Translation and Language: Linguistic Theories Explained

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Autor: Peter Fawcett
Editor: St. Jerome Publishing
Año: 1997
Páginas: 160
Idioma: Inglés
ISBN: 1-900650-07-X

Por Héctor Fernández Alcalde



Introducción


La teoría de la traducción lleva ya casi tres décadas experimentando un desarrollo permanente en busca de un lugar y una identidad propios. Ese esfuerzo continuo para construir su propio carácter ha provocado fricciones fuertes con campos en principio afines, en especial con la lingüística. Al negar una importancia e influencia recíprocas, tanto en la lingüística como la teoría de la traducción han creado lo que Fawcett convierte en el lema de su libro Translation and Language, es decir, una «relación amor-odio». Este libro ofrece una visión amplia del tema que tan claramente refleja el título, así como de las tensiones que lo envuelven.

Resumen


El libro se divide en doce capítulos más una sección final de «Conclusiones y perspectivas», que revisaremos en orden. Los capítulos están organizados en una suerte de estructura jerárquica, de modo que la atención se va desplazando desde las unidades más pequeñas, como el morfema y la palabra, a la relación entre palabras, la oración, y las esferas que la trascienden: el texto y su función en el contexto de situación en el que se genera. En los sucesivos capítulos, Fawcett explora la posibilidad de aplicar los conceptos básicos de la lingüística estructural, la gramática generativa, la lingüística textual, la lingüística funcional, la sociolingüística, la pragmática y la psicolingüística al estudio de la traducción, contribuciones que siempre ilustra a través de ejemplos.

Comentario


El capítulo 1, «Introducción», es uno de los más largos y, probablemente, el más importante de todos los capítulos de la obra. En él el autor presenta los conceptos básicos que considera más importantes para la traducción y busca los orígenes de la tortuosa relación que se mencionaba anteriormente. Estos conceptos forman la base sobre la que se sustentan los argumentos que llenan el resto del libro. En la introducción también se establece el propósito de la obra, que no es otro que el de «explorar la contribución de la lingüística al estudio de la traducción», y el autor manifiesta su postura al respecto: «resulta bastante evidente que la lingüística tiene algo que aportar al estudio de la traducción». También se señalan las limitaciones de la lingüística, que se muestran sobre todo «cuando se pretende ver la traducción como una actividad exclusivamente lingüística o cuando se espera de la lingüística que ofrezca soluciones inmediatas a problemas específicos de traducción, en lugar de emplearla como recurso para extrapolar técnicas de resolución de problemas generales a partir de problemas específicos» (p. 2, traducción nuestra). En este sentido, Fawcett señala en su «Prólogo» que no ve la lingüística «ni como el gran libertador ni como el gran opresor de los estudios de traducción», sino que más bien cree que «hay muchas cosas relacionadas con la traducción que solo puede describir y explicar la lingüística».

En el capítulo 2, «Componentes menores que la palabra», Fawcett discute hasta qué punto el nivel fonológico puede ser importante para la traducción, sobre todo en los textos literarios donde hay recursos fónicos pensados para producir efectos determinados. Los problemas que surgen en este ámbito están relacionados, entre otros, con la traslación adecuada de los efectos fónicos y con la cuestión de si la traducción debe tener en cuenta el nivel del sonido o solo el del sentido.

La perspectiva cambia en el capítulo 3, donde el centro de atención es la semántica. Este ámbito de la lingüística, relegado durante años como objeto de estudio por la lingüística estructuralista debido a su carácter no experimental, es fundamental para la traducción, pues trata del significado. Sin embargo, la semántica pronto levantó el vuelo y empezó a trabajar con conceptos tanto en el nivel de la palabra (denotación, connotación, campo semántico...) como en el nivel de la oración (presuposición, implicación, etc.). Sin estos conceptos, la lingüística puede explicar lo que ocurre en el plano estructural del texto, pero no puede dar cuenta de los elementos que forman parte del universo de la traducción, como el conocimiento del mundo, las expectativas del lector, la carga informativa, el tipo textual, el efecto deseado, etc. Su manejo es, pues, de suma importancia para encontrar soluciones al problema de la correspondencia, siempre imperfecta, que se establece entre las estructuras significativas y los significados propiamente dichos de dos lenguas. Las diferencias entre lenguas conducen a la creación de un «catálogo de técnicas de traducción», de las que trata el capítulo 4.

El capítulo 4, «Técnicas de traducción», es una poderosa herramienta al servicio de la finalidad del libro que reseñamos. Fawcett introduce las taxonomías de Vinay y Darbelnet, Yakob Retsker y Shveitser, que se basan en los tipos de relaciones que se dan entre una lengua de partida y una legua de llegada.

El capítulo 5, «Equivalencia», aborda este concepto central en los estudios de traducción de acuerdo con las opiniones de Catford, Nida y Komisarov. Fawcett analiza los tres puntos de vista, destacando tanto sus aspectos positivos como sus limitaciones.

El capítulo 6, «Más allá de la palabra», reproduce la postura de Catford según la cual «cualquier teoría de la traducción debe recurrir a una teoría del lenguaje, es decir, a una teoría lingüística general». La primera teoría general a la que se refiere el autor es la gramática generativa de Noam Chomsky, si bien el propio Chomsky ha declarado su escepticismo sobre las implicaciones de su teoría para la traducción. Fawcett también revisa los modelos de Nida, Shveister y Malone, que aparecen tras el auge de la investigación resultante de las ideas de Chomsky.

Un problema muy relacionado constituye el centro de atención del capítulo 7, «Más allá de la frase: contexto y registro», dedicado a discutir la importancia de la noción de contexto en el ámbito de la traducción. Se hace especial hincapié en los cambios que ha experimentado la definición de este concepto, desde la de «texto que rodea a un texto determinado» a una concepción más amplia (contexto de situación), o incluso a una más restringida (cotexto). Esos cambios se observan desde la perspectiva del uso y del usuario de la lengua. Los usuarios de la lengua se encuentran limitados por factores como el tiempo, el espacio y la sociedad, que pueden resultar problemáticos para la traducción.

El capítulo 8, «La estructura del texto», analiza el significado de la oración bajo la perspectiva de su estructura conceptual, lo que en lingüística se conoce como distribución informativa u organización de tema-rema. El autor también analiza los conceptos de cohesión y coherencia, que se describen como agentes aglutinantes encargados de la creación de la textualidad a través de mecanismos gramaticales o mediante la creación de una red semántica. En opinión del autor, es fundamental que el traductor trate de reconocer cómo funcionan estos mecanismos para crear textura en el texto original y los use con fines similares en el texto meta.

En el capítulo 9, «Funciones de texto», el autor repasa las funciones del lenguaje y trata de ver de qué modo se mantienen o se alteran en el texto meta. La cantidad de enfoques y autores que cita Fawcet en relación con la posibilidad de mantener o alterar las funciones del lenguaje entre la traducción y su original muestra hasta qué punto se trata de un tema fundamental y muy problemático. El autor recurre a la gramática funcional de Halliday para explicar los componentes funcionales del estrato semántico del sistema lingüístico (el ideacional, el interpersonal y el textual), a través de los cuales el lenguaje permite a los usuarios modelar la realidad para interactuar con otros usuarios.

En el capítulo 10, «Sociolingüística», se destaca la labor del traductor como mediador entre lenguas y culturas, a veces muy problemática. La tendencia a asociar lengua e identidad, así como los distintos usos lingüísticos que derivan de factores como la clase social, la raza, el sexo, la edad, la procedencia regional o el estatus profesional, ponen a veces al traductor en situaciones delicadas.

En el capítulo 11, «Pragmática», se analiza la esperanzadora contribución de esta disciplina lingüística, que se ocupa de la manera en que la gramática y la semántica interactúan para hacer cosas con el lenguaje, a los estudios de traducción. El capítulo se centra especialmente en tres aspectos que han centrado la atención de los investigadores del ámbito de la pragmática: los actos de habla, la presuposición y las implicaturas griceanas.

El último capítulo, «Psicolingüística», aborda las tendencias recientes en el estudio de la traducción como una actividad mental. El capítulo se centra principalmente en dos corrientes: la primera, basada en métodos de investigación psicológica, trata de encontrar un modelo que explique el funcionamiento del proceso de traducción en la mente de una persona. La segunda, que Fawcett trata con mucho detalle, es la defendida por Gutt (1991) en el marco de la teoría de la pertinencia de Sperber y Wilson. Pese a no ser un enfoque estrictamente psicolingüístico, el autor lo incluye por tratarse de un modelo basado en una teoría de la cognición que pretende ofrecer una explicación ambiciosa de la traducción únicamente en términos de la psicología de la comunicación y, más específicamente, en el concepto de pertinencia.

En la sección de «Conclusiones y perspectivas», Fawcett insiste una vez más en la importancia de la lingüística para la traducción y sugiere que la lingüística del discurso es una de las teorías que más podrían aportar en este campo. Por otra parte, destaca que la contribución de la lingüística a los estudios de traducción no se limita a los hechos gramaticales y semánticos, sino que incluye las dimensiones sociales, históricas y culturales, además de los aspectos escritos y textuales.

Conclusión


El libro Language and Translation de Peter Fawcett es una buena elección para aquellos que sienten cierto escepticismo sobre la medida en que la lingüística puede contribuir de algún modo a los estudios de traducción. La obra ofrece un panorama general muy interesante sobre las diversas aportaciones que las diferentes disciplinas lingüísticas han realizado (o pueden realizar) a la traducción. El autor defiende desde el primer momento esta postura y la argumenta de manera convincente a lo largo de los doce capítulos del libro.

Su amplia experiencia como traductor, que trasciende los conocimientos puramente teóricos, le permite en centrarse en asuntos de sumo interés para la práctica traductora sin por ello restarle a la obra un ápice de rigor científico. Por todo ello, Language and Translation nos parece una fantástica manera de iniciarse en los estudios de traducción si el área de interés principal es la lingüística. También puede resultarles de interés a los investigadores del ámbito de la traducción y a los lingüistas en busca de aplicaciones prácticas de su complejo aparato teórico.