contribuye a que los futuros traductores o investigadores, lectores de este manual, puedan obtener resultados más fructíferos en sus traducciones y obtengan una mayor calidad.
Puesto que sus autores, Juan Gabriel López y Jacqueline Minett, son personas con una amplia trayectoria en lo que refiere a la traducción y actualmente desarrollando la docencia en la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad Autónoma de Barcelona, contamos con un libro cargado de experiencia y en base a lo que ven necesario que se tenga en cuenta a la hora de traducir, como buenos profesionales.

Estructura y resumen del libro


CAPÍTULO PRIMERO: El papel del traductor
El traductor, ese personaje indispensable que hace de mediador entre la obra original y todos aquellos que por una discapacidad no tengan el conocimiento de dicho lenguaje y por ello soliciten una traducción, la mayoría de veces se ve en la obligación de realizar su labor bajo prisas, escaso reconocimiento de su trabajo y la no invención de elementos de la obra original. Éste, aun pareciendo alguien casi invisible entre las dos obras, muchas veces se verá en situaciones en las que tendrá que tomar decisiones y hacerse responsable de la interpretación que hagan sus lectores, si esta difiere de la original. Es por ello que debe esforzarse por captar lo que el autor verdaderamente quiere que cale en el lector; por lo que no estaríamos hablando de una tarea fácil. A su vez, tiene que conseguir mantener el estilo del original, siéndole el mejor aliado el buen dominio de su propia lengua, imprescindible para ser un traductor competente; pasando así a un segundo plano el dominio de lenguas C (primera lengua extranjera) o D (segunda lengua extranjera). Dado que la lengua va evolucionando con el paso de los años, los traductores también tendrán que tener en cuenta ese factor a la hora de traducir obras de épocas anteriores para no cambiar la intencionalidad del autor y la posible ausencia de un equivalente en la lengua de llegada.

CAPÍTULO SEGUNDO: Filosofía del lenguaje, significado y traducción

Por un lado hay filósofos como Russell y el primer Wittgenstein que afirman que todo término, expresión o signo lingüístico se refiere a cierta realidad, mientras que otros creen en su autonomía. Russell por su parte afirma que la estructura interna del lenguaje refleja la del mundo, por lo tanto, si se conoce la estructura del lenguaje, podrá conocerse el mundo. De ello proviene su interés por alcanzar el lenguaje perfecto. Pero la realidad es muy diferente puesto que contamos con un lenguaje repleto de ambigüedades y defectuoso en lo que se refiere a la lógica.

CAPÍTULO TERCERO: El ‹‹genio de la lengua›› y la traducción

Para poder llegar a una traducción óptima antes es preciso saber las diferencias que existen entre el inglés y el castellano, partiendo antes de nada de que todas las lenguas cuentan con una serie de rasgos comunes como pueden ser la arbitrariedad; es decir, la ausencia de unión entre el significado y el significante; la no correlación de las estructuras gramaticales con principios lógicos o psicológicos; la existencia de un número reducido de sonidos arbitrarios que en su conjunto tienen significado, y la productividad semántica. Sin embargo, todas las lenguas cuentan con una serie de reglas que permiten, o no, ciertas construcciones.
Podríamos empezar diciendo que uno de los aspectos diferenciadores es la existencia de un organismo regulador (Real Academia Española) de la sintaxis y la ortografía española y la carencia de uno en el inglés. Sin embargo, ambas siguen el orden SVO (sujeto, verbo, objeto), bastante riguroso en inglés, a diferencia del castellano que al haber mantenido sus desinencias verbales cuenta con una mayor libertad. A su vez, el inglés muestra una gran concisión y economía en el lenguaje y mayor evolución fonética que el castellano.
Por otra parte el inglés se caracteriza por mostrar la realidad de forma objetiva y descriptiva y con el mayoritario uso de la yuxtaposición mientras que el castellano lo hace de forma más abstracta y analítica y haciendo uso de la subordinación. Finalmente, queda por nombrar la repetición en el inglés, que lo hace tan diferente del castellano, para unir ideas y oraciones, siendo en el plano léxico una manera de intensificar la expresión, así como también lo haría la repetición de adverbios, del verbo en pasado simple o de adjetivos comparativos.

CAPÍTULO CUARTO: Rasgos diferenciales entre el inglés y el castellano (1): estructuras sintácticas

Continuamos con las diferencias entre las citadas lenguas, siendo con las siguientes con las que se muestran las mayores divergencias que existen entre ellas. Por una parte tenemos la extensión del periodo, según la cual la tendencia del inglés hacia la claridad expositiva le llevará al uso de gran cantidad de frases breves mientras que el castellano ornará sus escritos con subordinadas, uniendo de esa manera oraciones independientes del inglés. Es por esa razón por la que el inglés recurre a repeticiones, referencias anafóricas, participios, gerundios y deícticos para una favorable articulación entre las frases. Sin embargo, la utilización de la subordinación en inglés, hará referencia a un nivel culto y elaborado. Por otra parte, el antes ya nombrado orden de las palabras, tan estricto en inglés, que regirá la anteposición del adjetivo y la colocación del sujeto delante del verbo a diferencia del castellano que por su conservación de las desinencias verbales podrá omitir el sujeto o gozar de una mayor libertad a la hora de ordenar las palabras.

CAPÍTULO QUINTO: Rasgos diferenciales (2): elementos morfológicos

Desplazándonos ahora al plano morfológico encontramos también divergencias en el transvase del inglés al castellano. Partiendo del artículo se puede observar que en inglés éste se utiliza ante un predicado genérico y tras such, what, as y of. También aparecerá en dichos y expresiones, siendo el artículo en castellano para indicar individualidad. Los adjetivos a su vez, así como en inglés son invariables y preceden casi siempre al sustantivo, en castellano varían y marcan el número y su posición en la frase hace que aumente o limite el significado. Siempre tendrá que traducirse el adjetivo a la inversa. En lo que refiere a los demostrativos cabe destacar que en inglés contamos con dos: ‹‹this›› y ‹‹that››; y en castellano con tres: ‹‹este››, ‹‹ese›› y ‹‹aquel››; lo que quizá lleve a error. Por otro lado contamos con los posesivos, de los que se hace un escaso uso en castellano a diferencia del inglés, que por ejemplo los usa para referirse a las partes del cuerpo. Cabría decir que una buena forma de traducir al castellano sería la de usar el ‹‹se›› reflexivo. A diferencia del inglés que a partir de sufijo ‹‹-ly›› crea los adverbios partiendo de otras palabras, el castellano unirá la forma femenina del adjetivo al sufijo ‹‹-mente›› y se hará un uso más restringido. Finalmente abordamos el verbo, el cual está dotado de una menor riqueza en lo que ataña a las desinencias en inglés. Se debe tener bastante cuidado al traducirlos por la diferencia en la correspondencia de los usos.

CAPÍTULO SEXTO: Rasgos diferenciales entre el inglés y el castellano (3): puntuación

Aunque nos parezca extraño el inglés posee unas reglas de puntuación propias, que difieren del castellano. El punto es mayormente usado para articular el discurso y para señalar los decimales de los números. Por otra parte está la coma, la cual en inglés se utiliza delante de la copulativa y la disyuntiva, en enumeraciones ante la conjunción que separa las dos últimas palabras, para introducir una cita textual. El uso del punto y coma es igual en ambos idiomas. Sin embargo, la raya sí presenta divergencias entre ambos idioma al usarse para una explicación o énfasis en inglés, como también lo hace como equivalente de los puntos suspensivos. El guión es el que está presente en todas aquellas palabras inglesas que se han juntado para formar una nueva. Por último, las comillas funcionan para señalizar citas y diálogos.

CAPÍTULO SÉPTIMO: Aportes de la teoría

Normalmente cuando se habla de un traductor se le suele relacionar con la idea de que todo su conocimiento le viene por la experiencia; es decir, es empírico. Sin embargo, en el fondo son teóricos siempre que sus decisiones sean justificables. A lo largo de este capítulo se nombra a una gran cantidad de traductores como por ejemplo Nida y Taber según los cuales para obtener una buena traducción sugieren un modelo comunicativo de la traducción que cuenta con tres partes: análisis, transferencia y reestructuración. Por otra parte, según Peter Newmark la teoría de la traducción debe encargarse del mejor método a utilizar para cada texto, el conocimiento de la puntuación, identificar la intención del autor, el tipo de lector, las escalas estilísticas, así como los aspectos culturales. Pero en su amplia mayoría están de acuerdo en que la traducción un arte y debe considerarse como tal.

CAPÍTULO OCTAVO: Análisis textual

Este capítulo versa sobre los aspectos que debe tener en cuenta el eslabón que une la obra original con la de la lengua de llegada; es decir, el traductor. Éste, primeramente, deberá considerar el texto como un todo y no como la unión de las partes, puesto que cada frase cobrará sentido cuando se relacione con el texto que la envuelve. Para empezar a traducir, primero tendrá que pasar la etapa de compresión, la que conllevará a su vez a un análisis de la estructura gramatical y de la intencionalidad del autor y poseer amplios conocimientos a cerca de la cultura de la lengua de llegada, la que en muchas ocasiones, si difiere a grandes rasgos de la de la lengua de partida, obligará a añadir o eliminar elementos existentes en la obra de partida. Por otra parte, si el traductor no es conocedor de la terminología utilizada o del tema de la obra original, éste tendrá que documentarse. Finalmente se llevará a cabo la reformulación del texto, el que en algunas ocasiones se verá perjudicado por las prisas y los malos consejos que ofrecerán algunos diccionarios bilingües.

CAPÍTULO NOVENO: Procedimientos de traducción

En éste capítulo se tratan algunas de las estrategias a seguir para obtener una traducción con el mismo equilibrio y fuerza que el texto original. Algunas de ellas a utilizar son las siguientes: préstamos, calco, traducción literal (pero son pocos los resultados aceptables), transposición (la modificación de la categoría gramatical de una parte de la oración), modulación (variación del mensaje por medio del cambio de punto de vista), equivalencia (trasmitir una situación mediante recursos estilísticos y estructuras completamente diferentes), adaptación (la búsqueda de una correspondencia entre dos situaciones diferentes), expansión (normalmente provocada por el uso del ‹‹-ly›› en los adverbios), reducción y finalmente la compensación (necesaria, por las pérdidas y ganancias al pasar de una lengua a otra).

CAPÍTULO DÉCIMO: Diccionarios

Como última sugerencia que arrojan los autores de este libro para obtener la mejor calidad a la hora de traducir términos, son los siguientes diccionarios: Simon & Schuster, Collins, Larousse y Oxford.

Comentario



Este manual de traducción, dirigido especialmente a la que se hace con la lengua inglesa y castellana, es una magnífica herramienta para todos aquellos que estén estudiando para esta profesión, puesto que gracias a las ideas que arroja a cerca de las mejores maneras para traducir tanto textos, estructuras gramaticales, léxico, etc. y una serie de trucos y consejos que aporta, harán que el lector adquiera una mayor profesionalidad en sus traducciones y a su vez pierda el miedo por esa labor, a la que tanto respeto se le tiene, puesto que muchos fueron juzgados por ellas.