NATURALEZA DEL TRADUCIR


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Autor/a/es: Carlos Hernández Sacristán
Editorial: Episteme, Valencia
Año: 1985
País: España
Idioma/s: Castellano
Nº de páginas: 25
ISBN: 84-89055-67-X


Por Naiara García Fernández

Introducción


Se trata de una obra que pretende realizar una reflexión sobre las manifestaciones naturales y profesionales del traducir tomando como estudio de objeto todo lo que implica al traductor en el proceso mismo. Busca las diferencias entre el saber traductológico natural y el profesional.


Comentario


El autor comienza expresando que la persona del traductor y la actividad realizada deberían estar perfectamente diferenciadas y que su trabajo debe ser discreto. Para él la traducción ideal sería una en la que no fuera preciso hablar del traductor. Sin embargo, dice, esta implicación resulta inevitable cuando lo único que se pretende es eso mismo, evitarla. Aunque la traducción haya alcanzado un alto nivel de profesionalización, no podemos ignorar que ha existido desde los albores de la historia permitiendo al hombre comunicarse en sociedad, por ello el autor dice que debe considerarse en su origen como una modalidad conversacional. Las teorías más recientes imprimen al traductor el papel de mediador.
La traducción es una ciencia empírica centrada en el análisis. Para el autor sólo la consideración de las normas como hechos o parte esencial de ellos nos permite formular un imperativo formal acerca de la actividad del traductor. Si lo fundamentáramos de otro modo resultaría dogmático y no científico.
Según el autor el traductor no profesional debe tener ciertos aspectos en su conducta que le empujen a ello dado que no llegará al resultado final aplicando una norma, sino combinando varias de manera que casi nunca coincida la labor ideal de reproducción con la de mediación. Para el autor el texto meta debe ser el equilibrio entre ambas labores.
Otro conflicto que observa el autor de manera más marcada en la labor natural de traducción que en la profesional es el enfrentamiento entre los papeles de reproductor-mediador e interlocutor. Esta diferencia se debe, dice, a que su labor es en muchos casos necesariamente libre y creativa, entonces el traductor no tiene más remedio que implicar su persona en el proceso, y hace un símil con la labor periodística.
En opinión del autor “una teoría de traducción que pretenda centrarse en solo uno de los tipos de traducción y que no reconozca su diversidad natural como el verdadero objeto de estudio carecerá de las claves para poder valorar el tipo de traducción”.
Los efectos sociales de la traducción son parte de su actividad natural y a su vez pueden determinar la actividad profesional.
Ahora el autor trata de vincular de alguna forma las aportaciones de los estudios sobre traducción natural y sobre los aspectos psicolingüísticos de la actividad humana. Señala como ejemplos los de Knapp y Knapp-Potthoff (1987) y Müller (1989) como “clara muestra de que el traductor natural se piensa a sí mismo como ‘mediador’ en un proceso comunicativo y solo secundariamente como ‘reproductor’ de una literalidad”. De esta forma el mediador tendría no solo responsabilidades sino que también ciertas ventajas de las que le dota la interlocución. Cita el autor a Halliday según el cual “es posible establecer una distinción entre una función ideacional del lenguaje y otra interactiva”. Para el autor “representación de algo y comunicación de algo a alguien son operaciones que se encuentran cognitivamente asociadas, que no se constituyen una al margen de la otra y que se determinan entre sí”. Afirma que no pueden darse separadas, sino que se darán una en mayor grado que la otra.
Dentro de la actitud natural de traducción se encuentra el componente ideacional, según el autor, pero “resulta en principio extraña la reproducción del componente interactivo” porque este implica menos al hablante. Sin embargo el autor considera que en el componente interactivo sería dónde se concentra la labor mediadora del traductor-intérprete natural. Dice que reproducir las categorías de la lengua resulta difícil, y si a esto le sumamos la necesidad de cumplir una función mediadora, entonces entenderemos el criterio que sigue el traductor a la hora de eliminar o añadir cosas dentro del texto. Cuando el traductor realiza esta función mediadora es algo similar a una traducción intralingüística en la que transforma un texto oral en uno escrito.
La pregunta que se plantea el autor llegado a este punto es “si la reformulación del componente interactivo, que es práctica común en toda traducción natural, se explica como una consecuencia de las dificultades intrínsecas que su traducción comporta o realmente como el producto de un interés o voluntad mediadora llevada a cabo conscientemente”. Para responder a esta pregunta vuelve a citar a Knapp-Potthoff, Knapp, (1987:197-198) y dice que “el traductor natural en el lugar de interlocutor tiene una imagen que preservar y para ello debe crear ‘ex novo’ (componente interactivo que no admite propiamente reproducción literal). También cita otras manifestaciones propias de una actitud natural como la reducción al componente ideacional, el efecto normalizador y la eliminación del componente “feed-back”; que respaldarían un modelo clásico de traducción (se piensa en ella fundamentalmente como producto).
Los juicios emitidos para definir la traducción natural, los encuentra aparte de justificados en sí mismas, sin duda pertinentes cuando el objeto central de nuestra investigación es la traducción o interpretación profesional. Desde su punto de vista, se trata de dominios del saber humano genéticamente relacionados.
Hacia la mitad del libro el autor centra su atención en las que serían las razones cognitivas que fundamentan una implicación personal del traductor en su actividad. Lo que pretende demostrar es que tanto el tipo de problemas que el traductor resuelve como el tipo de procedimiento con el que los resuelve exigen una implicación personal. Cita a Zelger (1984) y a sus tres procedimientos básicos para resolver problemas: el aleatorio, el algorítmico y el heurístico. “El procedimiento aleatorio sería aquel basado en ensayos con los que se modifican al azar los elementos que definen una situación problemática a fin de resolverla, el algorítmico es aquel que se utiliza cuando el espacio de resolución de un problema y las causas del mismo son perfectamente delimitables. Y por último en el procedimiento heurístico la naturaleza del problema se desconoce, pero se desconoce si existe realmente para el mismo una solución y, en cualquier caso, los posibles caminos que nos llevarían a ella no se encuentran predeterminados. Estos posibles caminos se descubren una vez que la mente está implicada en la tarea de resolución. El procedimiento heurístico supondría una mayor implicación que el algorítmico, tanto es así que en el procedimiento heurístico llegaría a confundirse el aparato conceptual con el ego, el propio yo, para una tarea de naturaleza heurística los significados deben acabar siendo sensaciones o las sensaciones significados. Precisa que las tareas humanas no se dejan clasificar sencillamente entre las categorías de lo algorítmico y lo heurístico, los límites de ambas no son absolutamente nítidos para el traductor, estos límites son claramente móviles o desplazables. Es más, las tareas algorítmicas se inscriben en principio dentro de procesos heurísticos y la aplicación de ciertos tipos de rutinas dentro de una tarea algorítmica puede ocasionalmente sorprender y contribuir a reordenar el plan heurístico”.
Volviendo al procedimiento aleatorio que el autor ha dejado de lado hasta este momento nos dice que en este tipo de solución apelamos a una instancia superior. Dice que “esta vía puede ser la única usada para determinados problemas, pero puede entenderse también como componente presente cuando en la solución de un problema domina un plan de naturaleza heurística. En realidad, tanto el desarrollo de una tarea heurística como el final de la misma irán asociados a un componente aleatorio”.
La elección entre estas tres soluciones se trata de un acto intuitivo que realiza el sujeto.
Para el autor el saber profesional del traductor queda en segundo plano ante lo primigenio, el saber natural. El modelo comunicativo en los estudios sobre traducción tiende un puente entre un saber profesional y un saber natural y así “naturaliza” el saber traductológico.
De acuerdo con la máxima de cantidad en el caso en el que se traduce de una lengua más compleja a una más simple el traductor deberá decidir qué conservar y qué eliminar. Por lo que se refiere a la máxima de relación, el traductor deberá diferenciar entre lo relevante y lo no relevante, violar aparentemente esta máxima, dice el autor, es la mejor forma de cumplir con ella.
Para concluir el autor dice que “la consecuencia lógica de una implicación creativa en la actividad traductora es la de transformar al traductor en un sujeto responsable de su labor en tanto en cuanto esta tiene implicación social”. El sujeto no tiene más remedio que dejar algún tipo de pista en el texto meta.

Conclusión


En la obra se establecen varias diferencias entre la traducción natural, llevada a cabo desde el nacimiento de la humanidad para comunicarse unos con otros, y la profesional, que implica necesariamente la primera. Mediante una serie de criterios, como máximas, procedimientos para resolver problemas que se plantean, etc., afianza su convicción de que por mucho que trate de separarse la traducción profesional de la natural es parte intrínseca de ella.