Manual de Interpretación y traducción
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Autor: Mario León.
Editor: Luna publicaciones
Año: 2000
ISBN: 9788486618117

Por Lorena Gayubo López

Resumen


EL LENGUAJE
El dominio del lenguaje es la culminación de la comunicación, no sólo porque el lenguaje es el mejor medio para expresar ideas sino porque es el instrumento más eficaz de presión. Cuando hablamos de lenguaje no nos referimos solo al escrito o al oral, el corporal y el alegórico también tienen un papel importante que envuelve a los dos anteriores. La evolución del idioma se ha dado desde el primer gruñido bélico de nuestros antepasados prehistóricos hasta la actualidad, debido a los factores como el entorno físico (el que nos rodea), el pensamiento (conceptos abstractos básicos: amor, dios, sí, no…) la ciencia (que actualmente es el campo que más neologismos y palabras nuevas está incorporando a nuestra lengua), el contacto con extraños y los personalismos (aportaciones lingüísticas debidas a personas o grupos que generan dichos, frases hechas, modismos, refranes, neologismos, etc. hasta convertirse en un nombre con un sentido común.
Mario León, para distinguir estas dos disciplinas, habla del oficio de traducir y del juego de interpretar. El oficio de traducir se considera oficio porque no es un trabajo en el que se lleve a cabo la creatividad. El traductor únicamente debe reproducir el mensaje del texto original utilizando distintos códigos lingüísticos y produciendo el mismo énfasis e intención, por lo tanto, su labor es puramente mecánica. Mientras que en el juego de interpretar (juego, dando un sentido serio a la palabra), sobre todo en el caso de la interpretación simultánea, las fichas del jugador (intérprete) son sus conocimientos lingüísticos, su experiencia, su agilidad mental, y lo que debe conseguir es que el cliente no se dé cuenta de que el mensaje recibido le llega a través de un intermediario. El buen intérprete es aquel que no existe. El aprendizaje de estos dos trabajos se da a partir de la corrección de errores: en el caso del traductor, al terminar un texto debe pedir la corrección a un colega, y, formulando su autocrítica junto con las notas que le haya aportando el compañero, podrá mejorar su competitividad. El intérprete debe gravarse en torno a media hora en cada conferencia; así observar los fallos de expresión que puede tener y que tal vez no sea posible darse cuenta en el momento. Otra fuente de conocimiento y de aprendizaje son toda clase de libros, desde los diccionarios más específicos hasta las ortografías y gramáticas más recientes. También es recomendable intercambiar libros con nuestra competencia.
El idioma español es uno de los más extendidos e incrementa sus hablantes conforme pasan los años. Aunque esté por debajo del inglés, el español es más hablado, por ejemplo, que el francés. Este idioma es el resultado de la mezcla intercultural que ha sufrido la Península Ibérica desde los íberos (balsa, losa, páramo, etc.) hasta los tecnicismos ingleses del siglo XX (chip, detective, escáner, picnic, etc.) pasando por los latinos, los bárbaros y los árabes (aceite, acequia, Algeciras, alfombra, Guadalquivir, etc.).

EL VOCABULARIO
El génesis del vocabulario se dio con el nacimiento del verbo y su consecuente grafía y signos que configuraron el resto de las palabras, dándose a este conjunto el nombre de vocabulario. Para introducirnos en este campo, debemos conocer los elementos básicos que vamos a alfabetizar: concepto (palabra o conjunto de palabras que representan una única idea), entrada (palabra que se va a alfabetizar), subentrada (expresión que se asigna a una entrada), término (entrada constituida por una palabra), expresión (entrada constituida por más de una palabra), abreviatura (palabra abreviada) y sigla (abreviatura compuesta por las iniciales de las palabras que constituyen una expresión o un nombre propio).
Se consideran una serie de criterios de alfabetización para una consulta más eficaz. Por ejemplo, no se consideran letras “ch”, “ll” ni la “rr”; preceden las palabras que no lleven signo, y las minúsculas a las mayúsculas; todos los grafismos se corresponden a este orden: números, letras griegas, signos y alfabeto latino; y, por último, hay que tener en cuenta el papel que juega el guión en nuestro alfabeto. El guión sirve para vincular palabras en lo tocante a su concepto. Une abreviaturas, pero separa éstas de otras palabras y palabras entre sí. Sucede lo mismo con la barra “/” o con cualquier otro signo ortográfico.
Al registrar un concepto nuevo en nuestros glosarios, hemos de hacerlo de modo que su consulta sea lo más accesible y rápida posible, y que su definición sea clara. Para conseguirlo es preciso que podamos encontrar las expresiones en cualquier desglosación de sus componentes, de lo contrario, esta consulta ya no sería tan eficaz y desecharíamos nuestro propio glosario.
Los vocabularios especializados son de gran utilidad para todos aquellos que sepan utilizarlo bien. Los más profesionales los guardan para futuros usos, anotando no solo su vocabulario específico, sino también percatándose de los modismos, los neologismos, palabras que se vuelven obsoletas y los nuevos significados. Muchos diccionarios tan solo funcionan como mera referencia, cuando deberían ser de consulta y esto es porque están llenos de modismos y neologismos ya pasados (diccionarios técnicos, es el caso más abundante). Para elaborar un buen diccionario personal, éste debe ser: A medida (incluyendo términos cuyo significado nos cueste memorizar), organizado (para tener una consulta rápida), seguro (es decir, que sus fuentes sean de expertos o confirmadas), vivo (continua revisión y actualización), íntegro (que podamos añadir acepciones en un futuro) y portátil.
Las fichas terminológicas no son siempre tan eficaces como los profesionales traductores o intérpretes creen. Muchas se han usado un periodo de tiempo muy corto y enseguida se han olvidado. Por eso, si lo utilizamos en formato papel, lo mejor es que sea de un Din A4 partido en ocho partes, este método es mucho más económico y práctico porque, a pesar de todo, la ficha terminológica es un instrumento válido para la recogida rápida de información. Los elementos que se incluirán en esta ficha son: la entrada (término que se alfabetiza), las acepciones (significados), los temas (campos temáticos en los que se aplican las acepciones correspondientes), fuentes (referencias sobre el origen de la acepción) y referencias (género, fiabilidad, contextos…). Para registrar los temas también es conveniente hacer una clasificación de estas acepciones (se pondrán los temas en abreviaturas de tres letras). Así, agruparemos estas fichas según el campo al que pertenezcan. También se clasificarán por fuentes (diccionarios, enciclopedias, monografías…) utilizando estos códigos: C=cliente, X=experto y Y=yo.
Realmente, la ficha es un paso intermedio hacia un vocabulario personal informatizado. Sin embargo, la forma más racional de gestionar nuestros vocabularios es utilizar una base de datos, de hecho, si sabemos programar, podremos hacer nuestra propia base de datos a medida. Todas las bases de datos tienen el mismo principio: un campo para anotar los datos y vínculos para gestionarlos. Los mejores programas para esto son Excel o el Access, así podremos alfabetizar las líneas por cualquier columna que le pidamos: idioma de partida, idioma de llegada, tema, etc.
Si estas bases de datos son informatizadas o nuestro vocabulario personal también lo es, debemos conocer la alfabetización propia de los programas que utilizamos. La alfabetización de los programas americanos y de Microsoft se diferencia un poco de la reglamentada: las mayúsculas van antes que las minúsculas; las palabras con diéresis se sitúan después de las que no la tienen, y los signos ortográficos van después de los espacios. Lo esencial es que comprendamos los criterios empleados para el ordenamiento.
La ficha bibliográfica estaría completa con los datos del autor, título, editorial y lugar y fecha de edición, pero también son importantes las entradas, idiomas, tema, tipo de fuente y el soporte que tiene. Hay que prestar atención a la fiabilidad de estas referencias y el lugar en el que están.

LA COMUNICACIÓN
La cultura resulta del desarrollo de la comunicación, ya que es a través de la comunicación cuando se transmiten conocimientos. A su vez, la capacidad de comunicación es el primordial ejercicio de la cultura. Comunicar es la acción de trasmitir mensajes y el traductor/intérprete es el que, a través de su filtro personal, hace posible la comunicación entre personas que hablan idiomas diferentes.
Cualquier presentación escrita puede ser una información, petición o conclusión. Aunque hay una gran variedad de tipos de textos escritos, todos siguen un esquema general que es un encabezamiento, planteamiento o introducción, desarrollo, conclusión y apéndices. El tamaño medio de cualquier presentación es entre 10 y 20 páginas, aunque la extensión va en función del contenido: no por ser una presentación más larga será más importante. Se valora la calidad, no la cantidad. Mario León señala como incorrecto que la página final o la siguiente al índice estén ambas en blanco, ya que no tienen razón de ser. El desarrollo debe estar estructurado en apartados y subtemas, con lenguaje directo y frases cortas para así facilitar su comprensión. La conclusión son las soluciones, medidas y resultados de lo expuesto anteriormente. En ocasiones también se añaden apéndices donde se incluyen notas relacionadas con el contenido anterior, fuentes bibliográficas, etc.
La lectura también es un medio que nos ayudará a ejercitarnos como buenos traductores o intérpretes. Para ello, no debemos de leer más un libro, de lo contrario, nuestro entendimiento sobre cada uno de sus contenidos se dispersará. Cuando leemos debemos captar el sentido. La lectura rápida es una habilidad que se ejercita (a pesar de que muchos dicen que es un don) y que permite captar las ideas generales de un gran bloque textual de un solo vistazo. Esta habilidad se mejora leyendo las columnas de los periódicos (donde, gracias a su estrechez se captan antes las ideas) e ir aumentando la anchura del texto gradualmente hasta la de un folio normal.
La comunicación oral es la más directa. El intérprete que va a intervenir en una conversación debe tener las ideas claras: saber qué pretenden los interlocutores, qué desean conseguir el uno del otro, qué puntos quieren tocar en la conversación y cuáles no. En interpretación hay diferentes tipos de comunicación oral: reunión, conversación entre dos personas o entre un grupo reducido de personas (negociación, presentación…) especialidad propia del intérprete de enlace; coloquio, reunión de personas que hablan idiomas diferentes dirigida por un moderador o una presidencia, aquí juega un papel importante la interpretación simultánea; la conferencia, el orador habla a un público en un idioma que éste no entiende, cuando no hay interpretación simultánea, se recurre a la consecutiva (actividad mejor pagada en el mercado privado, por encima de la simultánea y el doble que la de enlace), por eso, muchos hablan de interpretación consecutiva de conferencia; y, por último está el congreso, reunión de un gran número de oyentes donde se emplean dos o más idiomas, el medio típico es el de intérprete simultáneo.
Referente al estilo del lenguaje, Mario León ha recogido varias referencias de León Daudí (“Prontuario del lenguaje y estilo”), Azorín (“El artista y el estilo”) y Eugenio D’Ors (“Decálogo de la sencillez”). Todos ellos insisten en un orden, cohesión y coherencia en el contenido, así como la claridad en las expresiones y las frases, de forma que el receptor no se confunda y pueda perciba las ideas principales.
Entre los medios de comunicación, el principal es el libro, en torno al cual están los periódicos, (de periodicidad diaria), los semanarios y los anuarios. También están los boletines, entre los que se distinguen: circulares, fascículos, folletos, informes, etc. Además de la televisión, los medios radiados abarcan las emisoras de radio públicas, las emisoras privadas, la red de radioaficionados, la telefonía móvil, el correo electrónico y la videoconferencia. Los medios audiovisuales pueden ser la televisión, el cine, el vídeo, la presentación audiovisual, etc.
Para efectuar una traducción eficaz debemos ser lo más precisos posible en nuestro texto, de manera que cada palabra en la L1 sea equivalente a cada palabra en la L2, lo cual en la traducción es posible, ya que hay tiempo para investigar. Sin embargo, en la interpretación es imposible, y más si hablamos de la interpretación simultánea. En situaciones en las que el intérprete no conoce la palabra equivalente en la lengua meta se ve obligado a hacer un inciso aclaratorio, pero eso sí, nunca debe improvisar ni echar creatividad reproduciendo palabras que cree que son y en realidad no es así. El intérprete debe estar seguro de su significado, sino, es mejor saltarse esa palabra elegantemente antes de generalizarla haciendo perder todo el sentido de la frase del discurso o su énfasis. Siempre que utilizamos una palabra equivalente tiene que haber una razón por la que lo hagamos pues, ante todo, el trabajo de traductor/intérprete se justifica por la palabra, y por ello debemos conocer bien la definición de todas ellas. Las definiciones son unívocas, íntegras y breves (no porque lo breve es mejor, sino porque debemos utilizar palabras precisas). Nuestro mensaje debe ser completamente fiel al original.

LA INTERPRETACIÓN
La interpretación tiene un rasgo del que la traducción carece, y es que ésta reproduce el mensaje en tiempo real haciendo al intérprete partícipe del acto comunicativo, mediador entre el paso del emisor al intérprete. El orador es, entonces, aquella persona cuyo parlamento vamos a interpretar mientras que los interlocutores o congresistas son las personas a las que el orador habla por medio del intérprete.
La interpretación de enlace puede ser fija o móvil, es decir, se puede interpretar en una mesa (consejo de administración, negociación en el stand de una feria, etc.) o en movimiento, acompañando a un inspector por las instalaciones de fábrica… Las características más importantes son: A) no es necesaria la toma de notas. B) intermediamos en un diálogo o en parlamentos cortos. C) el intérprete puede integrarse en el grupo, lo que le permite en ocasiones realizar una interpretación hasta cierto punto informal, aportando datos de su propia cosecha o con la libertad de realizar consultas aclaratorias sobre la marcha. En este servicio entran en juego dos idiomas, si son más se contrata interpretación simultánea. Conviene llevar un cuaderno y un bolígrafo. El mayor problema de este tipo de interpretación consiste en adaptarse a la vez a la idiosincrasia, las formas, la actitud y la intención de los interlocutores, de hecho, a veces el intérprete debe intervenir de forma neutral.
La interpretación consecutiva de conferencia se caracteriza por: a) parlamentos largos de oradores, b) toma de notas por parte del intérprete, c) interpretación formal (el intérprete no se integra en el grupo). La interpretación consecutiva de conferencias más pura es en la que se interpreta lo que un orador comunica de un tirón a un público, como es el caso del discurso político, charla de un cirujano, etc. La interpretación consecutiva de conferencia entre grupos, caso de comisiones formadas por integrantes de dos países con idioma diferente, cada grupo con su portavoz, o la interpretación consecutiva de conferencia entre interlocutores, cuya conversación se puede traducir al pie de la letra. Algunos elementos formales son el aspecto (vestimenta adecuada para cada ocasión) la postura (no cruzar las piernas ni los brazos, guardar la distancia de intimidad del orador y calcular el espacio de comunicación) el comportamiento (el intérprete puede no estar convencido de lo que dice el orador, pero debe convencer al público de que lo que él pronuncia es lo que el orador dice) y la dicción (es más importante que las anteriores, ya que es la razón por la que los intérpretes están ahí, para reproducir el mensaje. La toma de notas también es importante para el intérprete consecutivo y una herramienta de suma importancia. Aquí también entra en juego la memoria. Para ello, las notas deben tener tres características primordiales: a) la legibilidad, (especial atención en cifras y nombres propios) b) la integridad, (las notas no han de contener todos los elementos) c) claridad argumental, (signos, referencias y orden de notas en el papel de moedo que nos sirvan de guía para desarrollar el parlamento).
La interpretación simultánea es la modalidad más reciente de interpretación, extendida desde el último cuarto del siglo XX. Su función es producir el entendimiento en tiempo real. El intérprete necesita hacer un esfuerzo de concentración para coordinar el contenido de lo que dice el intérprete con la imagen que percibe del orador. Si esta concentración se rompe, habremos fracasado, pero sino habremos conseguido el llamado juego de interpretar, que anteriormente había explicado Mario León, que es que el interlocutor no se percate de la existencia del intérprete, que no se de cuenta que el mensaje que le llega, lo recibe por medio de un intermediario. Entre los errores más frecuentes del intérprete se diferencian: Errores accidentales (referidos a todos los ruidos que están cerca del intérprete), errores formales (en lo tocante a los fallos en la expresión, falta de claridad, etc.) y los errores de contenido (son los más graves, ya que son errores referentes a la dicción, al mensaje, desde un silencio incierto hasta una frase no acabada). El intérprete antes de ejecutar su trabajo debe prepararse, este procedimiento consiste en: 1) leer la documentación accesible para elaborar el vocabulario y conocer los planteamientos de los oradores, 2) seleccionar las herramientas que vamos a necesitar,3) elaborar un vocabulario específico y personalizado sobre el tema o los temas que trate el congreso, 4) estudiar la información general de dichos temas. Además esta modalidad cuenta con la cabina, que es donde el intérprete simultáneo lleva a cabo su labor, y por ello debe tener diferentes condiciones: Condiciones materiales (amplitud suficiente, visibilidad y comodidad) cabinas puras y cabinas mixtas (las puras interpretan a un idioma cada una, mientras que las mixtas interpretan hacia dos idiomas cada una), el trabajo (idioma A: lo conocemos a la perfección; idioma B: conocemos la gramática y sintaxis a la perfección, pero no es el materno; idioma C: entendemos en grado coloquial), equipo técnico (equipo de cable, equipo de radio y equipo de infrarrojos). Se ha de tener atención en la coordinación del trabajo con el compañero y las fuentes (fiables o no) que se tengan sobre la conferencia que se va a dar.
Por último, haremos referencia a la interpretación mediática. La radio, aquí la interpretación es muy tensa, debido a que las grabaciones no se repiten y cualquier fallo se percibe perfectamente, además tenemos la palabra solo cuando el periodista nos la concede. El cine, la interpretación de películas es quizá la tarea más desagradecida de la interpretación, debido a la rapidez de algunos diálogos, el empleo de localismos y las deficiencias en la calidad sonora; en estos casos es conveniente conocer el guión de la película a interpretar, así como habernos traducido las escenas más difíciles. La televisión, la interpretación en programas de televisión ya es bastante corriente. En ocasiones el intérprete no dispone de mando para el volumen en la cabina de interpretación y debe graduarlo separándose más o menos los “cascos” de las orejas. La situación más comprometida se produce cuando hay que interpretar delante de las cámaras en directo, puesto que las cámaras en directo llegan a ser agobiantes. Por último, el vídeo, a veces, se nos propone trabajar delante del “monitor”, en una cabina alejada de la sala de conferencias donde hay un monitor de televisión a través del cual vemos al orador, sin embargo, hay que ser cautos y poner condiciones: 1) Que la cámara sea fija, 2) Que la cámara sea operada por un técnico (pidiendo que encuadre siempre al técnico, 3) Que nosotros dispongamos del mando de la cámara (el caso más favorable).

LA TRADUCCIÓN
La traducción es una práctica que data, según las últimas investigaciones desde el siglo XVIII a.C. con la escritura cuneiforme de los sumerios. Se sabe también que desde el imperio de Psamético (663-609 a.C.) había en Egipto intérpretes nativos que hablaban griego.
Mario León, en u principio, hace alusión a los tipos de registro de las voces desde el punto de vista de la traducción. Toda palabra o expresión consta de tres fases: fase de difusión, fase de consolidación, fase de asentamiento y fase de olvido. Pues bien, el registro es la identificación de una voz desde consideraciones concretas, a las que llamamos “registros”. Hay cuatro tipos de registros: 1) Registro conceptual: se refiere a las palabras que expresan conceptos, y dentro de éste distinguimos: el común (el primer significado con el que esta voz entra en el idioma y el más corriente; el específico (cuando se emplea con un significado concreto en una rama del conocimiento, una actividad o un grupo de personas); y el figurado (consiste en la utilización de la voz con un contenido concreto diferente al común). 2) Registro general: el sentido de cada palabra pertenece a campos concretos del lenguaje, los términos, por lo tanto, se clasificarán en los registros: vulgar (palabras malsonantes, chabacanas…), coloquial (expresiones de uso común), culto (recoge las voces más precisas), alegórico (los que se emplean con un significado nuevo, diferente a los ya asentados, en fase de difusión y que empieza a consolidarse) y el técnico (propio de determinados campos técnicos). 3) Registro temático: Por su significado, las palabras pertenecen a un tema, entendiendo como tema un asunto o materia. Sin embargo, una voz puede pertenecer a más de un registro temático, dependiendo de que esto sea así o no, habrá palabras monotemáticas, politemáticas o atemáticas (porque son de todos los registros y no pueden identificarse con ninguno). 4) Registro puntual: Aquí distinguimos el temporal (establece la época de la que se usa una voz en función de su difusión), el local (atendiendo al territorio en que se hable), el personal (se da cuando una voz es utilizada por un autor con un sentido nuevo que dicho autor personalmente le confiere).
Traducir no es solo expresar en una lengua lo que está expresado antes en otra, sino hacer que los conceptos expresados en el idioma de una cultura sean entendidos del mismo modo por otra cultura en su propio idioma. Hay dos escuelas importantes de traducción: distinguimos así la escuela anglosajona (aboga por la traducción palabra por palabra para acercarse más al texto original, obviamente este método se tacha) y la escuela francesa (aboga por la traducción libre). Lo cierto es que cada texto necesita un propio planteamiento. Sin embargo hay un método universal, que consiste en: 1) lectura, 2) preparación, 3) traducción, 4) revisión, 5) entrega. Para abordar un texto, debemos tener en cuenta siempre nuestro cliente, la clave del texto (intencionalidad) el registro de las voces (tipo de significado, campo y el tema de las voces que emplea el autor del texto original) y las tres facetas (precisión, claridad y estilo). No olvidemos también el tipo de fuentes a las que tendremos que recurrir, diferenciaremos entonces las fuentes formales (ordenador, papel, teléfono, fax…) de las esenciales (diccionarios, enciclopedias, monografías… y expertos, claro está). La calidad de todas ellas reside en la fiabilidad. Una buena traducción comienza con la preparación de un vocabulario apropiado, palabras que hayamos subrayando durante el abordaje del texto: a) términos que desconocemos, b) términos o cuya traducción desconocemos, c) términos genéricos cuya acepción hemos de fijar, d) términos nuevos que explique el propio texto. La última fase es la de la revisión compuesta por la revisión de consistencia, la revisión formal y la lectura final. La revisión de consistencia trata de fijarse en aspectos terminológicos y gramáticos, la revisión formal, en la integridad de los elementos (comprobar que no faltan párrafos, tablas, cuadros u otras figuras), los tipos de letra y la paginación; y, en la lectura final, debemos prestar atención a la ilación, esto es, el desarrollo de los argumentos con lógica y claridad. Mario León insiste una vez más en guardarnos la traducción escrita para así corregir en un futuro errores y poder mejorar esta disciplina.
Otro aspecto muy importante para los traductores es la traducción asistida. Actualmente muchos programas informáticos ejercen de ayudantes en la tarea del traductor: traducción automática, bases terminológicas, comparadores lingüísticos, memorias de traducción, etc. Estos programas pueden ser Power Translator (ejerce una labor de traducción previa), el Trados (trabaja a partir de un archivo grabado con el texto original, que va apareciendo frase a frase en la pantalla) y el Multiterm (crea bases de datos terminológicos).
La figura del traductor/intérprete jurado es algo peculiar, según observa Mario León. Su sello le convierten en fedatario público y su trabajo es reconocido por los tribunales. En España solo se puede acceder por medio del Ministerio de Asuntos Exteriores, y el nombramiento es de suma dificultad.

EL MERCADO ESPAÑOL DE LA INTERPRETACIÓN
Antes de los ochenta, apenas había escuelas de traducción en España, y mucho menos profesorado (casi todas las asignaturas las impartían filólogos), sin embargo, en boom vino en los años 80, cuando España se dio a conocer al resto de Europa, siendo entonces centro de reuniones, conferencias, congresos; La demanda era mayor que la oferta y, en ocasiones, incluso ejercían el trabajo de intérpretes, traductores que no eran profesionales. Sin embargo, en los noventa llegó el punto de inflexión entre la oferta y la demanda: las escuelas de traducción incrementaron, creándose la europea y muchas más. En los noventa es cuando este oficio se conoce y reconoce como una especialidad más en el mundo de los idiomas, se empezaba a trabajar correctamente, con un precio más ajustado, una formación consistente. Sin embargo, el gran número de promociones que salía cada año de todas las escuelas españolas provocó la saturación en la Unión Europea, y cada vez son menos los intérpretes funcionarios. La clientela no está en el ámbito turístico, a pesar de que España en el 1998 era el segundo lugar al que más turistas venían. Nuestra oferta se la debemos a las entidades estatales, las asociaciones sindicales y patronales, la mediana y gran empresa, la industria, las agencias intermediarias, los intérpretes organizadores, los organismos internacionales y los clientes privados europeos. El mercado dentro de la oferta de idiomas y puestos de trabajo y demanda de los mismos ofrece un futuro manteniendo un crecimiento global progresivo, el inconveniente es la competencia extranjera, ya que muchos de los intérpretes que trabajan en España no son locales, sino venidos de Europa. Lo que sí es crucial para la competitividad de los traductores/intérpretes es la promoción personal y sobretodo, la preparación permanente, para poder luchar con la competencia venidera.



Comentario

Este manual es de gran ayuda práctica para todos aquellos que se estén formando en el oficio del traductor/intérprete, ya que no contiene complicadas y retorcidas teorías sobre la traductología, sino que muestra una serie de planteamientos, sugerencias e, incluso, ejercicios prácticos en cada anexo muy usuales en la profesión, y, según asegura Mario León, ayudan notablemente en el proceso formativo de los traductores/intérpretes. Este libro consolida los tres pilares sobre los cuales se forjan la calidad y valía de un traductor/intérprete y son la cultura general, el conocimiento de los idiomas en los que se trabaje y la capacidad combinatoria de ese conocimiento; no obstante, el traductor debe ser más metodológico en su investigación, mientras que el intérprete necesita una agilidad mental y memoria mayores.
Los seis temas esenciales ayudan en la tarea del traductor/intérprete, iniciándose en el lenguaje español, continuando con el aprendizaje de la elaboración de un vocabulario personalizado, hasta que desemboca en la comunicación, gran introducción para abordar la interpretación y la traducción. La última parte hace referencia a la práctica profesional, y ciertos ejemplos y trucos, los cuales siendo un estudiante novato en la materia, no es aún de gran utilidad pero ayuda a abrir la mente y atisbar qué hay más allá de la carrera, cuál es el mercado, qué se puede esperar y qué se puede llegar a alcanzar. Personalmente, pienso que este manual puede servir de gran ayuda para que nos hagamos a la idea de que la traducción o interpretación es un oficio muy competitivo, y por ello tenemos que sacar lo máximo de nuestras habilidades y explotarlas para que lleguemos a ser lo suficientemente competentes como para poder aspirar a un puesto de trabajo digno.


El autor (Mario León)

Mario León Rodríguez, natural de Zamora, nació en 1947, Licenciado en Ciencias de la Información, es traductor desde 1966, e intérprete simultáneo desde 1973, siendo socio de APETI (Asociación profesional de traductores e intérpretes). Ha sido miembro de AICE (Asociación de Intérpretes de Conferencia España) durante 22 años. Pronto empezó a ejercer de profesor en Icade, de Lógica y Técnicas de la Comunicación; más tarde en la Universidad de Comillas enseñó Traducción de Alemán a Español. Desde 1982, forma a intérpretes simultáneos en cursos celebrados en distintos centros. Actualmente, ejerce de profesor de Interpretación, en la carrera de Traducción e Interpretación de la Universidad Europea de Madrid, Ha publicado cinco diccionarios técnicos políglotas y los que quedan por venir. Es intérprete jurado de alemán, italiano y francés.