Traducción y Literatura:Los estudios literarios ante las obras traducidas


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Autor: Miguel Gallego Roca
Editorial: Júcar
Año de publicación: 1994
200 pp
IBSN: 8433483129


Por Iker calvo


Introducción


La Asociación Profesional Española de Traductores e Intérpretes, considera que“la labor del traductor literario consiste en trasladar experiencias artísticas o literarias de una cultura lingüística a otra, enriqueciendo, en el proceso, no solo la cultura receptora, sino la experiencia original y fomentando, en consecuencia, el respeto entre los pueblos a través del conocimiento y del reconocimiento mutuos".

Pero la traducción literaria ha sido objeto de debate durante siglos. Primero por aquellos que analizan la traducibilidad o intraducibilidad de los textos estéticos, por la crítica y por los que cuestionan su fidelidad o no con el texto original, después.

En este sentido es importante analizar la importancia que desempeñan las traducciones en el desarrollo del proceso literario.

El texto objeto de nuestra reseña bibliográfica “Traducción y Literatura: Los estudios literarios ante las obras traducidas” es obra del ensayista y crítico literario Miguel Gallego Roca nacido en Granada en 1964. El autor es en la actualidad profesor de Literatura Española e Hispanoamericana en la universidad de Almería y destacan sus aportaciones a la teoría y la historia de la traducción literaria.

Ya en el preámbulo de esta obra, el autor señala como objetivo de su trabajo mostrar las más importantes aportaciones de los lingüistas y pensadores del siglo XX a la teoría y la historia de la traducción y finaliza su obra con el desarrollo de elementos de análisis de las traducciones literarias.

Resumen


En el primer capítulo, “La traducción poética como interpretación”, el autor repasa las aportaciones más importantes sobre la interpretación literaria de la traducción poética. En un primer momento, Gallego Roca analiza la posibilidad o no de traducir poesía moderna, un tópico de los estudios teóricos sobre la lírica desde el romanticismo. La objeción responde a una concepción realista de las relaciones entre idea y expresión, entre alma y lenguaje (según el pensamiento kantiano). En el contexto de Rousseau se sitúa la identidad entre el lenguaje poético y el lenguaje comunicativo, en el que si era posible la traducción poética.

Ya en el siglo XX, Croce parte de la idea de intraducibilidad como la imposibilidad de dar una nueva forma estética a lo que ya la tiene, idea que acompaña al pensamiento poético español del primer tercio del siglo XX.

Dámaso Alonso basa su método estilístico en tres conocimientos de la obra poética: el del lector, el del crítico, y el de la estilística. De esta manera considera la traducción entre los dos primeros. Pretende ser fiel así al espíritu y a la letra y en caso de duda entre ambas, será partidario de la interpretación antes que de la letra.

Ortega y Gasset pone de manifiesto la diferencia entre la traducción y el texto original llegándose a considerar la traducción como un género literario aparte, con sus normas y finalidades propias.

En el pensamiento moderno sobre la traducción literaria, adquiere importancia la concepción de Walter Benjamin, en la que analiza las diferencias entre la traducción etnocéntrica, en la que se conduce al autor hacia el lector, frente a aquellas no etnocéntricas que permiten al traductor enriquecer su lengua y expandir su idioma hacia el pleno significado que guarda el lenguaje original. Benjamin elimina el fin comunicativo en la tarea del traductor, considerando que la supervivencia de una obra literaria significa la evolución y renovación del original. Este modelo romántico choca con el modelo contemporáneo de Talens, que niega la posibilidad de que la traducción pueda aportar algo al original, propone la reescritura del texto original. Las escuelas post estructuralistas consideran la traducción como saber añadido o como saber producido.

Steiner considera el valor estético de la traducción poniéndola al mismo nivel del original. En su obra “After babel” concede a la traducción un papel determinante en la interpretación filosófica y literaria, y por lo tanto, en la historia de occidente. Distingue la traducción interlingüística y la intralingüística. Considera que no todo puede ser traducido y que la traducción perfecta es un ideal.

Autores como Quine hablan de la traducción como proceso creativo, introducen el término de “los traductores poetas”.

En el segundo capítulo, “Historia literaria, literatura comparada y estudios sobre traducción”, el autor repasa la historia de la traducción en el marco de las historias de las literaturas nacionales.

Si los textos sobre traducción se ordenan de acuerdo a criterios nacionales y cronológicos, podrán ser utilizados para el estudio de la literatura moderna y contemporánea, ayudando a definir el gusto literario de una época.

Menéndez y Pelayo clasifica las traducciones al español analizando las más importantes del humanismo español del siglo XVI, gracias a lo que conocemos la creciente influencia de las letras y el espíritu francés en la cultura española.

A través de las traducciones podemos estudiar los contactos entre literaturas y en este sentido, autores como Mainer apuntan la necesidad de construir una “nueva biblioteca de traductores españoles”.

Acercándonos a los métodos de la Historia Literaria es posible entender las consecutivas aportaciones a su cambio de modelo de la difusión, aplicación y crítica de la metodología contenida en la teoría de la recepción.

La unión entre formalistas y estructuralistas, a finales de los años veinte y principios de los años treinta, da paso a un período de mayor intensidad y calidad teórica del siglo XX, lo que nos lleva a una concepción de la literatura como estructura funcional y como sistema de signos.

Para la moderna historiografía literaria el reto más importante ha sido definir conceptos como los de hecho literario, cambio, evolución duración y la revisión de otros tales como causa, influencia o ley.

En cuanto a las aportaciones de la Escuela de Praga al estudio de la traducción literaria, Gallego Roca señala que sus investigaciones sobre los procesos culturales centraron su atención en la recepción de las obras traducidas. Su máxima aportación puede ser un nuevo concepto de texto y, por consiguiente, de traducción, al considerarlo como un conjunto relacionado de sistemas que opera en el contexto de otros sistemas. Su trabajo está presidido por un doble interés, según el objeto de investigación sea el resultado, las traducciones, o el proceso de la traducción literaria, la teoría de la traducción.

La teoría de la recepción es la apuesta teórica de mayor repercusión en la segunda mitad de este siglo. Los estudios de recepción supusieron un cambio de orientación de la Teoría y de la Historia Literaria poniendo el énfasis en el lector, el elemento de la comunicación menos atendido hasta el momento.

El primero en utilizar la expresión cambio de paradigma fue H.R. Jauss, con ella pretendía reflejar el estado de crisis de su disciplina y abogar por la superación a través de la transformación de los procedimientos utilizados hasta entonces y propiciar, así, el surgimiento de una nueva tradición.

Las discusiones en torno a la crítica y ampliación de la literatura evidencian la evolución del método formal desde la Poética teórica hacia los problemas de Historia Literaria. Eijenbaum recordaba ese tránsito como el momento en que “la teoría reclama el derecho de volverse historia”. En el siglo XVIII el término literatura incluía ciertos textos que hoy no se considerarían literarios, se englobaba todo, vida personal, psicología, política…

El problema de la evolución literaria nos enfrenta con la percepción moderna del tiempo. Ni el evolucionismo spenceriano, ni el hegeliano, con su determinismo, ni el formalista, estableciendo la novedad como único valor, pueden responder a la intención del saber literario de llegar a constituir “un cuerpo sistemático de conocimiento”.


En la sección “Traducción y vanguardia, el papel de las traducciones en los procesos de cambio”el autor señala que los cambios se producen como respuesta a situaciones extraliterarias y no como reacciones a la automatización de las formas. Una Historia Literaria basada en la desautomatización de los primeros trabajos formalista conduce a una historia de las sucesivas rupturas con la tradición, a una visión de la evolución literaria gestada en los márgenes de lo literario.

En el tercer y último capítulo Gallego Roca la teoría del polisistema como modelo para los estudios literarios sobre traducción.

El estudio de la literatura como sistema procede de los formalismos rusos y de la escuela estructuralista de Praga. A partir de ahí, Jameson nos habla en su obra de las relaciones del sistema literario con otros sistemas no literarios, surgiendo así lo conceptos de: vida literaria (Eijenbaum), de campo literario (Bordieu) o de polisistema literario (semiótica post estructuralista).

Una de las principales ideas de nuestro tiempo es la consideración del polisistema lingüístico como un sistema abierto en el que todos sus componentes están en constante interrelación y en constante condicionamiento. Se sitúa el polisistema literario dentro de un global polisistema cultural, estableciendo relaciones intersistemáticas con ellos por medio, por ejemplo, de las traducciones.

Para Moisan, tal y como cita Gallego Roca, la obra literaria se situaría en la intersección del sistema de la vida textual y el sistema de la vida antropológica y social.

El autor define la interferencia literaria como la relación entre literaturas, por la que una literatura origen puede convertirse en una fuente de préstamo de otra literatura meta. Las traducciones, en este sentido, podrán ayudar a afianzar el sistema de valores vigente o a la formación de uno nuevo.

Más adelante analiza las oposiciones conflictivas y jerárquicas, literatura baja o alta, obras canónicas o no canónicas, modelos innovadores o tradicionales, que confieren al sistema su condición dinámica pero, plantea, que la influencia del pasado en la creación de nuevas obras sólo es estudiado si se recurre al sistema de Lotman.

Entiende así la actividad del traductor como la síntesis de condicionamientos objetivos, reglas o leyes de la traducción, y condicionamientos subjetivos, los del propio individuo. El texto literario sería el resultado de una serie de selecciones o restricciones dirigidas por determinados códigos (lingüístico, literario, genérico, de grupo y de autor). Las traducciones literarias sufren el proceso de selección según los códigos vigentes pero, dado que son textos extranjeros adaptados a un código lingüístico nuevo, deben adecuarse también a las condiciones imperantes del sistema literario.

La estabilidad o inestabilidad de un sistema depende de su capacidad para aceptar el cambio. De ahí que un sistema reprima la innovación y que, en ocasiones, los textos traducidos sólo sean aceptados como literarios si se adecuan a los modelos tradicionales.

Con todo esto el estudio de las traducciones literarias, bajo el punto de vista de la Historia de la Literatura, no se centra en el texto original ni en la calidad y corrección normativa de la traducción, sino en la descripción del sistema de destino. El traductor puede tratar de influir en él, o realizar traducciones que sirvan para acceder a obras extranjeras por gusto o como servicio a una comunidad, o como fuente de investigación para el estudio de la literatura. De esta forma la literatura traducida seria considerada como un sistema más dentro del polisistema literario y, por ello, debería describirse atendiendo a diferentes parámetros : los tipos de texto traducidos, los sistemas extranjeros de procedencia, los géneros traducidos, los traductores, la existencia de traducciones de segunda mano y de retraducciones, tipos de concepciones de traducción dominante, tipos de publicación en la que aparecen y distinción entre traducción de textos literarios y traducciones literarias.

Debemos considerar cada traducción literaria como el resultado de la absorción y la transformación de otros textos y, recitando las palabras de Octavio Paz, “cada texto es único y, simultáneamente, es la traducción de otro texto… Cada traducción es, hasta cierto punto, una invención y así constituye un texto único."

Gallego Roca considera que para el pensamiento conservador la traducción es imposible, ya que parten de la premisa de que hay que vivir el idioma en el que se escriben las obras literarias; sin embargo, para el pensamiento liberal, la traducción es una manifestación de la comunicación humana, de forma que la posibilidad de comunicación conlleva la posibilidad de traducción.

La obra concluye afirmando que “una obra es legible…cuando ha soportado la acumulación de lecturas, interpretaciones y traducciones”.


Comentario


Siempre se han realizado traducciones de una lengua a otra, si bien la aparición de la Traductología como ciencia encargada de la formación de profesionales de la traducción es relativamente reciente.

A lo largo de este libro, Gallego Roca hace un repaso de las principales aportaciones de las distintas escuelas lingüísticas a la teoría de la traducción, desde los estructuralistas y los generacionistas hasta la consideración de aspectos psicolingüísticos.

El autor hace una relación exhaustiva de la historia literaria en su relación con los estudios sobre la traducción finalizando con la descripción de la teoría del polisistema, tal y como queda reflejado en el resumen anterior.

Se trata de un texto en el que abundan las citas y datos referenciales de las principales escuelas lingüísticas europeas y que nos ha proporcionado una visión global sobre la evolución del pensamiento lingüístico en torno al papel, que en la Historia de la Literatura, han jugado las traducciones y, aún más, la consideración que de ellas se ha tenido.

Conclusión


El traductor literario debe atender a la belleza del texto, a su estilo y a la diferencia de marcas estilísticas entre una lengua y otra, además de a las dificultades habituales en toda traducción. Debe procurar, en definitiva, que la calidad de traducción sea equivalente a la del texto original, sin perder por ello de vista la integridad de su contenido.

El traductor literario debe enfrentarse al gran reto de buscar equivalentes para conseguir en el lector de la traducción el mismo efecto que en su día pretendía causar el autor del texto original. El texto deberá ser examinado en su totalidad considerando la búsqueda de una traducción del mensaje, no del significado. Esta búsqueda de equivalencias nos resultara especialmente compleja cuando el texto original haya sido concebido en un ámbito sociocultural distinto al de llegada.

Ante todas estas reflexiones, ante la consideración del traductor literario como creador, no como mero transmisor o intermediario, nos queda a los estudiantes de traducción un largo camino de evolución y conocimiento.