Fundamentos genéticos del lenguaje

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Autor/a/es: LÓPEZ GARCÍA, Ángel
Editorial: Cátedra
Año: 2002
Madrid
Idioma/s: Castellano
Nº de páginas: 251
ISBN: 84-376-1991-2

Por Rubén Ortiz Pamplin

Introducción

Este libro no plantea la cuestión del lenguaje en términos lógico-matemáticos, sino biológicos. El ser humano es un organismo, y como tal, está formado por productos minerales y de una serie de procesos orgánicos similares a la naturaleza que nos rodea. Evidentemente, no dejamos de formar parte de ella; pero además hablamos, poseemos la capacidad del lenguaje y como consecuencia somos capaces de pensar como humanos y vivir en sociedad como tales. Sin pretender utilizar conceptos extraídos únicamente de las ciencias denominadas duras y hacer un uso abusivo de ellas para explicar las analogías y los paralelismos que puedan existir entre la genética y el lenguaje, este libro recoge una inmensa cantidad de leyes y categorías lingüísticas que equivalen a otras tantas leyes y categorías genéticas.

Resumen

Como el propio Ángel López indica en el prefacio de su obra, este libro toca un tema que se encuentra en el “ojo del huracán del siglo XXI” (13), la genética. El final del siglo XX y los inicios del siglo XXI se han destacado en el ámbito científico, por una cantidad de avances en el campo de la genética que nos permite infinidad de recursos antes impensables; desde verificar la paternidad de los hijos hasta de algún modo diseñar a nuestros propios descendientes. Así, pues, el libro Fundamentos genéticos del lenguaje ofrece una propuesta poco común para el lingüista: indagar y explorar las analogías y paralelismos que existen entre la estructura genética y la estructura del lenguaje. A pesar de que ha sido un tema tratado por varios autores, ninguno de los trabajos conocidos hasta la fecha ha efectuado una comparación entre el código genético y el código lingüístico de la misma forma que tampoco se han planteado las implicaciones de la estructura genética en la estructura lingüística. Este libro no trata de imponer los métodos científicos experimentales en la lingüística, muy al contrario, A. López García establece un puente entre ambas ciencias mediante el trasvase de conocimientos de una a otra área, de manera que la información aportada pueda dar un acercamiento distinto al lenguaje. Para llevar a cabo esta tarea, el autor propone un método de descubrimiento, en el que se establecen comparaciones, similitudes y paralelismos entre elementos, estructuras y mecanismos en el terreno de la genética y la lingüística, planteando hipótesis y preguntas que van haciendo posible el desarrollo de las comparaciones. Recorre una serie de cuestiones fundamentales de la lingüística moderna como por ejemplo; la cuestión del innatismo, temas como los mecanismos de cohesión sintáctica y la coherencia semántica entre otros. En resumen, podríamos decir que se trata de un continuo replanteamiento de cuestiones lingüísticas teniendo en cuenta diferentes perspectivas. La autoridad con la que López García habla le viene de haber conocido y profundizado prácticamente todas las líneas de investigación lingüísticas actuales y, además, poseer una formación en ciencias como las matemáticas o la lógica que pocos especialistas en el lenguaje poseen. Este hecho puede hacer que en determinadas partes del libro su comprensión no sea del todo asequible al lector que no esté familiarizado con conocimientos genéticos aunque, una lectura pausada y atenta pueda proporcionárselos. Para tratar este problema, el autor, ha procurado simplificar datos de ambas ciencias.
A pesar de este pequeño inconveniente, este libro garantiza al lector una obra intensa y profundamente innovadora, sobre todo, de cara a la lingüística.

Comentario

Fundamentos genéticos del lenguaje es un libro destinado a un tipo de lector interesado por la genética y la lingüística. La obra se divide en un prefacio y once capítulos, entre los que cabe destacar el último de ellos, ya que en él se produce una condensación en la cual se citan muchas de las ideas que se han ido desgranando en los capítulos anteriores pero en el que a su vez, se plantean más dudas y cuestiones de interés. Si algo se echa en falta es una bibliografía conjunta al final de la obra, ya que esta se encuentra desperdigada en los pies de página, junto con las notas aclarativas.
Según López García, se trata de plantear cuestiones relativas al lenguaje en términos biológicos siguiendo con su continua “búsqueda del conocimiento de uno mismo aplicado en este caso a la especie en lugar de al individuo” (p.15). Por supuesto, su objetivo es tan amplio como el objeto planteado, el lenguaje. En el capítulo VI, afirma que su verdadero interés es intentar dar respuesta a lo que Chomsky denominaba “problema de Platón”, el cual surge “del asombro” ante la observación del proceso de adquisición del lenguaje.
Entre las cuestiones relativas al lenguaje planteadas en términos biológicos, se pueden destacar varios temas cuyo planteamiento pueden llevar a implicaciones muy interesantes de desarrollar en futuros trabajos: sobre el cambio biológico; el origen del lenguaje: innatismo y percepción; procesos informativos; principios perceptivos y su implicación en la organización del lenguaje; analogía del código genético y el código semiótico; analogía formal entre código genético y código lingüístico; la especificidad del lenguaje humano; pre-lenguaje, protolenguaje y lenguaje; adquisición y desarrollo del lenguaje; la gramática emergente etc. Aún así, aquí no se agotan los temas tratados. Dependiendo de los intereses de cada uno, se pueden encontrar planteamientos muy interesantes para cuestiones más específicas en cada uno de los capítulos, como la categorización, la concordancia gramatical, la morfología, los movimientos sintácticos, la oración compleja, el texto, la coherencia y cohesión textual, tema y rema, la variación lingüística, el cambio lingüístico, la creatividad etc.
Uno de los temas centrales del estudio es que el código genético es el modelo o “base estructural para el código lingüístico” (p.219). Esto es, que el lenguaje “en su manifestación más característica se encuentra prefigurado en el genoma” y por tanto, “el lenguaje es una capacidad innata” (p.227).
Asimismo, los principios innatos son tanto aquellos relacionados con la estructura lingüística como con las bases perceptivas del lenguaje. Estos principios no tienen valor si no se combinan entre ellos. Además, no hay que confundir esto con el hecho de que en el genoma se encuentren las estructuras que se definen en las gramáticas. El genoma, según este autor, representa de manera anticipada unos principios que son necesarios pero no suficientes para el uso de la lengua. Así pues, existe un componente lingüístico que no tiene posible homólogo ni en las unidades y procesos genéticos, ni en los procesos perceptivos: el componente pragmático del lenguaje. El código genético es totalmente ajeno a las consecuencias de sus procesos, mientras que el lenguaje se utiliza precisamente con el fin de obtener una respuesta en el oyente.
Una de las ideas principales de este libro está relacionada con el cambio biológico, ya que el origen del ser humano afecta al origen del lenguaje. López García trata de establecer que este cambio biológico no sólo es gradual, sino que también hay cambio, como López García dice, salto cualitativo. De esta forma, la combinación de conceptos que hasta ahora parecían opuestos como evolución gradual y cambio cuantitativo forman las bases del concepto del cambio biológico que afectan al desarrollo u origen del lenguaje. Así pues, el concepto de evolución se encuentra por debajo de los principios innatos que regulan la base formal del lenguaje, mientras que el de salto cualitativo lo hace en aquellas características propias del ser humano como la capacidad de comprensión, de desplazamiento (p.67), y aquellas que identifican al lenguaje como algo específico del ser humano, como su función simbólica (p.67).
Podríamos decir que el autor se centra en la parte más evolutiva del lenguaje, es decir, en el estudio de los principios innatos que forman parte de nuestra herencia biológica y que como tal, López García cree que se deberían encontrar en el código genético. La búsqueda de la herencia genética está dirigida hacia la explicación del cómo del innatismo lingüístico. Esta se desarrolla principalmente a través de analogías y paralelismos, entre los que cabe destacar la analogía establecida en el capítulo II entre el código genético y el código semiótico. Esta analogía se extiende a lo largo del capítulo III a los procesos informativos que ocurren en el interior de la célula, transferencia, transcripción y traducción, y los que tienen lugar en diferentes tipos de organismos vivos. En ambos casos, se observa un aumento de la dificultad de esos procesos en relación con la complejidad del organismo. Más adelante, en el capítulo VI introduce el mecanismo replicador del ADN el cual supone un grado mayor de complejidad en el procesamiento informativo humano frente al de los primates. En esa revisión hecha sobre los estudios y experimentos que durante años realizaron los psicólogos con primates, el autor, no se limita a hablar de la existencia de este tipo de principios, como, quizá, pueda dar la impresión en capítulos anteriores dejando cierto aire de arbitrariedad, sino que trata de establecer hasta qué punto esos primates llegaron a «adquirir lenguaje» con el respaldo de experimentos ya hechos y no posibles hipótesis. En el capítulo IV se amplía la analogía a los procesos comunicativos, y se ejemplifica la realización de los mismos mecanismos de transmisión de información intracelulares en los procesos comunicativos entre seres vivos. Tanto en el proceso informativo como en el comunicativo, existe un encadenamiento que también se encuentra prefigurado en “la forma de codificar los genes” (p.40). Por esto, la Transferencia, Transcripción y Traducción son considerados como “universales de la información biológica” (p.46).
El proceso de analogía afecta también a los principios innatos perceptivos. En el capítulo V, López García parte de la consideración de la percepción visual como el prototipo de proceso comunicativo por el cual se transfiere la información del entorno hasta el ser vivo mediante la transformación de los estímulos recibidos. Se establecen, de esta manera, homologías entre las leyes de percepción visual propuestas por la gestalt con los procesos de comunicación e información que se dan en el interior de la célula y que se proyectan fuera de ella en los organismos vivos (p.76).
También, se observa que en el principio de nuestra actividad verbal, el protolenguaje infantil evidencia la puesta en práctica de mecanismos que operan en el procesamiento visual y su importancia. Estos principios innatos surgen debido al salto cualitativo que tiene que ver con el desarrollo de nuestra capacidad neurológica, la cual hace posible, no sólo que podamos trasladar los principios perceptivos al procesamiento verbal, sino que además, seamos capaces de extenderlos y mejorarlos.
En el capítulo XI se vuelve a los principios perceptivos y el lenguaje, puntualizándose que, a pesar de que la percepción visual es algo que tenemos en común los seres vivos, existe una diferencia perceptiva esencial causada principalmente por el lenguaje humano. Esta posibilidad de percepción de entidades discretas sólo es posible a través del lenguaje y es específica del ser humano.
También aquí se establece una correspondencia entre los patrones gestálticos y los patrones lingüísticos. Uno de los fundamentos de la percepción es el establecimiento del patrón perceptivo de figura y fondo (p.229), el cual, en el ser humano, se ve completado con la capacidad de poder establecer una frontera entre ambos, dada su naturaleza perceptiva analógica, la cual depende igualmente del lenguaje (p.231). Esta estructura perceptiva específicamente humana encuentra su homóloga en la estructura del codón genético.
El desarrollo de la hipótesis evolucionista se amplía al ámbito de la estructura lingüística, sobre todo en los capítulos VIII, IX y X, donde se establecen analogías entre el código genético y el lingüístico. Es de agradecer, dada la dificultad de la parte genética para lectores no especializados, que al principio de cada capítulo se ofrezca un resumen de lo descrito en el anterior. Igualmente, como ya he mencionado al principio de este comentario en los inicios del capítulo XI el autor presenta un resumen conjunto del resultado de las analogías descritas en los tres capítulos anteriores.
En el capítulo VIII, se establece la analogía entre la estructura del código genético con la estructura de frase lingüística, mientras que en el capítulo IX se establece la analogía entre el ADN satélite y los fenómenos de oración y el concepto de isla sintáctica (p.173). En este capítulo X se sube el nivel estructural; de la oración al texto, regresando al ADN codificante en busca de la analogía.
Dentro del texto, a parte de tratar la constitución del ADN codificante, trata también de establecer la analogía entre los procesos de control de ciertas unidades genéticas y los mecanismos de coherencia semántica y cohesión sintáctica textual. De la misma forma, se investiga sobre la estructura en cuanto al discurso se refiere, causada por los procesos genéticos de Transcripción, Traducción y Transferencia (p.194). Se realiza, así, una comparación entre unidades y procesos genéticos, especialmente en la Transcripción y Traducción, con conceptos de enunciado, oración y texto, cómo son los contenidos explícitos, los contenidos redundantes (p.196) los conectores, el tópico discursivo (p.198), el foco y el tema (p.203).
Todas estas analogías sirven para establecer que los principios del lenguaje se encuentran en el genoma y por tanto son innatos. López García establece así los límites del innatismo. De esta forma, afirma que los principios perceptivos sólo pueden llegar a explicar el protolenguaje, que sumándole las regularidades que se encuentran por debajo de la estructura del genoma daría un pre-lenguaje (p.143), llegando al lenguaje humano adulto, de mayor nivel de complejidad. En este lenguaje entran en juego no sólo principios innatos de base genética y perceptiva, sino otros componentes como la conciencia metalingüística y la construcción del Yo, que actúan como mecanismos para integrarse (p.223) y que dan como resultado una gramática. De todas formas, la cuestión del lenguaje humano es más compleja aún. De hecho, el propio autor manifiesta la necesidad de ir más allá de la simple coincidencia estructural entre código genético y lingüístico, lo cual desde mi punto de vista crea una nebulosa un tanto extraña después de la seguridad y contundencia con la que habla en los capítulos anteriores. Estos principios se sostienen como necesarios para la adquisición de una lengua, pero evidentemente no son suficientes para manejarla (p.221).
Es importante resaltar que el propio López García llega a reconocer que su proceso analógico establecido entre el código genético y el código lingüístico le lleva a la descripción de los mismos principios lingüísticos que son descritos por el generativismo como universales lingüísticos (p.220). Consciente de esto, él mismo se excluye de esta posible categorización cuando afirma que no trabaja dentro de este conjunto de métodos científicos (p.78), lo cual no significa tampoco que la rechace, igual que no rechaza totalmente ninguna otra teoría que pueda hacer aportaciones a las hipótesis y problemas formulados en este libro.

Conclusión

Nos encontramos ante un libro que consta de hipótesis fuertemente respaldadas por las investigaciones científicas hechas hasta la fecha. Si estas hipótesis son ciertas, indudablemente nos encontramos ante una obra que abre múltiples brechas en los misterios establecidos por la ciencia del lenguaje actual y que reconducirían, en caso de ser verdad, muchos de los principales planteamientos de nuestra disciplina. De aquí en adelante los lingüistas no podrán evitar incluir algunos de los planteamientos genéticos en sus investigaciones de la misma manera que ya no pueden evitar incluir planteamientos neurológicos ya demostrados.
De alguna forma, esta obra nos deja con la idea en el tintero de que aunque estemos moldeados por la sociedad y sociabilidad, al fin y al cabo, no dejamos de ser criaturas sujetas por obligación a procesos naturales y químicos que de un modo u otro, nos condicionan incluso más de lo que a primera vista creemos.

Referencias bibliográficas


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