HISTOIRE DE LA TRADUCTION
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Autor: Michel Ballard
Editorial: De Boeck
Año: 2013
Bélgica
Idioma: Francés
Nº de páginas: 234
ISBN: 978-2-8041-7074-5



Por Alba Mayayo Callejero y Alba Revel Jarne

Introducción

Este libro hace un recorrido a través de la historia de la traducción desde los inicios de la escritura hasta el siglo XX. Intenta hacer una descripción realista y objetiva de su desarrollo, analizándolo a partir de obras y traducciones escritas por distintos autores. Sigue su evolución en los distintos países del mundo y su relación entre sí.

L’Antiquité (La Antigüedad)

En este primer capítulo se habla de la traducción en la Antigüedad, con Oriente (Egipto y Mesopotamia) como eje central. Explica la influencia de Grecia y del Cristianismo en la traducción. Cuenta cómo este trabajo es necesario, pero no ha sido nunca apreciado con estima y confianza, teniendo la fidelidad-infidelidad en el punto de mira.
La interpretación en el antiguo Egipto estuvo presente desde el antiguo Imperio; sabemos esto por unas inscripciones que figuran en la isla de Elefantina. En la Biblia encontramos un testimonio de la presencia de intérpretes en la corte de los faraones. Estos intérpretes no eran bilingües, pero sabían una lengua extranjera que les servía como apertura al exterior. La traducción era muy importante ya que los egipcios consideraban que la escritura (la cual aparece muy pronto en esta zona) era de origen divino. Al aparecer tan precozmente no se han encontrado demasiados testimonios sobre la traducción, pero en la ciudad de Tell El-Amarna se encontraron 382 tablas cubiertas de símbolos cuneiformes.
La antigua Mesopotamia estuvo constituida por dos grandes bloques: Asiria y Babilonia. Las inscripciones encontradas eran en su mayoría en caracteres cuneiformes, y gracias a la copia de inscripción trilingüe encontrada en Persépolis se pudieron traducir. Investigaciones posteriores permitieron conocer la existencia de dos lenguas: el sumerio y el acadio, que llevaron al descubrimiento de rastros de estas dos civilizaciones.
Gracias a la exhumación de la biblioteca de Assourbanipal se descubrieron documentos del reino de Asiria y de reinos precedentes, así como textos mayores de la antigua literatura babilónica. Gracias a esto se supo de la existencia de un relato sobre la Inundación, igual que el que podemos encontrar en la Biblia. Se desarrolló gran cantidad de trabajos comparando estos textos con los de la Biblia.
En Grecia, a pesar de ser el origen de la literatura europea, apenas tradujeron textos. La traducción fue fijada por Hermes, ser simbólico ampliamente utilizado en la traducción. Platón y Heródoto fueron dos de los autores que escribieron diálogos sobre el etnocentrismo fanático. Poseen dos actividades que unen sus lazos a los de la traducción: la práctica del oráculo y un principio de reflexión sobre el lenguaje.
Los textos hebreos se identifican en su origen a la tradición oral del pueblo judío, y empezaron a transcribirse a partir del -1300. El texto sagrado, la Torá, contiene presupuestos lingüísticos relevantes para la práctica y estudio de la traducción. La Torá da una respuesta mítica del orden punitivo con el mito de Babel.
En Roma, la literatura profana cobra importancia. La traducción se personaliza y constituye un relevo cultural convirtiéndose en materia de reflexión. Es en la época romana donde aparecen las primeras traducciones firmadas (Livius Andronicus). El teatro romano nace del teatro griego, implicando un trabajo de importación literaria por imitación. La traducción se convierte en materia de reflexión en la época de Cicerón, quien aborda el problema de esta: “No creo necesario traducir palabra por palabra; es el tono y el valor de las expresiones en el conjunto lo que mantengo.”
El cristianismo fue uno de los epicentros de la traducción: los Evangelios fueron considerados por algunos como constituyentes de una forma de la misma. Los evangelistas entonces habrían sido los primeros traductores cretenses. La expansión del cristianismo se manifiesta en forma de traducciones de textos sagrados en diversas lenguas orientales. El trabajo de conversión realizada por Ulfila generó un proyecto de traducción de la Biblia.

Le Moyen Âge (La Edad Media)

En el segundo capítulo encontramos la historia de la traducción desde el fin del Imperio de Occidente hasta la toma de Constantinopla. Es una larga época en la que podemos medir la diversidad de la actividad intelectual y creadora con la de la traducción.
Las distintas invasiones pusieron en peligro la traducción, provocando el exilio de sabios y perdiendo traducciones ya realizadas.
Se habla de distintos lugares:
En Italia, Teodorico era gran admirador de la civilización greco-romana. Esta es la Época de supervivencia de la traducción, donde fueron evidentes los esfuerzos por parte de Boecio y Casiodoro en Occidente (Imperio Bizantino), quienes jugaron un papel fundamental en la transmisión de los saberes haciendo intervenir a la traducción. Se consagra la ruptura con la civilización clásica, por la deficiencia de conservación en los monasterios.

Oriente, bajo el reino de Justiniano, sufre transformaciones tales como la restricción de la libertad de conciencia (clausura de la escuela de Atenas). El imperio se heleniza, y Heráclito establece la lengua griega como lengua del pueblo y lengua oficial del Imperio. El siriaco aseguraba un papel de lengua de transición y de cultura. Se terminó denominando “arameo”, que significaba “pagano”. El nestorianismo fue la primera forma de penetración del cristianismo en China, pero el problema teológico divide a los nestorianos en dos grupos: los jacobinos monofisitos, sujetos al Imperio romano, y los nestorianos, quienes se expandieron en el Imperio Persa y se convirtieron en la forma de cristianismo dominante hasta el siglo XIV. El rey Cosroes I encargó a los refugiados intelectuales traducir textos griegos y siriacos. Los Abbasidos fueron quienes resucitaron estas actividades intelectuales y la traducción en Bagdad.
Irlanda e Inglaterra tuvieron también su papel en la traducción. En Irlanda, Colomban, monje de Bangor, creó una serie de monasterios. La utilización del alfabeto latino para el irlandés apareció en comentarios de textos sagrados.
Inglaterra conoce una doble evangelización: autóctona y romana. Teodoro representó una forma de unificación en la segunda mitad del siglo, ocupando el lugar de Canterbury.
El Renacimiento Carolingio, iniciado por Carlomagno y su interés por la transmisión del conocimiento a pesar de su poca cultura, no tiene un impacto inmediato sobre la traducción. Los esfuerzos de Alfredo el Grande y un religioso como Aelfric en la transmisión del saber y del mensaje fueron los motores de programas posteriores.
La civilización árabe, extendida por Oriente y Occidente, se centró en la traducción de textos científicos y filosóficos, con autores como Hunayn Ibn Ishaq o Maimónides. El Corán se transmitía de manera oral, antes de transcribirse en la segunda mitad del siglo IX. Todavía hoy, la traducción no es un texto sino una paráfrasis. La traducción y la cultura se desarrollaron a la vez en la civilización islámica: con los Abbasidos en oriente, y los Omeyyades en occidente. Trabajaron intensamente en España (Córdoba, Toledo, etc.) Sin salir de España, en el siglo XIII, Alfonso el sabio emprendió la práctica de la traducción.
La traducción en francés y el reino de Carlos V representan una verdadera edad de oro, preocupándose por la transmisión de conocimientos. En el siglo XIII se implanta una política favoreciendo al francés como lengua de expresión. Carlos V fundó la primera biblioteca nacional francesa, y Nicolás Oresme se convirtió en preceptor. Oresme muestra que ciertas palabras no pueden ser traducidas sino que se deben utilizar equivalentes. Corbechon puso a disposición de un nuevo público un saber enciclopédico que les permitía adquirir cultura general. Es en la corte de Anjou donde encontramos las primeras traducciones en francés de romanos italianos.
El reino anglo-normando, creado por Guillermo el Conquistador, es bilingüe debido a la división geográfica y social: la lengua inglesa importó y asimiló elementos franceses. Chaucer crea una literatura derivada a veces de la traducción.

La Renaissance (El Renacimiento)

Este periodo representa una revisión de la jerarquía de las lenguas y una toma de conciencia de las relaciones que se establecen entre las lenguas vulgares.
Aaprece el libro gracias a dos invenciones: el papel y la imprenta. Eduardo IV juega un papel fundamental debido a la British Library. Muchos fueron quienes aprendieron el oficio: William Caxton, Étienne Dolet o la familia Estienne; estos últimos constituyeron una verdadera dinastía de tipógrafos y libreros a través de una realización de diversas obras, y crean el término “traduire” a partir del italiano “traducere”.
El desarrollo de la cultura escrita fue gracias a la traducción de la Antigüedad. La primera ola de eruditos bizantinos, con Manuel Chrysoloras y Leonardo Bruni, y la segunda ola, con Bessarion, representan los deseos políticos de intercambios culturales.
Cosme el Anciano fundó en 1442 en Florencia la primera biblioteca pública, donde se tradujeron diferentes textos filosóficos, sobre todo del griego al latín. La lengua vulgar triunfa y la literatura clásica siguió en auge hasta el fin del Renacimiento.
En España hay gran número de traducciones de obras antiguas. Enrique de Aragón realiza traducciones clásicas, e Íñigo López de Mendoza y de la Vega o Antonio de Nebrija son algunos de los autores más destacables.
Carlos de Hasburgo (siglo XVI) era políglota. Las traducciones de este siglo toman diversas orientaciones: clásicas, religiosas, neolatinas o contemporáneas. Las misiones y viajes a Italia derivan en operaciones individuales de traducción.
En esta época aparecen dos teóricos españoles que consagraron una reflexión sobre la traducción: Luis Vives y Juan de Valdés.
En los países de lengua alemana, el Renacimiento es una entidad compleja y en movimiento donde la unidad está asegurada de manera precaria y aleatoria por el Imperio y con un fondo lingüístico cultural común. Alemania era una zona de dialectos. Al final de la Edad Media y al principio del Renacimiento se dieron traducciones de clásicos y de autores italianos.
En Francia, Carlos VIII mandó traducir a su lector Guillermo Tardiff diversas obras que encontramos en un volumen de 1490.
Durante el reinado de Luis XIII, el número de traducciones contemporáneas fue escaso: un tercio son reimpresiones. El gran autor de este reino es Claude de Seyssel. Destacable de este periodo son los primeros ensayos de traducción poética.
Durante el Renacimiento en Inglaterra, la traducción estaba en conflicto entre tradición y modernidad, con autores como William Grocyn o Thomas Linacre. Los jóvenes intelectuales ingleses frecuentaban círculos italianos y volvían a Inglaterra con gusto por los autores antiguos y el griego. Los autores antiguos, como Thomas Elyot o Philemon Holland, estaban divididos entre la traducción directa e indirecta. Las traducciones de estos autores se multiplican.
En 1534 se reconoció a Enrique VIII como jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra y suprimió los monasterios (desaparición de las escuelas y destrucción de sus bibliotecas). Inglaterra se interesa en la producción en países latinos: la Península Ibérica atrajo a los traductores por sus creaciones romanescas.
La traducción de la Biblia toma una importancia inesperada y la saga de textos sagrados se convierte en emblema del humanismo europeo. La inquietud humanista tras Petrarco y Boccacio se recuperó con los textos fundamentales griegos y latinos. Lorenzo Valla afirma que el latín se corrompió por las gramáticas latinas tardías y las compilaciones medievales. El humanismo vuelve a los textos de origen y a la crítica textual en los textos sagrados. Además de humanistas católicos como Erasmo y Lefebvre d’Étaples, tenemos a Martín Lutero, quien traduce la Biblia al alemán como conclusión lógica de sus convicciones religiosas, oponiéndose a la tradición literalista. También se dieron traducciones inglesas de la Biblia: el proyecto de William Tyndale estima que una lengua vulgar puede restituir la original.
Al final del Concilio de Trento, se publicaron dos índices de libros prohibidos. Este Concilio fija la lista canónica de libros santos. También fija el texto de la versión latina que será adoptada como canónico, dictando una base común. Hay además del Concilio una proposición por la que se edita un texto auténtico en la lengua de cada pueblo, aunque esta idea fue finalmente abandonada. El texto final fue objeto de críticas por parte de Gregorio XIV y Clemente VII, que hicieron una revisión publicada en 1592 llamada Vulgate “común”.

De l'Âge Classique aux Lumières (De la Edad Clásica a las Luces).

En estos años cabe destacar la creación de la Academia Francesa (1635), lo que refleja la importancia que se da en estos siglos a las reglas culturales y lingüísticas y el desarrollo de una lengua francesa con un estilo claro y ordenado. La Academia Francesa, junto con el desarrollo de este estilo lingüístico, será lo que rija la actividad de la traducción y su desarrollo.
La manera de traducir era adaptar el texto original a las normas dictadas por la Academia en cuanto a estilo y composición, así como adaptarlo también al público y sus gustos. Esta forma de traducir recibe el nombre de "Les belles infidèles" y su máximo representante es Perrot d'Ablancourt. Pero no solo se da en Francia, sino que se ve por todo el mundo en todas las épocas, si bien se asocia a Francia por su importancia allí.
La evolución de la lingüística es importante, pues muestra una ausencia o déficit en la traducción. Se sigue utilizando el latín para algunos textos científicos o políticos, lo que demuestra la censura, como sucede en España en el siglo XVIII.
A pesar de su importancia, la literatura clásica francesa no se extiende por Europa hasta el siglo XVIII, cuando es importada a Italia, donde compite con la literatura inglesa en todas sus formas (Especialmente con las novelas de Shakespeare). Una vez importada tanto allí como en España, la evolución es lenta pero efectiva gracias a una variación en el gusto de los receptores.
En Inglaterra, por su parte, la evolución fue de forma distinta debido a la presencia de poetas ingleses en Francia. Estos poetas se dedicaron a traducir los clásicos franceses a su manera, incluyendo sus propias experiencias y perspectivas. En esta versión de la traducción destaca Fanshawe, que influyó a grandes autores como Conti o Algarotti. Otros autores importantes son John Dryden, que se limita a la poesía antigua o Tytler, que trata también obras contemporáneas. Por último, Macpherson desarrolla la pseudo-traducción al aunar la literatura francesa clásica y la contemporánea y profundizando en la lengua y la poesía en sí.
Por otra parte, la traducción en países de lengua alemana se ve influida por la traducción francesa, pues hacen uso de ella en muchas ocasiones como intermediaria a la hora de obtener traducciones de textos antiguos y de textos europeos. También tienen interés en traducir teatro francés. Algunos autores como Gottsched son partidarios de los cánones de escritura y traducción franceses.
Sin embargo, otros autores como Bodmer y Breitinger impulsan otro movimiento basado en la admiración a la literatura inglesa y especialmente a Milton y Shakespeare. Con este nuevo movimiento se empieza a desarrollar otra concepción de la traducción que se acerca más a la inquietud por la fidelidad formal; se refleja en varios autores, entre ellos Herder, el más representativo, Wieland, Schiller y Voss con la aplicación de los textos de Herder en traducciones y retraducciones de textos antiguos y modernos.
En el resto de Europa, la influencia alemana precede a la francesa y su literatura. Por su parte, la literatura rusa de desarrolla con influencia eslava en la poesía y se ve influida por el resto de Europa gracias al deseo de Pedro I el Grande de acercarse al resto de países, lo que supone también un desarrollo de la traducción (Organizado por el soberano y sus sucesores). En Moldavia se empieza a notar la consciencia de identidad rumana gracias a Dimitrie Cantemir y a muchos hombres de letras como Soumarokov, Trediakovsky o Lomonossov, quienes mediante la traducción y la escritura en general, trabajaron en la elaboración de una lengua literaria como potencial de su lengua materna; traducen clásicos pero también contemporáneos.
A diferencia del pasado, donde se traducían básicamente textos religiosos, a partir del siglo XVIII, Rumanía se ve marcada por la laicización de las importaciones en cuanto a cultura extranjera. En las tres regiones de Modavia, Transilvania y Valaquia se abrieron a las influencias inglesa, italiana, francesa y demás.
Por otra parte, en Francia se siguen traduciendo clásicos pero, sobre todo, crece un interés notable por los textos europeos y especialmente por los ingleses (Shakespeare y el teatro, traducido y adaptado al gusto francés).

Des lumières à l'aube du XXe siècle (De las Luces al siglo XX)

En esta nueva época se desarrollan y se empiezan poner en práctica las ideas que se planteaban anteriormente los alemanes en cuanto a traducción; se aplica a la traducción de clásicos, que continúan siendo objeto de interés. Las teorías alemanas influyen en gran medida a la traducción en Francia, donde son recibidas con gran naturalidad y de las que toman sobre todo la idea de traducir de forma libre y etnocéntrica.
Pero también se percibe la continuidad en la europeización de la elección de los textos, de manera que los clásicos siguen gozando de gran prestigio y se re-traducen para intentar acercarlos más a su versión original. Sin embargo, algunos textos eran sometidos primero a un filtro "a la francesa" antes de ser re-traducidos de forma más exigente, creando así una mezcla de culturas europeas. Esto, que ya se había visto en los siglos anteriores, dio lugar a la aparición de traductores intermedios.
Inspirados en Shakespeare, los traductores de esta época empiezan a hacer alteraciones e innovaciones; así los románticos se inspiran en Alemania y las novelas inglesas aportan la temática histórica y social de Scott y Dickens.
Por otro lado, se desarrolla un estilo distinto de traducción introducido por Galland en el que se aproximan a Oriente y al interés por conocer la cultura y la lengua de ese lugar, crenado textos cada vez más exigentes y contextualizados.
Cabe también destacar la difusión de la idea de la traducción como apertura a las obras extranjeras tal y como son, pero los traductores están a gran distancia de convertirse en profesionales, pues a medida que la actividad se va profesionalizando, hacen sus elecciones de acuerdo al posible éxito de las obras. Además también se ven condicionados por la censura que se aplica a las obras y, por consiguiente, a su trabajo.
A su vez, se van extendiendo cada vez más las obras de los centros dominantes a las zonas periféricas, es decir, a los países eslavos, Rumanía y los países nórdicos. Aunque el contacto no es homogéneo, sí podemos observar en todos ellos prácticas ya utilizadas en otras partes durante el Renacimiento. Las reacciones en cada lugar fueron muy diversas, destacando las obras de contraste entre las diversas culturas o el interés en Rumanía por la literatura francesa.

Conclusión

Desde el comienzo del libro, el autor hace hincapié en la relación entre la traducción y las distintas culturas a lo largo de la historia, y la influencia que tienen la una sobre la otra.
Aunque no siempre se le ha dado la importancia que merecía, ha estado presente en el día a día de la sociedad cumpliendo un papel esencial; es por esto que la traducción era una de las claves para conseguir muchos otros logros.
La práctica de la traducción ha ido sufriendo cambios a lo largo del tiempo como consecuencia de modas, formas de pensar y estilos diferentes que se han ido sucediendo, teniendo siempre en cuenta la aportación personal de cada autor (exotizando o domesticando las obras a traducir).
Uno de los puntos que más destaca el autor en el libro, es la conexión entre culturas, lenguas y países que ha representado la traducción, permitiendo así que cada una se enriqueciera con las otras.