La búsqueda de la lengua perfecta en la cultura europea

resena001_pequena.jpg

Autor: Umberto Eco
Año: 1993
Editorial: Editorial Crítica
España
Idioma/s: Español con fragmentos en otras lenguas europeas. Traducción de Maria Pons
Nº de páginas: 314
ISBN: 84-7423-945-1

Por Inés Plaza Fontanet

Introducción


En su obra, Umberto Eco reflexiona en torno a la búsqueda de una lengua perfecta, supuestamente perdida tras el suceso bíblico de Babel, a la largo de la historia europea. Para ello, sintetiza y analiza los diferentes puntos de vista desde los cuales se ha ido abordando este tema desde sus inicios hasta la época moderna. El libro consta de diecinueve capítulos, incluidas una introducción y una conclusión.

Resumen


0. Introducción

En La búsqueda de la lengua perfecta…, el autor plantea preguntas que han preocupado a la humanidad desde sus inicios (¿Cuál fue la primera lengua? ¿Por qué existe la palabra? ¿Es el lenguaje es algo universal que puede ser comprendido por todas las culturas?), y recoge las diferentes respuestas que la cultura europea ha ido dando a estos interrogantes. No pretende presentar un estudio exhaustivo sobre la tipología semiótica de las lenguas, sino un recorrido histórico ameno sobre la «utopía de la lengua perfecta» (Eco, 1993: 12). Por ello, se centra exclusivamente en los proyectos que atañen a las lenguas auténticas (redescubrimiento de lenguas históricas, reconstrucción de lenguas originarias, lenguas artificiales, lenguas mágicas).

1. De Adán a la «confusio linguarum»

Desde el punto de vista bíblico, la palabra surge cuando Adán da nombre a los distintos elementos del universo, aunque la diversidad lingüística que da origen la búsqueda de una lengua perfecta en la que todos puedan comunicarse surge con el castigo divino de Babel (la confusio linguarum).

En la cultura clásica griega y romana no hubo problemas relacionados con dicha diversidad (había lenguas dominantes e intérpretes), así que la preocupación sobre la búsqueda de la lengua perfecta nace al tiempo que las primeras interpretaciones de la Biblia. Para San Agustín, la lengua original fue el hebreo, puesto que era la lengua hablada antes de la confusio linguarum el pueblo elegido la había conservado.

Desde san Agustín se han ido produciendo varios intentos fallidos en ese sentido que, sin embargo son positivos porque contribuyen a que se valore la riqueza de las diferentes lenguas. Una lengua perfecta aspira a una correspondencia total entre conceptos y representación de los mismos y debe ser capaz de dar cuenta de todas las experiencias del ser humano.

2. La pansemiótica cabalística

La cábala, interpretación de la Torá, concibe la creación del mundo como un fenómeno lingüístico. Si tenemos en cuenta que dicho texto no contiene vocales, existen tres métodos de interpretación posible:

  • Técnica del notaricón, a través de acrósticos
  • Técnica de la temurá, mediante la permutación de letras o anagramas
  • Técnica de la germatrya, que consiste en hallar palabras de distinto significado e igual valor numérico para investigar analogías entre ideas y cosas designadas, teniendo en cuenta que en hebreo los números se representan con letras.

Para los cabalistas, la Torá sería una posible lengua perfecta porque constituye la expresión del lenguaje divino (necesariamente el primigenio, puesto que surge con la creación) y refleja completamente la estructura del universo. Sin embargo, «será el Mesías quien revelará definitivamente los secretos de la cábala […] y la diferencia entre las lenguas cesará al final de los tiempos, cuando todas las lenguas existentes sean absorbidas por la lengua sagrada» (Eco, 1993: 39).

3. La lengua perfecta de Dante

En De vulgari eloquentia (1303-1305) Dante Alighieri aborda su proyecto de crear a partir del lenguaje poético y literario una lengua perfecta —el llamado vulgar ilustre—, que trascienda a los diferentes dialectos de la Península Itálica.

Dante defiende que la diversidad lingüística se produce por la naturaleza cambiante del hombre, que origina cambios en las lenguas incluso aunque los hablantes no lo pretendan. Sin embargo, dichas lenguas también pueden ser enriquecidas gracias a la creatividad individual, de la cual debe nacer el vulgar ilustre.

Lo que permanece inmutable es la facultad general del lenguaje, distinta de la locutio secundaria, las lenguas con reglas formales que se aprenden; es decir, que a diferencia del vulgar ilustre, se adquieren a temprana edad por contacto con las mismas. Según Dante, con Babel desapareció una gramática universal que permitía crear lenguas perfectas, pero no la capacidad de hacerlo, la facultad general del lenguaje.

4. El «Ars magna» de Ramon Llull

Contemporáneo de Dante, Ramon Llull también quiso crear una lengua perfecta. Sin embargo, debido a su condición de religioso y al hecho de ser nacido en Mallorca, donde en aquella época convivían la cultura cristiana, musulmana y judía, sus motivaciones son distintas.

Su objetivo era construir un mecanismo para difundir el conocimiento de los demás y el enriquecimiento personal. Llull quiso crear una lengua filosófica perfecta basada en la combinatoria matemática para convertir a los infieles cuya capacidad de expresión, a partir de un sistema de contenido común, fuera válida para todos los pueblos. Para ello, formuló un alfabeto de nueve letras correspondientes a las dignidades divinas a las cuales asociaba nueve cuestiones, sujetos, virtudes y vicios, y cuatro figuras, con las cuales formulaba predicados. Asimismo, construyó el denominado arbor scientarum, mediante el cual fue capaz de sistematizar la realidad física y metafísica.

Tomando lo común a las tres religiones monoteístas principales, la lengua perfecta de Llull hubiera podido recoger todas las visiones del mundo.

5. La hipótesis monogenética y las lenguas madre

El quinto capítulo del libro aborda la búsqueda de la lengua perfecta desde el punto de vista de las teorías monogenéticas, aquellas que defienden que todas las lenguas derivan de una única lengua original. Antes de repasar los distintos enfoques, se incide en los siguientes aspectos clave:
  • Lengua universal y lengua perfecta no son conceptos sinónimos.
  • En lo referente al origen del lenguaje, es importante distinguir entre naturaleza y convención.
  • Es imprescindible distinguir la fonética (sonido) de la forma ortográfica.
  • Lengua primigenia y gramática universal no son conceptos sinónimos.

Durante el Renacimiento se mantuvo la hipótesis de que el hebreo era la única lengua válida para expresar la realidad en tanto que elemento de fusión entre los pueblos, No en vano, se mantenía que el conocimiento de los diferentes problemas lingüísticos conducía a la paz universal. Además, se atribuía un carácter mágico a dicha lengua porque supuestamente no se había dejado contaminar por otras.

Al mismo tiempo se explicaba la diversidad lingüística por la mezcla de los pueblos debida a la inmigración forzosa provocada por las decisiones políticas, las guerras, etc. Se trabajaba con la hipótesis de varias lenguas matrices emparentadas entre sí en familias lingüísticas. La confusio linguarum de Babel sería, pues, consecuencia de la evolución natural.

La relación entre lenguaje originario y religión no se rechazó hasta los siglos XV y XVI, cuando se tomó consciencia de que seguramente hubo civilizaciones a Adán y Eva (ej. China). A partir de ese momento, los lingüistas, aplicando métodos científicos, empezaron a estudiar el origen de las lenguas y a buscar las posibles protolenguas.

En los siglos XVII y XVIII, el estudio de las lenguas madre daba un nuevo vuelco. En un momento de debilidad de las religiones monoteístas y de los nacionalismos, numerosos expertos afirmaron que sus lenguas descendían de las habladas por los hijos de Noé y que, como no se vieron afectadas por la confusio linguarum de Babel, eran lenguas perfectas. Es lo que se conoce como nacionalismo lingüístico.

Finalmente, en el siglo XIX, estudiosos como Humboldt hablaron de la existencia de una forma lingüística interna que se modelaba en función de la visión del mundo de cada cultura, lo que haría imposible de una lengua única.

6. Cabalismo y lulismo en la cultura moderna

Entre el Humanismo y el Renacimiento surge una tendencia a redescubrir la filosofía griega; en ese contexto cobra gran importancia el hermetismo, según el cual el cosmos influye directamente en las cosas terrenales mediante palabras o signos, que si se conocieran, permitirían controlar dicho cosmos. A su vez, tras la expulsión de los judíos de España (1942) extendió la influencia de su cultura por Europa. Así, «si el universo está constituido por letras y números [como sostenían los cabalistas] se puede actuar sobre él» (Eco: 1993, 107). En ese contexto, Pico della Mirandola (1463 -1474) intentó recuperar dicho lenguaje universal aplicando las técnicas cabalísticas descritas en el capítulo dos.

Siguiendo esa misma línea, en una época de numerosos conflictos entre Estados, los pensadores se centraron en el estudio de las escrituras secretas. Ahí se detectan influencias de Llull y de la cábala, puesto que se emplean mecanismos similares a su combinatoria, figuras y tablas para descodificar dichos mensajes ocultos. Dicha influencia luliana y cabalística en la búsqueda de la lengua perfecta son numerosas, hasta el punto que se insinúa que Llull hubiera podido ser cabalista. Sin embargo, a pesar de su gran productividad, las lenguas creadas por estos mecanismos acaban demostrando que, dada la gran potencia de la combinatoria, no es de extrañar que existan varias formas de denominar lo mismo y, por tanto, varias lenguas. Al final, se acaba justificando la existencia de la diversidad lingüística.

7. La lengua perfecta de las imágenes

Tras los primeros capítulos dedicados a la creación o recuperación de lenguas, en este se trata el tema de las imágenes como lengua perfecta. Se parte de la tradición egipcia, con una gran influencia en la cultura europea, cuyos jeroglíficos se han considerado fuente de sabiduría porque con ellos era posible plasmar la naturaleza divina. Dicho contenido oculto tras los ideogramas les otorgaba el carácter de lengua perfecta.

En el s. XVIII, Kirche llegó a asociar los símbolos egipcios con sonidos del griego, dando así origen a la egiptología como se entiende hoy en día, y demostrando una posible relación entre los jeroglíficos y otras lenguas posteriores. Sin embargo, no logró entender la naturaleza fonética de los jeroglíficos y, por ello no pudo descifrarlos.

Los viajes comerciales a Asia y el descubrimiento de América habían dado a conocer la escritura basada en caracteres del idioma chino y la escritura criptográfica de las civilizaciones amerindias. Sin embargo, Kircher no las consideró lenguas perfectas: bajo su punto de vista, dichas lenguas debían tener un mensaje oculto del cual ambas carecían.

Sea como fuere, también se acabó rechazando la posibilidad de que los jeroglíficos fueran la ansiada lengua perfecta: dicha lengua, que presentaba las ideas de forma abstracta, no pretendía ser «ambigua ni secreta» (Eco: 1993, 149). Descartados los lenguajes dactilológicos por una razón similar, la única lengua universal que quedaría sería el lenguaje cinematográfico, suponiendo que sea universalmente comprensible.

8. La lengua mágica

En el siglo XVII, caracterizado por la crisis y los conflictos bélicos en Europa, parte de la sociedad esperaba llevar a cabo una reforma completa del conocimiento para lograr, entre otros, la paz universal. En esa situación surge, en 1964, la hermandad de los Rosacruz, cuyo objetivo era educar a los gobernantes en las enseñanzas divinas pero sin que sus miembros revelaran que pertenecían a dicho grupo. Los rosacruces aspiraban a proponer una nueva ciencia universal en principio basada en la naturaleza, que revelaba mediante su forma, su poder y sus cualidades ocultas. Para dicha reforma universal era necesario formular una nueva lengua perfecta. Sin embargo, no se conservan demasiados testimonios de los rosacruces. Ello, unido al hecho de que la perfección de dicha lengua perfecta residiera en su secretismo hace que todavía hoy se dude de si los rosacrucianos existieron realmente.

9. Las poligrafías

Este capítulo trata de las estenografías y de las poligrafías, constructos creados con el objetivo de que quien los use pueda cifrar mensajes en una lengua conocida y, a la vez, descifrar lenguas desconocidas para él. Son, en cierto modo, una «lengua internacional abierta a todo el mundo» (Eco: 1993, 167).

Las estenografías se basan en la encriptación de mensajes en un conjunto de lenguas preestablecidas sustituyendo letras por símbolos aparentemente aleatorios en función de la frecuencia de aparición de cada letra.

En las poligrafías, en cambio, se elaboran diccionarios de términos en las diferentes lenguas junto y junto con reglas para la combinación de dichos elementos. A continuación, se asocian números u otros símbolos a los diferentes términos en latín y a sus equivalentes en francés, italiano y otras lenguas añadiendo signos determinados para todo tipo de flexiones morfosintácticas (tiempo y modo verbal, número, caso, etc.).

Los sistemas propuestos en este capítulo resultan demasiado simples. Pese a la voluntad de incluir gran número de lenguas, se parte siempre del latín y qué duda cabe de que la gramática latina no puede dar cuenta de todas las lenguas posibles. Sin embargo, a pesar de lo anterior, las poligrafías tienen un gran valor en tanto que son una primera muestra de organización de contenido en la búsqueda de la lengua perfecta.

10. Las lenguas filosóficas a priori

A partir del s. XVI, especialmente desde Inglaterra, surgen las denominadas lenguas filosóficas a priori por motivos económicos, educativos (facilitar el comercio y la enseñanza de idioma) y religiosos (se rechazaba la religión católica y el latín, su lengua vehicular).

Filósofos como Francis Bacon, Comenius o Descartes, entre otros, observaron la polisemia y el uso metafórico característicos de las lenguas y concluyeron que era necesario llevar a cabo una terapia lingüística para hablar de manera científica, dejando atrás la inconsistencia lingüística.

Bacon analizó los tipos de signos lingüísticos (ex congruo, icónicos, o ad placitum, aleatorios) y elaboró un diccionario de signos referidos a nociones precisas, empleando un mismo signo para un mismo concepto en todas las lenguas en función de sus características. En la misma línea, Comenius propuso una reforma de la enseñanza y de las lenguas basadas en la imagen, de forma que se asociara una sola imagen unívoca a cada concepto. Descartes, por su parte, consideró la necesidad de formular una nueva lengua universal desprovista de las irregularidades de las lenguas naturales y partiendo, para la fonética, de una lengua internacional, el latín precisamente.

En definitiva, una lengua universal debía remitir directamente a nociones, pero para ello era necesario organizar objetivamente el conocimiento del mundo…

11. George Dalgarno

Para el lingüista George Dalgarno, que coincidió en Oxford con Wilkins, una lengua perfecta debía estar basada en dos aspectos: la clasificación del saber (obra del filósofo) y la formulación de reglas gramaticales (obra del lingüista). Consciente de la advertencia de Descartes respecto a lo importante de que todo el mundo pudiera pronunciar las lenguas universales, dio gran importancia a los fonemas simples en la formulación de su lengua.

Para formar palabras, asoció letras a las características definitorias de los elementos del mundo. Por ejemplo, el nombre que denotaba “palacio” (fan/kan) definía sus características (fan = “casa” + kan = “rey”) y lo diferenciaba de las demás entidades. Se criticó la ambigüedad de su propuesta (en base a la categorización del mundo, se podía construir varios nombres para un mismo concepto) y lo difícil de aprender que era. Sin embargo, en el plano morfosintáctico, Dalgarno se basó en el orden y, suprimiendo las declinaciones, simplificó en gran medida su lengua perfecta.

12. John Wilkins

Wilikins parte de una ambiciosa clasificación del conocimiento para formular su lengua perfecta. Define una serie de términos primitivos que permiten clasificar (no definir) no sólo géneros naturales como ocurría con otras lenguas filosóficas a priori, sino también relaciones o acciones.

Consciente de que no podía hacer referencia a todos los elementos del mundo, concretos o abstractos, Wilkins estableció tres procedimientos para ampliar o matizar su significado o, incluso crear nuevas denominaciones. Son la sinonimia, la paráfrasis y las denominadas trascendental particles, que se unían a los términos primitivos para modificarlos. De la misma manera organizó su gramática, estableciendo morfemas y marcas para expresar los diferentes rasgos morfosintácticos. No cabe duda de que estos procedimientos son muy parecidos a los existentes en las lenguas naturales.

En resumen, la lengua perfecta de Wilkins tenía dos vertientes: una destinada a la pronunciación y otra escrita, a base de ideogramas, tremendamente compleja. Ese es uno de los defectos de su propuesta; entre ellos destaca también el hecho de que, aunque en principio debiera ser universal, el lingüista la concibió desde su punto de vista anglófono y no pensó que su clasificación de las ideas, la base de dicha lengua en definitiva, pudiera ser distinta en otras culturas y visiones del mundo.

13. Francis Lodwick

Francis Lodwick, contemporáneo de Dalgarno y Wilikins, es uno de los pioneros de las lenguas filosóficas. Comerciante inglés, en su obra A Common Writing formuló un lenguaje universal para facilitar los intercambios económicos y el aprendizaje del inglés.

Para ello, crea un léxico con tres índices numerados que remiten a las palabras en inglés, las de la lengua perfecta y unos símbolos convencionales. Sin embargo, a diferencia de Wilkins y Dalgarno, Lodwick parte de esquemas de acción, que completa con funciones abstractas (objeto de la acción, agentes, lugares, etc.). Además, sus símbolos no son completamente aleatorios, sino que observa reglas mnemotécnicas. Recurre también a las reglas naturales, a la economía del lenguaje y a la etimología para mantener un léxico lo más reducido posible pero productivo.

¿Qué fue primero: los nombres o los verbos? Con su decisión de conceptualizar el conocimiento a partir de acciones, Lodwick reaviva un antiguo debate que influirá en otros pensadores posteriores (como, por ejemplo Borges) y en la lingüística moderna.

14. De Leibniz a la «Enciclopedia»

Como Llull, Leibniz buscaba una forma de comunicación universal, no para facilitar los intercambios comerciales, sino para facilitar el entendimiento entre las diferentes religiones del mundo y, en consecuencia, la paz. Formuló una lengua que destacaba sobre todo por su gramática, una simplificación de la del latín con una sola declinación y una sola conjugación, donde no había diferenciación de género ni de número, etc. Es importante tener en cuenta que Leibniz rechazaba la idea de crear una lengua sin ambigüedades; consideraba que es positivo y fascinante que haya muchas lenguas distintas y no pretendía evitarlo.

Mostraba asimismo un gran interés por la combinatoria y su sistema de reglas, a diferencia del de Llull, admitía todas las combinaciones de símbolos posibles (fueran correctas desde el punto de vista lógico o no). Así, para evaluar si las proposiciones generadas eran ciertas o falsas, recurría a criterios matemáticos (Eco: 1993, 232). En ese contexto, aunque los símbolos a que se asocian los diferentes conceptos sean arbitrarios, el orden de las proposiciones (la habitudo, la sintaxis) tiene, para Leibniz, una importancia primordial.

En relación con el uso de la combinatoria, acuñó el concepto de pensamiento ciego, la «posibilidad de realizar cálculos y llegar a resultados exactos a base de símbolos cuyo significado no se conoce necesariamente (Eco: 1993, 236); su lengua tenía que ser como un « lenguaje lógico que, como el álgebra, pudiera conducirnos de lo conocido a lo desconocido mediante la aplicación de reglas operativas a los símbolos que se utilizan» (Eco: 1993, 238).

Aunque no se puede considerar que consiguiera crear una lengua perfecta propiamente dicha, Leibinz se adelantó a su tiempo: la consideración de la importancia del orden de las proposiciones y la existencia del pensamiento ciego, es sin duda una anticipación al código binario y a los lenguajes de programación posteriores. Además, al considerar que el conocimiento no se podía clasificar como se venía haciendo hasta entonces, Leibniz influyó también en D’Alembert, creador de la Enciclopedia junto con Diderot.

Con la aparición de dicha Enciclopedia, en el s. xvii los filósofos sostuvieron que puesto que lenguaje y conocimiento se influían mutualmente, ningún sistema de ideas podía ser la guía para construir una lengua perfecta. Se llega a la conclusión de que no se puede postular un pensamiento universal, único y que, por lo tanto, cualquier intento de lengua filosófica fracasará.

15. Las lenguas filosóficas desde la Ilustración hasta nuestros días

En esencia, las lenguas a priori del s. xviii son como las del siglo anterior pero con distinta motivación, concepción de la gramática y clasificación de los llamados primitivos. Bajo la influencia de la Revolución Francesa, el objetivo es hacer posible una comunicación global a nivel internacional, así como agilizar las operaciones comerciales y militares entre estados e, incluso, controlar las traducciones para garantizar que son fieles al contenido del texto original.

Para ello, se simplifican la gramática y la sintaxis siguiendo el que se considera el orden de la razón (sujeto, verbo y complementos). Se suponía que existe una gramática normal y natural en la lengua «universalmente presente en todas las lenguas humanas» (Eco: 1993, 253).

Además, por primera vez se mostraba un cierto escepticismo ante las lenguas perfectas puesto que, para evitar la ambigüedad es necesario recorrer a ideogramas y entonces son difíciles de aprender y dejan de ser universales. Se valora también la capacidad expresiva de las lenguas naturales.

Sin embargo, ello no quita que se digan buscando posibles lenguas perfectas. En el s. XIX, por ejemplo, se recurre a la música. Las siete notas representan un alfabeto que puede ser comprendido por cualquier persona puesto que una misma partitura siempre se interpreta igual, independientemente de cuál sea la lengua natural de quien la toca.

En esta época aparecen también lenguas especiales basadas en la aritmética que deberían facilitar la comunicación con extraterrestres. Una vez más se presupone la existencia de ciertas características universales de las lenguas.

Finalmente, surgen también los primeros proyectos relacionados con la inteligencia artificial. Igual que las lenguas filosóficas, son universales en el sentido de que sus reglas no admiten ambigüedades ni errores y, por tanto, pueden ser interpretadas por cualquier hablante de una lengua natural. Sin embargo, como han sido diseñadas desde la óptica occidental exclusivamente, tampoco pueden expresarlo todo.

Actualmente, la tendencia en investigación se centra en la búsqueda de la gramática universal, tema que ya no corresponde al propósito de la obra.

16. Las lenguas internacionales auxiliares

En el s. XX, con el incremento de la comunicación entre países, especialmente ligada al nacimiento de diferentes organismos internacionales, nacen las lenguas internacionales auxiliares (LIA). Se trata de lenguas a posteriori formuladas a partir del estudio comparativo de diferentes lenguas naturales existentes. Entre los ejemplos más importantes destacan los siguientes:

  • Volapük: Lengua mixta con un alfabeto de 28 letras, con un único sonido cada una. Elimina el sonido r con el objetivo de facilitar la pronunciación del idioma. Formula una gramática totalmente regular. Sin embargo, tuvo gran aceptación por lo que, debido al uso, varió rápidamente y pronto resultó difícil de aprender.
  • Latín simplificado: Propuesta de Giuseppe Peano (1903) exclusiva para la comunicación escrita en el ámbito de las relaciones científicas internacionales.
  • Esperanto: Con el objeto de ser completamente universal, no se adscribía a ninguna ideología concreta. Tuvo muy buena acogida y aun se usa hoy en día.

Igual que el Volapük, en el esperanto sólo hay un sonido por cada letra y el acento cae, invariablemente, en la penúltima sílaba. En la formación de palabras, se recurre a las raíces comunes entre las lenguas mayoritarias, a las lenguas neolatinas, las germánicas y las eslavas. El esperanto destaca por la abundancia de los compuestos y la regularidad en el uso de prefijos y sufijos. Además, se mantiene el acusativo para evitar las ambigüedades semánticas.

Gracias al análisis de estos y otros ejemplos, llegamos a la conclusión de que el uso generalizado potencial de las LIA hace necesario que exista una autoridad que lo regule para garantizar así que se mantienen las reglas originales y la comprensión sigue siendo posible. Sin embargo, actualmente las lenguas se asocian al poder de los estados y, por ello, no existe ninguna voluntad política real de impulsar el uso de una LIA.

17. Conclusiones

A diferencia de lo que ha ocurrido en otras épocas como refleja la obra de Ecco, actualmente se considera que la confusio linguarum babélica es algo positivo: las diferentes lenguas son un claro reflejo de las identidades nacionales. Además, no cabe duda de que la expresión siempre es más cómoda en la lengua propia que en una aprendida, aunque sea perfecta o universal.

En las conclusiones Ecco aborda también el tema de la traducción. Recordando a Walter Benjamin, explica que puesto que la traducción es posible, se podría deducir que un estado intermedio entre la lengua origen y la lengua meta, que se podría identificar con una lengua perfecta. Sin embargo, concluye diciendo que la lengua perfecta no es una lengua en sí, sino la capacidad de expresarse.

Conclusión


En esta obra, Umberto Ecco nos presenta un recorrido por la historia del pensamiento europeo, en concreto por el afán de encontrar una lengua perfecta que pudiera expresar todos y cada uno de los matices de la experiencia humana y que, a su vez, fuera común a todos los pueblos. Tras un detallado análisis de los distintos enfoques del estudio de la confusión que, según la religión católica se produjo tras el incidente de la Torre de Babel, el autor no defiende ni el monolingüismo ni el plurilingüismo sino la sensibilidad de los individuos hacia las diferentes lenguas.