UN FUNÁMBULO ENTRE METÁFORAS. MANTENER EL EQUILIBRIO EN TRADUCCIÓN LITERAL

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Autores: Natalia Arregui Barragán y Louis JolicoeurEditorial: EUG (Editorial Universidad de Granada)Año: 2013EspañaIdioma: CastellanoISBN: 978-84-338-5513-8
Por Beata Katarzyna Groba

Introducción

Este libro trata sobre las dificultades que un traductor puede encontrar a la hora de traducir un texto literario. El libro está dividido en dos partes. En la primera, los autores hablan sobre los elementos que intervienen en la traducción de los textos literarios; en la segunda, aparecen varias traducciones de novelas publicadas que ayudan a entender la teoría vista previamente.

1. Abrir la falla


En este capítulo los autores reflexionan acerca de la traducción literaria y de otros asuntos de interés traductológico. Hablan sobre la importancia del autor y del traductor en el libro, señalando que "un traductor literario traduce ante todo a un autor, incluso la ausencia de este autor si así decide manifestarse". Además, se recuerda que, a la hora de traducir, el traductor, al que también en cierto punto le pertenece el texto, tiene que tener en cuenta que en este texto ya se había expresado un autor al que debe traducir. A continuación se analiza el significado de la ausencia del autor en su libro y el efecto y esfuerzo que provoca en el lector, mostrando la postura del lector activo y y la ambigüedad que esta presente en los textos literarios.Los autores presentan el proceso de traducción de un libro compuesto por:- Escritura del texto origen: Es el texto escrito por el autor en el que este se expresa dejando en el libro su propia huella.- Publicación del texto origen: A la hora de publicar su libro este deja de pertenecer al autor y desde ahora pertenece al lector.- Lectura del texto origen: Cada lector leyendo el libro interpreta la ambigüedad creada por el autor a su modo.- Escritura del texto meta: El traductor debe conseguir transmitir la ambigüedad creada por el autor consiguiendo que su traducción sea coherente, eficaz y lo más parecida posible al original. Traduciendo un texto el traductor también deja su huella en el texto por lo que el texto empieza a pertenecerle de alguna manera, pero tienen que tener diferenciar las huellas que deja él y las del autor.- Publicación del texto meta: A la hora de la publicación el texto deja de pertenecer también al traductor.- Lectura del texto meta: El autor del texto meta igual como el lector del texto original lo interpreta a su manera encontrando y analizando las huellas dejadas por el autor y por el traductor.Los autores llegan a la conclusión de que "concebimos al traductor ante todo como un lector, activo por elección pero también por obligación".

2. La belleza


En este capítulo los autores analizan el concepto de la belleza, pues es esencial a la hora de traducir un texto literario. Muestran cómo el concepto de la belleza y de belleza en sí misma ha cambiado a lo largo de los siglos, y citan a muchos autores que han reflexionado acerca del tema, como por ejemplo Umberto Eco o Saussure. Los autores observan que "nuestro principal anhelo es sentir lo bello e intentar reproducirlo a través de la traducción". Se muestra que la belleza también crea la ambigüedad que obliga al traductor a esforzarse y reproducir la belleza y la estructura del texto. Además, en este capítulo se recuerda que lo más importante es conseguir transmitir la belleza creada en el texto original y no crearla desde cero o mejorarla. También los autores señalan que "la belleza no es estudiada por lo que es o puede ser, sino en virtud del interés que debe tener el traductor por reproducirla" y recuerdan el razonamiento de Eco sobre la dialéctica entre fidelidad al mensaje y libertad de interpretación.

3. El autor


Los autores presentan varias posturas ante la importancia del autor en el texto. Unos consideran que el traductor debe "sumergirse en el fondo de uno mismo para llegar al fondo del autor [...]", otros manifiestan la necesidad de distinguir la presencia textual del autor de su querer-decir pretextual, y otros ni siquiera ven cómo distinguir al uno del otro.También en este capítulo surge una pregunta: si debemos buscar en el texto lo que el autor ha querido decir o lo que el texto dice, con independencia de la intención del autor. Buscar al autor en el texto que hay que traducir tiende a aumentar el riesgo de error atribuible al lector-traductor; sin embargo, los errores que pueden surgir cuando se oculta al autor, aunque menos numerosos, pueden ser aún más graves: no es sólo desvirtuar un texto sino desposeer a un autor.Sobre la interpretación, los autores optan por una posición intermedia en la que el lector-traductor lea un texto tanto en el plano del autor como de la obra, para reinventarlo en una fusión, no igual, sino dependiendo del efecto que corresponda. Por eso los autores se refieren a Jacques Derrida, según el cual hay que hacer una interpretación del texto tanto semántica, que ponga el acento sobre el resultado del proceso por el cual el lector le confiere al texto un significado, como crítica, en la que se da más importancia a la razón estructural por la que el texto produce un sentido.No se puede olvidar tampoco que una traducción es una reescritura, y por lo tanto sus interpretaciones son infinitas; y que el traductor a la hora de traducir un texto literario debe separarse de su texto, proponiendo una obra cuya coherencia será suya, pero en la que se expresa otro autor, es decir, el traductor debe ofrecer una nueva polivalencia cuyo efecto se corresponda con el del texto origen.

4. La atracción


Según Foucault, la atracción es, en primer lugar, el hecho de experimentar la presencia de afuera, lo que podríamos relacionar con el sentimiento experimentado en la lectura de un texto que nos invoca y nos estimula. En segundo lugar el hecho de encontrarse irremediablemente fuera del afuera, es decir: irremediablemente en situación y ante el deber de interpretar ese texto.La consecuencia de la atracción no es aproximar la interinidad de uno (el traductor) y de otro (el autor), sino solamente manifestar el afuera (el texto). En realidad, no es la aproximación en sí lo que interesa en el campo de la traducción sino más bien el resultado: manifestar un texto de forma que se reproduzca un efecto constituido por múltiples elementos textuales y del autor.Por ello, los autores optan por la no-interioridad del afuera, que no elimina en absoluto al autor, sino más bien contribuye a que se establezca un lazo entre el traductor y el autor que traduce en su texto, un lazo febril, tanto más eficaz cuanto parcial, progresivo y siempre por construir.El origen de la atracción que experimenta el lector-traductor se encuentra en la invocación que emana del texto que hay que traducir. La interacción entre el texto en cuestión y el lector-traductor constituye el motor de la traducción. Y la atracción que ejerce un texto origen y que se convierte en el motor de la traducción y, por otro lado, el placer de traducir un texto para aproximarnos a un autor y revelarlo a los demás.El trabajo de traductor proviene del deseo de responder a la invocación del texto que hay que traducir, lo que remite a una noción conocida como: el placer. El traductor necesita unas normas, una ética; pero a falta de este marco, a menudo inexistente fuera de uno mismo, al traductor le queda el placer, pero éste conlleva también un peligro: el placer de la atracción puede embriagar y embarullar el sentido (común), sin hablar de la amenaza de identificación excesiva, de complacencia hacia el texto origen o, al contrario, de repulsión.El trabajo del traductor debe considerarse en primer lugar como un acto de lectura, en absoluto pasivo, al que le secunda la tentativa y crear un puente entre dos culturas. Una vez hecho esto, el traductor debe imponerse unas normas, normas que deberá construir basándose en el autor que va a traducir, es decir, aprendiendo a conocer y deseando darlo a conocer. Normas que, por lo tanto, serán diferentes para cada autor traducido.Al final del capítulo los autores resumen que el término atracción confluye con el de belleza, pero aunque tome el sentido y la estructura de la belleza, en el proceso de reproducción del mensaje estético reviste otra dinámica, en cuanto que la atracción es lo que lleva a la belleza y es el filtro por el que la belleza, para conservar y alimentar su efecto bello, debe pasar.

5. El efecto


A la hora de las difíciles elecciones a las que se enfrenta el traductor en el momento de la evaluación y reproducción del efecto no debe intervenir solo como lector, sino también como escritor. En otras palabras se puede decir que el efecto del texto puede proteger al traductor de un exceso de subjetividad. Además, de esta calidad traductor-escritor que se une a la de traductor-lector, otras herramientas tal vez más pragmáticas deben apoyar al traductor en sus decisiones.El efecto está ligado a los siguientes elementos: la elección del léxico, el equilibrio de las frases, la musicalidad, el ritmo, el tono, la poesía, la atmósfera de lugares y épocas y los niveles de lectura.Los niveles de lectura que los autores asocian a la pluralidad del texto: la connotación, el argot, la perspectiva, el marco histórico y la biografía del autor. De este modo, la noción efecto propone una visión dinámica de la traducción, en la que el texto traducido es visto como todo que debe ser eficaz en cuanto texto, pero también en cuanto reflejo de un autor.El traductor, a la hora de interpretar el texto, también debe tener en cuenta la simbología, que permite que un texto sea un objeto. El traductor puede alejarse menos de su tarea primordial, la de traducir todos los niveles del texto, sin interpretar en exceso las intenciones del autor. La simbología permite ver en la traducción una objetividad que nos aleja de la actitud a veces sesgada, y por tanto arriesgada, propia de una mirada demasiado exótica de la traducción.

6. La imagen metafórica


Según Jacques Lacan, la metáfora es una tentativa de pasar por el lenguaje, es decir, por un símbolo, para llegar al otro. De esta forma, la metáfora solo podrá ser interpretada por el lector en virtud de una operación personal fundada sobre una impresión que debe ser encontrada o revivida por sí mismo. Además, lo interesante en la metáfora es que en sí misma ya es la traducción de otra cosa. Steiner afirma que la metáfora constituye la traducción de una impresión poética.Para los autores la metáfora es un tropo que consiste en en usar las palabras con sentido distinto del que tienen propiamente, pero que guarda con este una relación encubierta por la imaginación.La frecuencia de uso de este tropo nos permite distinguir tres tipos de metáforas dependiendo de su recepción:
  • La metáfora lexicalizada: también llamada metáfora muerta, fosilizada, extinta o convencional.
  • La metáfora tradicional: también llamada cliché, está incorporada por el uso tanto a nuestra habla como nuestros diccionarios.
  • La metáfora novedosa: también llamada original, es aquella en la que se viola al máximo las reglas linguísticas y literarias de una lengua; aquella en la que el autor utiliza de forma personal los recursos de su lengua.
Además, existen algunas figuras parecidas a la metáfora, útiles, en cuanto que pueden en alguna ocasión traducir la metáfora, o que esta puede traducirlas. Son las siguientes: la comparación, la hipérbole, la metonimia, la sinécdoque, el zeugma, la catacresis, la alegoría. En traducción cuando una expresión puede ser restituida en otra lengua utilizando herramientas léxicas tradicionales y sin recurrir a la modulación, ni siquiera es necesaria reflexión alguna sobre el autor. Sin embargo, cuando la metáfora no puede ser restituida recurriendo únicamente al léxico lo será gracias a la ambigüedad más o menos deliberada que entraña, así como al efecto de la combinación forma/contenido que en ella encontramos.La metáfora es considerada el tropo más elaborado, y a veces puede ser confundida con otras figuras, o ser traducida por estas; además una imagen no metafórica puede ser traducida como una metáfora. En consecuencia, se destacan diferentes tipos de metáforas, así como otras figuras semejantes.La traducción de las metáforas dependerá en gran medida del tipo de metáfora a al que nos enfrentamos. Las tradiciones culturales y literarias de la lengua no siempre son asimilables y en ello estriba la dificultad de traducir estos tropos. Lo más difícil en la traducción de las metáforas será conseguir el tono, reproducir la misma fuerza expresiva de la metáfora origen sin variar el nivel de lengua en la metáfora meta. Por ello, la traducción de las metáforas supone serios problemas al traductor, motivo por el cual prácticamente cada teórico propone sus técnicas de traducción. Algunas de estas técnicas son:
  • Transformar la metáfora en una expresión no metafórica que mantenga la equivalencia semántica.
  • Hacer de la metáfora una comparación.
  • Transformar la metáfora en otra metáfora que mantenga la equivalencia semántica.
  • Reproducir la misma imagen, aunque no lleve a una traducción literal y quizá forzada.
  • Buscar una metáfora estándar en la lengua meta, aunque sea distinta a la de la lengua origen.
  • Buscar un símil acompañado de una explicación, aunque pierda efecto la imagen del texto origen.
  • Destruir la metáfora y recoger su contenido en una explicación, ampliación, concreción o modulación, teniendo cuidado en no variar el tono o la estructura interna del texto origen.
  • Suprimir la metáfora como último y peor recurso.
Lo más importante es que el traductor consiga, aunque sea mediante técnicas compensatorias, reproducir la metáfora y/o su efecto y debe agotar todo los recursos antes de destruirla.

7. La práctica traductora


A continuación aparecen varios textos en los que los autores muestran como deberían ser traducidas las metáforas, que aparecen.Los autores para analizar han elegido:
  • La novela Los adioses del uruguayo Juan Carlos Onetti en sus traducciones al francés, al italiano, al inglés estadounidense y al inglés británico.
  • El relato The Bloody Chamber de la británica Angela Carter en sus traducciones al francés y al español.
  • Las novelas Morituri, Double blanc, L'automne des chimeres del argelino Yasmina Khadra en su traducción al español.
  • Las novelas Ana non, Scene de chasse (furtive) del exiliado español Augustín Gómez Arcos en su traducción al español.

Conclusión


El libro de Natalia Arregui Barragan y Louis Jolicoeur sobre la traducción literaria consta de dos partes. En la primera se nos acercan los conceptos generales de la traducción literaria, como la importancia del autor en la traducción del texto o el concepto de la belleza, que es fundamental en la traducción literaria. Posteriormente podemos ver como se aplican estos conceptos a la práctica. Esta parte es muy útil, ya que, aparecen muchos ejemplos de traducciones en varios idiomas como: inglés estadounidense y británico, francés, español e italiano. Podemos ver cómo se traducen las metáforas de los textos literarios en varios idiomas, lo que considero muy interesante.Concluyendo, el libro es muy útil para los que se interesen por la traducción literaria, ya que, gracias a la primera parte pueden aumentar sus conocimientos, y practicarlos con la segunda.