Teatro y traducción. Aproximación interdisciplinaria desde la obra de Shakespeare

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Autora: Pilar Ezpeleta Piorno
Editor: Cátedra
Año: 2007
427 páginas
ISBN: 9788437624273 978-84-376-2427-3 8437624274 84-376-2427-4

Por Laura Santamaría Salinas

Prólogo


El prólogo de este libro está realizado por Manuel Ángel Conejero y Vicent Montalt, catedráticos de Filología inglesa y miembros del Instituto Shakespeare. El primero es además traductor de Shakespeare y miembro de la Fundación Shakespeare de España. Ambos elogian el trabajo de la Dra. Ezpeleta y destacan la exhaustividad, rigurosidad, pasión y frescura que emana de esta obra, a pesar de la gran complejidad que implica este tipo de traducción.

Introducción


Ezpeleta comienza advirtiendo de la división del libro en dos partes: la primera de ellas se centra en las múltiples características del teatro y el drama, de necesario conocimiento para poder comprender la segunda, la traducción de este género literario propiamente dicha. Posteriormente indica los distintos instrumentos que emplea (semiótica teatral, pragmática, lingüística, sociolingüística y traductología contemporánea) y nombra algunas de las obras con las que va a ilustrar los ejemplos, predominando obras de Shakespeare, por su gran complejidad y dimensión. Finaliza con la explicación del propósito del libro, que no es otro que la utilidad para traductores, estudiosos, directores de escena o actores entre otros, la apertura de debates en torno a este campo y la aproximación al teatro.

Resumen


Del teatro al drama

Primera parte

La primera parte consta de tres capítulos.

A lo largo del primero se esboza el panorama de los estudios teatrales, los hechos que han sido determinantes para alcanzar la concepción actual del teatro y del drama. Para ello parte de la tragedia con Aristóteles y llega hasta el cambio en la conciencia del teatro, cambio que se produce en el siglo XX, con la Semiótica y los estudios estructuralistas. El teatro es entendido como arte escénico, en el que intervienen un conjunto de signos y códigos de diversa naturaleza, y el drama como realización textual que utiliza los signos lingüísticos de un modo particular y específico, y que mantiene una determinada relación con la representación escénica.

El segundo capítulo está dedicado por completo al drama. Trata con mucha profundidad de su género en relación con la orientación retórica, la finalidad comunicativa y las intenciones de sus participantes, su naturaleza convencional, y su relación con aspectos culturales. Este capítulo se subdivide en numerosos apartados en los que se habla de la relación entre el texto dramático y la representación (interdependientes pero distintos), la construcción del mundo dramático (el mundo creado según las convenciones de la representación, que mantiene una compleja relación con el mundo real), los elementos del mundo dramático: tiempo, espacio, acciones, sujetos y objetos de las acciones (personajes: como lexema, el modelo actancial, como elemento retórico, como arquetipo, como sujeto de la enunciación y como conjunto semiótico) y la transmisión de la información, tanto los sistemas de comunicación interno y externo, como la perspectiva del personaje y la perspectiva central, y varias estrategias narrativas en el drama (autor como mediador épico, figuras épicas, personajes mediadores).

El tercer capítulo versa sobre el estudio del discurso dramático como modo de lenguaje en uso cuyo fin es la realización escénica teatral. Lo llamamos discurso porque es una forma escrita convencional que representa lo oral. Ezpeleta también nos habla del contexto, que nos permite inscribir la actividad dramática en el marco social y cultural del mundo real en el que se produce. Todo uso de la lengua se realiza inevitablemente en un contexto, que es siempre decisivo a la hora de interpretar un enunciado. Los siguientes apartados de este capítulo tratan de las condiciones de enunciación y la doble enunciación, de los discursos del autor y del personaje, del diálogo, monólogo y soliloquio, y de la textualidad del diálogo dramático (en concreto sus principios: enunciados sintácticamente completos; los elementos verbales, a parte de transmitir información, establecen lazos entre los interlocutores; progreso elocutivo; casi total ausencia de interrupciones, y consideración como texto si forma una unidad más o menos coherente estructurada semántica y pragmáticamente.

Segunda parte

La segunda parte del libro comprende de los capítulos 4 al 8.

El primero de ellos recoge qué han dicho los teóricos respecto de la traducción dramática y los problemas que plantea dedicando especial atención a aquellas cuestiones que más directamente nos conciernen. No obstante, se ha escrito poco sobre este tipo de traducción en comparación con la cantidad de publicaciones que existen respecto a otras áreas de traducción especializada. La traducción dramática se encuentra en un momento de crecimiento gracias a la consolidación y sistematización de los estudios traductológicos generales y se considera, desde los años 80, como un producto, es decir, como una descripción, un análisis contrastivo, una metodología de análisis.

El quinto capítulo está dedicado a la perspectiva comunicativa. En primer lugar se aborda el tiempo y el espacio en tanto que coordenadas que no solo sitúan la interacción verbal en un marco espacio- temporal concreto, sino que también la determina respecto de la forma y del resto de los elementos que intervienen en el intercambio comunicativo. En segundo lugar, se considera el medio del que se valen los textos dramáticos y que tienen en la oralidad su rasgo definitorio. Y, en tercer lugar, establecemos quiénes son los participantes del hecho comunicativo dramático y cuáles son las variaciones lingüísticas (dialectales y funcionales) que presentan los textos dramáticos en relación con sus usuarios y con el uso. Ezpeleta dedica un apartado para tratar la traducción de la prosa y el verso en Shakespeare.

En el siguiente capítulo, titulado perspectiva pragmática, se analizan los mecanismos discursivos que permiten la afirmación “la palabra es acción”. La construcción del significado es un proceso de negociación entre hablantes y oyentes, de esto versan los siguientes apartados: las intenciones y el emisor, fundamentales a la hora de traducir un texto dramático, los resultados y el receptor. También se habla de las normas de interacción, verticales y horizontales, en el diálogo entre los personajes (cambios en el turno de palabra, distribución, orden y duración de los turnos y secuenciación de los turnos de palabra); y de los actos de habla en el drama, de su valor locutivo, ilocutivo y perlocutivo. La autora finaliza el capítulo con las formas de interpretación e inferencia operativas para los participantes del diálogo dramático. Se analizan las diversas máximas de un texto dramático: máxima de cantidad, de calidad, de relación y de modo, además de las implicaturas y las presuposiciones, que se dan cuando se rompe con una máxima. Las implicaturas son inferencias que dan cuenta de aquello que los hablantes desean sugerir o comunicar de manera indirecta. Las presuposiciones son aquellos aspectos que los hablantes dan por conocidos.

El capítulo séptimo está dedicado a la perspectiva semántica. Los textos son unidades semánticamente coherentes que se construyen a partir de unidades menores, las palabras. Ezpeleta dedica, de nuevo, especial atención a Shakespeare, esta vez a los usos que hace del léxico en relación a su época. En concreto se centra en los procedimientos que emplea a la hora de manipular la forma y el sentido en sus obras.

El último capítulo de este manual recoge un modelo de análisis de los textos dramáticos con fines traductológicos. Este modelo considera la perspectiva situacional, la comunicativa, la pragmática y la semántica, el sistema comunicativo interno y externo y las diferentes unidades, de las más generales a las más particulares. Pretende ser la herramienta que permita al traductor identificar las áreas que requieren una especial atención.

Conclusión


El teatro dramático no admite la equiparación con otros textos, porque, aunque coincide con ellos en utilizar como medio expresivo el lenguaje verbal, y participa de algunas de las características de lo literario, por ser un texto de ficción, expresivo y plurisignificativo, se diferencia de ellos por el uso particular y específico que hace del lenguaje (diálogos, acotaciones), por la especial relación que mantiene con la representación, el arte escénico y teatral.

Los estudiosos creen que es necesario definir y delimitar claramente qué entendemos por teatro y drama, y por teatralidad y representabilidad; una Teoría de la traducción de textos dramáticos que los contemple en relación con otros textos y desde sus características específicas; perfilar el papel y la responsabilidad del traductor; señalar estrategias respecto del proceso traductor, y considerar los textos de partida y las traducciones como productos culturales en conflicto.

El texto meta tiene que estar cohesionado, mantener la atmósfera, la caracterización del personaje y la ironía dramática respecto del original, tener un diálogo ordenado en el que los turnos de palabra estén distribuidos, abordar los tabúes culturales y propiciar la lectura simbólica o alegórica. Nunca debemos olvidar que todos los elementos del texto se hallan subordinados a la construcción de un conjunto textual unificado. A la hora de traducir un texto dramático hay que entender lo que realmente es, y no sólo lo que dice y cómo lo dice, es decir, entender el modo de manipulación, construcción y ejecución del texto para poder reescribirlo.