Historia de la traducción en la administración y en las relaciones internacionales en España
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Autor: Ingrid Cáceres Würsig
Editor: Excama. Diputación Provincial de Soria.
Año: 2004
Idioma: Español
Número de páginas: 230
ISBN: 84-95099-71-3

Por Paula Ortega Infante

Introducción


La traducción y la interpretación de textos de carácter oficial no ha sido nunca muy conocida por la escasa divulgación de estos trabajos. Este libro pretende mostrarnos sus comienzos con un estudio de éstas desde comienzos del siglo XVI hasta mediados del XIX. En la obra se realiza un análisis de los diferentes organismos e individuos que se ocupaban de la labor de traducir textos jurídicos, económicos y eclesiásticos en esta época; se explican sus cometidos, sus biografías, sus salarios, sus conocimientos e incluso sus penurias.

Resumen


Hasta el siglo XVI, el latín era la lengua más utilizada a la hora de redactar escritos entre diferentes países, debido a que las lenguas vernáculas no estaban todavía consolidadas. Es en este siglo, cuando van ir surgiendo, poco a poco, las diferentes lenguas y cuando la labor del traductor va siendo imprescindible. A finales de éste, Nebrija redacta su Gramática ya que intuye que el castellano será un idioma impuesto en el extranjero. Como bien advirtió, el castellano se convertirá en la lengua de los conquistadores junto con el portugués. El francés, mientras, se asociará al poder político, el italiano al económico y el alemán al militar.

Durante una época de tantas relaciones internacionales se plantea la cuestión de en qué idioma deben dirigirse los monarcas unos a otros. Ya sea en persona o por correspondencia. Se establece, digamos, una especie de acuerdo en el que se fijaban los idiomas en los se escribían las cartas reales. El francés, por ejemplo, era utilizado para enviar epístolas a las cortes de Austria, Rusia o Baviera. Carlos V, a su vez, orgulloso de sus raíces españolas, se dirigía en español a los soberanos, para, de esta manera, prestigiar a su pueblo.

Durante el reinado de Carlos V se crea el primer organismo institucional que se ocupa de la labor de traducir textos: la Secretaría de Interpretación de Lenguas. Esta institución fue creada en 1527, siendo su titular Diego Gracián de Alderete. Sus tareas consistían en traducir todos los documentos que llegaban de los Consejos, los que se enviaban a países extranjeros y, en particular, todos los papeles del Consejo de Cruzada. Este secretario, en concreto, se ocupó de traducir cartas del propio monarca y, en ocasiones, traducciones a particulares.

Para llegar a ser secretario no hacía falta formar parte de la nobleza, a lo sumo baja nobleza (hidalgos), pero tampoco pertenecían al pueblo llano. Es decir, era una clase media. A lo largo de los tres siglos de duración de esta Secretaría, pasaron personajes célebres del mundo literario como Leandro Fernández de Moratín o Manuel José Quintana.

La Secretaría de Interpretación de Lenguas se mantuvo durante más de 180 años en la familia de los Gracianes. Este puesto pasó de padres a hijos o sobrinos. Durante este periodo fue la época de esplendor de la Secretaría debido a que se realizó el mayor número de traducciones en el mayor número de lenguas y a un mayor número de órganos institucionales.

Los idiomas de los que, habitualmente, eran traducidos los textos eran del latín, francés, italiano y flamenco y en menor medida del alemán, inglés y portugués. Con menos frecuencia se traducía también del valenciano y del catalán. Muy ocasionalmente, se llevaban a cabo traducciones del sueco, noruego y danés. Las traducciones del árabe, siriaco, turco y griego las realizaban los traductores del Estado, los cuales explicaré más adelante.

Los Gracianes, como ya he apuntado anteriormente, se mantuvieron en el cargo de secretario durante más de 180 años. Tras el último Gracián, Francisco Gracián y de Pereda que murió sin dejar descendiente varón, se presentaron más de 15 personas. Todas ellas acreditaron un memorial con sus méritos: conocimientos de idiomas, estudios realizados, experiencia laboral. Finalmente el cargo se entregó a Miguel Josef de Aoiz y de la Torre. A partir de éste, el cargo de secretario recaía en el aspirante que demostraba mayores cualidades para la traducción. En algunas excepciones, el cargo era concedido a alguien de prestigio con formación humanista.

El oficio de traductor y de drogomán (intérprete) no estaba, por lo general, bien visto. Era considerado una actividad menor. Por ello, a menudo, se encontraban mal remunerados, ya que en función del prestigio y de las necesidades de la sociedad se fijaba el sueldo. Se pensaba que la traducción era una actividad necesaria, fruto de un obstáculo en la comunicación. Era una molesta obligación, que además generaba desconfianza.

Los traductores del Estado, al igual que los de la Secretaría de Interpretación de Lenguas, traducían documentos que procedían del extranjero y también los que se enviaban a otros países. Es probable que se desligaran debido a que el número de traducciones aumentó, así como el de combinaciones lingüísticas posibles. Además, para aquellos órganos que necesitaban traducciones constantemente resultaba más práctico tener contratados a uno o más traductores en lugar de enviar regularmente los documentos a la Secretaría de Interpretación de Lenguas. Asimismo, es posible que los traductores del Estado realizasen traducciones inversas hacia lenguas germánicas u orientales, para lo cual requerían personas nativas.

Para acceder a este puesto, al igual que en el caso de la Secretaría de Interpretación de Lenguas, se dependía de las influencias sociales. Muchos contaban con familiares o conocidos en la Administración o en la Corte. El primer traductor del Estado del que se tiene noticia es Juan de Ochs, contratado en 1606. Lo que quiere decir que la actividad traductora se debió desdoblar en la época del tercer Gracián, Tomás Gracián.

Podemos hacer una división de los diferentes traductores. Agrupándolos en traductores de lenguas occidentales y de lenguas orientales. Como traductores de lenguas occidentales destacan el nombrado Juan de Ochs, traductor de lengua alemana, Gabriel Álvarez de Toledo y Pellicer, traductor de la Secretaría del Estado de la Negociación del Norte, traducía del latín, italiano y francés y Juan de Iriarte, uno de los ilustres literatos que se dedicaron a la traducción profesional. Éste, al igual que Álvarez de Toledo traducía del latín, italiano y francés.

Como traductores de lenguas orientales sobresalen Francisco Gurmendi, traductor del árabe, turco y persa, Abdel Messi conocedor del turco, árabe, siriaco y caldeo, Pablo Lozano, conocido por sus traducciones del árabe y por una gramática árabe-latina, dominaba también el hebreo, el siriaco y por supuesto el latín. También destacan Pascual Stefani y Elías Scidiac, ambos extranjeros que fueron llamados debido a la falta de traductores de lenguas orientales españoles.

Debido a esta falta de traductores de lenguas orientales, en el último tercio del siglo XVIII y a imitación de los modelos francés e italiano aparecen en España los jóvenes de lenguas. José de Carvajal y Lancaster, Secretario de Estado bajo el mandato de Fernando VI, ya había estudiado la idea de mandar jóvenes de buena familia como acompañantes de algunos jefes para servir en el extranjero. A la vez de joven de lenguas se utiliza el término agregado. El primer ejemplo data de junio de 1767 en el que se envía a un joven de 25 años, llamado Manuel Delitala, aristócrata de origen sardo, a Suiza a acompañar al conde de Asalto, embajador de España en este país. El origen de la figura del joven de lenguas está ligado a Juan de Bouligny y Paret, comerciante de origen francés, encargado de establecer relaciones diplomáticas con la Puerta Otomana. Éste pidió a su benefactor, el conde de Floridablanca, que le enviara a Constantinopla jóvenes de lenguas. Como resultado, se nombró en 1784 a José de Martínez de Hevia agregado a la secretaría de la legación de Turquía. La misión de este consistía en «instruirse en toda perfección en las lenguas turca y francesa, de manera que se ponga en estado a entenderlas, hablarlas y escribirlas con propiedad». Este joven de 24 años de edad, murió al poco de llegar a Constantinopla, pero sirvió de modelo.

La edad de estos jóvenes de lenguas oscilaba entre los 20 y 30 años y todos poseían estudios secundarios o superiores. Muchos de ellos habían estudiado en el extranjero y procedían de familias cuyos familiares trabajaban para el Estado. El nombramiento como joven de lenguas o agregado consistía en el primer escalón en la carrera diplomática.

Los lugares a donde eran enviados podían variar. Existían agregados en ciudades europeas y en países orientales. Por ejemplo Joaquín Eugenio de Onís y González fue nombrado agregado a la secretaría de la legación en Rusia en 1793 o Antolín de Villafañe y Andreu fue enviado a la corte austriaca como joven de lenguas. Como ejemplos de agregados en países orientales encontramos al ya nombrado José Martínez de Hevia o a Pedro Suchita, de origen corso.

Por último, cabe mencionar la labor de los intérpretes. Éstos servían en el extranjero, traducían escritos al castellano, además tenían que verificarlos y firmarlos bajo su responsabilidad. Tenían como deber revisar diariamente el periódico oficial del país al que estuviesen destinados, dar cuenta a sus superiores de las disposiciones del mismo, así como registrar los recortes de prensa.

Los candidatos a intérpretes debían realizar un examen de gramática castellana y una redacción en esta lengua para acreditar el conocimiento suficiente de la lengua. Asimismo, los solicitantes se examinaban de aritmética, geografía y traducción a la vista en esta misma lengua.

Además, se les exigía buena letra y soltura al escribir. Una vez que el aspirante aprobaba el examen pasaba a la Universidad y se dedicaba al estudio de árabe, inglés e italiano. Si el solicitante deseaba una plaza en Turquía, China, Persia u otro lugar que no fuese Marruecos o Berbería, estudiaba la lengua de estos países mencionados.

Conclusión



Esta obra analiza desde una perspectiva histórica la actividad de la traducción e interpretación al servicio del Estado. Se puede afirmar que la Secretaría de Interpretación de Lenguas es la primera institución de estas características creado en Europa, sin embargo ha pasado desapercibida. Del estudio se extrae que la necesidad de traducción e interpretación corre a la vez que la historia de las relaciones internacionales, en la medida en que se trata de una tarea que funciona mediante la lengua.