La traducción periodística

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Autor/a/es: CORTÉS ZAHORRAS, Carmen y HERNÁNDEZ NAVARRO, María José (Coord.)
Editorial: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha
Año: 2005
Cuenca
Idioma/s: Castellano
Nº de páginas: 448
ISBN: 84-8427-379-2

Por Nuria Ballesteros Soria

Introducción

Se trata de un trabajo colectivo que ofrece un panorama amplio de la traducción periodística, caracterizada por la confluencia de diversos factores determinantes como pueden ser la utilización de un discurso específico, las diferencias ideológicas y las variaciones introducidas por el medio en que se publica o por las convenciones culturales del receptor en la lengua meta. Todos esos factores convierten este tipo de traducción en un vasto campo de estudio al que, hasta el momento, no se le había prestado atención.

Resumen

Desde sus orígenes la prensa ha mantenido estrechas relaciones con la traducción y, en la actualidad, un porcentaje nada despreciable de lo que en ella se publica es material traducido. Sin embargo, el mundo de la prensa y de la traducción casi se ignoran mutuamente, como lo demuestra la escasez de reflexión sobre este contacto en el ámbito traductológico.
La traducción periodística es un tipo de traducción especializada en la que confluyen dos factores determinantes. En primer lugar, la existencia de una clase de discurso específico, los géneros periodísticos, con unas características aparentemente bien definidas. En segundo lugar, queda determinada por unas prácticas profesionales concretas que coinciden con las periodísticas. A su vez, dichas prácticas se ven influidas por los distintos canales de transmisión de las traducciones, algunos de ellos con sus propias “normas” para la elaboración de textos recogidas en los llamados libros de estilo, que condicionan la presentación al receptor del producto final y todos ellos con una determinada carga ideológica, que define la selección de material traducido y el modo de adaptación al lector.
A estos parámetros habría que añadir otros factores no menos importantes para el proceso y el resultado de la traducción: el sujeto traductor (agencias, periodistas, traductores literarios de prestigio, etc.), la periodicidad del medio y la función del objeto periodístico final.
Todas estas cuestiones y otras muy representativas de este ámbito como la desaparición de la identidad o firma del traductor en prensa, se tratan en esta obra: La traducción periodística.

Comentario

ANÁLISIS DISCURSIVO DE LA NOTICIA PERIODÍSTICA

I. El género periodístico

Este primer capítulo se presenta como una reflexión acerca del texto periodístico. Comienza planteándose si existe tal realidad.
La primera hipótesis que plantea sería la más evidente: reservar tal denominación para cualquier manifestación discursiva que encontremos insertada en una publicación periódica. Pero aquí empezarían nuestras dudas: ¿tiene el mismo rango textual las noticas periodísticas, los editoriales y los anuncios clasificados? El canal por sí solo no es un rasgo suficientemente distintivo como para marcar una clase de texto.
Una segunda opción sería asignar la etiqueta antes enunciada sólo a los textos genuinamente periodísticos, esto es, a los que así se reconocen en la doctrina de las ciencias de la información. De este modo, acabaríamos empleando la terminología tradicional (noticia, entrevista, reportaje, etc.).No obstante, el problema sigue siendo peliagudo, en la medida en que es difícil encontrar una serie de elementos discursivos comunes, más allá del canal y de determinados rasgos expresivos que justifiquen el uso de la expresión texto periodístico.
En relación con el texto periodístico, se han acuñado diversas clasificaciones de los géneros. En primer lugar, señalaremos a Grijelmo (1997), que propone la siguiente clasificación:
• Textos informativos:
o Noticia
o Entrevista objetiva
o Conversación objetiva
o Reportaje
• Textos informativos/interpretativos:
o Crónica
o Entrevista perfil
o Reportaje interpretativo
• Textos interpretativos:
o Análisis
• Textos de opinión:
o Editorial
o Crítica
o Artículo
o Ensayo
Existen muchas otras clasificaciones desde diversos enfoques. La propuesta de Casasús simplifica las diferentes propuestas en tres grandes categorías:
o Géneros informativos
o Géneros interpretativos
o Géneros argumentativos

II. El sociolecto periodístico

A continuación se nos plantea la siguiente hipótesis: ¿existe una manera propia de expresión de los periodistas?
La postura de Martínez Albertos (1993), por su eclecticismo, resulta representativa. Afirma que existen, al menos, dos estilos periodísticos: informativo y editorializante. Concluye, además, afirmando que en el canal periodístico se insertan también estilos literarios, a los que denomina estilo ameno. Pese a todo, los resultados de su planteamiento resultan insatisfactorios ya que describe exhaustivamente sólo el estilo informativo, mientras que despacha el segundo con una caracterización no lingüística, sino más bien ética.
Termina este autor por proponer de manera explícita unas Reglas estilísticas prácticas aplicables a cualquiera de los dos estilos periodísticos propuestos. Por citar un ejemplo, añade lo siguiente: «los verbos deben usarse siempre que sea posible en la forma activa».

III. Del sociolecto a la amonestación estilística

La atención se centra aquí, no tanto en la descripción del sociolecto como en la propuesta de una normativa estilística a la que el periodista debería ceñirse. En este sentido, gozan de una excelente credibilidad Luis Núñez Ladevéze y Álex Grijelmo, que ya hemos citado con anterioridad.
Núñez parte en su crítica de que hay en el periodista una pasión objetivadora y tecnicista, actitud influenciada por el periodismo anglosajón. Este proceso de emulación de los procesos expresivos de lenguas ajenas justificaría la tendencia a la nominalización, el gusto por la lexicalización, la preferencia por el tono enfático y la palabra excesiva o la predisposición al contenido impersonal y aséptico.
Núñez lleva a cabo una crítica demoledora del la nominalización estilística, que, en su opinión, conduce a la inexpresividad y al distanciamiento al mismo tiempo que impregna la noticia de un tono pomposo fruto del uso de tecnicismos en lugar de un lenguaje cotidiano. Grijelmo coincide en lo esencial con el planteamiento de Núñez y, además, establece una serie problemas de expresión propios del texto periodístico, así como problemas léxico-semánticos, como puede ser el riesgo derivado del uso excesivo de los neologismos.

IV. La noticia periodística

a) Estructura canónica de la noticia
El interés se centra ahora en el análisis discursivo del género periodístico más relevante en términos cuantitativos, como es el informativo.
Al hablar de la estructura de la noticia se suele menciona el titular, el párrafo de entrada, el cuerpo de la noticia, etc. Más adelante se nos indica la fórmula de las cinco “W”, en tanto que en la noticia debemos dar respuesta a las cinco preguntas básicas: quién, qué, a quién, dónde y cuándo. Finalmente, se nos hablará de la estructura de la pirámide invertida. En este sentido, los manuales se imitan unos a otros. Por lo que debemos relativizar su utilidad y plantearnos si son o no normativos.
Luis Núñez es el único autor que plantea la descripción discursiva de la notica entendida desde tres puntos de vista: estructura, contenido y modelo de ordenación tipológico.
Con respecto a la estructura, defiende que se debe plantear una doble coherencia: lineal entre las oraciones del texto, y global entre las partes: titular, entradilla y cuerpo. En cuanto al contenido, apunta la existencia de una tendencia a la coordinación o yuxtaposición de informaciones temáticamente dispersas. Desde el punto de vista del orden de los elementos que configuran la noticia, reconoce la existencia de cuatro modelos:
• Narrativo. Señala que no siempre respeta la cronología temporal de los hechos.
• Explicativo. Sigue el paradigma de los textos expositivos o argumentativos.
• Natural. Presenta una ordenación temporal.
• Informativo. Selecciona en términos de mayor a menor relevancia informativa.
b) Objetivo descriptivista de este estudio
Tras recordar cómo debe ser la noticia periodística, el estudio se centra en describir cómo efectivamente es, para lo cual se basa en el análisis de un pequeño corpus de textos que abordan una noticia común, pero procedentes de fuentes diversas como El País, El Mundo o La Razón.
A cada texto se le aplica un exhaustivo análisis discursivo a nivel oracional y textual. En el nivel oracional se estudia primero el plano morfosintáctico y posteriormente el plano léxico. En el nivel discursivo, por su parte se estudia la coherencia informativa y la cohesión textual.
Dentro del nivel morfosintáctico, se confirma en primer lugar que la complejidad sintáctica de una notica tiende a ser proporcional a la extensión de la misma. Al mismo tiempo, se afirma que la nominalización estilística es más previsible en la noticia más corta. Se estudia también la naturaleza de las relaciones intraoracionales. En este sentido, se observa una mayor preferencia por la subordinación frente a la coordinación (siendo la naturaleza copulativa la más empleada). Dentro de la subordinación, se observa una preferencia por la subordinación sustantiva y adjetiva en perjuicio de la adverbial. Tal preferencia es esperable en el sentido de que la noticia persigue la presentación de unos hechos y no tanto la valoración de los mismos. Con respecto a la modalidad verbal, resulta importante destacar cómo la mayoría de los verbos conjugados lo son en indicativo. Tal preponderancia no hace sino confirmar la hipótesis de que el autor de la notica persigue la presentación de la información máximamente objetivada.
En el plano léxico se señala el fenómeno de la manipulación ideológica por la vía del léxico. Además, se confirma que la ideología invade las noticias de manera más evidente cuando esta es cuantitativamente más extensa. El sociolecto periodístico (jerga periodística) se hace evidente entre otros factores por la selección del léxico. Ahora bien, la duda que cabría preguntarse llegados a este término es la siguiente: ¿qué vocablos se deben incluir en tal jerga? Se han realizado algunos esfuerzos en esta línea, como los de Luis Núñez o Álex Grijelmo, no obstante, todavía falta una sistematización que nos permita hacer evaluaciones más fiables.
Ya en el nivel discursivo, con respecto a la coherencia informativa, se presta atención a las coordenadas espacio-temporales en las que se sitúa la noticia; esto es, el contexto en el que se desenvuelve. El espacio de emisión se incluye en la noticia de un modo regularizado: después del titular y junto al nombre del autor o de la fuente de la noticia, o bien al comienzo del texto de la noticia, marcado tipográficamente. Es frecuente que se establezca una disociación entre el espacio de emisión y de acción de la noticia. En tal caso, se tiende a explicitar tal diferencia desde el principio del texto. También son frecuentes los incisos contextuales por pura aposición explicativa con el fin de garantizar la interpretación correcta del texto. Esto sería necesario, por ejemplo, si apareciese en el texto original una sigla con la que no está familiarizado el receptor del texto meta.
Por lo que a la cohesión textual respecta, se analizan entre otros aspectos la estructuración en párrafos de la noticia, tendencia muy heterogénea y el tratamiento del enunciado.

LA TRADUCCIÓN DE LOS GÉNEROS PERIODÍSTICOS

Nos remitimos aquí a la clasificación de los géneros periodísticos elaborada por Casasús (1991), que distingue entre: géneros informativos, interpretativos y argumentativos. Obviamente, cada uno de ellos se diferencia en cuanto a su estilo de la lengua escrita, su finalidad y la disposición psicológica del autor.
La primera categoría, los géneros informativos, comprende la noticia o información. Su objetivo primordial es reflejar con la mayor exactitud posible la realidad mediante un estilo sobrio, escueto y rigurosamente objetivo. La noticia presenta una estructura fija en la que destaca la entrada y el cuerpo de la noticia. Tradicionalmente se ha planificado el contenido siguiendo las pautas de la “pirámide invertida”, que organiza la información de acuerdo a su nivel de importancia. Esta técnica convive con otras como la estructura cronológica.
Dentro de los géneros interpretativos tienen cabida el reportaje y la crónica. Son más personales y ofrecen una información más escueta. En ellos el autor goza de gran protagonismo y requiere una mayor riqueza y brillantez literaria que la noticia. Predomina un estilo creador.
Por último, los géneros argumentativos, que se centran en la exposición de ideas y de juicios valorativos suscitados a propósito de una noticia más o menos reciente. Su estilo es muy libre y creador. Aquí cabe citar el artículo de opinión, el editorial, la columna o las cartas al director.
Desde el punto de vista de la traducción, el conocimiento de las características de los géneros periodísticos resulta de gran utilidad, pues permite detectar su función y los recursos discursivos propios de casa variedad, si bien, a menudo las fronteras entre un género y otro se diluyen.
En el caso de los géneros informativos, la adaptación a la nueva situación comunicativa conlleva una serie de cambios en la traducción. Los contenidos del original se usan como base para crear un nuevo texto en la lengua meta que debe funcionar como noticia para un público diferente y debe insertarse en las convenciones textuales de una lengua diferente. La estructura, el estilo, los contenidos o el formato de estas variedades están definidos de un modo muy rígido. Por eso no es extraño que se eliminen partes del original, se sintetice o se añadan fragmentos inexistentes en el original, de modo que la noticia funcione en el nuevo marco comunicativo; todo ello con el fin de presentar al lector la información de modo atrayente, pero objetivo.
En los géneros interpretativos nos encontramos con textos que suponen una interpretación muy personal de la noticia. La redacción se vuelve más expresiva y el autor cobra protagonismo y, lejos de adoptar un estilo objetivo, escribe con un estilo propio y ofrece apreciaciones personales. Para mantener este estilo personal, los traductores optan por seguir muy de cerca el original. Aún así, las traducciones sufren modificaciones para adaptarlas al nuevo marco comunicativo, como hemos visto en el caso de la noticia.
En los géneros argumentativos se sube otro peldaño en la escalera de la subjetividad. Se trata de un género muy personal. Los traductores de estas variedades textuales tienen por “norma” el respeto del estilo del autor y se trata, por lo general, de traducciones más elaboradas. Sin embargo, con el resto de géneros, no escapa a las transformaciones impuestas por el medio la nueva situación espacio-temporal y por el nuevo canal, aunque eso sí, en menor medida. Las mutilaciones por motivos de espacio que son frecuentes en el resto de géneros periodísticos, en este caso son excepcionales, pues ello conllevaría una ruptura de la argumentación y dificultaría la comprensión del texto.

PALABRA, ESPACIO Y TIEMPO

La traducción periodística constituye una especialidad de traducción con un volumen de textos amplio. Se centra principalmente en las funciones referencial y apelativa o conativa: de un lado la rápida transmisión de información actual, de otro, intentar captar la atención del receptor.
Este tipo de traducción está condicionada por ciertos parámetros extralingüísticos y lingüísticos vinculados a la actividad periodística. Los primeros guardan relación con las limitaciones de tiempo y espacio. Los segundos engloban el modo de expresión propio de este tipo de discurso.
Con respecto al tiempo, hay que tener en cuenta que la rapidez de la información es fundamental. En la mayoría de los casos, el traductor no dispone de tiempo para dejar “reposar” su traducción y perfeccionarla después, lo cual influye en la calidad de la traducción final. La cuestión del espacio está vinculada a la distribución de la información en la página. En este sentido, con independencia de la longitud del original, el texto meta debe limitarse al espacio concreto que tenga reservado en la página. Además, el traductor se deberá atener a las normas del libro de estilo del medio en el que publique.
Con respecto al lenguaje periodístico, hemos de decir que se caracteriza por la heterogeneidad, que se manifiesta principalmente en tres planos: variedad de códigos (lingüístico, paralingüístico, icónico), influencias de otros lenguajes (literario, administrativo, político, etc.) y diversidad de referentes; es decir, que el contenido a abordar es muy variado.

PRENSA Y TRADUCCIÓN

El lector habitual de los diarios rara vez se da cuenta de la cantidad de artículos que son traducciones. Esto podría considerarse como un éxito, pues es indicativo de que las traducciones “funcionan”, son aceptadas y pasan a ocupar un lugar en nuestro sistema cultural. Además, en el caso de los textos periodísticos traducidos, el hecho de que en su gran mayoría omitan el nombre del traductor no hace sino acentuar la impresión de que en la prensa no hay traducciones.
• La traducción en los libros de estilo
La prensa escrita de nuestro país cuenta con una “norma” propia para cada medio, recogida en los diferentes libros de estilo. La función principal de estos libros de estilo es definir la personalidad de la publicación y, en segundo lugar, hacer hincapié en el uso “correcto” del idioma.
Llevando este asunto a nuestro terreno, podemos afirmar que en los libros de estilo de nuestro país (El País, La Vanguardia, ABC), los problemas de traducción quedan reducidos en su mayoría a problemas léxicos y sintácticos, siendo inexistentes las referencias a problemas textuales, pragmáticos o culturales. Todos ellos comparten una preocupación común: evitar la colonización de términos foráneos, en un ambiente en el que reina la inmediatez y las noticias llegan desde los más remotos lugares y en diversas lenguas. Existe igualmente una preocupación por unificar criterios en lo que concierne a la traducción de topónimos, así como a la hora de traducir antropónimos que proceden de lenguas con otros alfabetos.
• La firma del traductor
En los artículos traducidos al español llama la atención la falta del nombre del traductor, fenómeno muy acusado en nuestro país y que no encuentra correspondencia en nuestro entorno. Esta decisión va más allá de una mera cuestión tipográfica, pues implica también una pérdida de información que hace un flaco favor a la credibilidad de las propias publicaciones. Se oculta que se trata de traducciones de textos de otros medios, de dónde proceden los originales y, por último, quién los ha traducido.
En el libro de estilo de El País, encontramos una curiosa referencia a cuándo debe aparecer el nombre del traductor. Afirma que el requisito para que ello ocurra es que el texto traducido posea una serie de cualidades “estéticas” que haga a su traductor merecedor de esa distinción.

NOTICIAS DE AGENGIA: ALGUNOS PROBLEMAS PLANTEADOS EN LA TRADUCCIÓN ESPAÑOL-ÁRABE

La objetividad es una de las principales preocupaciones de los traductores periodísticos. En este ámbito, la fidelidad al texto original está subordinada a la fidelidad a los hechos relatados. Esta lucha entre ambas fidelidades es la que pone en continuo dilema a los traductores de una agencia de noticia. Entre ellos, Pablo García Suárez, traductor hasta 2003 en el Servicio Árabe de la Agencia EFE.
El interés de la obra se centra en este caso en poner de manifiesto una serie de problemas planteados en la traducción de las “noticias de agencia”.

I. Las noticias “de agencia” y su traducción

Algunas de las características esenciales de la noticia de agencia es la estructura de “pirámide invertida”, de la que hemos hablado anteriormente, el empleo de una sintaxis sencilla y la aplicación de principios ineludibles como la claridad, la precisión, la sencillez y la utilización de un tono periodístico, lo cual implica una aspiración a la neutralidad. El estilo que consigue la agencia queda recogido en un “libro de estilo” al que el traductor debe guardar fidelidad.
La naturaleza de los problemas que ha de afrontar el traductor de una agencia de noticias, sobre todo en el caso que se plantea en esta obra (traducción español-árabe) no se circunscriben al campo de la filología, sino que transcienden al terreno cultural e ideológico; su trabajo ha de hacer compatible los factores lingüísticos y los extralingüísticos. Debe trasladar el sentido del texto original a la lengua de destino, así como procurar la máxima objetividad, claridad y captar el interés del receptor, al mismo tiempo que respeta las indicaciones del libro de estilo del medio en el que trabaja y adecúa los valores culturales del texto original a la ideología y cultura de los receptores del texto meta.
La gran diferencia existente entre las estructuras lingüísticas del árabe, lengua semítica y del español, lengua indoeuropea, hace que el proceso de traducción basado en “comprender, desverbalizar y reexpresar” adquiera más importancia que en la traducción, por ejemplo, entre lenguas romances. Otro agravante que dificulta la tarea traductora de noticias de agencia es la peculiaridad lingüística del mundo árabe, donde cohabitan el árabe clásico como lengua oficial y de prestigio, y los diferentes dialectos regionales usados en contextos familiares. El autor plantea un ejemplo muy representativo, ¿Qué hacer con una palabra como “macarra”? Podrían emplearse términos clásicos como “mushaghib” que recogen ese sentido, pero lo más probable es que este término no sea conocido por la mayoría de la población que lee la prensa árabe.
El papel del traductor como mediador cultural se hace en este caso muy evidente, pues se ve obligado a trabajar con idiomas de universos culturales muy diversos. Es decir, no sólo debe traducir el contenido, sino también la ideología y una concepción del mundo diferente, siempre que ambas no entren en contradicción con el estilo de la Agencia. Para solventar estos problemas, el traductor recurre con frecuencia a las notas al pie de página, procedimiento en ocasiones polémico. Sin embargo, el traductor de noticias de agencia se ve privado de este recurso, lo cual obliga a integrar las pertinentes explicaciones “culturales” en la estructura de la frase traducida.
Otro problema frecuente es que el tipo de público al que va destinada la notica en el idioma original puede ser distinto del que recibirá la noticia traducida, lo cual obliga a realizar modificaciones para adaptar la información al interés del lector árabe o español.
También la apariciones de nombre propios, como el del propio Ibn Lāden, plantea numerosos problemas en la traducción. En general, el tratamiento más habitual de estos términos en la traducción de textos periodísticos al árabe es la de transcribir el nombre en cuestión (“Carlos” por “Karlus”, río “Ebro” por “’Ibru”). La transcripción y no la traducción es, por supuesto, el recurso obligado cuando los nombres propios tienen un significado en español: es evidente que, por ejemplo, el apellido español “Mesa” no ha de ser traducido como “táwila” (“mesa” en árabe). En cuanto a los topónimos, muchos tienen en la traducción al árabe una forma diferente (“Niuyurk” es “Nueva York”). Con respecto al topónimo “Andalucía”, por ejemplo, sería discutible traducirlo como “Al-Andalus”, término que designa un espacio geográfico que no coincide con el actual y que para cualquier ciudadano árabe tiene unas fuertes connotaciones históricas y emocionales. Por ello, sería conveniente utilizar en nuestra traducción palabras como “Andalusia” o “Andaluzia” para referirse a la comunidad autónoma actual. Estos son algunos ejemplos de los problemas que plantea el trasvase de información entre dos lenguas tan distantes como son el árabe y el español.

LAS HUELLAS DE LA IDEOLOGÍA. TERRORISMO E ISLAM EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Continuando en el ámbito de la traducción del árabe, hay un suceso que resulta de vital importancia y al que en la obra que estamos analizando se le dedica un exhaustivo análisis: los horribles sucesos del 11 de septiembre de 2001. Conforme se iba estableciendo la identidad y la ideología de los atacantes, el interés por el islam y sus posturas más radicales se multiplicó en los medios de comunicación, como una necesidad de explicar y dar coherencia a unos actos a priori incompresibles. Por supuesto, la voz y las ideas de Ibn Lāden se transmitieron a los medios occidentales por medio de traducciones. Esta obra hace especial hincapié en el contraste del primer discurso en video de Ibn Lāden tras el 11-S con sus traducciones al inglés y al castellano.
Las alocuciones de Ibn Lāden al ahora famoso canal al-Jazeera son una declaración de intenciones dirigida al mundo musulmán fundamentalmente. Se reprodujeron hasta la saciedad en medios árabes y tuvieron una gran influencia en su audiencia. Además, se tradujeron de inmediato a las principales lenguas del globo basándose la mayoría de las versiones en las primeras versiones inglesas ofrecidas por las agencias de noticias.
Son bastantes los expertos que aseguraron que su primer discurso se compuso de manera minuciosa y que por ello gozó de tal eficacia en la audiencia árabe. Pero cabe preguntarse si las intenciones pragmáticas de Ibn Lāden se conservaron también en las traducciones occidentales. ¿Surtieron efecto en la traducción? Desgraciadamente, como se afirma en esta obra «sus traducciones parecen confirmar la imagen falaz de un Occidente homogéneo, inambiguo y estereotipado enfrentado con un Islam igualmente monolítico».
La eficacia del discurso estuvo determinada en gran parte por el conocimiento compartido entre el hablante y sus oyentes o lectores. La intertextualidad adquirió un papel decisivo en la construcción de un texto coherente que dejase clara la intención de su(s) autor(es). Sin embargo, este parámetro difiere en gran medida para la audiencia no musulmana que desconozca el árabe. Podemos suponer que los elementos culturales específicos o las referencias intertextuales se anularon o se sustituyeron en la traducción. Un rasgo indicativo de la distancia cultural existente (muchas veces estereotipada) y del choque ente civilizaciones, es la presencia de notas aclaratorias.
Este discurso contiene cierta terminología especializada, bastante conocimiento implícito y varias citas intertextuales, procedentes algunas de ellas del Corán, pero se trata de referentes que una audiencia islámica medianamente culta y no necesariamente islamista, puede identificar fácilmente. Algunos términos tiene una fuerte carga emocional y dificultan en gran medida la tarea traductora, como al-‘umma, que designa la comunidad islámica, se trata de un epítome de la identidad común y no territorial de todos los musulmanes (opuesta normalmente a las disensiones internas, a la fragmentación política o al colonialismo).

LA EDICIÓN EN INGLÉS DE UN PERIÓDICO ESPAÑOL: SUR IN ENGLISH

I. DIARIO SUR

Es este un periódico malagueño, uno de los periódicos provinciales más veteranos de la prensa española. Dedica la mayor parte de sus secciones a información sobre la provincia.

II. SUR IN ENGLISH

En la Costa del Sol, lugar estratégico de Andalucía, la afluencia masiva de población extranjera hizo que, a partir de los años setenta, proliferasen periódicos en lengua inglesa. Es este contexto apareció en 1984 SUR in English, una publicación de difusión gratuita, semanal (frente al canal de partida, que es un diario) dirigido a la colonia de habla inglesa. En cuanto al contenido, en esta publicación rara vez se incluyen temas conflictivos. Normalmente las informaciones tratadas versan sobre Andalucía, aunque también recoge asuntos nacionales e internacionales de interés. El objetivo primordial es acercar a los lectores de habla inglesa a los sucesos y opiniones de la cultura andaluza. Se puede afirmar que se trata de un periódico en inglés, pero con mentalidad española. Para facilitar la comunicación entre los angloparlantes, se hace uso de un inglés estándar.

III. Rasgos extralingüísticos

No es novedad que el mensaje periodístico está condicionado por diversos factores extralingüísticos como el contexto social, cultural, político, etc.
Evidentemente, los rasgos formales son relevantes. Cabría destacar por ejemplo las diferencias tipográficas con respecto al uso de las tildes, de la eñe o las comillas.
Al margen de las diferencias formales y de formato, nos centraremos ahora en las divergencias con respecto al contenido, muy ligadas a preceptos culturales. Así, por ejemplo, en SUR in English, encontramos informaciones que rara vez aparecen en la prensa española por cuestiones culturales, como hemos apuntado. Algunos de estos asuntos son los animales de compañía, la flora y la fauna o el mundo de los toros. A su vez, a pesar de que la meteorología es un tema de conversación muy habitual entre los británicos, no aparece en la edición en inglés. Con respecto al deporte, en el diario español el fútbol es el protagonista indiscutible. En cambio, como esta sección es más reducida en SUR in English, ésta se centra preferentemente en el fútbol, el golf y las carreras de caballos.

IV. Rasgos lingüísticos

La diferencia entre el original y el texto meta radica más en el “cuánto” que en el “qué”; es decir, el texto español normalmente ofrece más datos que la traducción.
Ambos periódicos tienen una gran cantidad de características en común. No obstante, el estilo informativo español suele añadir más valoraciones personales y toques literarios, mientras que el inglés suele ser más aséptico y escueto.
Profundizando en los rasgos lingüísticos, cabe señalar que en SUR in English, los topónimos y gentilicios se escriben en inglés, siempre que exista denominación, de lo contrario se mantiene la española. En cuanto a los gentilicios, si se usa el término en inglés, suele destacarse tipográficamente. Por lo que respecta a las medidas y divisas, es evidente que se deben mantener los sistemas españoles correspondientes. La versión en inglés y en español difieren es aspectos como las referencias temporales, debidas a la diferente periodicidad de cada publicación, así como en el tratamiento de las abreviaturas, apenas usadas en español, en contraposición al inglés.
Una cuestión cultural que no admite traducción es el género del entretenimiento, dada la gran diferencia entre el humor inglés y el español.
Si pasamos al nivel morfo-sintáctico, cabría señalar las diferencias a la hora de traducir los titulares, mucho más explícitos en español que en inglés.
A modo de conclusión, se puede decir que SUR in English produce el mismo efecto en el lector de habla inglesa que si se tratara de un periódico original, lo que Koller denomina “equivalencia pragmática o comunicativa”. El hecho de que el lector no perciba que se incluyen traducciones es prueba de la calidad del trabajo, sobre la que se basa la credibilidad del periódico. Por todo ello, esta publicación ejemplifica la coherencia informativa a la que debe aspirar la traducción periodística.
En esta obra, La traducción periodística, se estudia a fondo otro caso representativo como es el de la edición española de Le Monde diplomatique, así como sobre las traducciones en “Le Monde des livres” y “Babelia”, que vuelven a plantear el debate entre la fidelidad al texto original y la libertad re-creadora del traductor. Pese al minucioso análisis que se lleva a cabo acerca de las mismas, no profundizaremos en ello con el fin de no resultar demasiado reiterativos.
También se estudia la traducción de nexos causales y de mecanismos anafóricos. En concreto, se analiza un caso francés-español, el de la marca francesa voilà combinada con el adverbio pourquoi expresando una relación causal. Desde el punto de vista traductológico, voilà se trata de una pieza léxica de gran interés, ya que el castellano no dispone de una unidad equivalente.

ALGUNAS VIVENCIAS DE UN TRADUCTOR DE PRENSA

Sí resulta interesante, en cambio, la aportación de José Manuel Vidal, traductor del diario El Mundo, que narra sus vivencias y reflexiones como traductor de prensa al final de la obra. En primer lugar, son interesantes sus palabras, que dan unas pinceladas sobre el panorama de la traducción periodística actual: «Tengo que empezar confesando (los malos tragos hay que apurarlos cuanto antes) que no soy un traductor titulado. Que soy un intruso en la profesión. Y como tal, me someto de entrada a los airados reproches implícitos y explícitos que merece (¡y de qué forma!) cualquier intruso en cualquier profesión y, quizás todavía más en ésta, plagada de tales especímenes».
Acuñaremos a continuación las aportaciones que nos han resultado más representativas de José Manuel Vidal. En primer lugar, hace hincapié en la idea de que el periodismo (y con él, la traducción periodística) «es una carrera a ritmo trepidante, una maquinaria informativa que no descansa ni de día ni de noche». La maquinaria periodística gira a gran velocidad para seleccionar la ingente cantidad de información que llega a la redacción, contextualizarla e imprimirla para que con la mayor premura posible llegue a manos de los lectores. En esta situación de presión, la traducción se convierte en una dura tarea.
José Manuel Vidal incide en la importancia de que el traductor esté en la vanguardia idiomática de las lenguas en que traduce. En su opinión, el traductor vive del manejo de su lengua y la ajena. Y, para eso, reconoce «que sólo existen dos caminos: leer y escribir sin desmayo». Considera necesario que el traductor de prensa sea «una persona enciclopédica, que sabe un poco de todo y mucho de casi nada», pues tiene que estar al día de toda la temática que puede aparecer en un periódico.
Añade dos ingredientes más a la receta: «familiarizarse con las nuevas tecnologías, aunque sólo sea para acceder a la información» y «amar la profesión».

Conclusión

La traducción periodística es una obra muy interesante, porque nos acerca a una realidad tradicionalmente olvidada como es el ámbito de la traducción periodística.
Me parece sobre todo relevante la idea que subyace en todo el libro acerca de los parámetros extralingüísticos y lingüísticos que determinan este tipo de traducción. La capacidad de maniobra del traductor periodístico queda supeditada, en primer lugar, a la función de la publicación que, simplificando consiste en ofrecer informaciones y opiniones desde un determinado prisma ideológico y cultural. En consecuencia, se ve obligado a transformar en mayor o menor medida los contenidos del texto original para adecuarlos al nuevo marco comunicativo. En segundo lugar, deberá atenerse a las normas estilístico-formales de la lengua de llegada y de la publicación, pues son las que espera el receptor. Por último, cabe citar los factores espacio-temporales que a menudo se convierten en el primer detonante de los cambios en la traducción.
Así, la práctica traductora se convierte en una tarea nada fácil que requiere múltiples decisiones por parte del sujeto traductor, que se ve implicado en el eterno debate entre la letra y el espíritu, es decir, entre la literalidad y la idiomaticidad.
Por todo ello, me parece necesario reivindicar la gran labor de los traductores, no sólo en el ámbito periodístico, sino extrapolable a todos los campos. Considero que se debe romper el silencio impuesto y luchar por la identidad del traductor, con el fin de salir del anonimato. Pues, como se menciona una vez en la obra los traductores «somos artistas silenciados».