Experiencias de traducción: reflexiones desde la práctica traductora.



Autores: Ana Cristina García de Toro & Isabel García Izquierdo (coords.)
Editor: Universitat Jaume I, Servicio de Publicaciones
Año de publicación: 2005
País: España
Idioma: Español
ISBN: 84-8021-485-6


Introducción


Este libro recoge una selección de las conferencias impartidas en el marco del Seminari Permanent de Traducció i Interpretació entre los años 1997 y 2003. Este ciclo de conferencias, organizado desde el año 1997 por la Universidad Jaume I de Castellón, se ha convertido en un clásico y en él participan profesionales y expertos. A lo largo de sus trece capítulos, este libro recoge los aspectos más interesantes que se han tratado sobre distintos temas del ámbito de la Traducción e Interpretación. Así, se tratan temáticas que van desde la profesión del traductor freelance, la traducción audiovisual o jurídica hasta la traducción inversa o la lengua de signos.


Resumen


Capítulo 1: La práctica profesional de la traducción.

Autoras: Cristina García de Toro e Isabel García Izquierdo.

En este capítulo se pretende dar respuestas a las principales preguntas relacionadas directamente con el ejercicio profesional de la traducción. Se habla de los primeros pasos que ha de dar el traductor para ingresar en el mercado laboral, y aunque resalta que los comienzos nunca son fáciles, proporciona ciertas claves útiles. Las autoras recomiendan marcarse unos objetivos claros y especializarse en un ámbito concreto, analizando los puestos de trabajo que existen en el sector público (organismos internacionales, administraciones públicas...) y en el privado (agencia de traducción, empresa, editorial...) para así prepararse mejor según el perfil del puesto que interese al traductor.

Respecto a la obtención de un grado de especialización concreto, admiten que aunque solo con el paso del tiempo se adquiere la competencia profesional suficiente en un determinado ámbito, es importante que en la formación universitaria, además de la formación generalista, haya lugar para la específica. Se destaca que las titulaciones actuales de traducción e interpretación han apostado por la introducción de itinerarios de optatividad en el segundo ciclo que abordan determinados ámbitos de especialidad con éxito.

El multifacetismo es una característica intrínseca de esta profesión. En primer lugar, el traductor es un posibilitador de la comunicación y el entendimiento. Por tanto, se espera que comprenda y transmita a la perfección la información y que haga posible el entendimiento, por lo que la responsabilidad que recae sobre él es enorme. Como ejemplo, se cita la labor de los traductores en acontecimientos de la historia reciente, como los juicios de Nuremberg. Además, se le pide también que sea un experto en lenguas, lo que le permite resolver problemas lingüísticos y culturales. Como experto en lenguas, puede recibir encargos como la corrección de documentos, la redacción de textos o la investigación lingüística. Otro aspecto importante es el de la capacidad creativa, pues al tratarse de una profesión cuyo vehículo de expresión es la escritura, ciertas dosis de creatividad son indispensables. Por último, hacen hincapié en que un buen traductor será también un buen conocedor de los ámbitos de especialidad en los que trabaja. Así, por ejemplo, un traductor de videojuegos será un experto en ese mundo. Mención aparte merece el intérprete, que requiere, además de las cualidades ya citadas, habilidades de comunicación oral, hablar en público, control de emociones... Para acabar el capítulo, se habla de la relación entre la universidad y la profesión. Aunque la distancia entre la formación teórica y las aplicaciones profesionales sigue siendo una asignatura pendiente, se resalta que actualmente se está progresando de forma adecuada en la fusión entre teoría y práctica.


Capítulo 2: Contenidos digitales de Internet. Algunos problemas.

Autor: Ernest Abadal Falgueras

Internet ha supuesto un cambio profundo en las formas y sistemas de trabajo del traductor, pues le proporciona una infinidad de herramientas lingüísticas fundamentales para su trabajo. Este capítulo se centra en mostrar cuáles son algunos de los problemas relacionados con la búsqueda y localización de contenidos digitales en Internet.

El primer problema que se aborda es el de la accesibilidad. Nos encontramos ante una situación paradójica pues, aunque contamos con una gran cantidad de información al alcance de la mano, muchas personas no tienen los medios suficientes para acceder a ella. Una parte importante de la población mundial, por un motivo u otro, no dispone de las condiciones básicas para poder disfrutar de las ventajas de Internet. Las desigualdades no solo provienen de la falta de recursos económicos, sino también de la falta de conocimientos.

El segundo problema es el del desbordamiento cognitivo. Estamos en un entorno en el que la información que hallamos aparece en cantidades excesivas y con un nivel de precisión más bien escaso, lo que nos dificulta encontrar precisamente lo que buscamos. Por ello, resultan muy útiles herramientas como los portales temáticos, unas bases de datos de recursos web que aplican criterios de selección y evaluación para poner al alcance de los usuarios la información más necesaria para su especialidad. Es el caso de “Eureka”, que selecciona y organiza los recursos de traducción. Por ejemplo, si buscamos <<diccionarios de inglés-español>> en Google encontramos unas 35.000 referencias, mientras que la misma búsqueda en Eureka nos lleva a solo 16 referencias. En conclusión, encontramos muchos menos recursos pero van a ser más útiles, pues prima la calidad por encima de la cantidad. Como vemos, es importante conocer las herramientas existentes que nos puedan facilitar nuestra labor.

Por último, el tercer gran problema es el de la falta de organización. La mayoría de los documentos que se encuentran en Internet no están descritos, ni catalogados ni estructurados de ninguna manera. Por ejemplo, si utilizamos un localizador generalista como Google no tenemos excesivas opciones para encontrar con precisión qué documentos han sido escritos por Miguel de Cervantes o Edgar Allan Poe, sino que encontraremos miles de documentos en los que aparecen citados pero no tendremos un sistema para separar aquellos que han sido escritos por estos autores de aquellos que se han escrito sobre ellos. Para que esto sea posible, es preciso que los documentos web incorporen una breve información (quién lo ha escrito, cuándo, de qué trata…). Es lo que se denominan metadatos, es decir, los “datos sobre los datos”. Otro elemento que contribuye a organizar la información es el XML (Extended Markup Language), un lenguaje de etiquetas que pretende dotar de estructura a los documentos y que organiza la web como si fuera una gran base de datos. El último elemento que se destaca es el de los sistemas de organización, también llamados ontologías o taxonomías, cuya función es establecer grandes apartados temáticos que han de servir para agrupar los documentos digitales y así facilitar su consulta y localización.

En conclusión, aunque es evidente que Internet dispone de muchísimos contenidos y permite consultar y difundir información con facilidad y rapidez, es necesario que estos contenidos estén estructurados y organizados para disfrutarlos al máximo.


Capítulo 3: La Traducción de series de televisión.

Autora: María José Aguirre

Este capítulo plantea el carácter especial de las traducciones de las series de televisión, trabajo que posee unas características muy especiales. Mientras que para la traducción de cine se suele disponer de más tiempo y se cuenta con la colaboración de revisores y adaptadores, en la de las series priman las prisas y a menudo se trabaja en solitario.

La autora recomienda a los traductores nóveles interesados en el doblaje que hagan prácticas por su cuenta, dedicando gran parte de su tiempo a ver películas y series de televisión, ya que de un traductor primerizo se suele esperar la misma calidad que de uno ya experimentado. Como ejemplo de las cualidades que debe poseer un buen profesional, se destaca que en los estudios de doblaje una de las cosas que más se valora es que se sea capaz de transcribir un guión cuando solo se dispone de la imagen, lo que se suele llamar “sacar de oído” o “sacar de pantalla”, por lo que vemos que es importante tener una buena cultura cinematográfica.

A la hora de empezar a doblar la serie, es imprescindible recopilar toda la información posible sobre ella. Normalmente, el cliente del traductor es el que le proporciona estos datos que resultan de gran ayuda para conocer a los personajes y saber el tono que se debe emplear, pues se han de mantener el estilo y las características de los personajes a lo largo de todos los capítulos.

No existe un método fijo para traducir los diálogos para doblaje, sino que cada traductor audiovisual tiene su propia forma de trabajo. El método que muchos emplean es el siguiente: Se ve la imagen, se traduce el texto, se coteja el texto traducido con la imagen y por último se hace una revisión final del texto para corregir posibles errores.
En cuanto a los juegos de palabras o referencias culturales, lo ideal sería explicarlas o en su defecto ofrecer alternativas. En el caso de personas, si la mencionada es completamente desconocida en España, se propondría el nombre de otra con similares características y más conocida en nuestro país. Se recomienda crear archivos propios de las traducciones, pues puede ocurrir que tras traducir una temporada de una serie, pasen varios años hasta que se encargue traducir la siguiente. Por ello, estos glosarios son muy útiles pues proporcionan información que servirá para futuras referencias. Por último, se menciona que este trabajo suele estar muy poco reconocido, ya que se considera que la labor del traductor se limita a traducir cuando, en realidad, es un adaptador y en muchas ocasiones, hasta coguionista.


Capítulo 4: La lengua de signos. Falsos tópicos

Autora: Carmen Chapa Baixauli

En este capítulo se propone un breve recorrido por los tópicos erróneos más frecuentes sobre la lengua de signos, así como algunas particularidades que se producen en el proceso de traducción.

Para empezar, señala que a menudo se confunde la lengua de signos con la dactilología o alfabeto manual (asignar una configuración de la mano a cada letra del alfabeto de la lengua hablada). La lengua de signos, sin embargo, consta de un vocabulario y una morfosintaxis propia como cualquier otra lengua, es decir, es mucho más que dactilología. Se resalta que la base del alfabeto dactitolológico que se utiliza en muchos países y en Estados Unidos en la actualidad tiene su origen en España.

La universalidad de la lengua de signos es otra de las suposiciones erróneas más frecuentes, pues es distinta en cada país. Por ejemplo, en Estados Unidos se utiliza la ASL (Lengua de Signos Americana), en Alemania la DGS (Lengua de Signos Alemana) y en España la LSE (Lengua de Signos Española). Después de poner de manifiesto que existen distintas lenguas de signos, se resalta que comparten similitudes en su estructura y gramática. Esto, junto con un vocabulario de signos internacional llamado Gestuno, hace que sea posible que personas sordas de distintos países puedan comunicarse entre ellas aún sin conocer sus lenguas de signos respectivas, aunque hay que decir que este tipo de comunicación es limitada. Se suele dudar sobre si los signos son motivados o arbitrarios. Se puede decir que hay bastantes signos que contienen, en mayor o menor medida, un cierto grado de motivación visual. La lengua de signos hace uso de la materia visual y la explota, pero de una forma sistemática y ordenada según unas normas. Si en las lenguas habladas la definición de los fonemas viene dada por aspectos como el punto de articulación o la vibración o no vibración de las cuerdas vocales, en la lengua de signos son elementos como la configuración de la mano, la orientación y los elementos no manuales los principales aspectos que definen las unidades mínimas sin significado que conforman los signos.


Capítulo 5: Traducción Español/Inglés e Interpretación en los Estados Unidos. Aspectos sociales, profesionales y pragmáticos.

Autor: Darrell J Dernoshek

Primeramente, se destaca la creciente importancia de la minoría hispana en los Estados Unidos, y por consiguiente de la lengua castellana. Cada vez más estadounidenses se interesan por nuestra lengua y acuden a cursos para aprenderla. Se resalta que en los Estados Unidos existe una necesidad de traductores de español/inglés y, sorprendentemente, pocas universidades americanas ofrecen programas destinados a esa especialidad. Por tanto, el mercado laboral tiene una importante demanda de traductores y, aunque siempre hay excepciones y variables, estos puestos de trabajo son recompensados con altos salarios. Por último, se habla de las asociaciones que representan a los miembros del gremio, la American Literary Translators Association (ALTA), la National Association of Judiciary Interpreters and Translators (NAJIT) y la American Translators Association (ATA), siendo esta última la más importante. Su misión es apoyar a los traductores e intérpretes y promover la profesión.


Capítulo 6: Terminología médica y discurso social.

Autor: José Antonio Díaz Rojo

En este capítulo se adentra en el intrincado mundo del léxico y analiza el uso metafórico de términos médicos en el discurso social.

La terminología médica no está enclaustrada en el reducto de publicaciones especializadas y establecimientos médicos, sino que circula y se difunde por los medios de comunicación social. Los términos científicos y médicos, que en la comunicación especializada cumplen una función denotativa, referencial y designativa, al pasar a la lengua general adquieren una carga cultural añadida, que los convierte en instrumentos idóneos para expresar contenidos ideológicos explotando sus sentidos connotativos. A continuación, se presenta un ejemplo:
En la ambivalencia semántica anteriormente expuesta subyace el modelo ideológico en que se basa el llamado “rol del enfermo”. Dicho rol se caracteriza por cuatro notas: el enfermo queda libre de ciertas obligaciones sociales; está exento de responsabilidad moral, es decir, cuenta con la exculpación de sus actos; está obligado a curarse y por último debe someterse al control del médico. La enfermedad se concibe como una desviación o inadaptación. Como consecuencia de estos rasgos sociales del paciente, las palabras “enfermedad” y “enfermo” pueden cargarse de una doble connotación: una positiva, pues adquiere el rasgo de exculpación social, y otra negativa, como estigmatización social. Así, una persona puede dirigirse a otra diciéndole <<estás enfermo>>, casi en tono de insulto y echándole en cara una conducta socialmente incorrecta. Por el contrario, si un individuo, con el fin de justificar el comportamiento anómalo de otra persona, dice que <<debemos comprenderla, pues es un enfermo>>, está empleando la palabra enfermo como un eufemismo con connotaciones exculpatorias. También nos podemos referir a un problema que hay que solucionar con la expresión: “Hay que extirparlo como el cáncer”. Basten estos dos ejemplos para poner de relieve que los términos médicos están cargados de connotaciones culturales e ideológicas y pueden ser utilizados como metáforas en el discurso social.

Capítulo 7: La actividad del traductor autónomo.

Autora: María Ferrer Simó

Este capítulo trata sobre la actividad del traductor independiente o freelance, aquel que no se especializa en un solo ámbito de la traducción sino que abarca varios campos, ya sea porque domina distintas áreas o porque se ve obligado a aceptar todo tipo de encargos para abrirse camino en el mercado hasta que pueda especializarse.

El traductor freelance se dedica a traducir encargos de varios clientes sin estar contratado ni sujeto legalmente a ninguna empresa. Al no estar contratado, no tiene ni jefes ni horarios. Naturalmente, esto tiene sus pros y sus contras, pues el no tener un contrato supone más libertad pero menor estabilidad. Los primeros pasos son esenciales. Hay que saber venderse, redactar adecuadamente el currículum vitae y enviarlo al mayor número de empresas posibles y de bolsas de trabajo. También es importante darse a conocer, por ello se sugiere relacionarse con profesionales, recurrir a las asociaciones de traductores, acudir a ferias y, en definitiva, promocionarse. Para poder ganarse la vida traduciendo hay que actuar y mantener una actitud activa. Cuando el graduado decide empezar a trabajar, lo ideal es que trabaje en las condiciones que estipule la ley, aunque muchos se ven obligado a empezar en condiciones alegales hasta conseguir una cartera de clientes que compense los impuestos y gastos diversos que cubre el profesional independiente. Para ejercer de traductor legalmente, primeramente hay que obtener la licencia fiscal para trabajar dándose de alta del IAE (Impuesto de Actividades Económicas), y es obligatorio que se pague a la Seguridad Social. Una vez hecho esto, el traductor freelance puede recibir encargos de distinta naturaleza y, en principio, está preparado para cubrirlos todos. Es recomendable organizarse muy bien para poder aceptar el máximo de encargos posibles y así conseguir una cartera de clientes que asegure unos ingresos aceptables, aunque a veces, por cuestiones de disponibilidad o tarifas, el traductor debe rechazar un trabajo.

Existen en todos los ámbitos de traducción unas tarifas orientativas que se respetan en mayor o menor grado en función de las empresas o agencias, si bien no hay ningún organismo que regule los precios para cada una de las áreas de la traducción. No obstante, el traductor debe pensar en cuánto tiempo emplea para traducir cada clase de texto, qué tarifa le compensa y establecer así sus propias tarifas. Sobre todo al comienzo, estas tarifas pueden ser negociables, lo que no necesariamente significa bajarlas, sino que se puede jugar con el plazo de entrega o con el volumen de trabajo.
Cobrar por página, palabra o por horas depende de cada traductor y de sus clientes. Por ejemplo, las agencias de traducción suelen pagar por palabra. Cuando el traductor acepte el encargo debe responder a las expectativas, es decir, entregar a tiempo un trabajo de calidad. Por lo tanto, hay que comportarse de forma seria y profesional.

En conclusión, no es difícil encontrar salidas profesionales para los graduados en Traducción e Interpretación. Pero sí es necesario que el traductor aprenda a confiar en su trabajo, a moverse y a perder el miedo a entrar en el mercado. Hay que buscar clientes constantemente y estar informado de las novedades del sector en el que se trabaje. Solo de esta manera, ganándose la consideración de los clientes, el traductor freelance logrará vivir de su actividad exclusiva y holgadamente.

Capítulo 8: Presos de palabras. El Síndrome de Estocolmo y la traducción literaria.

Autor: Miguel José Hagerty Fox

Se puede definir el Síndrome Léxico de Estocolmo como la elección consciente de una palabra o expresión manifiestamente incorrecta para así sentirse más seguro como redactor, pues se supone que el receptor entenderá mejor el contenido que si se usara la expresión correcta. Puede ocurrir que el traductor introduzca sistemáticamente en sus trabajos palabras, expresiones y estructuras sintácticas provocadas por el afán de hacerse entender como sea, aun a costa de cometer errores de lengua. Se trata de elementos procedentes de la convivencia intercultural y, en cierta manera, responden a un intento de cosmopolitismo intelectual. En conclusión, el llamado Síndrome Léxico de Estocolmo es uno de los problemas más importantes en la traducción actual.


Capítulo 9: Consideraciones sobre la cuestión de la direccionalidad en la traducción profesional y la formación de traductores.

Autora: Dorothy Anne Kelly

La superioridad de la traducción hacia la lengua materna y la subsiguiente deslegitimación de la práctica de la traducción hacia otras lenguas son conceptos que se encuentran muy extendidos. Se presupone que un traductor traduce desde una lengua extranjera a la materna, que se importa un mensaje de fuera a la cultura propia. Sin embargo, esta idea hace caso omiso a la realidad de gran parte del mundo profesional, pues existe un gran volumen de traducción A-B (de la lengua materna a la extranjera). Mención especial merece el papel del inglés, por su condición de lingua franca o lengua internacional de nuestra época. Es frecuente que la comunicación internacional se realice en inglés sin que intervenga ningún nativo de esa lengua. Por tanto, se reafirma la necesidad de capacitar al estudiante de Traducción e Interpretación para producir traducciones al inglés. Se puede decir que dada la situación de los diferentes mercados de traducción y específicamente el español se llega a la conclusión de que la traducción A-B forma parte de la actividad profesional de gran parte de los traductores. En conclusión, es necesario formar profesionales capaces de trabajar en ambas direcciones principales de traducción.


Capítulo 10: La elaboración y la difusión de la terminología.
Autora: Gemma Mas i Fossas

En este capítulo se aborda la elaboración y difusión de la terminología orientadas a la creación de recursos útiles para la traducción. Se refiere principalmente a la confección de diccionarios y vocabularios especializados en distintas lenguas. Se centra en el ámbito de Cataluña y en las labores del Centre de Terminologia (TERMCAT), como instrumento de la política lingüística del gobierno catalán. A lo largo del capítulo se habla de los distintos esfuerzos y trabajos que se han realizado desde la Generalitat para favorecer el conocimiento de las lenguas, desde el catalán al inglés pasando por el castellano.


Capítulo 11: El polifacetismo del traductor (jurídico y jurado).

Autor: Roberto Mayoral Asensio

Este capítulo se centra en las diversas facetas del traductor:

-El traductor como comunicador. Ejerce de puente entre culturas, y por tanto, al saber que su destinatario no es el destinatario primario para el que se diseñó el mensaje original, siempre actúa con un estilo característico que le diferencia de otros mediadores lingüísticos como los redactores o periodistas.

-El traductor como lingüista, en el sentido de persona con capacidad para aprender y hablar lenguas extranjeras, más que en el sentido de persona que se dedica a la disciplina de la lingüística. Sin embargo, el traductor también puede realizar actividades propias del lingüista, como la creación neológica o la normalización.

- El traductor como jurista. Aunque no es imprescindible que el traductor jurídico o jurado sea un jurista, es necesario reivindicar su papel como auxiliar de la justicia. Los servicios del traductor jurídico o jurado como experto legal pueden ser requeridos para establecer el significado de términos, para caracterizar documentos o para informar sobre legislación de otros países y su aplicación al propio.

- El traductor como emulador, pues es un especialista en emular a otras personas. El traductor pretende captar el estilo y la maestría del autor original.

- El traductor como investigador. El traductor está siempre aprendiendo cosas nuevas, en proceso de aprendizaje. Se mueve siempre en la frontera entre lo que sabe y lo que no sabe y es consciente de que debe adentrarse en terreno incógnito, por lo que debe realizar un esfuerzo grande para aprender lo que le es desconocido.

- El traductor como detective. El traductor jurídico y jurado se plantea siempre (aunque sea de forma automática e inconsciente) la validez del acto jurídico en el que está interviniendo y la autenticidad de los documentos que traduce. Si el sentido común es una cualidad imprescindible en cualquier traductor, la curiosidad es una cualidad inseparable de la condición del traductor jurídico o jurado. Gracias a su curiosidad, se podrá estar más seguro de la legalidad y del respeto a la ética de la operación en que trabaja.

- El traductor como persona de negocios. La traducción es una actividad profesional que debe ser rentable para el que la ejerce.

- El traductor como profesional. Comportarse de forma profesional exige al traductor no sólo buscar la máxima rentabilidad a su trabajo sino también ofrecer un buen servicio a su cliente. Debe ser una persona accesible, seria, siempre disponible, competente y justa en la elaboración de presupuestos. Un aspecto importante es responder de forma satisfactoria a las expectativas que tiene el cliente. De forma ocasional, el traductor puede verse ante la posibilidad de realizar actividades más distanciadas de la mediación lingüística (redacción, mecanografía, lexicografía...). No parece sensato renunciar a ganarse la vida con actividades para las que se está suficientemente preparado.

- El traductor como servicio público. En ocasiones, la actividad del traductor jurídico y jurado es insustituible por la de otros profesionales, y si no se hacen las traducciones hay personas que resultan seriamente perjudicadas. Se puede decir que un traductor es un servidor público, pues denegar sus servicios a un posible cliente se hace éticamente muy difícil si éste no va a encontrar otra solución profesional.

- El traductor como benefactor. Cuando el posible cliente es una persona necesitada sin suficientes medios económicos para pagar el servicio, se plantean problemas éticos y deontológicos. Ante la opción de que una persona necesitada se quede sin papeles, sin protección jurídica o, en definitiva, sin medios para defenderse en la vida, los traductores pueden optar por actuar como servicio de beneficencia y no cobrar o cobrar menos de los precios de mercado.

- El traductor como cuidador. Una parte importante de los clientes que acuden al traductor lo hace en condiciones de crisis y de inferioridad Independientemente de que el traductor haya asumido su papel como profesional, como servidor público o su papel de benefactor, su actitud hacia el cliente puede oscilar entre la frialdad/neutralidad y el calor y la simpatía humanos. Se señala que es habitual entre los intérpretes de los juzgados españoles que hagan recados para los detenidos o que se preocupen por su situación.

- El traductor como notario. Frecuentemente, el traductor persigue la mayor objetividad, lo que a veces choca con los engaños y mentiras frecuentes en los procesos judiciales, además de entrar en conflicto con los intereses económicos. No es de extrañar que en la cultura judicial se desconfíe de la labor de los traductores y que, incluso, algunos letrados les intenten imponer soluciones de traducción favorables a sus defendidos.

- El traductor como mensajero. Puede mantener su trabajo dentro de la actividad de imitación o réplica del original o puede verse impulsado por la tentación de trascender a éste e imponer sus propios criterios e ideas. En el primer caso, el traductor asume el papel de simple mensajero.

- El traductor como evaluador de riesgos. Las consecuencias de los errores de un traductor, especialmente del jurídico o jurado, pueden ser muy graves. Esto lleva a soluciones de traducción muy conservadoras.

- El traductor como deontólogo. La práctica de la traducción jurídica y jurada está vinculada a la deontología. Los criterios éticos pueden entrar en conflicto con otros, como los de rentabilidad o creatividad.

- El traductor como aprendiz. El traductor lucha constantemente contra su propia ignorancia y hace un esfuerzo constante por aprender, por lo que se convierte en un aprendiz, un estudiante permanente.

- El traductor como formador. El traductor intenta formar a su cliente sobre los criterios profesionales de la calidad de la traducción y sobre cuáles son las exigencias de dignidad de la práctica profesional.

- El traductor como teórico. El traductor jurídico y jurado desarrolla dos tareas parateóricas, alimentar con su reflexión sobre la práctica el trabajo de las personas dedicadas a la elaboración teórica y construir su propio sistema de generalizaciones.

- El traductor como artesano. El traductor elabora un producto individual utilizando herramientas y la dimensión creadora de su producto se reduce al carácter personal que todo artesano imprime a su obra.

- El traductor como creador. No se puede ser un buen mediador lingüístico sin cierta capacidad creativa. Toda traducción es resultado, entre otras cosas, de un acto de creación personal por parte de su traductor.


Capítulo 12: Traducido o traicionado

Autor: Daniel P Grau

Este capítulo trata sobre las traducciones al castellano de poesías escritas en catalán por Vicent Andrés Estellés, considerado el mejor poeta en lengua catalana que ha dado la Comunidad Valenciana desde el siglo XV. Algunas de estas traducciones han sido realizadas por el propio Vincent Estellés. Para empezar, resulta interesante comprobar que en las introducciones de los libros publicados hay escasas referencias a la traducción y a las dificultades que el autor ha encontrado o a la estrategia que ha seguido. A continuación, se exponen fragmentos de la obra original comparándolas con las traducidas, y mientras en algunos se intenta respetar al máximo el original, realizando una traducción bastante literal, en otros las diferencias son evidentes. Además, como los poemas han sido traducidos por más de un traductor, cada uno lo ha hecho siguiendo su propio estilo y adecuándose a sus parámetros personales. En conclusión, se resalta la gran dificultad de traducir poesía y la imposibilidad de mantenerse fiel al texto original, por lo que se sugiere que, en la medida de lo posible, la mejor opción es la de la autotraducción.


Capítulo 13: Mi experiencia como traductora traducida.

Autora: Cristina Peri Rossi

La autora en este capítulo presenta la relación del traductor con sus textos como un proceso de amor. Así, el traductor persigue, como en el amor, poseer el texto del otro. Hay traductores que persiguen de manera obsesiva la fidelidad textual, mientras que otros intentar reescribir el texto, como si la voz del autor fuese la suya propia. Finaliza contando anécdotas de relaciones entre traductores y los autores a los que han traducido, puesto que en muchos casos los traductores desean ponerse en contacto con ellos e incluso pueden llegar a establecer una relación de amistad.


Conclusión


Este libro resulta muy interesante y sirve de instrumento para la formación de los estudiantes de Traducción e Interpretación. Su importancia radica en que muestra las experiencias de profesionales y expertos del mundo de la traducción en sus diversas y variadas facetas: traductores e intérpretes profesionales, editores, profesionales del doblaje y la subtitulación, escritores, etc. Todos ellos reflexionan sobre la actividad traductora y comparten su saber con los que algún día deseamos entrar en este mundo.

La lectura del libro permite conocer prácticas concretas de la traducción a las que muchas veces no podemos tener acceso y vivencias específicas de los profesionales que podríamos experimentar en nuestro futuro laboral.