Traducción y enriquecimiento de la lengua del traductor




Introducción



Valentín García Yebra es un filólogo y escritor nacido en Lombillo de los Barrios (León) en 1917.
Doctor en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid, ejerció como Catedrático de griego y Director en Institutos de Santander y Madrid. Durante once años dirigió el Instituto de Tánger.
En 1974 se incorporó al Instituto Universitario de Lenguas Modernas y Traductores, creado por su iniciativa en la Universidad Complutense, donde dio clase de Teoría de la traducción y Traducción del alemán.
Cofundador y codirector desde 1944 de la más prestigiosa editorial lingüística y filológica española, la Editorial Gredos, es autor de numerosos ensayos y libros sobre la teoría y práctica de la traducción, así como de numerosas traducciones de las lenguas clásicas griego y latín, así como del alemán, francés, inglés, italiano y portugués.
Su actividad como conferenciante, casi siempre en relación con la traducción, le ha llevado por todo el mundo. Además de las universidades españolas ha dictado conferencias en París, Bruselas, Londres, Moscú, Pekín, etc.
Valentín García Yebra es miembro de la Real Academia Española de la Lengua, desde 1984, institución en la que ha desarrollado un importante trabajo científico en las Comisiones de Etimología y Gramática. Doctor Honoris Causa por las Universidades de León y Atenas. En 1998 fue galardonado con el Premio Nacional de Traducción del Ministerio de Cultura por el conjunto de su obra. El “Prix Annuel de Traduction” concedido en Bélgica, Premio Ibáñez Martín de CSIC en su primera edición, Premio Nacional Miguel Delibes 2004 y está en posesión de las Encomiendas de Alfonso X el Sabio e Isabel la Católica. También, ha obtenido el Premio Castilla y León de Ciencias Sociales y Humanidades, en su edición correspondiente a 2007.
Ha traducido, entre otras, las obras de Aristóteles del griego; del latín las de Julio César, Cicerón y Séneca; “Literatura del siglo XX y cristianismo” (6 volúmenes) del francés, así como numerosas otras del alemán, portugués, inglés e italiano. Es autor de siete libros en torno a la traducción y de más de 70 artículos en las más importantes publicaciones sobre este tema.
Entre otros libros, ha publicado Teoría y práctica de la traducción (1997,3ª ed.), Claudicación en el uso de preposiciones (1988), En torno a la Traducción (1989,2ª ed.), Traducción: Historia y Teoría (1994), El buen uso de las palabras (2003) y Traducción y enriquecimiento de la lengua del traductor. Concretamente, este último libro es el elegido para la realización de esta reseña.


Resumen



Este libro de Valentín García Yebra está fundamentalmente dividido en dos partes.
En la primera parte nos vamos a encontrar con pequeño estudio dedicado a la importancia histórica de la traducción. Y señala a la traducción como uno de los procedimientos más importantes desde hace milenios. Por otro lado, también nos indica que la traducción es cualquier actividad expresiva, toda manifestación que sirva para exteriorizar sensaciones, ideas, efectos o sentimientos. Asimismo, también establece el papel de la traducción como transmisora de la cultura griega al mundo occidental. Esta primera parte cierra con un largo recorrido por las traducciones bíblicas y con un largo capítulo dedicado a las traducciones hechas en España hasta el reinado de los Reyes Católicos.
En la segunda parte, el autor realiza un estudio sobre las consecuencias del contacto entre lenguas que se produce en el proceso de la traducción y que enriquecen,sin lugar a dudas, la lengua del traductor. En esta segunda parte, el autor introduce elementos nuevos que contribuiran al desarrollo lingüístico. Estos nuevos elementos son el préstamo, el calco y el neologismo. Por otro lado, García Yebra considera el neologismo como el principal factor de enriquecimiento de una lengua. Finalmente, se podría decir que el autor mantiene una actitud abierta a la incorporacion del neologismo siempre y cuando se adapte a las normas del sistema.

Comentario



Pasando ya al comentario. La primera parte de este libro comienza con un estudio dedicado a la importancia histórica de la traducción como uno de los procedimientos más importantes para la difusión cultural, para la creación y el desarrollo de nuevas literaturas, y para el enriquecimiento de las lenguas utilizadas para traducir.
Tras resaltar la inexistencia de una historia de la traducción, el autor traza grandes líneas sobre las que esa historia debería estructurarse. Según el autor, la historia de la que llamamos “cultura occidental” procede del nombre de Próximo Oriente. También dice que los primeros inventores de la escritura fueron los sumerios y los egipcios, hace unos 5000 años. Los sumerios disponían de un sistema de escritura cuneiforme, ésta se extendió con rapidez desde Mesopotamia a muchos pueblos vecinos. No pasó lo mismo con la escritura egipcia, ya que su forma jeroglífica fue poco apropiada para su adopción por otras lenguas. Con los sumerios convivieron los acadios. Los acadios conservaron su lengua, pero adoptaron ciertos elementos de la cultura sumeria, como la escritura. Podemos decir que, existen documentos bilingües conocidos sumerio-acadio. El autor también cita a los hetitas, que formaron el primer gran imperio de Anatolia. Con el hetita coexistían en el imperio otras lenguas: el lúvico, el polaico, el hurrita, etc. Esta pluralidad lingüística del imperio hetita implicaba el bilingüismo o plurilingüismo, daba a la cultura hetita un carácter de cultura mixta y favorecía el ejercicio constante de la traducción.
García Yebra también pasa a establecer el papel de la traducción como transmisora de la cultura griega al mundo occidental a través del latín y también desde el latín a las lenguas vernáculas. Así, el primer traductor en traducir la Odisea fue Livio Andrónico. Ésta fue muy importante para la literatura romana. Del mismo modo, la primera comedia y tragedia representadas en Roma fueron obras griegas traducidas y adaptadas por Livio. La literatura romana se vio siempre en la griega su modelo. Pero, poco a poco se hizo cada vez mayor la separación entre la parte oriental y occidental del Imperio, así el Imperio dejó de ser bilingüe. Es entonces cuando surge una gran oleada de traducciones, sobre todo, la literatura eclesiástica cristiana. Uno de los grandes traductores más antiguos fue San Jerónimo, no solo por sus traducciones bíblicas y por las Crónicas de Eusebio. En las traducciones del latín a las lenguas vernáculas fue muy importante el rey Alfredo el Grande, ya que planteó la traducción al inglés antiguo de todos los libros latinos. Esto le llevó a formar la primera “escuela de traductores” de Europa. Otro personaje destacable es el monje Notker, que tradujo del latín al alto alemán antiguo (Bucólicos de Virgilio). Sus traducciones fueron importantes para el desarrollo de la lengua y de la literatura alemana.
Su recorrido continúa por las traducciones bíblicas. La primera traducción conocida en la cultura occidental del hebreo al griego es la llamada Versión de los Setenta. La traducción latina más importante fue la Vulgata. Obra de San Jerónimo encomendado por el papa Dámaso I. Del griego al gótico por el obispo Ulfilas. La primera traducción bíblica inglesa fue hecha por Beda, y a continuación le siguieron Wycliff (basada en la Vulgata latina), Tyndale, Coverdale y Thomas Mathew. En la versión eslava destaca Constantino el filósofo. En Alemania destaca Lutero. En las lenguas románicas, el francés fue la primera. En Italia destacan Jacopo de Vorágines y Nicolás de Nordo. La primera traducción castellana se hizo en el s.XIII por orden de Alfonso el Sabio. Por otro lado, cabe destacar la recepción de la cultura semítica en la cultura occidental. Un claro ejemplo es el califa Al-Ma’mun, que creó en Bagdad la “Casa de Sabiduría”, especie de academia, biblioteca y oficina de traductores, en donde se tradujeron al árabe no sólo de la literatura griega sino también persa y sírica. Este trasvase al mundo islámico de culturas ajenas mediante la traducción no se limitó solo al terreno científico sino también al campo de la literatura.
Esta primera parte se cierra con un largo capítulo dedicado a las traducciones hechas en España. Destaca las traducciones arábigo-latinos, en donde Toledo se convirtió en el centro de transmisión de la cultura árabe a la Europa occidental cristiana. Por otro lado, Gonzalo de Berceo destaca en la traducción implícita en los comienzos de la literatura castellana. El autor destaca las traducciones anteriores al reinado de Alfonso el Sabio, las traducciones castellanas en la corte, así como el motivo por el cual Alfonso X hizo uso del castellano en las traducciones. También cabe destacar, las traducciones hechas en los ss.XII, XIII y XIV, la traducción en el reinado de Sancho IV, la traducción en Castilla en el s.XV, la traducción en el reinado de Juan II y de Enrique IV. Pero, especialmente destaca la traducción en el reinado de los Reyes Católicos, ya que en este período aparece la imprenta. Gracias a ella, las traducciones se multiplican, especialmente las de autores griegos, latinos e italianos.
En la segunda parte, Valentín comenta las consecuencias del contacto entre lenguas que se produce en el proceso de la traducción y que enriquecen, sin lugar a dudas, la lengua del traductor. El autor habla del neologismo. Considera al neologismo como el principal factor de enriquecimiento de una lengua. El autor comenta que para que una lengua conserve y acreciente su vigor necesita elementos nuevos. Elementos nuevos que contribuyan al desarrollo lingüístico, como lo son por ejemplo, el préstamo y el calco.
Valentín mantiene una actitud abierta a la incorporación del neologismo necesario, siempre que se adopte a las normas del sistema. Dice que la aparición y aceptación de un término nuevo no debe implicar la desaparición de otro viejo. Y si implicara esta desaparición no habría enriquecimiento sino habría equilibrio. Asimismo, comenta que el léxico de una lengua está en constante crecimiento, gracias a los neologismos basados en la derivación y en la composición. Según García Yebra, no existe una lengua totalmente pura, ya que siempre existe un número mayor o menor de palabras extranjeras. Por esta parte, podríamos decir que muchas palabras cultas de las lenguas europeas vienen de palabras latinas procedentes a su vez del griego.
Para finalizar, el autor acaba su exposición diciendo que para que nuestra lengua siga desarrollándose es necesario que añadamos nuevas adquisiciones, como por ejemplo los neologismos. Y pide apoyo a las autoridades docentes para que los nuevos traductores aprendan a comprender la importancia de la traducción para la cultura y para la lengua. Valentín García Yebra, en este libro, realiza un estudio dedicado a la importancia histórica de la traducción como uno de los procedimientos más importantes para la propagación de la cultura, aunque también resalta el papel histórico de las traducciones hechas en España.
La formación académica de este autor ha tenido mucho que ver en la construcción de sus obras. Como experto en el ámbito de la teoría de la traducción habla del problema de la transformación de las lenguas y el papel de los neologismos. Y nos dice que para que una lengua se vea enriquecida es necesario la incorporación de elementos nuevos, ya que estos son muy importantes para que una lengua no se vea debilitada y no caiga en la depauperación. Respecto a la incorporación de elementos nuevos, el autor realiza una distinción muy importante entre préstamo y el calco.
El préstamo no es un procedimiento de traducción, sino que es una renuncia a traducir. El problema del préstamo es uno de los que se plantea con más frecuencia al traductor, que en muchos casos no se encuentra preparado para afrontar la creación de nuevos términos, procedentes de otras lenguas, en la suya propia. Todo lo contrario pasa con el calco. Según García Yebra: “El calco estaría en el terreno opuesto: la traducción absoluta, la traducción total, que no solo vierte el sentido y la designación de los términos originales, sino también de su significado. Una traducción ceñida al original viene a ser una especie de calco prolongado”.
Por otro lado, en el libro, el autor lamenta la mala acogida del neologismo en la lengua castellana. Y respecto a esto dice: “Es lástima, porque esta tendencia restrictiva, como toda tendencia anárquica, puede ser empobrecedora. Las lenguas como los pueblos, necesitan renovar su sangre; no pueden practicar una rigurosa endogamia”.

Conclusión



En conclusión, este libro de García Yebra nos ha ayudado a conocer un poco la historia de la traducción, su origen, sus comienzos, las primeras traducciones, etc. Asimismo, hemos visto las consecuencias del contacto entre lenguas en el proceso de la traducción y que enriquecen, sin lugar a dudas, la lengua del traductor.
Y finalmente, a modo de conclusión, el propio autor pide apoyo a las autoridades docentes, para que los nuevos traductores comprendan la gran importancia que tiene la traducción, tanto para la cultura como para la lengua.