Experiencias de un traductor

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Autor/a/es: GARCÍA YEBRA, Valentín
Editorial: Gredos
Año: 2006
Madrid
Idioma/s: Castellano
Nº de páginas: 318
ISBN: 84-249-2799-0

Por Danuta IoanaTura

Introducción

Valentín García escribió este libro pensando en ofrecer a sus alumnos del Instituto Universitario de Lenguas Modernas y Traductores, de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense, y en general a los traductores de lengua española, un conjunto de ideas y, al mismo tiempo, de indicaciones prácticas, que les allanasen el camino de su formación y les permitiesen conseguir más seguridad, mayor soltura y mejor calidad en su trabajo.
El libro es, en realidad, una recopilación de artículos y conferencias que el autor ha escrito a lo largo de su carrera. El contenido es muy variado, desde capítulos muy especializados, que tratan temas como la poesía y su métrica, los neologismos y extranjerismos, etc.; a capítulos de interés común, todos ellos relacionados con el mundo de la traducción. Nos introduce el tema mediante preguntas que él mismo se hace para luego contestarlas y así crear nuevos temas de discusión.
Empieza con unas ideas generales sobre la traducción a las que suma los problemas u obstáculos a los que se enfrenta todo traductor, al tiempo que nos descifra algunos misterios de la traducción literaria moderna y de las lenguas clásicas , así como del cuidado lenguaje poético o del tan opuesto lenguaje exacto de los campos especializados. Pero siempre recordando el papel fundamental que el traductor representa en la evolución de una lengua y la gran responsabilidad que eso supone.

Resumen

Podemos considerar la traducción como un proceso o como el resultado de ese proceso. El estudio de la traducción como proceso es objeto de la teoría de la traducción; el de la traducción como resultado es propio de la crítica de la traducción. Ambos, la teoría y la crítica de la traducción interesan a los traductores y están interrelacionados. La teoría deduce sus principios del estudio crítico de las traducciones. La crítica tiene que apoyarse en la teoría ya establecida.
En este libro se tratará exclusivamente la traducción como proceso, en la que se plantean al traductor los problemas que ha de resolver para conseguir un resultado satisfactorio.
Una buena definición de la traducción como proceso podría ser la siguiente: “La traducción como proceso consiste en enunciar en una lengua (que llamamos “lengua terminal”) lo previamente enunciado en otra (denominada “lengua original”), conservando lo mejor posible las equivalencias semánticas y estilísticas. La traducción puede hacerse oralmente, y entonces se llamará “interpretación”, o por escrito, y se conoce como “traducción”.El proceso de la traducción consta de dos fases: la comprensión y la expresión.
En la fase de la comprensión, el traductor desarrolla una actividad “semasiológica”, es decir, el traductor busca el contenido, el sentido del texto original, mientras que en la fase de la expresión, la actividad es “onomasiológica”, el traductor busca en la lengua terminal las palabras, las expresiones para reproducir en esta lengua el contenido del original. El traductor debe ser, por lo tanto, un lector extraordinario, que trate de acercarse lo más posible a la comprensión total del texto
Hay tres cuestiones importantes que se le plantean al traductor: 1. ¿Es posible la traducción? 2. ¿Qué es, en un texto, lo que debe traducirse? 3. ¿Cómo debe traducirse?
La posibilidad de la comprensión y de la expresión, era asunto que se negaba a finales del siglo XIX y comienzos del XX.
La traducción no consiste en reproducir todas las estructuras formales de un texto extranjero, sino en reproducir su contenido. Pero, ¿cuál es el contenido de un texto? ¿Es su significado o su sentido?
Desde Ferdinand de Saussure se distingue en las palabras el significante, siendo este el sonido o conjunto de sonidos que, en el lenguaje oral, producen en el oyente la imagen acústica. Y el significado, entendido este como la representación gráfica de dichos sonidos, el concepto.
Por lo tanto, en el contenido de un texto es preciso distinguir el significado, que según Eugenio Coseriu, es la base mental que subyace en cada uno de los significantes que componen el texto, la designación, entendida como la referencia de los signos lingüísticos a las realidades nombradas por ellos, y el sentido, lo que el texto quiere decir, aunque esto no coincida con las designaciones ni con los significados.
Según esto, saber una lengua es conocer lo que designan sus palabras, sus formas gramaticales y sus construcciones sintácticas. Pero, ¿qué es lo que un traductor debe traducir de un texto? ¿El significado, la designación o el sentido?
La respuesta a esta pregunta se encuentra en la norma general para el traductor: El traductor está obligado a conservar no sólo el sentido del texto, sino también sus designaciones, e incluso sus significados, mientras la lengua terminal no le imponga equivalentes que prescindan de los significados y hasta de las designaciones.
Otro problema que se plantea para los traductores es: ¿Cuál es el mejor camino, el método más razonable, para llegar a una traducción satisfactoria?
Según Friedrich Schleiermacher, el primero camino consiste en ajustar lo más posible a las construcciones del original el texto de la lengua terminal. Por el segundo camino se aspira a conseguir la “equivalencia funcional”, que consiste en que el nuevo texto produzca en sus lectores el mismo efecto que el texto original. Sin embargo, la equivalencia funcional puede resultar a veces imposible.
Según Valentín García Yebra, la regla de oro para toda traducción consiste en decir todo lo que dice el original, no decir nada que el original no diga, y decirlo todo con la corrección y naturalidad que permita la lengua hacia la que se traduce.
Pero la traducción es una actividad que presenta muchos obstáculos, y uno de ellos son las “interferencias lingüísticas”, es decir, la sustitución incorrecta de palabras o estructuras de una lengua por palabras o estructuras de otra. Estas interferencias suelen constituir en calcos innecesarios o incorrectos, y se designan con nombres que aluden peyorativamente a la lengua invasora: galicismos, anglicismos, italienismos, etc.
En español son frecuentes, sobre todo, los galicismos y anglicismos, léxicos y sintácticos
Los galicismos son las interferencias lingüísticas procedentes de las dos lengua de Francia, provenzal y francés. Los galicismos léxicos, en ocasiones, no constituyen propiamente interferencias lingüísticas, sino, más bien, aportaciones, los llamados “préstamos lingüísticos” que enriquecen la lengua receptora. Pero también hay galicismos léxicos innecesarios, como por ejemplo, los galicismos léxicos inadmisibles, los morfológicos y, los genéricos o masculinizantes.
Volviendo a la traducción, para pasar el contenido de un texto de una lengua a otra hay que basarse en cada uno de los tres estratos lingüísticos: léxico, morfológico y sintáctico. Pero la traducción no consiste en reproducir exactamente las estructuras formales de un texto, sino en reproducir su contenido.
Como en la traducción en general, también hay problemas específicos en la traducción literaria que surgen en las dos fases del proceso: comprensión y expresión.
La posibilidad de la traducción literaria depende de la posibilidad de comprender la obra que ha de ser traducida. En el lenguaje literario, el contexto es el lenguaje mismo que sólo por vía indirecta se relaciona con el mundo. El lenguaje literario es ampliamente connotativo , es decir, que presenta un aspecto plurisignificativo y debido a eso ningún lector puede captar en su totalidad el mensaje de una obra literaria por lo que, ningún traductor comprenderá jamás la totalidad del mensaje de una obra literaria escrita en lengua ajena . Las dificultades de comprensión de un texto literario proceden de las peculiaridades de esta lengua, del conocimiento que de ella tenga el traductor y, de las peculiaridades estilísticas del autor.
Estos problemas y dificultades de la traducción literaria también se dan en la poética. Además, a estos inconvenientes también se suman las incorrecciones de los escritores, que pueden dificultar aún más el trabajo de los traductores. Así, nos podemos encontrar en los textos incorrecciones léxicas, morfológicas, sintácticas, lógicas, discordancias de género, de número, galicismos prosódicos, galicismos prosódicos de origen griego o latino, morfológicos. Todos estos errores no están permitidos a los traductores, por lo que habrá que corregirlos en una traducción.
Pero no basta el buen conocimiento de las dos lenguas enfrentadas en la traducción para lograr un texto de calidad excelente. Tanto en la fase de la comprensión como en la de la expresión, el traductor necesita un buen conocimiento del tema tratado. Y esto es válido para todos los traductores, literarios o científico-técnicos.
Para iniciarse bien en el mundo de la traducción, hace falta seguir unas pautas, una teoría. La teoría de la traducción debe basarse, como toda teoría, en la práctica. La teoría y la práctica deben ser inseparables. Pero la práctica debe ser buena, de lo contrario, producirá hábitos deformadores.
El autor presenta algunos trucos para una buena traducción: una lectura previa de todo el texto, consultar diccionarios bilingües y monolingües, así como, diccionarios de sinónimos y antónimos, cambios en el orden de las palabras, ya que la sintaxis española es más libre y permite alterar el orden, y estar atento a las posibles ambigüedades del original.
Una lengua se enriquece sobre todo por elementos nuevos que, incorporados a su peculiar sustancia, producen su desarrollo. Estos elementos nuevos se llaman “neologismos” y abarca cuatro especies principales: palabras derivadas, palabras compuestas, préstamos y calcos. Muchos neologismos se forman de una manera que pudiéramos llamar espontánea, es decir, mediante derivación afijal o por composición.
También por los “préstamos”, palabra o expresión que una lengua toma de otra sin traducirla. Hay que distinguir entre préstamos denotativos, que trata de llenar una laguna en la lengua receptora, y préstamos connotativos, que buscan sobre todo la evocación de un ambiente cultural, de una situación social prestigiosa o detestada.
Hay que distinguir también entre “préstamo” y “palabras heredadas”, estas últimas siendo la mayoría de origen latino. También hay préstamos de origen latino y se conocen con el nombre de “cultismos” que con frecuencia constituyen “dobletes”, producto de la duplicación de la misma palabra latina. Estos cultismos se producen en todas las etapas de la lengua.
También, a veces, se distingue entre “préstamo” y “extranjerismo”. Se considera extranjerismo la palabra aceptada tal como es en la lengua de la que procede, sin adaptación de ninguna clase a la lengua que la recibe.
No hay lengua conocida que pueda considerarse lengua pura. Todas contienen un número mayor o menor de palabras extranjeras. El número mayor de préstamos se produce en el campo científico y técnico. El préstamo es un fenómeno antiquísimo, y sus resultados son a veces asombrosamente duraderos.
Pero este fenómeno también puede tener inconvenientes. El traductor que se decide usar un extranjerismo debe estar seguro de que el contexto proporciona los datos necesarios para su interpretación correcta. La recomendación más general que puede hacerse a los traductores es evitar el extranjerismo siempre que sea posible. Y uno de los recursos para evitarlo puede ser el calco. Éste se basa en la tendencia natural del hombre a la imitación.
No obstante, hay que distinguir entre “calco” y “préstamo naturalizado”. El préstamo naturalizado conserva en lo fundamental el significante de la lengua extranjera. El calco reproduce el significado de la palabra o expresión extranjera con significantes de la lengua imitadora.
También dentro de lo relativo al calco podemos hacer una distinción entre calco léxico y calco sintáctico. Se entiende por calco léxico la formación de palabras o expresiones nuevas imitando palabras o expresiones de una lengua extranjera. Por calco sintáctico se entiende la estructuración de la frase según el molde de la frase extranjera. Este último supone varios elementos léxicos y corre el riesgo de deformar la lengua imitadora, mientras el otro implica siempre enriquecimiento de la misma.
Para que el calco léxico sea legitimo es necesario que no exista en la lengua otro elemento que desempeñe la función que se pretende asignar al calco.
El calco no sólo se difunde ampliamente sino también con rapidez, y puede hacerse ampliando el significado de una palabra ya existente en la lengua, o formando una palabra nueva. Cuando la lengua que calca lo hace formando con elementos propios una palabra nueva, el calco es, además, neologismo.
Como hemos dicho, el préstamo, sobre todo como extranjerismo, sólo debe admitirlo el traductor cuando sea inevitable, y siempre después de asegurarse de que el contexto proporciona los datos necesarios para su interpretación correcta. En cuanto a los calcos nuevos, cuando se producen en el proceso de la traducción, son neologismos motivados por una palabra o expresión de una lengua original. No pueden prohibírsele al traductor. Son, por una parte, imprescindibles para la traducción, y por otra, elementos enriquecedores de la lengua que los acoge.
El español es actualmente poco acogedor para el neologismo y esta tendencia restrictiva puede ser empobrecedora.
Otro tema que interesa al autor, es la traducción literaria de las lenguas clásicas. Según el DRAE, es literario “lo perteneciente o relativo a la literatura”, por lo que la traducción literaria será, la traducción de obras o escritos pertenecientes a la literatura. Y como último, por literatura se entiende “el arte que emplea como instrumento la palabra”.
Arte viene del latín ars artis, que a su vez proviene del griego τεχνη. Una de las artes lingüísticas más importantes, y la que más interesa al autor en este libro, es la gramática, que según su etimología, significa “el arte de las letras”. Para entender el origen de la escritura hay que remontarse a los tiempos de los sumerios y lo egipcios, considerados como los principales inventores de ésta. También representaron su papel los fenicios, quienes inventaron el alfabeto fonético, que representaba sólo las consonantes, y que más tarde los griegos analizaron los elementos de la sílaba y completaron el alfabeto con las vocales.
Pero gramática es un vocablo griego, y griegos fueron también los que desarrollaron las nociones que han servido de base a los estudios gramaticales. Así, Aristóteles expuso autentica doctrina gramatical, considerando que el significado de las palabras es fruto de la convención humana. Establece las categorías de adjetivo, adverbios de lugar y de tiempo, las voces verbales, media, activa y pasiva, la conjunción, la articulación, el nombre, el verbo, afirmando que el nombre no incluye en su significado idea de tiempo, mientras que el verbo sí la incluye. También habla de la articulación del lenguaje y dividió los géneros de los nombres en masculino, femenino e intermedio.
Los estoicos fueron los que se ocuparon del estudio formal del lenguaje y gracias a ellos hizo grandes progresos. Para ello, poseían, ante todo, conocimientos prácticos de lenguas. Hicieron una distinción entre el sonido y el sentido de las palabras, entre el significante y el significado.
Se inició también entre los estoicos la teoría del aspecto verbal y el señalamiento de la oposición entre “imperfecto” y “perfecto”.
Fue muy importante para la gramática la doctrina estoica de las anomalías, en la que se pone de manifiesto la falta de paralelismo entre las categorías lógicas y las gramaticales. Fueron también los estoicos los primeros cultivadores de la sintaxis. Restringieron la aplicación del caso a la declinación nominal, y dieron a los cinco casos griegos los nombres que luego se universalizaron en su traducción latina, y distinguieron entre los nombres comunes y los nombres propios.
En la Edad Media, las obras de carácter teórico atendían exclusivamente a la lengua latina. Gramática equivalía entonces a “gramática latina”. Más tarde, en el Renacimiento, la gramática evolucionó hacia la lingüística, alejándose cada vez más de su estatuto inicial de “arte”, en su intento de convertirse en “ciencia”, para centrarse en analizar y describir con vigor la lengua o las lenguas. Aparece así la gramática general que pretende establecer principios comunes para todos los idiomas; la gramática comparada , que estudia las relaciones genéticas perceptibles entre dos o más lenguas; la gramática histórica, que registra la evolución experimentada por una lengua a lo largo del tiempo; la gramática estructural , que practica el estudio sincrónico o diacrónico de una lengua partiendo del principio de que todos sus elementos se hallan vinculados entre sí por relaciones sistemáticas; la gramática generativa , que trata de formular una serie de reglas capaces de generar o producir todas las oraciones posibles y aceptables en una lengua; la gramática transformacional o transformativa, que , siendo generativa, se propone establecer las reglas que hacen posible el paso de un esquema oracional a otro u otros, y otras
El tema por lo tanto lo constituye la traducción literaria de las lenguas clásicas, y la aplicación de los instrumentos documentales y terminológicos a este tipo de traducción.
Podemos considerar literarias casi todas las obras que nos han llegado de las culturas griega y latina. La primera documentación necesaria para traducir este tipo de obras es el conocimiento de esta lengua. No obstante, muchas veces nos encontramos con impropiedades terminológicas como la mala acentuación o la deformación de los nombres propios que tiene en la traducción el error conceptual procedente de la falsa interpretación de términos decisivos. Es esencial conservar en la traducción las equivalencias semánticas y estilísticas; es decir, las equivalencias del sentido y la del estilo, y para ello primero hay que comprender bien el texto y luego expresarlo correctamente en la lengua de llegada. Es en esta última fase donde el diccionario y la gramática tienen mayor importancia. En España el diccionario de mayor autoridad es el de la Real Academia Española. Pero aparte de este diccionario de términos de uso general también hay otros diccionarios especializados en campos concretos. Esto es una gran ayuda para los traductores a la hora de entender y traducir términos técnicos.
La mayoría de los términos técnicos usados por los científicos proceden de las lenguas clásicas son, en general, de origen griego. Pero no han llegado a las distintas lenguas modernas directamente desde el griego sino que han pasado antes o bien por el latín o bien por alguna lengua moderna. Los procedentes del griego a través del latín, siguen en la acentuación una misma norma: si la penúltima sílaba es breve, deben ser esdrújulos, aunque en griego se acentúe la penúltima sílaba o incluso la última. Pero esta norma tan sencilla la quebrantan con mucha frecuencia los científicos, sobre todo haciendo llanas, por influjo del francés.
Son términos técnicos, según el DRAE, “las palabras o expresiones empleadas exclusivamente, y con sentido distinto del vulgar, en el lenguaje propio de un arte, ciencia, oficio etc.”. El hecho de que muchas ciencias dieran sus primeros pasos en Grecia hace más de dos mil años explica que su terminología inicial se formará en griego.
Como ya hemos dicho, la acentuación española no es la griega sino la latina. Pero sucede, sobre todo en los términos técnicos, que la acentuación española no coincide con la latina, sino con la francesa. Esto da lugar a las anomalías producidas en nuestros términos técnicos por la imitación prosódica y morfológica del francés.
En el Diccionario de galicismos prosódicos y morfológicos aparece una norma fundamental de la acentuación de términos científicos de origen grecolatino: “Los cultismos de origen griego o latino morfológicamente iguales en español, italiano y portugués no debieran tener acentuación distinta en ninguna de las tres lenguas, pues las tres se atienen a la norma acentual latina”.
Se puede y se debe combatir las malformaciones cuando son todavía recientes, cuanto están tratando de abrirse pasó. En cuanto a los galicismos prosódicos y morfológicos ya tradicionales, no nos queda más remedio que aceptarlos.
Los términos técnicos que ahora se forman proceden muchos más del inglés que del francés.
En cuanto a los términos procedentes de lenguas parecidas entre sí, la traducción de los mismos suele considerarse fácil, aunque a veces presentan trampas, como es el caso de los “falsos amigos”. La proximidad de las lenguas permite de igual modo, salvar, con frecuencia, casi por completo el contenido y la forma del original.

Conclusión

Aunque el libro sigue el índice general en el desarrollo del tema, en mi resumen he enlazado unas ideas de unos capítulos con otras de otros, por lo que no lo he dividió por partes sino que he hecho un resumen general, pero por ellos no he dejado de tratar todos los temas expuestos.
Como decía en la introducción, el autor busca ofrecer un conjunto de ideas e indicaciones practicas para que el camino de la traducción no nos resulte tan árido. Estos consejos son de gran ayuda tanto para los traductores profesionales pero sobre todo para los principiantes. Los numerosos ejemplos, las definiciones y comparaciones que ofrece son de las más acertadas, a mi parecer, así como también lo son sus experiencias personales.
Aunque los artículos son variados, intenta dejar claro en cada uno de ellos lo importante de la traducción, como por ejemplo, la comprensión casi perfecta de los textos originales y su posterior expresión en la lengua de origen, para lo que se basa en una regla general que consiste en decir todo lo que dice el original, no decir nada que el original no diga, y decirlo todo con la corrección y naturalidad que permita la lengua hacia la que se traduce.
También menciona con frecuencia, la importancia que tiene el papel del traductor en la evolución del lenguaje, y como éste ha de ser responsable ante el uso de los términos de una lengua.
En conclusión, el libro es un “rayo de luz” que ilumina el camino de aquellos que inician el largo y lleno de obstáculos viaje de la traducción.