La historia, la traducción y el control del pasado

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Autor/a/es: LÓPEZ ALCALÁ, Samuel
Editorial: Universidad de Comillas
Año: 2001
Idioma/s: Castellano
Nº de páginas: 135

Por Irene Miguel Sanz

Resumen

La primera parte del libro, y también la más extensa, lleva por título “La historia de la traducción. Antecedentes” e intenta ofrecer una visión general, desde el punto de vista cronológico, de los estudios realizados sobre la historia de la traducción. Este recorrido no pretende profundizar en el asunto sino servir de introducción para el resto del texto. Con fin de llevar a cabo dicho repaso, Samuel López Alcalá propone tres etapas de estudio que abarcan desde los inicios de la historia universal hasta nuestros días:

  • Etapa prehistoriográfica: periodo de referencias anecdóticas a la traducción, desde el año 3000 a. C. hasta el siglo IV d. C. Esta primera etapa se caracteriza por incluir referencias más bien anecdóticas y marginales sobre la actividad traductora en obras cuyo objeto de estudio no es precisamente el lingüístico, en la mayoría de los casos se trata de textos sagrados.
  • Etapa apologética: época de referencias a traductores clásicos desde el siglo IV hasta el siglo XVIII. En este apartado se incluye un breve análisis de la obra traductora en Occidente y en la Península Ibérica. Ambas localizaciones coinciden en un aspecto: ningún erudito ni escritor se muestra interesado por hacer historia de la traducción, por lo tanto, recopilar todos los datos de actividad traductora durante estos siglos se convierte en una empresa ardua ya que está llena de inconexiones, incongruencias y carencias. El autor cita, entre otros, la labor traductora de personajes tan representativos como San Jerónimo, Samuel ben Tibbon y Juan Luis Vives.
  • Etapa del nacimiento y desarrollo de la disciplina: la historia de la traducción desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Su relación con el ámbito académico.
    La tercera etapa revisa los estudios de historia de la traducción desde sus inicios hasta la actualidad, haciendo especial hincapié en los realizados dentro de la Península Ibérica. López Alcalá hace referencia, entre otros, a tres autores de importancia relevante: Juan Antonio Pellicer y Saforcada, Joaquín de Lorga y Juan Pablo Forner. Los dos primeros fueron pioneros en tomar la iniciativa de recopilar nombres de traductores insignes del pasado en España y el tercero también reunió datos sobre el arte de traducir en un libro que publicaría a finales del siglo XVIII. Estos autores sirven de introducción al trabajo del sabio cántabro, Menéndez y Pelayo, responsable de la conocidísima obra Biblioteca de traductores españoles, en la que se analizan los trabajos de distintos traductores del latín y el griego a la lengua castellana. El tratado incluye 293 reseñas biográficas y bibliográficas y es considerado una de las bases del desarrollo de esta disciplina en el ámbito español.


El repaso general a los estudios de historia de la traducción al que se dedica la primera parte del libro, culmina con una extensa enumeración de títulos de obras al respecto dentro y fuera de nuestro país, desde los años 30 (con Mattieson) hasta la actualidad (con el metodológico Pym).
La segunda parte trata de los vínculos entre la traducción, la historia y la historiografía, el proyecto historiográfico reinante en una sociedad y el resultado de dicho proceso.

El papel de la traducción dentro de los estudios históricos ha sido silenciado a lo largo de los siglos, hasta el punto de que la traducción no es considerada una ciencia afín para la Historia, como sí los son, por citar algunos ejemplos, la crítica textual, la arqueología, la paleografía o la economía. Sin embargo, la traducción constituye un instrumento más en manos de la Historia y ha sido utilizada como un medio para sus fines, lo que ha dado lugar, en ocasiones, a una manipulación del pasado y, por tanto, del presente, cuestión desarrollada a través de curiosos ejemplos. En conclusión, la historia no hubiera podido escribirse sin la traducción. Resultan especialmente interesantes los apartados dedicados al concepto y los motivos de traducción según el momento histórico, la fidelidad al sentido en el marco temporal, la figura del traductor como sujeto histórico y el problema de la distancia entre el original y su traducción.
También explica algunas herramientas para el ‘’control del pasado’’:
1. La crítica textual: es la disciplina encargada de estudiar y analizar los textos preservados del pasado, con el objeto de determinar su autoría y autenticidad. La premisa fundamental es si en la transmisión de un texto ha habido cambios y pérdidas, es decir, una corrupción.
2. La censura de documentos: una práctica común en muchas épocas, ámbitos y culturas.
3. Errores de los escribas: la profesión, aunque altamente desarrollada, suponía muchos errores, a veces nimios pero otras, transcendentales por su alcance teológico, político y cultural.
4. La falsificación: existen numerosos ejemplos de modificación de relatos para beneficio de los perjudicados en ellos.
5. La traducción: es una herramienta de manipulación por excelencia y por tanto blanco de muchas críticas. Se puede modificar el sentido, cambiar opiniones o destruir datos según la voluntad del traductor.
La historia no puede escribirse sin la traducción, asimismo la traducción es un instrumento en manos de la historia, en un medio ideal para sus fines y, por último, el resultado de esta relación bidireccional entre ambas es la manipulación del pasado y por tanto del presente.

El último capítulo aborda la cuestión metodológica, haciendo un repaso de las escasas propuestas que se han formulado en este sentido e insistiendo en la necesidad de que la historia de la traducción requiere para avanzar correctamente una metodología adecuada.
Al estudiar la historia de la traducción no se puede pasar por alto el estrecho vínculo entre ambas realidades y su constatación sugiere la necesidad de acercar el debate de la metodología propia a la historia de la traducción a la historiografía tradicional y a la teoría de la historia de una forma más activa de lo que se ha hecho hasta ahora.
Uno de los mayores problemas es definir el concepto de historia de la traducción; se pueden dar diferentes orientaciones: narrativa, genética o pragmática; y seguir varios métodos: el erudito, el analítico-sintético o el estadístico.
López Alcalá propone, en la misma línea que otros autores como jean Delisle, que la propia teoría de la historia puede ser un punto de partida para guiar los esfuerzos por sentar las bases metodológicas de la historia de la traducción.
En materia de producción historiográfica, los caminos sin recorres son inmensos. Las cronologías, los manuales, las metodologías, las obras monográficas… Son algo en lo que todavía queda mucho por hacer dentro del panorama de la investigación y la producción editorial.

La bibliografía final, aunque breve, recoge los principales títulos existentes sobre la historia de la traducción. Sorprendentemente no incluye todas las obras que se han utilizado para la realización de este estudio, ya que algunos autores de los citados, y cuyas opiniones se comentan, no aparecen en este apartado final, con lo cual el lector interesado en estos temas se ve obligado a buscar entre las páginas leídas esa referencia bibliográfica que no puede localizar en este epígrafe.

Conclusión

La traducción ‘’está de moda’’, en los últimos veinte años el desarrollo de este campo se ha extendido a España, cada vez se publican más traducciones y se investiga más sobre la actividad traductora.
Al ser los estudios de traducción una disciplina académicamente joven, existen numerosas lagunas que es preciso llenar. A pesar del crecimiento teórico de la traducción, el estudio sistemático del pasado de la traducción ha avanzado comparativamente poco, son pocas las obras existentes relacionadas con la teoría y metodología de la historia de la traducción.
El pasado de la traducción ha constituido la base a partir de la que se han formulado los principios teóricos de la actividad del traductor.
La Historia no puede escribirse son recurrir a los textos ya que los testimonios más importantes del pasado se encuentran escritos en lenguas extrañas para la mayoría. Sorprende pues, que la traducción no se incluya habitualmente entre las llamadas ‘’ciencias auxiliares’’ de la Historia. El traductor es una pieza fundamental del proyecto histórico, controla el pasado.