La literatura marcada: problemas de traducción y recepción ejemplificados a través del teatro popular vienés

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Autor: Juan Antonio Albadalejo Martínez
Editorial: Vertere, Monográficos de la revista Hermeneus
Año: 2012
España
Idioma/s: español
Número de páginas: 350
ISBN:978-84-96695-68-9

Por Oriana Santos Martín

Introducción


En este libro se hace un estudio de la literatura marcada y su dificultad a la hora de ser traducida; para ello, hay que atender primero a diversos aspectos que condicionan y caracterizan a este tipo de textos. Antes de analizarlos, merece la pena hacer una aclaración de qué se entiende por literatura marcada. Con este término se hace referencia a aquellos textos literarios que, lingüística y culturalmente, muestran unas características específicas diferentes a los de la mayoría de las obras literarias. El autor usa esta expresión para indicar su especificidad respecto de la literatura convencional de carácter culto.De esta forma, siguiendo con los aspectos diferenciadores de este tipo de textos, el autor hace un estudio y una explicación previa de las características que afectan a este tipo de literaturas, como son los rasgos diacrónicos, los diatópicos, diaestilísticos o hechos históricos y culturales; poniendo como ejemplo la literatura marcada de Viena y Alemania, además de los acontecimientos acaecidos tanto en Austria, como en Alemania (ya que la historia de ambas está claramente interrelacionada) o la de España.

El libro está formado por tres partes (Introducción, parte analítica y parte aplicada) visiblemente relacionadas entre sí, pero merece la pena realizar un análisis en conjunto, sin separarlo en partes, ya que están muy interrelacionadas entre sí.


Resumen


Comienza el autor, en la primera parte, nombrando los términos con los que se va a referir a la literatura marcada en contraste con la no marcada con el fin de que el lector se familiarice con ellos. Tras ello, se dispone a analizar los distintos modelos surgidos a lo largo de la historia que estudian las variaciones dentro de las lenguas, para después considerar su validez a la hora de ser usado en el proceso de traducción.

Entre los modelos considerados, el autor hace una especial valoración al elaborado por Gfirtner que adquiere el nombre de índice silábico. Este establece una relación entre el número de sílabas articuladas y el grado de dialectalidad de un texto; de manera que, cuánto más se pierdan las sílabas articuladas, más grado de dialectalidad existe, ya que las elisiones muestran una relación con el resto de indicios de los demás niveles de la lengua.

A pesar de ser un método muy útil, Juan A. Albadalejo encuentra dos problemas en él a la hora de la traducción: el primero de ellos es que, comparando al alemán y al español, encontramos un mayor número de supresión de vocales en el caso alemán que en el español, donde las marcas de dialectalidad se suelen dar con las pérdidas de consonantes; por lo tanto, la pérdida de sílabas en la lengua alemana es superior a la española; y el otro problema que vio es que la aplicación de este método en traducción implicaría unos conocimientos en los traductores casi superiores a los de los propios escritores, ya que ellos usan la marcación de manera aleatoria y no analizada; además de que la traducción se convertiría en un ejercicio matemático-estadístico.

Como solución a ello, el autor propone un nuevo método basado en el de Gfirtner, que permita un mayor acercamiento y relación entre las lenguas germana y española: el índice fonemático.

Este método no tiene solo en cuenta las pérdidas de sílabas sino de todos los elementos en general, por lo que responde mejor a las diferencias formales entre el alemán y el español. Al aumentar el campo de estudio y análisis, se consigue que los resultados puedan ser más fiables.

A pesar de haber mejorado la correspondencia entre estas dos lenguas con este nuevo método, sigue siendo demasiado detallado por lo que, nuevamente, el autor propone la aplicación del principio del índice fonemático.

De esta forma, solo se recurre al índice fonemático de forma aproximativa. Por otro lado, el autor ha elaborado una clasificación del proceso traductor, basada en clasificaciones dadas anteriores, que tiene como fin lograr un análisis de la literatura marcada. “El principio del índice fonemático y la clasificación de la literatura marcada permiten un análisis de los textos marcados cuyos resultados proporcionan al traductor los datos necesarios para adoptar una determinada estrategia y emplear los recursos adecuados a esta”.

Siguiendo la teoría del contraste, se determina cuál es la tipología del texto marcado y su grado de coloquialidad-dialectalidad, es decir, en qué medida están presentes en el texto las lenguas coloquiales o los dialectos de la lengua en la que esté escrita (en este caso en el alemán o el español, ya que son las dos lenguas estudiadas).

Al estudiar las literaturas marcadas de estas lenguas (alemán, incluyendo la variedad de Austria, y español) se han observado unas características particulares en cada una de ellas, una vez se ha revisado su evolución histórica y las críticas u opiniones dadas sobre ellas.

Por otro lado, el autor expone su opinión de que, ya que hay una correspondencia fundamental entre el alemán y el español de los recursos a la hora de marcar un texto, se puede crear un argumento con peso suficiente para defender el uso de marcas en la lengua meta (en este caso el español) que representen esos contrastes intralingüísticos que se producen en el texto original. Dicho esto, el autor lleva a cabo la siguiente fórmula:

- A la hora de trasladar un texto original a la lengua meta, el traductor que esté de acuerdo con mantener los rasgos estilísticos y efectos estéticos, estará en todo su derecho de recurrir a unas marcas dialectales similares en la lengua de llegada con el fin de recrear esos contrastes intralingüísticos.

Con esta idea pues, el autor rechaza la concepción de un gran número de traductólogos y críticos que niegan al traductor el uso de recursos expresivos (como, por ejemplo, el uso de dialectos españoles) para trasladar los contrastes correctamente, ya que consideran que el uso de estos es contrario a la solución traslativa convencional. Estos defienden la neutralización de los contrastes lingüísticos mediante la traducción de los textos marcados a la lengua estándar, utilizando la mayor aceptabilidad de esta estrategia traductora para defender su tesis.

Sin embargo, según la opinión personal del escritor, esta postura está basada en un purismo lingüístico que no tiene en cuenta que la literatura marcada no debe guiarse por los mismos parámetros establecidos que la literatura no marcada o tradicional, sino que ambos deberían tener planteamientos traslativos diferentes puesto que sus características y estética son también distintos.

El segundo factor de marcación que supone un problema a la hora de la traducción del teatro popular vienés es el desfase cronológico. El teatro popular vienés tiene su máximo apogeo en el siglo XIX y, por lo tanto, el lenguaje que se usa en esas obras es diferente al utilizado en el presente. El inconveniente a la hora de trasladar estos textos al español, es que la diferencia entre el alemán del siglo XIX y el de ahora es más grande que la existente entre el español del siglo XIX y el actual, provocando problemas a la hora de reexpresión y comprensión. Como claro ejemplo de este hecho tenemos las obras de Nestroy y Raimund, pues en ellas se encuentran grandes problemas a la hora de la reexpresión de sus lenguas no estándar.

A pesar de la dificultad de traducción de estas obras, no es imposible conseguirlo pero, a opinión de nuevo del autor, la traducción debería venir anticipada por un trabajo por parte del traductor de documentación acerca de la lengua en ese momento concreto de la historia, pues esto permitiría tener un mayor repertorio de soluciones ante los posibles problemas que puedan surgir en la traducción así como a la hora de decidir si mantener ciertas marcas de coloquialidad o no.

El tercer factor estudiado por el autor es el denominado diacultura. Este estudia la evolución de la sociedad contemporánea y de aquella que dio luz a las obras. En estas obras encontramos problemas como los arcaísmos. Estos, en el momento en el que se escribieron los textos no eran considerados arcaísmos, pero debido al paso del tiempo ahora hay expresiones que son consideradas “antiguas”. Ante esto, el traductor puede encontrarse ante la duda de si mantener ese arcaísmo en la lengua de llegada o, por el contrario, modernizar el término para facilitar su comprensión puesto que el texto ahora estaría destinado a un público con un lenguaje más actual. Para ello, primero el traductor debe estar seguro de que se trata de un arcaísmo no intencionado, provocado solo por el paso del tiempo, y no uno escrito expresamente por el autor en cuestión.

El autor, por su parte, se decanta por una solución intermedia que respeta el vocabulario propio de la época en la que fue escrito el texto pero que no arcaíza tampoco intencionadamente la expresión lingüística. Aún así, esta solución podría darse junto con una mayor modernización del estado de la lengua o junto con un mayor mantenimiento de los arcaísmos culturales.

Otro factor estudiado es el de los idiolectemas, cuya solución a la hora de traducir no resulta fácil, mucho menos tratándose de textos de autores como Nestroy. Es importante conservar y traducir adecuadamente aquellos rasgos característicos de un autor, por lo que, en este sentido, el traductor debe ser cuidadoso y producir las menores pérdidas posibles, sin alejarse demasiado del texto original. Aún así, y debido a las características específicas de la lengua alemana diferentes a la española, hace muy complicado la traducción de algunas voces o expresiones de los autores alemanes.

Con todo esto llegamos al aspecto más relevante de la investigación de J. A. Albadalejo, que es el problema de tratamiento traductor de los contrastes intralingüísticos. Ante este hecho, el autor recopila una serie de posturas o argumentos diferenciados en relación con las soluciones posibles y sus correspondientes justificaciones:

- La primera postura, que defienden algunos traductores e investigadores, es a la hora de traducir no se pueden o no se deben reproducir en la traducción los contrastes intralingüíticos que presenta el texto original. A pesar de esto, algunos sí que dan importancia a estas marcas en el conjunto de la obra. Como solución, ellos defienden la neutralización mediante el empleo de la lengua estándar.

Como argumentos en defensa de ello, establecen la inequivalencia cuantitativa, la inequivalencia idiosincrásica de los dialectos y la mayor aceptabilidad de la reexpresión de estos (los contrastes intralingüísticos) mediante la lengua estándar.

Ante estos tres puntos, el autor hace una crítica y referencia a cada uno de ellos:

1. Para empezar, opina que la inequivalencia cuantitativa no es un problema de traducción real, ya que la mayoría de los textos marcados solo contienen dos variedades, bien sea la lengua estándar y un dialecto, o la lengua estándar y una lengua coloquial, puesto que los textos con la presencia de varios dialectos no son muy usuales.

2. Respecto al segundo punto, el de inequivalencia idiosincrásica (también denominada cualitativa) opina que realmente esa inequivalencia no existe, y que, quizás, se pueda hablar de una inequivalencia funcional entre dos lenguas, pero sería parcial y no total. Aún así, si se rechazasen los equivalentes funcionales para reexpresar la variación intralingüística, entonces debería rechazarse la labor traductora en su totalidad y debería declararse su imposibilidad, ya que una lengua estándar es un equivalente funcional a otra, y ambas tienen sus diferencias denotativas y connotativas debido a su inequivalencia cultural.

3. Por último, está la idea de una mayor aceptabilidad de la reexpresión de los contrastes intralingüísticos mediante la lengua estándar. De él el autor dice que se basa en postulados falsos, ya que, por un lado, los traductores normalmente no pueden decidir libremente sobre cómo traducir, y, por otro lado, los lectores no pueden decidir entre escoger una versión que haya mantenido los contrastes intralingüísticos o no.

- Otra postura sobre los contrastes intralingüísticos es aquella que opina que se necesitan mantener ya que forman parte del estilo propio del autor y determinan el carácter del texto.

Ante esta posición, hay quien considera que la diferenciación entre las marcas estándar y las no estándar tiene una gran importancia atendiendo a la función que tienen en el texto, así como que la neutralización de estas marcas produce pérdidas significativas. Además de esto, al tratarse de textos literarios, las eliminaciones de los contrastes pueden conllevar una modificación importante del estilo.

Un hecho importante que condiciona la traducción de lenguas no estándar es la carencia de los traductores. En muchas ocasiones se producen dos hechos: una falta de conocimiento comprensivo del sistema lingüístico de la lengua de partida en su conjunto o, por el contrario, de la lengua receptora. En ambos casos, esto provoca problemas a la hora de traducir de manera adecuada. En el primer caso, al no conocer en su totalidad la lengua de partida, el traductor no se hará cargo de este tipo de literatura, mientras que en el segundo, traducirá de manera neutralizadora.

Esto se da a menudo en la traducción alemán-español, debido al fuerte proceso de normalización del español y la residualidad de los lenguajes no estándar en la península, lo que significa que en España los lenguajes no estándar no son muy conocidos y tienen poca influencia por lo que muchos traductores no están acostumbrados a ellos. Junto a esto, el autor destaca el hecho de que en los estudios especializados de traducción no se incluye la variación intralingüística, ni de la lengua materna y mucho menos de la lengua extranjera.

Otros hechos de relevancia son las opiniones y posturas estéticas de los traductores. Desde siempre, se enseña a los traductores que el texto en la lengua de llegada debe parecer un original, por lo que tienen que evitar cualquier término o expresión que provoque cierto desconcierto en el lector. Esta idea es en parte la misma que defendió Ortega y Gasset al hablar del apocamiento del traductor.

A esto hay que añadirle una complicación añadida cuando se trata de textos marcados o con presencia de ciertas variaciones intralingüísticas, que es que estos requieren una aproximación interdisciplinaria. Los dialectólogos, aquellos que estudian los lenguajes periféricos, no suelen estar muy interesados en temas literarios; por otro lado, los investigadores de temas literarios no se muestran muy atraídos por los dialectos; y los traductólogos tampoco se sienten comprometidos para tratar sobre temas propios de los estudios dialectológicos y literarios.

Para finalizar con esto, hay que tener en cuenta que los lenguajes periféricos o no estándar, no tienen una lengua escrita propia, dado que se usan prácticamente de manera oral, por lo que se ajustan y escriben a partir de la lengua estándar. Esto conlleva que, cuando los autores quieren reproducir el habla no estándar, moldean la estándar según consideran más adecuado, sin basarse en ningún parámetro o norma. Es decir, que la marcación que se encuentra en los textos está aplicada de manera aproximada. Con ello, y de acuerdo con la opinión de Albadalejo, no parece razonable que se culpe a los traductores de utilizar ciertos recursos de manera no rigurosa y considerados ilógicos.

Siguiendo con la opinión del autor, la normalización de un texto en la lengua receptora con el fin de acercarse más al lector tan solo provoca un texto no literario, ya que la supresión de los rasgos de agramaticalidad del texto original termina eliminando todas las peculiaridades diferenciadoras del lenguaje habitual.

Dentro del polisistema literario en lengua alemana, el autor considera que se puede hacer una división entre literatura no marcada y literatura dialectal y dialectalmente marcada. La primera de ellas, la literatura no marcada, está fundada en unos parámetros estético-estilísticos tradicionales mientras que la marcada, se somete a unos planteamientos estético-estilísticos diferentes (feísmo). Con ello se desprende la idea de que los textos literarios marcados, siguen una estética distinta a la no marcada. La estética seguida por los textos no marcados recibiría el nombre de bellista mientras que los textos dialectalmente marcados se basan más en una estética feísta.

Por tanto, ¿qué es lo que sacamos en claro de todo esto? Que los criterios a la hora de valorar los textos marcados no deben ser los mismos que los que se utilizan con los textos no marcados, ya que, como hemos visto, responden a estéticas completamente distintas. Llevando a cabo esta distinción a la hora de valorarlos, se efectuaría un cambio en el enfoque y la estrategia traductora: al aplicar sobre textos marcados un criterio más acorde con la estética bellista se producirá una neutralización de las marcaciones; mientras que si se mantiene esa estética “feísta”, se intentarán reproducir los contrastes intralingüísticos en el texto de llegada. “Lo que es válido para el autor tiene que ser válido para el traductor”.

Aún así, el problema de traducción de los dialectos está atenuado ya que se trata de textos escritos y toda transcripción de los lenguajes periféricos que, como ya hemos dicho, son más comunes en la lengua oral que en la escrita, al lenguaje escrito implica pérdidas en la marcación, por lo que le acerca más a la lengua estándar. Con frecuencia, la intención del autor no es calcar el dialecto sino simplemente aludirlo. La solución que el autor plantea es una reducida dialectalidad, ya que esto facilitaría el trabajo del traductor, pues es un argumento a favor de la reexpresión de un texto alemán marcado a través de una versión más bien coloquial del español: dependiendo del grado de dialectalidad se optaría por unos u otros recursos de marcación. Esto permitiría reproducir las marcas intralingüísticas de los textos marcados y evitaría la dificultad de comprensión del lector en la lengua de llegada. Asimismo, el traductor no tendría que documentarse en un dialecto específico en el que traducir esas marcas dialectales, sino que sería suficiente con la utilización de marcas del lenguaje coloquial (no solo marcas léxicas, sino también fonético-articulatorias).

Conclusión

Tras haber expuesto distintas teorías y opiniones, el autor opina que se debería tender a la marcación intralingüística en la lengua de llegada o, al menos, al uso de lenguas coloquiales, como la mejor solución a la hora de traducir textos literarios marcados de lenguas más heterogéneas que la española, como es el caso de la alemana. Por otro lado, durante todo el libro, Albadalejo hace una valoración muy positiva de la literatura vienesa, en especial de los autores Nestroy y Raimund, pese a que, tal y como explica, no son apreciados ni conocidos tanto como deberían en aquellos países cuya lengua no es el alemán a causa de la utilización de los lenguajes periféricos que han provocado grandes dificultades a la hora de traducir sus obras.