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TRADUCCIÓN, EMIGRACIÓN Y CULTURAS

Autor: Miguel Hernando de Larramendi y Juan Pablo Arias (Coords.)
Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha: Grupo de Investigación Traductología.
Número de páginas: 286
Idiomas: español, inglés y francés
I.S.B.N.: 84-89958-62-9
Por Ángel Lozano Franco

INTRODUCCIÓN

Los fenómenos migratorios hacen constante la comunicación y toma de contacto de diferentes culturas. En el debate propuesto en esta obra por más de treinta intelectuales, que desarrollan labores estrechamente ligadas al contexto de la pluriculturalidad europea, se aborda la cuestión al final de la década de los 90.
La confluencia de las diferentes lenguas y sus valores culturales proyecta una serie de desafíos novedosos donde el rol de la traducción debe ser materia de análisis desde ciertas perspectivas. La Fundación Europea de la Cultura contribuyó a la consecución de esta charla mediante su inestimable ayuda económica.
Mohamed Arkoun, uno de los intelectuales más influyentes dentro del pensamiento islámico contemporáneo en su moderna vertiente reformista, fue el encargado de abrir el coloquio haciendo hincapié en la escasez de comunes estrategias plausibles en Europa para abordar la inmigración desde una perspectiva educativa y cultural. Esta temática iniciada por el catedrático, se desarrolló críticamente durante la primera sesión, donde se acometió la visible incongruencia política de los estados y sus actuaciones en materia de inmigración. Esta incoherencia gubernamental hacia los inmigrantes no es sino el conflicto resultante del complejo binomio entre teoría y práctica: propósitos estatales para la enseñanza de sus lenguas de origen que pese a ser planteados como clave, terminan siendo proyectos insuficientemente llevados a cabo en la realidad debido a la mayor atención a la dimensión económica de los flujos migratorios. Con esta panorámica sobre la mesa, fueron interviniendo los participantes en representación de colectivos emprendedores que desarrollan iniciativas en este ámbito. Después, se agregaron testimonios de escritores, traductores, periodistas, editores o agentes culturales que mostraron, como inmigrantes o exiliados, sus experiencias humanas de primera magnitud, cuyos efectos sobre la literatura son reconocibles y destacables dada la coyuntura social de nuestro mundo globalizado y su riqueza contrastiva de culturas.

RESUMEN

El libro donde se plasma esta conferencia viene dividido en cuatro bloques temáticos, en los que convergen diversas ramificaciones del tema común y objeto de debate, cuya acotación más elemental queda reflejada en el título de nuestra obra: Traducción, emigración y culturas.El primer eje temático ofrece un interesante punto de partida por parte del profesor Bernabé López que nos introduce el concepto arcaico de trujamán (DRAE: «Persona que aconseja o media en el modo de ejecutar algo, especialmente compras, ventas o cambios»), destacando así el papel del traductor actual en España, revalorizado más allá de lo lingüístico como intercesor necesario entre el colectivo inmigrante y sus problemas, que debe ampararlos y protegerlos mediante la constante improvisación por culpa de la falta de políticas concretas.Las personalidades que intervienen después, conocen estas carencias políticas y van exponiendo las principales cuestiones a analizar dentro de sus respectivos países. Françoise Lorcerie y Mohamed-Cherif Ferjani denuncian la negligencia de un país como Francia, que pese a su vasta tradición migratoria, ha terminado por abandonar la interculturalidad entre obsoletos métodos y programas en un claro ejemplo de descuido. No existe ni siquiera en la educación una política real de integración. Tampoco hay una ayuda de la opinión pública hacia la apertura necesaria de contenidos a favor de la diversificación de las lenguas y la renovación de enseñanzas histórico-culturales, para las que tendría que ser clave el apoyo de los países de origen. Más al este, nos encontramos con el caso holandés que describe el profesor Jan Jaap de Ruiter, dándonos a conocer qué pasos serían imprescindibles para el desarrollo de una política lingüística adecuada, también ineficaz en Holanda. Entre los requisitos encontramos el problema de delimitación de las lenguas que conviven con el neerlandés y el frisón para revitalizarlas; un trabajo complejo ya que existen trece minorías que hablan más de trece lenguas. También se requiere concretar la base ideológica para después conseguir herramientas, bien propias o de otras naciones implicadas, que sean puestas en marcha por un agente que es necesario delimitar, distribuyendo competencias para que esas loables metas realmente se culminen. Y como no podría ser de otra manera, en España se vienen cometiendo una serie de errores similares, por lo que es constatable que la reforma educativa de 1990, que aboga por el desarrollo socio-personal del niño en su entorno heterogéneo, no satisface la creciente inmigración y el objetivo estatal de integración plena. Con la capital como ejemplo, Adela Franzé nos detalla la problemática de base de una educación madrileña, que estereotipa y trata como excepcional, compensatoria e incluso carencial a este tipo de enseñanzas adaptadas. Estos hechos son comunes en el marco español, aunque en el contexto andaluz existan ciertas particularidades criticadas por Juan Pablo Arias desde la situación malagueña, ya que existe un mayor choque cultural en el que solo se involucran de lleno ciertas asociaciones y oenegés para combatir este nocivo asimilacionismo.El segundo bloque queda abierto con la acertada introducción de Enrique Viaña, que pone de manifiesto el estado actual de la cultura como mercancía y su dependencia de las leyes de intercambios mercantiles. La cultura inmigrante árabe, está altamente marcada por este hecho, por lo que merecen reconocimiento los ejemplos de compromiso con la civilización árabe y sus culturas de origen. Desde la Fundación al-Hizjra, Simone Meilof Iben cuenta como la labor traductora ha aumentado la tolerancia en Holanda, donde con la ayuda de conferencias y encuentros, emerge cierto interés social, sobre todo en autores magrebíes, que deben hacer frente, igual que todos los involucrados en este mundo, al debate entre la búsqueda de beneficio económico o de el reconocimiento de sus valores culturales. Salah Niazi relata después la experiencia de la revista Al-Ightirab al-adabi, que aunque pierda dinero sigue publicando para el mundo a los escritores sin partido que son silenciados por el cerco literario iraquí. Con la censura libanesa lidia May Ghoussub, desde la Editorial Saqi, demuestra el esfuerzo de aceptación y aprendizaje necesario para integrar esta cultura desde el exilio. Con más medios cuentan los servicios árabes de la BBC, que traduce diariamente al árabe una gigantesca cantidad de información en inglés para radiar con la máxima calidad comunicativa toda la actualidad desde la relativa transparencia europea.Dentro de España, Jordi Morreras narra el fuerte impacto de la exposición de 1996, “La ciudad de la diversidad”, en los nuevos ámbitos de la multiculturalidad de una mediterránea Barcelona que se abre hacia el mestizaje comercialmente con la oferta de actos culturales que priorizan atractivo ante comprensión. También en la coyuntura barcelonesa trabaja el Centro Cívico La Sedeta, cuya labor de ayuda con las culturas más débiles del ámbito mediterráneo explica Oriol Pascual. Su objetivo principal es promocionarlas y lograr un proyecto de cooperación a gran escala que mantenga estas identidades. El periodista y escritor Hazem Saguiyeh facilitó la comprensión de toda esta problemática relacionada con la civilización árabe gracias a su intervención, en la que aclaró las diferencias entre el mundo árabe y el islam, así como la inexistencia de unidad en sus ámbitos de política, lingüística, educación o economía, provocada por la presencia de más de veinte estados.La traducción retoma el eje del libro durante toda la tercera parte, que se inicia con el preámbulo de Francisco Lafarga. Este catedrático destaca el papel esencial de la traducción en la circulación de las grandes ideas universales, desde Platón hasta Einstein, y su complejidad de adaptación y traducibilidad entre sistemas culturales. Por su parte, Ovidi Carbonell habla de la tendencia teórica actual denominada the linguistic turn in cultural studies. Las culturas como textualidades cambiantes, híbridas y en traslación constante a la que la traducción hace frente confrontando dialécticas; mediante estos conflictos y las interpretaciones resultantes, se da lugar a nuevas identidades mestizas. El traductor Miguel Sáenz ejemplifica con la literatura alemana escrita por «gastarbeiter» otro fenómeno que conlleva transculturación. Él es traductor de la participante en la charla Emine Sevgi Özdamar, inmigrante turca que escribe en un alemán contaminado, con errores que debe transmitir al español. Sin cambiar de tema, Salvador Peña Martín parte del mito de Babel para proponer una utopía multilingüe donde los inmigrantes mantienen su lengua de origen y los receptores se enriquecen de sus sistemas culturales asociados. Pero, como critica Basil Hatim, las domesticaciones lingüísticas como la del árabe por parte del inglés, someten modos socio-textuales de pensamiento y comunicación, y al contrario, no se debería mantener excesivamente extranjerizado un texto. Se plantea la siguiente disyuntiva: ¿domesticating or foreignizing? Pero carecemos normalmente de medios incluso para decidirnos con fundamentos por una de ellas. La última precisión que nos deja este autor consiste en que «entre extranjerización y naturalización, es preferible lo primero; entre traducción literal y libre, hay que optar por la literal; entre traducción y adaptación, es mejor la traducción; entre la traducción que reemplaza al original y la traducción como comentario de un original que está presente, debemos defender lo segundo». Y un caso curioso es el que explica en primera persona la traductora y escritora mestiza Malika Embarek López, que se siente como una quintacolumnista y traidora doble en su «intento de respetar o restituir en mi texto castellano mis voces árabes», viéndose así incapaz de reproducir lo apasionada de ambas lenguas.Para concluir este tercer apartado, aparecen otros ámbitos especializados de la traducción, como la compleja traducción jurada de documentos paquistaníes en España que lleva a cabo Roberto Mayoral Asensio. Escritos en su peculiar variedad de inglés, con vocablos en urdu y errores mecanográficos, terminan por desembocar en traducciones opacas debido a la escasez de fuentes fiables de apoyo. Similar es el caso de la traducción judicial en Ceuta en cuanto a sus ingentes problemas de documentación con los inmigrantes; la intérprete de la Administración de Justicia, Karima Hajjaj, relata además como debe ejercer de conciencia entre dos mundos en conflicto y después hacer de psicóloga para aniquilar un sueño mediante la transmisión de un sumario expeditivo. El mismo cargo profesional que K. Hajjaj desempeña Manuel C. Feria García, que ve como las necesidades de su trabajo son cubiertas por árabes inmigrantes chantajeados o sobornados con favores y contratos. Todo ello muestra un ejemplo de la ética del traductor e intérprete, que gana cada vez más respeto y estima en los círculos académicos, aunque paradójicamente deba violar su código deontológico al «imponerles tarifas sensiblemente inferiores o incluso no cobrar. Admitimos el posible perjuicio ocasionado a nuestros colegas deontológicamente puros y lo lamentamos mucho pero frente a los intereses gremiales aquí también se ha impuesto nuestra faceta de servidores públicos».Como remate a la cuestión, el profesor Waleed Saleh Alkhalifa enumera los diversos problemas con los que se lidia en la tortuosa traducción jurídica del árabe: carencia de diccionarios especializados, difícil equivalencia entre términos jurídicos, falta de coincidencia entre las denominaciones y nombres de cargos oficiales y empleos públicos, notable variedad de la organización administrativa entre Oriente y Occidente árabe y sus diferencias con los sistemas europeos, influencias sociales llamativas, datos peculiares propios de su cultura, vocabulario particular para productos alimenticios y por último, el orden y forma de los nombres propios y apellidos.Acometemos ya el tramo final del libro, que aborda el tema de la literatura en el exilio, un término que como describe Juan Bravo Castillo ha sido objeto de reflexión desde tiempos antiguos. Plutarco lo consideraba una apertura al mundo, Ovidio una mutilación personal, y Dante sintetizaba ambas al interpretarlo como un proceso arduo de entendimiento y dolor que desencadena tras ello un jubiloso reposo y la contemplación del sole e l’atre sele. Pero para entenderlo desde una perspectiva actual y personal es menester analizar las siguientes intervenciones: Ouassini Laredj, que cuenta como tras huir de la represión en Argelia, llega para él una nueva vida en Francia para su escritura al sentir la pérdida de un espacio que se hallaba en su interior; el iraquí Abid-Jasim Assaidi, que pone de manifiesto el carácter fúnebre y triste de esta literatura, cargada de ironía y fruto del sufrimiento interior y la inestabilidad psicológica y social que restringe la creatividad.Lo que parece claro y también afirma Raúf M. Basta, es lo beneficioso que pueden resultar los movimientos migratorios para los árabes, que se abren así a percepciones nuevas que fuera de censuras les permite poner en tela de juicio sus jerarquías religiosas, sociales, políticas e incluso sexuales; como ocurrió en Egipto durante las emigraciones de intelectuales y trabajadores hacia otros países (aunque fueran también árabes) desde 1970. La escritora inmigrante Emine Sevgi Özdamar, ya nombrada con anterioridad, relata multitud de anécdotas y calamidades sucedidas durante la puesta en escena de su revolucionario libro Karagöz in Alamania debido a la convergencia de numerosas y diversas culturas. Pese a las desdichas acaecidas, lo que se produjo finalmente entre todos ellos fue un afecto estrecho y duradero. El broche de enriquecimiento cultural, lo pone Habib Selmi como escritor tunecino emigrado a Francia que ha descubierto nuevos horizontes. A pesar de necesitar un contacto más físico con su lengua de origen y su acento, ritmo o entonación, considera su exilio como iluminador gracias a que esa distanciación en cuerpo le ha llevado a acercarse en alma a sus raíces, su tierra y su aldea que ahora siente vivir en él.

CONCLUSIÓN

Así pues, si observamos con detenimiento todo lo descrito, sabemos de la difícil comprensión de este nuestro mundo en la era postindustrial. Debido a su ritmo frenético, la globalización en la era Internet circula por unos ambages a los que no deberíamos adherirnos de forma irreflexiva. En ello juega la traducción un rol predominante al conectar la diversidad de culturas, pero al regirse por leyes comerciales, necesita de una política adecuada para fomentar la integración. Parafraseando a Madame de Staël, entendemos que «no existe más eminente servicio que pueda prestarse a la literatura que trasladar de una lengua a otra las obras maestras del ingenio humano».Igual se necesita regular la educación como base, transformando sus concepciones más hondas de manera que pueda aceptar y adoptar la diversidad en su más profundo sentido. Pero volviendo a la perspectiva humanística, podemos extrapolar cómo el relato literario ha terminado por traspasar su índole artística para desempeñar competencias de carácter social e intelectual, alcanzando el punto de evidenciar una amalgama de interrogantes vinculados a los conceptos de exilio, emigración, patria, identidad, hombre, hegemonía… Es preciso aterrizar en este ajetreado y diverso mundo, que evoluciona en constante cambio, mediante una mirada adaptable a las circunstancias de nuestro entorno y capaz de poner en tela de juicio ciertas obsoletas realidades que se aparecen ante nosotros fijas, superficiales y llenas de estereotipos.

COMENTARIO

Para la lectura crítica de este libro, es preciso no olvidarse de que las reflexiones de los autores que en él aparecen datan de 1996, fecha donde se celebró ese coloquio en la Escuela de Traductores de Toledo. Aunque su lejanía en el tiempo no es muy grande, ciertas cuestiones que son tratadas han evolucionado ya debido a los constantes cambios de la sociedad actual. Esto se refleja especialmente con un tema de candente actualidad y objeto continuo de debate, como lo es la inmigración en España, un fenómeno novedoso por aquel entonces pero que ahora influye enormemente en la sociedad española, con una de las mayores tasas de inmigración del mundo durante el siglo XXI. Habiendo establecido entonces este distanciamiento para adecuar el análisis, observamos primero cómo el título del libro, pese a no incitar en demasía a su lectura, nos ofrece brevemente con tres palabras lo que va a ser el eje temático de la obra. El ambiente queda introducido por una introducción en francés, realizada por el prestigioso intelectual árabe Mohamed Arkoun, que contribuye a crear desde el inicio de la lectura esa atmósfera de diversidad y multiculturalidad presente en toda la obra, así como empieza a despertar esa empatía con la civilización árabe y sus problemas, que a lo largo de la obra se puede llegar a adquirir con suma facilidad. Resulta también acertada en mi opinión, la colocación en primer lugar de los autores críticos con las políticas culturales y educativas que llevan a cabo determinados países europeos, ya que te sitúa eficazmente en la coyuntura social de esos años y contribuye a visualizar más cercanas toda la serie de cuestiones que aparecerán luego. Durante esta primera parte se genera una reflexión interior que alerta las conciencias de los lectores con el debate entre integracionismo y asimilacionismo; es acertado meditar sobre nuestro propio modo de actuar de cara a la inmigración, y lo que se puede llegar a parecer a las prácticas de los gobiernos citados, al contribuir las personas también hacia una asimilación social que resulta nociva para todos los involucrados. Desgraciadamente hay veces que, en el mejor de los casos, el término inmigrante representa conceptos como lástima y compasión.Se entiende que el lector de este libro está dispuesto a la reflexión, y va descifrando el libro debido a su interés y conocimientos en la materia. Pero al haber sido traducidas al español las intervenciones en árabe, hay que tener en cuenta su mayor difusión entre el público no especializado y las posibles necesidades que este hecho conlleve. El segundo bloque, que aunque quizá cree un pequeño hueco de desinterés debido a su menor profundidad y su citación constante de referencias culturales específicas de entornos muy concretos, muestra un estilo en sus textos capaz de hacer mucho más fácil la comprensión del lector promedio. Esto no ocurre así en el resto del libro, que presenta a menudo una dicción excesivamente formal cargada de tecnicismos o vocabulario complejo en general, mostrando su clara orientación hacia un público ya introducido en tales derroteros. Esa entrada en ámbitos especializados viene advertida ya en la tercera parte al titularse «Traducción jurídica y traducción cultural»; el apartado probablemente más atractivo para un estudiante de Traducción e Interpretación al contar con testimonios de primera mano sobre la labor de un traductor, y todas las vicisitudes que ello conlleva. Resulta útil la complejidad de los casos expuestos para percibir en ellos las dificultades que entraña el ejercicio de esta profesión, que tiene un valor importantísimo en la sociedad actual cada vez más globalizada y deshumanizada. La ética y tolerancia del traductor para con las culturas es una cualidad que se presume innata, y que aporta la posibilidad de poner en contacto unas sociedades con otras, fomentando la cultura del mestizaje desde la moral y la conducta exigidas en estos casos.Los fuertes contraste culturales requieren de esta capacidad de adaptación para nutrirse de sus riquezas; algo que queda magníficamente ejemplificado con las historias del tramo final del libro y su fuerte carga sentimental. Son exiliados que se descubren a sí mismos en otros sistemas culturales, donde se forman lejos de su procedencia, dando lugar a un florecimiento literario singular que sirve de paradigma al objetivo que nos planteamos nada más leer el título del libro (pese a su poco acertada cubierta de inspiración religiosa y que nos evoca hacia monasterios y monjes): asociar los términos de traducción, emigración y cultura o culturas. Estos protagonistas nos muestran como tras afrontar una emigración, que además no suele ser voluntaria, llevan a cabo un ejercicio de traducción constante al adaptar sus alternativas de coherencia social originales a las nuevas propias que van desarrollando; con ello ensamblan dos estructuras culturales, y todo unido da lugar a una inimitable forma de escritura, generando nueva literatura llena de riqueza y poniendo de manifiesto los beneficios de la multiculturalidad.