El traductor, la Iglesia y el rey. La traducción en España en los siglos XII y XIII


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Autor: Clara Foz
Editorial: Gedisa
190 páginas


Introducción


En esta obra, El traductor, la Iglesia y el rey, Clara Foz pretende realizar una descripción de la labor traductora en España durante dos siglos particularmente fértiles, los siglos XII y XIII. Decimos que son productivos en especial, ya que es en este periodo de la historia cuando todo el saber de los sabios de la Antigua Grecia se transmite a la cultura occidental.
Según el análisis de la autora, no es cierto que la conocida «Escuela de Toledo» constituyera una empresa única, sino que existieron dos corrientes o movimientos de traducción: uno en el siglo XII comanditado por la Iglesia, y otro por Alfonso X el Sabio en el siglo XIII. A lo largo de la obra, Foz presenta las prácticas traductoras típicas de la época para comentar más tarde los desafíos políticos y culturales latentes a los que había que hacer frente.


Resumen


En primer lugar, para resaltar los diferentes factores que propician la aparición de una actividad de traducción hay que conocer un poco el contexto histórico en el que ésta se desarrolla. Los árabes ocuparon la península ibérica, a la que ellos llamaron al-Andalus, desde 711 hasta 1492. Se considera que la Reconquista comienza en 718 y termina con la toma de Granada en el año 1492. Desde el punto de vista estratégico, la reconquista de Toledo (ciudad que tras más de 300 años de dominación árabe vuelve a manos cristianas en 1085) constituye un importante avance para los cristianos debido a su emplazamiento geográfico, en el centro-sur de la península pero no muy lejos de los territorios árabes. La península ibérica es un conglomerado de pueblos de orígenes diversos:judíos, mudéjares, mozárabes, cristianos... Esta composición étnica implica sin duda un pluralismo lingüístico en el que se fundarán las posteriores traducciones.


Hay diferentes denominaciones para las traducciones de los siglos XII y XIII. La más utilizada ha sido Escuela de Traductores de Toledo o Escuela de Toledo. Pero no hay que considerar estos trabajos como una única empresa, pues los envites cambian de un siglo para otro. En el siglo XII la práctica traductora está «patrocinada» por que la Iglesia, por lo tanto las traducciones estarán vinculadas al interés de los miembros de ésta. El trabajo en solitario y en dúo es el que mejor caracteriza a este siglo. El procedimiento más frecuente era el tándem de traductores, con dos intérpretes, uno del árabe a la lengua vernácula y otro de la lengua vernácula al latín. En el siglo XIII el movimiento de traducción tiene como mecenas al rey Alfonso X el Sabio. Las colaboraciones en esta época se basan en los niveles de competencia y de responsabilidad de los participantes. Se distingue, por un lado, a los traductores principales que generalmente se trataba de los judíos al servicio del rey, y los traductores secundarios, entre los que figuraban en exclusiva los cristianos.


Comentario


El objetivo de este libro es mostrar las dificultades que rodearon a la práctica traductora en los siglos XII y XIII en España. En esta época existía una gran variedad en aquellos que se dedicaban a traducir -algunos eran médicos, otros maestros, otros estaban más interesados en filosofía-, lo que en sí no los distingue de los actuales traductores. Por otro lado, los traductores latinos y alfonsíes eran del grupo de doctos medievales que se diferenciaban del resto de la población por su capacidad de leer y escribir. En los siglos XII y XIII, por el simple hecho de pertenecer a esta clase, estos hombres podían realizar trabajos de traducción por interés personal o bien como respuesta a la petición de un miembro de la Iglesia o de un soberano. Si comparamos ambos siglos, vemos que en el XII el traductor no tenía por qué ser necesariamente un buen conocedor de las lenguas, sino un docto que se ve conducido a emprender traducciones por ciertas circunstancias. En el siglo XIII, se observa una «profesionalización» por la que al traductor se le atribuye un estatuto de experto en lenguas y en materias. Este es el caso de los que trabajan al servicio de Alfonso X el Sabio.

Con respecto al aspecto técnico, hay que afirmar que dependía más bien de las capacidades de cada uno y los diferentes tipos de colaboraciones. Pero, por otra parte, la legitimidad de unos y otros se basaba más en su estatuto en la sociedad, como lo demuestra el hecho de que en el siglo XII las traducciones casi siempre se presenten como trabajos de latinistas en detrimento de los intermediarios, generalmente judíos. En cambio, en el siglo XIII los colaboradores judíos tienen una función declarada de traductores principales.

Ningún traductor del siglo XII da explicaciones sobre su forma de proceder, como una manifestación de la prudencia que obliga su posición de mediadores interculturales. En el siglo XIII, el trabajo de los traductores está vinculado a la voluntad por parte del soberano de una versión muy literal y a la importancia que le concedía al trabajo lexicográfico exigido por la novedad del uso de la lengua vernácula en la escritura.

La amplia tarea de los traductores latinos y alfonsíes no puede considerarse una escuela, sino más bien una vasta empresa de transferencia cultural basada en la traducción. Además estos trabajos marcaron el desarrollo de la lengua vernácula española.
Las traducciones del siglo XII y XIII señalaron la evolución cultural y científica de las sociedades de occidente y, aunque ambas se levaron a cabo en nombre de la Iglesia, el desarrollo de los conocimientos a los que dieron lugar contribuyeron a debilitar el poder de la Iglesia y abrir vía para el nacimiento de instituciones, como lo son las universidades, que permitirían que el saber circulara fuera de ella.

Por último, este periodo de la historia de la península ibérica refleja el carácter problemático de las relaciones que mantuvieron judíos, cristianos y árabes en España. Distintas miradas o perspectivas permiten captar la especificidad de una historia marcada por la coexistencia de estas tres tradiciones, árabe, judía y cristiana.


Conclusiones


Con esta obra, Clara Foz nos presenta el panorama de la traducción en los siglos XII y XIII en España, lo que nos sirve para darnos cuenta de que en algunos aspectos, los traductores de la época no se diferenciaban tanto de los de la actualidad; por ejemplo, en ambos casos cada traductor se interesa más en un tema (filosofía, medicina, astronomía...); y conocer las dificultades a las que tuvieron que hacer frente. Además también nos permite aprender algo más sobre historia, lo que siempre viene bien.


Bibliografía


FOZ, Clara, 2000: El traductor, la Iglesia y el rey, Barcelona, Gedisa.